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viernes, 18 de noviembre de 2022

Apagón.

Apagón es una serie que trata sobre las consecuencias de que una gran tormenta solar impacte contra la Tierra. 

Inspirada en el podcast El gran apagón (Podium Podcast, PRISA  Audio), la serie de Movistar, producida por Buendía Estudios, transcurre en cinco episodios encargados a diferentes guionistas y directores de los más creativos y premiados de España. Cada uno de los capítulos transcurre en un ámbito distinto y muestran cómo cambia la vida cotidiana y cómo reaccionan los seres humanos. Todos son diferentes, pero están bajo la premisa común del apagón y son piezas que encajan formando una unidad. La historia, tanto visual como narrativamente, logra atrapar al espectador desde el principio. La crítica es unánime al considerarla una de las mejores series del panorama español actual.

https://www.filmaffinity.com/es/filmimages.php?movie_id=147790
Apagón.
Dirigida por Rodrigo Sorogoyen, Raúl Arévalo, Isa Campo, Alberto Rodríguez e Isaki Lacuesta.
Escrita por Isabel Peña, Alberto Marini, Fran Araújo, Rafael Cobos e Isa Campo.
Foto: Filmaffinity y Movistar+

La acción comienza en un futuro inmediato en el Centro de Emergencias de Madrid. Un mensaje alerta a todo el equipo de que una gran tormenta solar se dirige a la Tierra. Los expertos ejemplifican lo que puede suceder resumiendo el Evento Carrington (1859) que dañó nuestra incipiente red eléctrica y los telégrafos. En nuestros días el mejor escenario posible es que la atmósfera absorba la tormenta como suele suceder. El peor escenario es que se produzca una caía en cascada de todos los sistemas eléctricos. Unos científicos son optimistas y otros alertan de un peligro inminente. La NASA aún no ha informado de la situación real y Estados Unidos, el referente mundial, no está tomando ninguna medida.

Ernesto, el coordinador, es partidario de prepararse para lo peor. Miembros de su equipo le recuerdan las pérdidas económicas que supondría y la alarma social que empezarían ellos mismos cuando solo hay un 2% de posibilidades de que la tormenta solar alcance España.

—Y de una pandemia mundial… ¿qué probabilidades había?— se pregunta Ernesto en una frase lapidaria.

Como el mismo título de la serie indica, el apagón se produce, y el atardecer viste con una aurora boreal el cielo de Madrid.

Aurora boreal.
Foto: pxhere.com

El segundo capítulo transcurre en un hospital. Tras una semana sin electricidad.

En el tercer capítulo han pasado varios meses y en una urbanización de las afueras los vecinos tratan de cultivar y potabilizar agua.

En el cuarto capítulo un pastor trashumante recorre España con su rebaño de cabras, totalmente integrado en la naturaleza sin que le afecte el apagón. Pero tropieza con gente de la ciudad que solo piensa a corto plazo.

—Donde hay un pastor con un rebaño, hay lobos— sentencia nuestro cabrero.

En el último capítulo nos reencontramos con personajes del primero, cerrando un círculo y obteniendo respuestas.

Esta es una de las series más recomendables de Movistar. Tiene también otras estupendas como La fortuna (Alejandro Amenábar, 2021), serie basada en hechos reales sobre un joven diplomático que tiene que enfrentarse a un cazatesoros estadounidense que ha dañado y robado el tesoro de un pecio español. La temática es diferente, pero ambas están rodadas impecablemente.

Volviendo a Apagón, los propios guionistas reconocen que pensaron que se trataba de elaborar una historia de ciencia ficción, pero cuando vieron los datos científicos descubrieron que es algo que sucederá.

La sensación de realidad es constante y los protagonistas están magníficos. Pero además, se ha contado con actores naturales, es decir, los figurantes con frase son lo que dicen ser. En el capítulo del hospital todo parece real porque los extras son personal sanitario que sabe cómo se trabaja en las urgencias, en los quirófanos y que han aportado toda su experiencia laboral para que los escenarios fueran verdaderos. Pero en ningún momento se quiere escenificar el colapso del sistema hospitalario, sino mostrar cómo es posible sobreponerse a las situaciones adversas.

La serie no trata en ningún momento sobre la pandemia. La historia transcurre cuando ésta ya ha acabado y solo se menciona en dos frases. Pero en mi opinión, siempre subjetiva y personal, está influenciada por los acontecimientos recientes. Aunque en la trama no hay ningún virus, creo que los dos primeros capítulos son lo más parecido a la realidad de aquel marzo de 2020 que podemos ver. La incertidumbre, la falta de información, las opiniones dispares de los especialistas, la inacción de los países de referencia, las repercusiones sociales, económicas y políticas a las que habría que enfrentarse ponen a Ernesto y a sus superiores en graves aprietos. Aquí tienen que lidiar con un apagón en cascada pero la dureza de la decisión debe ser muy parecida. En el capítulo del hospital no faltan mascarillas, ni batas, ni respiradores como en la vida real… pero no funciona ninguno de los aparatos médicos, no se puede mantener ningún medicamento que requiriera refrigeración y el triaje se hace cada vez más estricto con la carga emocional que implica para muchos personajes.

Eso es lo más evidente para mí, pero veo aún más similitudes en las actitudes de los personajes en sucesivos capítulos. Es otro escenario totalmente distinto, pero tienen en común las diferentes reacciones de los seres humanos ante una catástrofe.

Durante toda la serie me rondó la cabeza estos pensamientos y por eso las frases de Ernesto y el pastor me parecen totalmente atinadas y lapidarias, como he dicho antes. Y durante todo el tiempo me mantuve en la incertidumbre que también acompaña a los personajes: ¿hay lugares que se han librado de esto? ¿nos están enviando ayuda? ¿cuándo volverá la electricidad motor de nuestro mundo? Y es que entre las consecuencias de este apagón se encuentra la falta de información: no funcionan los satélites, no hay televisión, ni internet, ni radio, no hay forma de tener noticias sobre nada. Tampoco la gente de ciudad tenemos terreno, ni forma de aprender a cultivar. Nuestros conocimientos no sirven en un mundo sin la tecnología de la que dependemos y que perdemos en un instante.

Los ciclos solares duran 11 años, se alcanza el pico de actividad solar y siempre nos envía alguna tormenta que nuestra atmósfera absorbe. Pero un día, quizá en poco tiempo, quizá dentro de 100 años, nos lanzará una como la que refleja la serie y hoy en día no estamos preparados para ello, no existen protocolos de actuación.

Nunca pensamos en que nos tendríamos que enfrentar a una pandemia de estas dimensiones y a un alto grado de amenaza nuclear que no se daba desde la Guerra Fría o la Crisis de los Misiles. La serie nos cuenta una historia verosímil, pero quizá deberíamos pensar que, en la situación actual, no hace falta una tormenta solar para dejarnos sin electricidad…

jueves, 3 de noviembre de 2022

Centenario: Carter y la tumba de Tutankamón.

Howard Carter era el menor de 11 hermanos, solitario, tímido y de mal carácter. Le era difícil hacer amigos y nunca se le conoció una relación sentimental. Pero era un trabajador incansable y ambicioso, un hombre testarudo que no estaba dispuesto a renunciar a sus sueños.

Su padre, un magnifico retratista, propició que una de las ricas familias para las que trabajaba, contratara a Howard como copista en las excavaciones que financiaban en Egipto. En 1891, el muchacho de 17 años, viajó a Egipto como dibujante y terminó convirtiéndose en arqueólogo. Sus colegas lo consideraron un intruso sin formación académica, pero él les demostró que era un gran arqueólogo con metodología moderna.

Máscara funeraria de Tutankamón. Foto: Roland Unger. Wikipedia.
Máscara funeraria de
Tutankamón.
Foto: Roland Unger.
Wikipedia.
Tutankamón, el “faraón-niño”, perteneció a la XVIII dinastía y comenzó su reinado con 10 años pero murió a los 19, sin ningún logro que le diera un lugar en la Historia.

George Herbert, conde de Carnarvon, dejó Inglaterra por prescripción facultativa, su meteorología perjudicaba su maltrecha salud. Eligió Egipto por su clima y porque era un apasionado del país. El primer encuentro entre Carter y Lord Carnarvon se produjo en 1907.

Los arqueólogos ya habían peinado la zona del Valle de los Reyes, pero Carter se empeñó en que allí debía estar la tumba de Tutankamón, aunque las evidencias hacían pensar que había sido completamente saqueada.

En 1914, Lord Carnarvon consiguió los permisos para excavar en el Valle de los Reyes y contrató a Carter. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial los obligó a detener la búsqueda que retomaron en cuento les fue posible. Fueron pasando los años sin los resultados deseados y en 1922 Lord Carnarvon advirtió a Carter que sería la última temporada que financiaría.

Tras 6 años de excavaciones, el día 4 de noviembre de 1922, uno de los trabajadores tropezó con una piedra que resultó ser parte de una escalera. Carter excavó uno a uno los escalones. Luego volvió a enterrarlos y mandó un telegrama a Lord Carnarvon. El 24 de noviembre excavaron los 16 escalones que les llevaron hasta una puerta con cartuchos y sellos tallados con jeroglíficos. No cabía duda: habían descubierto la tumba de Tutankamón. Más tarde se la denominó KV62.

El 26 de noviembre Carter realizó un pequeño agujero en una esquina de la entrada y con una vela miró hacia el interior. Lord Carnarvon le preguntó si podía ver algo y la respuesta de Carter pasó a la historia de la arqueología:

¡Veo cosas maravillosas!

Había que esperar a la llegada del oficial del Departamento de Antigüedades Egipcias para abrir aquella puerta, pero Carter fue incapaz de resistir la tentación. Al parecer, acompañado de Lord Carnarvon, su hija lady Evelyn y su ayudante Callender se colaron dentro. El 27 de noviembre se personó el inspector egipcio y se procedió a acceder. Aunque una parte había sido expoliada a lo largo de los siglos, seguía habiendo un inmenso tesoro frente a ellos que ya iluminaron con luz eléctrica. El 29 de noviembre se procedió a la entrada oficial con numerosos dignatarios.

Lord Carnarvon, lady Evelyn y Howard Carter  en la tumba de Tutankamón. Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.
Lord Carnarvon, lady Evelyn y Howard Carter
 en la tumba de Tutankamón.
Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.

Howard Carter había descubierto la tumba de 3.300 años de antigüedad con el sello intacto, la más completa, la mejor conservada y con el ajuar funerario íntegro. Fue la primera grabada en vídeo.

En realidad, se trata de la más pequeña del Valle de los Reyes, ya que Tutankamón murió tan joven que no dio tiempo a planificar bien su lugar funerario. A pesar de su tamaño, tiene cuatro cámaras: antecámara, cámara del Tesoro, Cámara Funeraria y anexo.  Contenía un tesoro de más de 5.000 objetos, muchos de oro y otros materiales preciosos, que se componía de un trono, altares, camas, carros, modelos de barcas, vasijas, bastones, ropas y sandalias utilizadas por el faraón con marcas de desgaste, armas y comida que daban mucha información sobre la iconografía, la tecnología y la vida cotidiana del Antiguo Egipto. También había una capilla con cuatro vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del faraón. Dentro hallaron otra puerta sellada flanqueada por dos estatuas de Tutankamón, que sin duda, conducía al sarcófago.

Para excavar, fotografiar, filmar, documentar y catalogar todos los objetos Carter tuvo que pedir ayuda y con él trabajaron prestigiosos arqueólogos y egiptólogos. El traslado del primer objeto fuera de la tumba se documentó el 27 de diciembre de ese año.

No fue hasta el 16 de febrero de 1923 cuando Carter rompió el sello y abrió la puerta que llevaba hasta al sarcófago que contenía tres ataúdes, uno dentro de otro. Eran las primeras personas que penetraban en la cámara en los últimos 3.300 años.

La noticia de aquel histórico hallazgo recorrió el mundo, pero Lord Carnarvon había dado la exclusiva a The Times. El conde no llegó a ver culminado el proyecto ya que falleció el 5 de abril de aquel mismo año por la picadura de un insecto o una infección tras un corte durante el afeitado.

Los trabajos hicieron necesario esperar hasta el 18 de octubre de 1926 para abrir el tercer ataúd, de oro macizo, en el que descansaba el cuerpo momificado de Tutankamón, cubierto de joyas, y con una máscara fúnebre de oro macizo. Carter necesitó 10 años para excavarlo y clasificarlo todo. Fue un trabajo meticuloso que dejó documentado hasta el más mínimo detalle. Dio por concluido este trabajo en 1932 y anunció que hallaría la tumba de Alejandro Magno. Pero acabó retirándose de la arqueología y regresando a Inglaterra. Nunca fue lo suficientemente reconocido.

Escribió varios libros, incluyendo La tumba de Tutankamón. Del día que entró, el 26 de noviembre de 1922, dejó escrito:

El día mejor de todos, el más maravilloso que me ha tocado vivir y, ciertamente, como no puedo esperar volver a vivir otro.

Alrededor de este magnífico descubrimiento se fraguó la leyenda de la maldición de Tutankamón. Comenzó con el fallecimiento de Lord Carnarvon y siguió con la muerte de otros miembros del equipo, aunque la mayoría vivió muchos años. Los científicos pensaron que podría tratarse de esporas de hongos en aquel aire viciado de 3.300 años de antigüedad. Carter nunca creyó en la maldición. Falleció en 1939, a los 65 años, una edad avanzada para la época. Se encuentra en una sencilla tumba de un cementerio londinense. En su lápida se grabó la frase de la copa de Tutankamón: “Pueda tu espíritu vivir, durar millones de años, tú que amas Tebas, sentado con la cara al viento del norte, los ojos llenos de  felicidad”. Entre las pocas personas que acudieron a su entierro se encontraba lady Evelyn. 

Antecámara en el interior de la tumba de Tutankamón. Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.
Antecámara en el interior de la tumba de Tutankamón.
Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.

martes, 18 de octubre de 2022

La presa de Asuán y el rescate de los monumentos.

Ya hemos hablado aquí de algunos de los embalses que dejaron monumentos sumergidos en España. Pero nada es comparable a lo que ocurrió con la construcción de la presa de Asuán, a mediados del siglo XX.

De NASA - http://earth.jsc.nasa.gov/sseop/EFS/lores.pl?PHOTO=STS102-303-17, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=90994
Presa de Asuán desde el satélite.
Foto: NASA.
Wikipedia. Dominio público.
La edificación de la gran presa de Asuán comenzó el 11 de enero de 1960 y finalizó el 21 de junio de 1970 dando como resultado el lago Nasser, de 500 kilómetros de largo y 16 kilómetros de ancho, el mayor lago construido por el hombre.

Se ultimaban los detalles de esta obra de ingeniería de dimensiones colosales cuando los egiptólogos tuvieron la terrible certeza de que joyas del patrimonio mundial, algunas con 5.000 años de antigüedad, quedarían sumergidas bajo las aguas para siempre. Así que se hizo un llamamiento internacional, la Campaña de Salvamento de los Monumentos de Nubia, al que respondieron 52 países.

Hubo algunas propuestas para intentar salvaguardar los 23 templos sin tener que moverlos piedra a piedra, pero se juzgaron demasiado complejas. Llegaron trabajadores de muchos lugares y se recibió dinero para sufragar esas obras paralelas que tenían que trasladar todos los monumentos existentes y excavar rápidamente en la zona para encontrar los que se sospechaban que estaban enterrados antes de que quedaran sumergidos. Se trataba de edificios, de muchas toneladas de piedra que debían ponerse a salvo en una carrera contrarreloj. Una tarea imposible.

https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=312222
Grabado de Abu Simbel. Wikipedia. Dominio público.

Efectivamente, los grupos de arqueólogos encontraron más templos, pero pronto vieron que no lograrían salvarlo todo. Podían ocuparse de los más pequeños, que eran más sencillos de mover. Pero resultaba inaceptable abandonar los más emblemáticos: Abu Simbel,  Philae y Kalabsha. La mayoría del presupuesto se destinó a ellos. Decidieron cortarlos en bloques y desplazarlos la distancia necesaria para que no les alcanzaran las aguas.

De "Per-Olow" - Per-Olow Anderson (1921-1989) - sv:Forskning & Framsteg 1967 issue 3, page 16, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6235635
Recolocación de los bloques.
Foto:Per-Olow Anderson.
Wikipedia.
El caso del conjunto de Abu Simbel fue más complicado aún porque Ramses II había ordenado su construcción dentro de una montaña. El reto fue colosal: mover también la montaña. Los dos templos dedicados a Ramsés II y a su esposa Nefertari (comenzados en 1264 a. C.), fueron cortados, trasladados y reconstruidos, con montaña incluida, a unos 200 metros del emplazamiento original y 65 metros de altura en solo 4 años.

La parte más delicada de la operación fue cortar en bloques las caras de los colosos de Ramsés II y se le encomendó a los canteros gallegos, que realizaron un trabajo impecable porque eran los mejores del mundo en aquellos años.

Mientras los ingenieros ideaban la presa, y los arqueólogos salvaban el patrimonio, un drama humano se gestaba. La zona estaba habitada y 90.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares. Es muy cierto que se les dio un nuevo lugar donde vivir, pero aún los nubios sufren por haber sido desplazados de las tierras de sus antepasados.

Por Diego Delso, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=122647312
Templo de Ramses II con montaña.
Foto: Diego Delso. Wikipedia.

Los templos que no pudieron ser trasladados siguen, a día de hoy, bajo las profundas aguas del lago Nasser.

Egipto recompensó su ayuda a cinco países regalándoles un pequeño templo y les hizo la petición expresa de que se reconstruyeran en un lugar donde pudieran ser vistos por todos.

De ellos, quizá el que más visitas anuales recibe, es el Templo de Dendur, que se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York, en una zona remodelada y acristalada para que pueda verse desde fuera y cumplir, así, con la petición de Egipto. Este templo data del año 15 d. C. y en 2017 cumplió sus 50 años lejos de casa.

Templo de Dendur en Metropolitan: De Jean-Christophe BENOIST - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19277095
Templo de Dendur en el Metropolitan Museum de Nueva York.
Foto: Jean-Christophe BENOIST - Trabajo propio, CC BY 3.0.
Wikipedia.

Sin embargo, España fue el país que salió mejor parado del reparto de templos egipcios. Se nos donó en 1968 el templo de Debod, el mayor y más completo de cuantos se encuentran fueran de Egipto. Tiene una antigüedad de 2.200 años y mide 70 metros de longitud. La reconstrucción llevó 2 años y se inauguró el 20 de julio de 1972. Puede visitarse en Madrid. 

Templo de Debod. Madrid.
Foto: archivo propio.

martes, 4 de octubre de 2022

Templo de Debod: 50 años en Madrid.

Tenemos un trozo de Egipto en el corazón de España. Se trata del templo de Debod que, este mes de julio de 2022, celebró sus primeros 50 años de residencia en Madrid. 

¿Puede un monumento mudarse? Sí, hay muchos ejemplos que así lo demuestran. Pero en esta ocasión no se trata de un cuadro o una escultura robados sin sonrojo para exhibirlos en un museo de otro país, ni de un claustro románico comprado y trasladado muy lejos por un excéntrico millonario. Se trata de un templo muy especial, del mejor regalo que nos podían hacer tras acudir al llamamiento internacional para salvar un legado milenario.

Templo de Debod.
Foto: archivo personal.
La historia de este templo es muy antigua. Se construyó en Debod (Nubia) hace más de 2200 años y está dedicado al dios Amón. Formaba parte de la ruta sagrada de Isis que llegaba hasta  la isla de Elefantina, uno de los primeros caminos de peregrinación conocidos.

Durante los siguientes siglos sufrió diversas ampliaciones encargadas por varios monarcas ptolemaicos y emperadores romanos. Pero con el tiempo cayó en el olvido y acabó bajo las aguas del río Nilo de donde tuvo que ser rescatado.

A mediados del siglo XX decidieron construir la presa de Asuán que inundaría un territorio habitado desde hacía más de 5.000 años y que contaba con más de una veintena de templos egipcios. Para salvar ese patrimonio de incalculable valor se ideó la Campaña de Salvamento de los Monumentos de Nubia, a la que respondieron 52 países, entre ellos España.

El más importante de los templos trasladados fue el de Abu Simbel y el trabajo más delicado lo realizaron los canteros gallegos, los mejores de su gremio en aquellos años, que se encargaron de cortar en bloques las caras de los famosos colosos de Ramsés II.

Egipto recompensó su ayuda a cinco países regalándoles uno de los templos pequeños.

Templo de Debod en su ubicación original en Nubia.
Foto: Francis Frith fechada en 1862. Dominio público.
Wikipedia.

A España se donó en 1968 el templo de Debod, el mayor y más completo de cuantos se encuentran fueran de Egipto.  España se hizo cargo de los gastos. El edificio se dividió en 2300 piezas, se etiquetaron, se guardaron en 1900 cajas y se llevaron a la isla de Elefantina. De allí salieron en barco hacia Valencia y luego llegaron a Madrid… pero se perdieron 200 cajas. Fueron necesarios dos años para poder reconstruir y restaurar este templo de más de 2200 años de antigüedad. Se inauguró el 20 de julio de 1972.

Se eligió con cuidado el parque de Madrid donde debía ubicarse y se respetó la orientación tradicional: de este a oeste, siguiendo la ruta solar, el viaje de Ra. Se le dotó de un entorno privilegiado: seis hectáreas de jardines con palmeras y dos estanques como referencia al río Nilo.

El templo tiene una longitud de 70 metros y ocupa  270m2 de planta. Las paredes están decoradas con unos excepcionales relieves que muestran la secuencia de ritos sagrados que se hacía en honor a los dioses cada día.

Detalle de los relieves interiores del templo de Debod.
Foto: archivo personal.

Para los más de 200.000 visitantes que recibe al año es natural pasearse por sus salas y observar sus relieves. Pero es algo excepcional que estaba vetado a los antiguos egipcios. Los templos no eran recintos de oración para los fieles, eran lugares sagrados en los que solo los sacerdotes podían entrar.

Este 2022 celebramos varios aniversarios relacionados con Egipto. Puedes leer el artículo dedicado a Champollion y el descifrado de los jeroglíficos egipcios aquí.


miércoles, 14 de septiembre de 2022

Bicentenario: Champollion, los jeroglíficos egipcios y la piedra de Rosetta.

Entre los aniversarios que se celebran este año, varios tienen a la cultura egipcia como protagonista: la gesta inconmensurable de Champollion que devolvió la voz a los jeroglíficos; el gran descubrimiento de Howard Carter; y el regalo que recibió España, por haber acudido a la Campaña de Salvamento de los Monumentos de Nubia.

El grito que despertó al antiguo Egipto.

La noche del 14 de septiembre de 1822, Jacques-Joseph trabajaba en su despacho del Instituto de Francia en París cuando, repentinamente, Jean-Français irrumpió como una exhalación. Solo le dio tiempo a gritar “¡lo tengo!” antes de caer desmayado a los pies de su hermano.

Esta anécdota conmovedora nos da una idea de las noches en vela, de los esfuerzos, de los estudios y de la enorme ilusión de un hombre que devolvió la voz a los jeroglíficos egipcios tras 1.500 años de silencio.

Jean-Français Champollion nació en 1790 y desde su más tierna infancia dio muestras de una predisposición innata para la lingüística. De salud frágil, se consagró al estudio y se pasó la vida escudriñando miles de textos con el objetivo de descifrar los jeroglíficos egipcios. Siempre tuvo problemas económicos y  políticos por ser partidario de Napoleón, aún tras la caída de éste. El convertirse en un sabio a una edad temprana le hizo granjearse las envidias de los colegas, a pesar de que él tuvo siempre la desventaja de trabajar con copias y no haber pisado Egipto, mientras los demás disponían de textos originales. Quiso el destino, o los dioses, que viviera lo suficiente para que su mente privilegiada nos descubriera un secreto que se había dado ya por perdido.

Esta historia comienza mucho tiempo antes, hace más de 5.000 años, época en la que se cree que nació la escritura jeroglífica. Siguió utilizándose hasta el 24 de agosto del 394 d. C. cuando se grabó la última de las inscripciones en jeroglífico. Fue en la isla de File, en un templo dedicado a la diosa Isis que estuvo en uso hasta el año 551 d. C.

Aunque los primeros cristianos apreciaban este tipo de escritura, la prohibición de los ritos paganos por parte de Teodosio I fue apagando los ecos de la civilización egipcia, y si algo quedaba, terminó por perderse con la conquista árabe en el año 639 y el cambio de mentalidad. Pero a lo largo del tiempo no faltaron los eruditos que intentaron descifrar las inscripciones de los antiguos templos.

Existían dos teorías respecto a los jeroglíficos: la primera afirmaba que cada uno era un sonido o una letra y la segunda decía que eran pictogramas.

En 1799 las tropas napoleónicas se encontraron en la localidad de Rosetta, en el delta del Nilo, una gran piedra con inscripciones en tres registros. Rápidamente se dieron cuenta de que estaban ante algo de enorme importancia. Uno de los registros estaba en griego y pudieron leerlo: era un decreto promulgado por Ptolomeo V en el año 196 a. C. Antes de que el desastre militar se cerniera sobre ellos, sacaron copias de los textos para que los lingüistas pudieran intentar descifrarlos. Después, Egipto pasó a manos de los ingleses que trasladaron la piedra de Rosetta al Museo Británico, donde puede contemplarse hoy, rodeada siempre de cientos de turistas.

La piedra de Rosetta en el British Museum (Londres).
Foto: archivo personal.

La piedra de Rosetta contiene el mismo texto en tres escrituras distintas: griego, demótico y jeroglífico.

La esperanza se apoderó de los eruditos, partiendo de la traducción griega podrían descifrar el jeroglífico. Pero no fue tan sencillo. Lo intentaron muchos, incluido Silvestre de Sacy, profesor de Champollion, sin éxito. Fue Thomas Young, amigo y más tarde rival de Champollion, quien descubrió que los nombres propios iban dentro de un “cartucho” y que el demótico derivaba del jeroglífico. Pero luego se encontró en un callejón sin salida.

Fue en 1821 cuando Jean-François Champollion, un joven genio de la lingüística, comenzó a trabajar sobre la piedra de Rosetta y consiguió descubrir el nombre de Ptolomeo, lo que le permitió seguir tirando del hilo. El 14 de septiembre de 1822 estaba ya trabajando sobre la copia de una inscripción del templo de Abu Simbel cuando consiguió descifrar los nombres de Ramsés y Tutmosis. Comprendió entonces la lógica de la escritura jeroglífica y corrió a contárselo a su hermano, la persona que le había apoyado incondicionalmente en su obsesión por rescatar del olvido la lengua egipcia. Tuvo que descansar durante varios días después de aquel desmayo, tranquilizarse y contener su emoción.

El 27 de septiembre de 1822 se presentó en la Academia de Inscripciones de París con el resultado de sus estudios. Champollion descubrió que la escritura egipcia era pictórica, simbólica y fonética al mismo tiempo.

Foto: Wikipedia. Autor: Einsamer Schütze.
Detalle de la piedra de Rosetta.
Foto: Wikipedia. Autor: Einsamer Schütze.

En 1826 trabajó en el museo del Louvre como conservador de la colección egipcia.

Logró cumplir su sueño de viajar a Egipto en 1828. Lleno de alegría y emoción iba leyendo las inscripciones en los monumentos originales y comprobando que su alfabeto de jeroglíficos era correcto.

Escribió una gramática y un diccionario egipcio de escritura jeroglífica. También publicó sus estudios sobre los dioses egipcios. Murió poco después, en 1832, a la edad de 41 años.

En una carta del 24 de noviembre de 1828 había escrito:

Soy todo para Egipto, y él es todo para mí.

Hace 200 años, gracias a las investigaciones de varios estudiosos, pero sobre todo, a los descubrimientos de Jean-François Champollion, pudo descifrarse los jeroglíficos egipcios y rescatar la historia y la sabiduría de una de las civilizaciones más importantes de la humanidad.

Foto: Wikipedia. Dominio público.
Tabla de caracteres fonéticos jeroglíficos, demóticos y griegos.
Elaborada por Champollion.
Foto: Wikipedia. Dominio público.

viernes, 26 de agosto de 2022

José Luis López Vázquez. Centenario de su nacimiento.

El hombre que encerró a España en una cabina de teléfonos.

Nació en Madrid el 11 de marzo de 1922. Su madre fue costurera y su padre un funcionario que abandonó a la familia, por lo que José Luís, a muy temprana edad, aprendió a coser para trabajar con su madre. Pero no era suficiente para subsistir y tuvo que buscar otros empleos. Durante un tiempo fue ayudante en una farmacia, lugar que nunca olvidaría porque le hizo enfrentarse a la muerte. Durante la guerra, en el sitio de Madrid, dos bombas impactaron en el edificio. La imagen de las columnas combándose por las explosiones se fijaron en su memoria y, aunque hablaba poco de su vida, muchos años después seguía contando como sobrevivió de milagro.

Gracias a su buena letra consiguió un empleo donde copiaba fichas y allí coincidió con personas que más tarde se dedicarían al cine. Sus conocimientos de costura le llevaron a trabajar confeccionando vestuario para teatro. Pero no se conformó con coser los trajes, también los diseñaba, dibujaba figurines y carteles y se convirtió en decorador. Llegó a la interpretación de casualidad y durante casi dos décadas compaginó estos trabajos con el de actor.

Pinterest y lasmilvidas.blogspot.com
José Luis López Vázquez con Tony Leblanc y Manolo Gómez Bur
en una escena de la película "3 de la Cruz Roja" (1961).
Imagen: Pinterest y lasmilvidas.blogspot.com

En 1946, estando trabajando en el vestuario y decorado de María Fernanda, la jerezana, le ofrecieron sustituir a uno de los actores secundarios y fue su primera aparición en el cine. Ese mismo año debutó  en el teatro con El anticuario que se representaba en el María Guerrero.

Tuvo éxito en el teatro con obras tan conocidas como Historia de una escalera, Crimen y castigo o Don Juan Tenorio.

Pero  la gran pantalla lo lanzó a la fama convirtiéndolo en uno de los actores más emblemáticos del cine español. El pisito (1959) marca un antes y un después en su vida, ya que es su primer protagonista y cuando decide dedicarse exclusivamente a la interpretación. Aunque años después, cuando aceptó El bosque del lobo (1971), tuvo que hacerse cargo también de la decoración por problemas en el rodaje.

enciclopediacineespa-fernando.blogspot.com
"Atraco a las 3"(1962)
Imagen:
enciclopediacineespa-
fernando.blogspot.com

No paraba de trabajar, hizo más de 250 películas. Llegó a rodar 11 el mismo año. Aunque también hizo papeles dramáticos, de los personajes que interpretó en los años 60 viene nuestra imagen de López Vázquez como actor cómico. Buenos ejemplos son Los tramposos (1959), Tres de la Cruz Roja (1961) junto con Tony Leblanc, Vuelve San Valentín (1962), Historias de la televisión (1965) o El astronauta (1970). Pero también nos conmovió con sus personajes en La gran familia (1962) o Un millón en la basura (1967). En nuestra retina se guarda el recuerdo de aquel señor bajito y calvo que perseguía a las suecas por la playa en El turismo es un gran invento (1967), 40 grados a la sombra (1967) o Amor a la española (1967). Cuando trabajaba con Gracita Morales el éxito estaba asegurado y protagonizaron juntos multitud de comedias como Atraco a las 3 (1962), Sor Citröen (1967) o ¡Cómo está el servicio! (1968).

enciclopediacineespa-fernando.blogspot.com
"40 grados a la sombra" (1967)
Imagen:enciclopediacineespa-fernando.blogspot.com

enciclopediacineespa-fernando.blogspot.com
"Un millón en la basura"
(1967) Imagen:
enciclpediacineespa-
fernando.blogspot.com
Pero, en realidad, José Luís era un hombre melancólico y callado que más de una mujer abandonó por tacaño, defecto que fue su forma de enfrentarse a los fantasmas de una infancia de hambre y pobreza.

Trabajó a las órdenes de Berlanga en una decena de ocasiones. Su primer contacto con el director fue cuando un amigo le dijo que necesitaban  un dependiente de Galerías Preciados y resultó ser un pequeño papel en la mítica película Esa pareja feliz dirigida por Berlanga y Bardem en 1951 y protagonizada por Fernando Fernán Gómez. Bajo las órdenes de Berlanga rodó algunas de las películas más importantes del cine español: Los jueves, milagro (1957), Plácido (1961) y El verdugo (1963). El protagonista de El verdugo se llama José Luis porque el papel iba a ser para él, aunque finalmente lo interpretó Manfredi y López Vázquez tuvo que conformarse con interpretar al hermano del protagonista.

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"Patrimonio Nacional"
Imagen:
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Años más tarde rodarían juntos la trilogía de Patrimonio nacional (entre los años 1978 y 1982). Y en 1993 volvieron a reunirse para Todos a la cárcel.

José Luis aceptaba casi todos los proyectos que le proponían, incluso la inquietante Peppermint Frappé (1967). El que más dudas le planteó fue el de Mi querida señorita (1971), donde tenía que vestirse de mujer, pero que se convirtió en una película emblemática.

En 1971 intervino en Las petroleras, un western rodado en España, junto a Brigitte Bardot y Claudia Cardinale (el sueño de cualquiera de los personajes que interpretó en los sesenta persiguiendo extranjeras).

Pero en 1972, cuando todos esperaban otro personaje cómico, López Vázquez aterrorizó a los españoles. Bajo las órdenes de Antonio Mercero rodó La cabina, un mediometraje que se emitió en televisión en diciembre de aquel año. El personaje se quedaba encerrado en una cabina de teléfonos con insospechadas consecuencias en la ficción y en la vida real. Mucha gente se quedó tan impactada que dejó de utilizar las cabinas si otra persona no le sujetaba la puerta. La cosa fue tan grave que López Vázquez tuvo que grabar un anuncio de televisión donde salía alegremente de una de las cabinas para que la gente volviera a telefonear desde la calle sin miedo (aún no había llegado el móvil a nuestras vidas). La película es hoy un clásico de terror y Madrid ya cuenta con una réplica de la famosa cabina en la plaza del Conde Valle Súchil de Chamberí, muy cerca de donde se rodó la cinta.

Réplica de la cabina (Madrid)
Imagen: wikipedia. Autor: Smnt

La cabina ganó un premio Emmy en 1973 y llevó a nuestro actor a América. George Cukor lo dirigió en Viajes con mi tía (1972) y le pidió que se quedara en Hollywood, pero José Luis rechazó la oferta. Su gran talento fue reconocido y premiado en el Festival de cine de Chicago donde ganó dos años consecutivos el premio al mejor actor principal por El bosque del lobo y Mi querida señorita.

También realizó series de televisión como Este señor de negro (1975-1976) y Los ladrones van a la oficina (1993-1996).

Algunas de sus últimas interpretaciones fueron en La gran familia…30 años después (1999), Torrente 2, misión Marbella (2001), El oro de Moscú (2003) o Luna de Avellaneda (2004).  Estuvo trabajando hasta poco antes de su muerte en 2009.

En 2004 recibió el merecidísimo Goya de Honor.

Mi fama y mi “prestigio” es consecuencia feliz del cariño y lealtad del público. Me satisface enormemente cuanto pude ofrecer: alegría, distracción, sonrisa, emoción o ternura a cambio de tanta generosidad que el público me dio siempre.

jueves, 28 de julio de 2022

Tony Leblanc. Centenario de su nacimiento.

Hace 100 años, en 1922, vinieron al mundo dos grandes actores españoles: José Luis López Vázquez y Tony Leblanc.

Quizá los más jóvenes apenas los conozcan. Para ellos López Vázquez era aquel señor bajito que corría tras las suecas en el Torremolinos de las películas de los años 60 y Tony Leblanc el pillo que intentaba timar a cualquier incauto. Pero estos dos actores derrochaban un enorme talento. López Vázquez dijo “no” a Hollywood. Tony Leblanc tocó todos los palos del teatro y el cine.

Pinterest
Tony Leblanc y José Luis López Vázquez junto a Manolo Gómez Bur
en una escena de la película "3 de la Cruz Roja" (1961).
Imagen: Pinterest y lasmilvidas.blogspot.com

“Les exijo que sean muy felices”. Tony Leblanc.

A Tony Leblanc le gustaba hablar de su vida, aunque a veces, con su enorme imaginación y su verbo fácil, la adornara un poquito. Pero los que lo conocieron sabían que casi todo era verdad.

Su vida, tan interesante como una película, comenzó el 7 de mayo de 1922 en la Sala de los Tapices de Goya. Sí, Ignacio Fernández Sánchez, como lo bautizaron sus padres, contaba que tuvo el privilegio de nacer en el Museo del Prado, aunque parece que no es cierto. Lo que sí es verdad es que su familia vivía allí y su padre trabajaba en la portería de Velázquez. Ignacio llegó a conocer muy bien aquel museo porque su padre, después de la guerra, lo empleó de botones de ascensor. Aún se le recuerda, en sus ratos libres, en alguno de los patios zapateando y practicando claqué cuando creía que nadie lo observaba. Era puntual y correcto en su trabajo, pero cuando el museo cerraba, Tony corría al teatro, su otro empleo, porque el muchacho tenía inquietudes artísticas y un talento que ya había demostrado cuando debutó con solo 8 años en una obra de los hermanos Álvarez Quintero y luego como bailarín de claqué.

Museo Nacional del Prado
Tony Leblanc en el Museo del Prado. 
Escena de la película "El pobre García"(1961).
Imagen: Museo del Prado y Youtube.

Durante la guerra civil y la posguerra aceptaba cuanto trabajo se le ofreciera para ayudar a la precaria situación familiar. Fue futbolista (ascendió con su equipo a Tercera División) y boxeador. Lo del boxeo lo dejó porque su padre, al verlo llegar maltrecho, le decía que lo iba a matar de pena. Pero lo que él verdaderamente deseaba era ser artista. Adoptó el nombre de Tony Leblanc y fue de lo más polifacético: actor, bailarín, guionista, compositor, cantante, director, empresario y productor. Consiguió ser una gran estrella del teatro musical español, de variedades y un magnífico humorista que creó sketches míticos para TVE.

Trabajaba de figurante en todas las películas que podía, mientras seguía bailando claqué como boy en la compañía de Celia Gámez. Su primera intervención en el cine fue, precisamente, de bailarín. Pero su primer papel con frase fue en la película Los últimos de Filipinas (1945) donde estaba trabajando como extra cuando uno de los actores faltó al rodaje y le ofrecieron sustituirlo.

Su primera oportunidad importante en el teatro fue en el Circo Price. Se presentó a las pruebas como cantante. Pero el guitarrista le puso el tono demasiado alto y la actuación le salió tan mal que Tony regañó al músico delante de todos. Aquello les hizo mucha gracia y le ofrecieron un papel de falso espontáneo. Pero su nombre estaba tan pequeño en los carteles que tuvo más de un disgusto con los espectadores que lo veían como un intruso que interrumpía la función, aunque los dejaba boquiabiertos cuando bajaba a cantar y bailar claqué.

filmaffinity.com/es
El día de los enamorados (1959)
Imagen: filmaffinity.com/es
Tony inició una relación sentimental con Nati Mistral, con quien coincidió en varios proyectos. Pero, trabajando juntos en el espectáculo La maravilla errante de Lola Flores y Manolo Caracol, Tony se enamoró de una de las bailarinas, Isabel Páez, que se convirtió en su esposa, madre de sus ocho hijos y compañera de vida.

En 1949  consiguió su primer papel como protagonista en el cine con La Revoltosa junto a Carmen Sevilla.

En los años 50 compaginó la revista, el cine y la música. Llegó a componer más de 300 canciones, entre ellas la famosa Cántame un pasodoble español.

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3 de la Cruz Roja (1961)
Imagen:
enciclopediacineespa-fernando.
blogspot.com
En la revista alcanzó grandes éxitos como en Lo verás y lo cantarás, Te espero en el Eslava y Ven y ven… al Eslava. Estas dos últimas con Nati Mistral. Esto lo animó a escribir e interpretar sus propias revistas.

Por aquel entonces ya se había convertido en una estrella del cine. Entre sus muchas películas se encuentran títulos clásicos del cine español: Manolo, guardia urbano (1956), El tigre de Chamberí (1957), Los tramposos (1959), El día de los enamorados (1959), Las chicas de la cruz roja (1960), 3 de la Cruz Roja (1961) y El astronauta (1970).

En los rodajes conoció a una jovencita Concha Velasco que empezaba a destacar en el cine y la recomendó para sustituir a Nati Mistral cuando ésta se casó y dejó Ven y ven… al Eslava. Así comenzó una amistad que duraría toda la vida. Además, Tony y Concha se convirtieron en la pareja de ficción favorita del cine español trabajando juntos en 12 películas. Concha siempre reconoció que parte de su éxito se debía a la oportunidad que le había brindado su gran amigo Tony.

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Concha Velasco y Tony Leblanc en  "Amor bajo cero" (1960).
Imagen: imdb.com
Sus inquietudes artísticas y su imaginación le llevaron a ser guionista y director de tres películas, obteniendo muy buena crítica con El pobre García (1961) que protagonizaba junto a Lina Morgan.

Una enfermedad le llevó a reducir el ritmo de trabajo a principios de  los años 70, pero en 1983 sufrió un grave accidente que lo retiró de los escenarios. Diez años después recibió el Goya de Honor que recogió de manos de sus dos grandes amigos Luis García Berlanga y Concha Velasco. En su discurso de agradecimiento tuvo unas frases para el público:

A ustedes, señoras y señores, les exijo que sean muy felices.

Cuando parecía que la carrera de Tony había acabado para siempre, uno de sus admiradores, Santiago Segura, le ofreció trabajar en Torrente, el brazo tonto de la ley (1998). Tony rechazó el papel, como tantos otros que le habían ofrecido después de su accidente, aduciendo que estaba en sillas de ruedas, pero Santiago lo convenció diciéndole que, precisamente, ese era su personaje. Esta interpretación le valió el Goya al mejor actor de reparto. Aquel éxito inesperado le dio nuevas fuerzas que le llevaron a una mejoría física y a trabajar de nuevo en dos entregas más de Torrente y en la serie de TVE Cuéntame cómo pasó que fue su último trabajo. Tony Leblanc falleció en 2012 habiendo dejado un libro autobiográfico titulado Esta es mi vida.

Este año el Museo del Prado y la Filmoteca Española le rinden homenaje.