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lunes, 29 de junio de 2020

Crónicas de la Pandemia


Crónicas de la Pandemia es un libro muy especial, con fines benéficos, que ha reunido una antología de 30 relatos sobre este tiempo extraño que nos ha tocado vivir. Bajo la ficción que recorre sus páginas se esconden situaciones reales, circunstancias personales y, sobre todo, sentimientos universales con los que el lector se sentirá identificado fácilmente.

"Crónicas de la Pandemia" VV.AA.
Tinta Púrpura Ediciones (2020).
La vida cotidiana se vio interrumpida por un virus que detuvo el mundo, aunque el planeta siguiera girando. Nos confinamos y las calles se quedaron vacías. En aquel silencio, tuvimos tiempo de reflexionar: podíamos parar o podíamos hacer algo. Muchas personas decidieron ayudar, empatizar y actuar. Cada uno a su manera y siguiendo diferentes iniciativas.

Así descubrí el proyecto de la Cuarentena de la Escritura, un lugar online donde encontrarnos y donde escritores de todo el mundo podían participar, algunos saliendo del bloqueo en el que les había sumido las desalentadoras noticias y otros desarrollando aún más su creatividad. Cada martes se nos planteaba un tema sobre el que escribir y todos ellos, finalmente, vertebraron la base de un libro que verá la luz para recaudar fondos destinados a la donación de alimentos y ayuda a los jóvenes en riesgo de exclusión social.

La obra estará disponible por tiempo limitado, ya que se trata de una edición especial, y ha de ser reservada con antelación. Una vez transcurrido el plazo dejará de estar en catálogo. Puedes adquirirla en este enlace y ayudar a la ONG Un Inicio:


Las cuestiones sobre las que hablamos en Crónicas de la Pandemia (Tinta Púrpura Ediciones, 2020) son: los héroes a los que aplaudimos, cuando acabe el confinamiento, de gente buena, a quién echas de menos, diversidad funcional, buen comportamiento y si todo vuelve. Temas de plena actualidad y que no son ajenos a nadie.


Creo que todos los lectores se sentirán identificados con lo que se cuenta en Crónicas de la Pandemia, porque todos hemos salido a los balcones a aplaudir, quizá a una persona concreta que conocemos y de quien nos sentimos orgullosos; todos hemos pensado en las buenas personas que han echado una mano en los peores momentos; nos hemos topado con gente que ha tenido comportamientos admirables y conmovedores; hemos echado de menos a alguien a quien veíamos a menudo y nos hemos tenido que conformar con hablar a través de una pantalla o solo oír su voz al otro lado del teléfono; nos hemos encontrado escenas de personas con diversidad funcional que no podían interrumpir su rutina y fueron tratadas de forma injusta; hemos fantaseado con qué haríamos cuando pudiéramos volver a salir libremente y nos hemos planteado qué ocurrirá si todo vuelve a repetirse…

En esta recopilación encontraremos historias positivas, conmovedoras, compasivas, esperanzadoras, emotivas y tristes que  llevarán al lector a reflexionar sobre lo vivido, sobre sí mismo, sobre todo lo que nos une a los demás y lo mucho que nos necesitamos para crear un mundo mejor. En sus páginas se esconde el eco de los aplausos en los balcones, de las palabras de ánimo, de los recuerdos, de las reflexiones y la imagen de las flores mezcladas con el olor a galletas de canela…

Pincha aquí para ver el trailer.




miércoles, 24 de junio de 2020

El Ministerio del Tiempo

El Ministerio del Tiempo es más que una serie. Con su nacimiento las producciones españolas se atrevieron con los viajes en el tiempo. Una apuesta arriesgada, pero acertada.

En el sorprendente primer capítulo nos encontramos en un magnífico claustro embutido en un edificio ruinoso y vemos a Julián, un enfermero del Samur, bajar unas interminables escaleras, ya icónicas, con Salvador Martí, subsecretario del departamento de gobierno más secreto del mundo, que dispuesto a reclutarlo, le muestra que España tiene un Ministerio del Tiempo. No, no tenemos máquina del tiempo como se burla Julián en una de las primeras escenas. Tenemos puertas del tiempo y para que le crea le abre la que conduce a la Segovia donde aún se está construyendo el famoso acueducto romano. Y junto a Julián, reclutan también a Amelia, una de las primeras universitarias españolas, trayéndola directamente del siglo XIX y a Alonso de Entrerríos, soldado de los Tercios de Flandes. Los tres forman una patrulla y el choque cultural es atrayente y divertido. En las siguientes temporadas se incorporan más patrulleros como Pacino, Lola y otros funcionarios se unen a las misiones como Velázquez, Irene, Ernesto, Angustias y el mismo Salvador. El tiempo es el que es y el Ministerio está para que no se cambie la Historia, aunque a más de uno le resulte imposible no intentar hacerlo.

https://www.filmaffinity.com/es/filmimages.php?movie_id=693487
Los protagonistas de El Ministerio del Tiempo en el claustro medieval.
Derechos de TVE y filmaffinity.

Desde el primer episodio empiezan a desfilar por nuestras pantallas personajes históricos y en el segundo, Lope de Vega se convierte en trending topic en Twitter. Tras cada capítulo se disparan las búsquedas en Google de los personajes y los acontecimientos históricos que presenta la serie, algunos muy famosos y otros menos conocidos. Los capítulos generan artículos en la prensa al día siguiente de su emisión. La serie se recomienda en centros educativos.

Reconocemos guiños al cine, a la música, a la historia y a la literatura. Mezcla de géneros y de épocas. Escuchamos frases divertidas, reflexionamos sobre cómo España trata  a sus genios, fantaseamos con qué le diría Velázquez a Goya o a Picasso y, a veces, nos enfadamos ante las injusticias que la patrulla no puede corregir porque la Historia no debe cambiarse.

Atención spoilers

Podemos sorprendernos con un Cid muy diferente al que conocemos; estremecernos cuando las Leyendas de Bécquer se transforman en realidad; emocionarnos con Julián intentado evitar, una y otra vez, la muerte de su esposa; o reír a carcajadas cuando un investigador de lo paranormal argentino encuentra las puertas del tiempo y se convierte en el descubridor de América.

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Gaspar
El Anacronópete.
Primera Edición.
Un día acompañamos a Hitchcock o a Einstein en su viaje a España y otro visitamos la residencia de estudiantes donde vivían Lorca, Dalí y Buñuel.  Nos llevan a batallas en diferentes siglos, presenciamos las vicisitudes de los últimos de Filipinas, vemos cambiar el mundo con un Felipe II como rey eterno que da discursos por televisión, asistimos al estreno de La Verbena de la Paloma, buscamos el recibo de El Guernica o vemos como desaparecen las Meninas delante del mismísimo Velázquez en su sala del Museo del Prado. Conocemos a genios tan famosos como Cervantes o  tan desconocidos como Emilio Herrera. Y de repente, nos topamos con el anacronópete, una máquina del tiempo surgida de las páginas de la novela del español Enrique Gaspar y Rimbau en 1887, una década antes que H.G. Wells publicara la suya, y que pasa del papel a la realidad de nuestros personajes para dar un giro de guion inesperado. Al día siguiente, internet echa humo ante la avalancha de búsquedas de la novela El Anacronópete. La web de la Biblioteca Nacional la ofrece en formato e-book, mientras una pequeña editorial que disponía del libro recibe un aluvión de peticiones.

La serie cuenta con una legión de seguidores que se autodenominan ministéricos, ven el capítulo en directo y lo vuelven a ver en streaming para no perderse ni un detalle en RTVE a la carta, en Netflix o HBO y lo comentan en las redes. Hay libros, comics, y numeroso contenido transmedia: entrevistas, experiencia de realidad virtual, podcast, webserie, guiones de los capítulos, app, tienda, certificados de ministéricos, tonos de llamadas para el móvil, precuela entre la tercera y cuarta temporada… (la mayoría en la estupenda web de El Ministerio del Tiempo en RTVE).

Portugal se hace eco del éxito de la serie, compra los derechos y cuenta pronto con su propio Ministério do Tempo. Estados Unidos crea Timeless, tras lo que se enfrenta a una acusación por plagio.

Uno de los carteles promocionales de El Ministerio del Tiempo.
Derechos de TVE y filmaffinity.

Pero todas las temporadas se repite el mismo dilema ¿renovará TVE nuestra serie favorita? ¿Volveremos a ver a nuestros funcionarios preferidos salvar la Historia mientras tienen que enfrentarse a sus dramas personales? Los ministéricos recogen firmas, inundan las redes con peticiones de continuidad, pero la respuesta se hace siempre esperar hasta el punto de llegar a pasar varios años entre una y otra temporada y tener que cambiar los guiones para poder prescindir de algunos actores ya comprometidos en otros proyectos.

Acabada la cuarta temporada, nos volvemos a encontrar en la misma tesitura, aunque TVE lo ha publicitado como último capítulo de la temporada. Una serie de gran repercusión, con numerosos galardones en su haber, con guiones perfectamente documentados, hilados y llenos de imaginación, con una producción y dirección muy cuidadas y unos magníficos intérpretes, tiene que esperar para saber si este ha sido su último capítulo o tendrá una quinta temporada. Por suerte, no ocurre como en otras series, que se quedan sin final. Para ello, Javier Olivares, uno de sus creadores, se preocupa de poner el broche de oro en el último episodio de la temporada, por si realmente fuera el fin de la serie. Él mismo lo ha dicho, la serie empieza y termina con Julián, el círculo se cierra. Pero también nos ha advertido que hay puertas que se han cerrado pero se pueden volver a abrir.

Ha sido un final redondo, sin cabos sueltos, que nos ha llevado de sorpresa en sorpresa y que sería difícil de retomar si TVE decidiese renovarla, pero los ministéricos seguimos pidiendo la quinta temporada…

viernes, 15 de mayo de 2020

Grupo de Whatsapp



Manu
¡Nunca lo hubiésemos imaginado! Tan bonito y tan esperado. ¡Incluso le hicimos una fiesta de bienvenida! Pusimos un gran cartel con la fecha escrita con números dorados, lo llenamos todo de globos y confeti, preparamos una cena especial y la regamos con vino y cava. ¡Hasta le dimos un día más gratis! ¡Desagradecido! ¡Desgraciado! Pero ¿qué podíamos hacer? Era imposible anular su llegada. No sabíamos la que nos esperaba con cada campanada del año nuevo…

Salvador
Quizá fuimos demasiado confiados, debimos estar más atentos. Estaba demasiado lejos, pero debimos habernos aplicado eso de “cuando las barbas del vecino veas cortar…”

Gutiérrez
¡Ya estamos con las frases a medio terminar! ¡Así no hay quien se entere! ¡Hablad claro! Alguien nos advirtió algo, lo dejó caer, con medias palabras, en sentido ambiguo, suelta la primera parte del refrán y deja el resto en suspenso porque piensa que sabemos cómo continúa… “Año bisiesto…” Y tampoco nos podíamos dejar guiar por supercherías… Esas cosas nos las dijeron antes refiriéndose a otros y muchas veces no se cumplieron. Yo ya no veo ni las noticias, estoy harto del tema.

Arturo
Recomendaban no viajar y yo ya tenía las vacaciones compradas desde hacía meses. Llamé a la agencia tres veces y me dijeron que no pasaba nada, que no anulara porque el seguro no cubre el miedo y perdería el dinero. Primero pretendían dejarme sin viaje y después sin carnavales, sin fallas (siempre voy a Valencia en esas fechas), sin Semana Santa y sin feria (llevo 10 años sin faltar a la feria de abril). Y para rematar el deporte… ¿cuándo se ha visto que se interrumpan las ligas deportivas? ¡Eso no me entraba en la cabeza!

Ramiro (Hotel Mar Azul)
Me enfadaba cada vez que los oía decir cifras por televisión ¡Cuánto más hablaban menos reservas tenía mi hotel! ¿Cerrar también el restaurante y el bar de copas? ¿Qué iba a hacer con la comida que había encargado para todas las fiestas que se avecinaban en el calendario? Pero llegó por más que lo negáramos. Tuve que cerrar de verdad. Espero que para agosto esto esté arreglado y pueda reabrir todos mis negocios, vengan los turistas y pueda salvar el año porque si no esto me trae la ruina ¡La ruina!


Gonzalo
Estáis todos muy estresados y enfadados. Hay que tomárselo con calma. Esto pasará. Lo mejor es el yoga. A mí me sienta de maravilla tumbarme en el jardín de casa y tomar un ratito el sol mientras leo. ¡Hasta he aprovechado para instalar la barbacoa que compré el año pasado! Cuando volvamos a la normalidad organizaré una fiesta.

Pilar
¡Hasta para el confinamiento hay clases! @Gonzalo para ti es muy fácil hablar desde tu chalet con jardín. Querría yo verte en mi piso de 70 metros cuadrados con mi marido viendo partidos del mundial del 82 y mis dos hijos peleándose constantemente.

Roberto
@Pilar, hija… Que las cosas de internet son gratis… ¡pues no hay actividades ahora para evadirte! Yo tengo la suerte de que me encanta estar en casa y ahora tengo tiempo para todo. Dicen los psicólogos que lo mejor es hacer un horario. Así que mi agenda está más llena que nunca: a las 10:00h clase de gimnasia por streaming. Repaso de limpieza por la casa y ducha. A las 12:00h comidita con un cocinero que ha colgado sus videos en youtube. ¡Me salen de maravilla sus recetas! Aunque a este ritmo voy a salir rodando. A las 15:00 veo las noticias. A las 16:00 una buena siesta en la terraza. A las 17:00h hago videollamada con amigos o familia. Luego tiempo para ir a la compra o lo que necesite ese día. A las 19:00 conferencia o encuentro por Instagram con personajes que admiro, a veces hay hasta dos charlas a la misma hora y no sé dónde acudir. A las 20:00h aplauso a los sanitarios y después cantar todos los vecinos el Resistiré.  Algunas noches se organizan festivales de música por Instagram. Luego ceno, leo, veo alguna peli o hago maratón de series y me voy a la cama.

Lali
Estoy contigo @Pilar. Cuando suspendieron las clases, pensé en la lata que me darían los niños todo el día correteando por casa y yo, que siempre los castigaba sin Play, rogaba porque se engancharan a algún juego y me dejaran tranquila. No puedo más con las tareas del hogar, los deberes de mis hijos y el teletrabajo.

Antonio
Yo creí que habían adelantado las vacaciones. Con los niños sin colegio y mi jefe prometiéndome el teletrabajo, cogí a la familia, los subí al coche y nos fuimos al pueblo de los abuelos que allí tenemos una casa vacía que no visitábamos desde que murieron los yayos. Pero ahora resulta que aquí no hay fibra óptica. Me he quedado sin trabajo y atrapado en este pueblo de 50 habitantes todos mayores de 70 años.

Adrián
Las piezas empezaron a no llegar a la fábrica, tenían que venir de la zona que habían cerrado en China y vimos peligrar nuestro trabajo, con razón. Ahora estoy arreglando los papeles del desempleo. Va a haber una gran crisis económica con millones de parados…

Aurora
Al menos hay algo positivo: con todos encerrados en casa, sin coches, sin aviones, el planeta se está descontaminando, la Tierra respira, se revierte el cambio climático, los animales vuelven a tomar el territorio que los humanos le habíamos robado…
Pepe
¡No te jode la ecologista! Yo paso del cambio climático, de internet (bastante tuve con el curso) y de cantar el Resistiré… Resistiréis vosotros, porque yo no aguanto más encerrado en casa. ¡Menudo aburrimiento! ¡Pero si en la tele ya solo dan noticias y programas repetidos! No creo que tengan derecho a dejarnos confinados. Yo ya tengo mi táctica. Voy a la panadería todos los días, saco al perro cinco veces, tiro la basura, al rato voy al supermercado por una cosa, pero no está la marca que a mí me gusta, así que al poco vuelvo a ver si al transportista le ha dado la gana de llegar ya con el pedido. La cajera me mira mal, pero ese es su trabajo, su obligación… A ver si un día le voy a dar un susto tosiéndole en la cara de mala leche que me pone a la quinta vez que vuelvo. Ya sé lo que me vais a decir, que como me pillen me pondrán una multa…

María
@Pepe te olvidas de que yo soy cajera de supermercado y estoy hasta la coronilla de los listos como tú. El año pasado nos veíamos en la calle cuando instalaron cuatro cajas de autoservicio y ahora nos declaran servicios esenciales. Quizá hubiese sido mejor que me despidieran así estaría en casa y no expuesta al peligro. Todo el día atendiendo a cientos de personas, muchas sin mascarilla, pasando los alimentos y el dinero que han tocado, viéndolos no respetar la distancia, ir a por un solo producto con la excusa de salir. Seguimos mal miradas y mal pagadas. Llego a casa por la noche y ni un abrazo puedo darle a mis hijos por miedo a haber pillado algo. Pongo la ropa a lavar, me ducho, me siento a ver un momento la tele y siempre el dichoso mensaje “quédate en casa” ¡qué más quisiera yo que quedarme en casa! Eso comento siempre con el pobre guardia de seguridad del hipermercado y con el policía que ya ha multado a más de uno en la puerta. Siempre hablándonos a gritos desde la distancia por respetar las normas, pero, sobre todo por miedo. Ayer vino el ejército a desinfectar la estación de autobuses cercana y a mí me dio la impresión de que ellos también lo están pasando mal.

Dolores
Mi marido es camionero. Hace una semana que no lo veo. Tiene rutas que no le avisan con anterioridad, se encuentran las estaciones de servicio cerradas, no tiene un lugar donde comer caliente, donde dormir, donde ducharse. Vive en condiciones infrahumanas. Mi hijo es mensajero, tiene que llevar hasta las casas las más variopintas mercancías. Me cuenta que algunas son importantes, pero muchas son para ninis que compran ropa y zapatos por internet, haciéndole siempre las quejas de que las tiendas están cerradas y que ir de compras por la web no es tan divertido. Además en muchas puertas se encuentra un dibujito de un arcoíris con “Todo saldrá bien. Quédate en casa”. A la pequeña no le han puesto teletrabajo y tiene que ir todos los días en el autobús con más gente, sin mascarilla y sin guantes porque están agotados. El conductor los mira con miedo desde el cartel de “no pasar” que le han puesto. Cuando llega a su oficina son tantos compañeros que no pueden guardar las distancias y tiembla cada vez que escucha alguno toser.  Ellos salen al peligro todos los días. Esto ha venido a robarnos la paz, la rutina, la salud…

Alicia
Me di cuenta de que esto iba en serio cuando cerraron todos los monumentos y vi por la tele desinfectar las pirámides de Egipto. Acabo de llegar de hacerle la compra a mi vecina, es una mujer muy mayor que vive sola. Le he hablado a través de la puerta y le he dicho que le dejaba las bolsas sobre su felpudo y que lo desinfecte todo. Dicen que a los jóvenes no nos pasa nada, pero tengo a un conocido ingresado en el hospital y solo tiene 30 años. Por suerte hace casi un mes que no lo veo, por lo que creo que no me habré contagiado. Pero yo, por si acaso, no me acerco a mi vecina, no quiero pegarle nada.

Catalina
No, no te acerques, Alicia. Haces bien. Como farmacéutica te digo que antes yo charlaba con la gente, les daba consejos gustosamente y hasta cotilleábamos un poquito. Pero ahora me retiro. He puesto una doble mesa y un cordón para que no se acerquen, igual que ha hecho la panadera. Estamos muy tristes porque hemos perdido a varios abuelillos del barrio.

Rafa
Aunque esta situación nos parezca nueva. Esto ha pasado varias veces. Es como un fantasma que reaparece a lo largo de la historia, en diferentes épocas, con diferentes nombres, invisible y silencioso. Siempre nos sorprende desprevenidos. Nosotros solo lo conocíamos de oídas, nunca nos habíamos topado con él. La última pandemia parecida fue la mal llamada gripe española de 1918. Le pusieron ese nombre porque la prensa española era la única que daba noticias sobre ella. El resto de países, inmersos en la I Guerra Mundial, no decían nada para no desmoralizar a los soldados. Duró dos años y murieron más de 50 millones de personas en todo el mundo. Esta historia no ocupaba ningún espacio en nuestros pensamientos, porque eso no nos podía pasar a nosotros que estábamos tan cómodos en nuestra rutina, con nuestra tecnología, yendo a cenar, de copas con los amigos, al cine, a los conciertos, al fútbol y a fiestas multitudinarias. Nadie nos podía robar nuestras tradiciones, nuestros viajes por el mundo. Habíamos llegado al futuro que ni se atrevían a soñar en las películas de ciencia ficción antiguas. Estábamos convencidos de que nada nos lo podía arrebatar. Dicen que esto pasará, que seremos mejores personas y que volveremos a tener la vida de antes. Pero yo, sinceramente, no lo creo. Va a transcurrir tiempo para que podamos volver a juntarnos miles de personas en una feria o un estadio de fútbol…

Pepe
¡No jodas, Rafa! ¿Dos años? ¡Tú alucinas! ¡No nos des más lecciones! Mira, yo voy a volver a pasear al perro y que me dé el fresco por el camino… No te aguanto… @Pilar, @Lali, @María cuando queráis os paseo a los niños, que ahora han dado permiso…

https://www.publicdomainpictures.net/es/view-image.php?image=291943&picture=gente-chateando
Dominio público.
Publicdomainpictures.net
María
¡Sí, hombre! ¡Vas listo si te crees que voy a dejarte pasear a mis hijos como si fueran perros!


Álvaro
Chicos, me encuentro mal, llevo dos días con fiebre. He llamado al teléfono que anuncian en la tele y solo me han dicho que me vigile la temperatura, tome paracetamol y que me aísle en mi habitación sin salir. ¿Aislarme en mi habitación? Solo tenemos un baño en la casa… ¿Y si tengo eso? ¿Qué hago para no contagiar a mi familia? @Carmen ¿Estás por ahí? Eres enfermera ¿verdad?

Carmen
Sí, @Álvaro. Acabo de llegar a casa. Si quieres llámeme y te doy algunas recomendaciones, pero lo principal es que tienes que limpiar con lejía el baño cada vez que lo uses. Habla con tu familia por el móvil, no salgas del cuarto. Y llama a tu centro de salud para una consulta telefónica con tu médico. Si te pones peor tendrás que ir a urgencias. Espero que no, deseo que sean solo síntomas leves. Yo estoy muy triste y desesperada. Todos los sanitarios nos dejamos la piel para poder salvar a las personas. No os voy a contar lo que veo cada día en el hospital porque no puedo más. Acabo de hacer doble turno y estoy rendida. Me ducho y me voy a la cama en un ratito.

Roberto
¡Qué te mejores @Álvaro! @Carmen no te vayas a dormir todavía. Son casi las ocho, la hora de los aplausos. Son para ti y tus compañeros. ¡Vamos todos a aplaudir!
© MJ


domingo, 19 de abril de 2020

Ciencia y ficción


Conocí a Esperanza en la cola del cine cuando aún no se compraban las entradas por internet. Yo iba con mi pandilla y ella charlaba con su amiga justo delante de mí. Oí sus interesantes argumentos para terminar de convencer a su acompañante de que aquella película de ciencia ficción era lo mejor de la cartelera. Su voz preciosa y sus palabras me abstrajeron de la conversación de mis colegas y consiguieron que no apartara los ojos de su cabello largo y castaño. Cuando se volvió y me sonrió, su mirada iluminó el mundo y yo me sentí abducido. Flotaba en el espacio hasta que uno de mis amigos me dio una colleja que me devolvió a la Tierra. Le supliqué a la taquillera que me sentara junto a ella y luego fingí que había sido casualidad. La quise invitar a palomitas y Coca-Cola, pero no lo permitió. 

Mis colegas alucinaban al verme cortado y torpe, intentado impresionarla con mis conocimientos cinematográficos. Pero algo bueno debí decir porque después Esperanza se quedó un rato conmigo cambiando impresiones sobre la película. Con más inseguridad que convicción, le pedí que me acompañara al estreno de otra de ciencia ficción y aceptó. Ese fue nuestro maravilloso comienzo, sin música de violines, ni fuegos artificiales, pero con el silencio y la oscuridad del espacio plagado de planetas por conquistar, héroes vestidos de astronautas, naves que viajan a la velocidad de la luz y multitud de misterios que resolver.

Jorge Simonet wikipedia
Sala de cine.
Jorge Simonet.  Wikipedia.

A Esperanza le encantaba la ciencia ficción, pero temía a los extraterrestres y se quejaba de que los científicos hubiesen enviado las Voyager con nuestras coordenadas a los confines de la galaxia sin el consentimiento de la humanidad. A mí me divertía verla ponerse tan seria cuando decía que eso era una imprudencia.

-Pero ¿es qué tú crees en los extraterrestres?- me burlé una vez.

-¡Por supuesto!- exclamó sorprendida - ¡Ah! Por eso te lo tomas todo a guasa, porque piensas que no hay nada amenazante y peligroso ahí fuera…

-No te preocupes- dije abrazándola – Si algún alienígena se atreviese a acercarse a nosotros me convertiría en un Jedi por ti.

Jamás hubiera imaginado que tendría que tragarme mis palabras.

Siempre supe que Esperanza era  más lista y más valiente que yo, pero terminé de confirmarlo al ver la expresión de su rostro iluminado por la luz de la televisión mientras el telediario daba la noticia.

No habían llegado en inmensas naves posicionándose sobre las grandes capitales del mundo y destruyendo nuestros más emblemáticos monumentos como inequívoca declaración de guerra. No eran ellos dados a seguir guiones de cine. Tan bien les salió su plan que ni siquiera eran los protagonistas del reportaje, la atención recaía en las actuaciones del único país al que habían asaltado de una forma tan disimulada que el resto del mundo no sabía si realmente era un ataque o simple propaganda de un lugar que quedaba demasiado lejos en el mapa. Esa fue su primera victoria, parecer inofensivos y pillarnos desprevenidos. Para cuando quisimos darnos cuenta ya estaban entre nosotros silenciosos e invisibles.

Por supuesto no se conformaron con un solo país, fueron extendiéndose por los continentes mientras las naciones hacían oídos sordos a las advertencias de los que ya los teníamos encima. Y aunque les gustaba dejarse llevar por la brisa, posarse sobre nuestros monumentos, pisar nuestras calles, y correr por nuestras carreteras; su preferencia estaba en los objetos triviales y cotidianos: una mesa, un bolígrafo, la superficie brillante de un móvil, una cartera y su contenido, unas llaves, el pasamanos de la escalera mecánica, la barra donde todos nos sujetamos en el transporte público… Allí campaban a sus anchas pero con la cautela de dejarlo todo perfecto, como si no lo hubieran tocado. Las fiestas les divertían mucho, entraban camuflados y se regocijaban en saltar entre las multitudes, también se colaban en nuestros estadios deportivos, nuestras salas de conciertos, nuestros cines… cuantos más terrestres reunidos mejor podían llevar a cabo su plan, porque en realidad no venían a atacar la Tierra, en realidad venían a por nosotros.

El planeta siguió girando pero nuestro mundo se detuvo. Los hospitales se llenaron y la cifra de caídos aumentaba cada día.  Nuestras costumbres se abolieron y nuestras calles se quedaron vacías. Ningún director hubiera tenido que recurrir a efectos digitales para mostrar una gran urbe desierta como escenario apocalíptico, lástima que ya no se rodaban películas…

El ejército y las fuerzas de seguridad vigilaban constantemente. Los telediarios tenían un único tema y en el resto de la programación, entre reposiciones de series y concursos, se nos lanzaba reiteradamente el mismo mensaje: quédate en casa. 

A día de hoy sigo obedientemente esa consigna. Tampoco tengo donde ir porque perdí mi fabuloso y prometedor empleo cuando los alienígenas agazapados en todos los rincones nos obligaron a “cerrar el mundo”. Sin embargo, el que, hasta unas semanas antes, era el poco ambicioso, mal pagado y precario empleo de Esperanza, se ha convertido en actividad esencial. El “quédate en casa” no va con ella, no es médico, no es soldado, pero pertenece al grupo de personas que hoy sostienen uno de los pocos reductos de normalidad que nos quedan.

La veo marchar cada día hacia el trabajo, sin armas con las que enfrentarse al enemigo. Muy a su pesar, sin intenciones de ser una heroína, disimulando su miedo, baja las escaleras y yo, desde la seguridad de mi hogar, la sigo mentalmente porque no puedo acompañarla. Pasa por la calle desierta y por un pequeño supermercado que abre media hora más tarde, llega a la parada de un metro fantasma y desciende las escaleras sin atreverse a tocar nada. Estoy seguro de que mira hacia todas partes, cautelosa, atenta, para no cometer ningún error que pudiera resultar fatal. Sospecha de todo y de todos pero tiene que seguir adelante hasta llegar a su centro de trabajo donde nadie le agradece su labor, ni le dedica palabras de aliento. Demasiadas personas alrededor. Se lava las manos, le duelen ya de tanto lavarlas, desinfecta su lugar y aguanta como puede hasta la hora de la salida. Creo que hay momentos del día en que los dos recordamos la película La invasión de los ultracuerpos y nos preguntamos si alguno de los compañeros habrá caído ya en las garras de los extraterrestres. 

Hago la comida, he aprendido varias recetas en solo un mes. Luego hablo por videoconferencia con mi familia que me pregunta cómo estamos. Yo estoy bien, y ruego porque Esperanza no me llame desde urgencias porque haya caído en este combate silencioso e invisible y que ninguno de esos diminutos seres de otro mundo haya conseguido rozarla.

Cuando se acerca la hora ya he limpiado todo y he preparado sus cosas: una bolsa de plástico para guardar los zapatos sucios y dejarlos fuera, las zapatillas cerca de la puerta, la ropa limpia y la toalla en el cuarto de baño. Miro el reloj impacientemente y suplico que llegue sana y salva. Cinco minutos más me desesperan.

Hoy regresa con dos bolsas del supermercado llenas de alimentos. La casa huele a lejía y ella me sonríe. Se desnuda para poner la ropa directamente en la lavadora. Mientras se ducha, yo limpio los paquetes que ha traído y los guardo. Vuelvo a fregar la entrada y desinfecto los pomos de las puertas.

Nos sentamos cada uno en una esquina del sofá y nos miramos. ¿Cuánto tiempo hace que no nos abrazamos? ¿Cómo puede mantenerse intacto el amor y quedar prohibido los besos enamorados por capricho de esos pequeños seres? ¿Tendremos valor de desafiarlos? ¿Nos arriesgaremos de una forma tan temeraria?

Intento tomarla de la mano, pero ella la aparta rápidamente.

-¿Qué haces?- pregunta asustada – Todos los días me pregunto si será hoy cuando regresaré a casa con una herida invisible que no se manifestará hasta dentro de unos días… Tengo que mantenerte a salvo.

Las lágrimas en sus ojos no consiguen apagar la luz que ilumina mi mundo. De repente no tengo miedo de tocarla, ni me pregunto si ha regresado intacta. La abrazo y ella se aferra a mí, ocultando la cara en mi pecho.

-Mi amor…- murmuro acariciando su cabello húmedo – Yo nunca seré un Jedi, pero tú siempre serás mi teniente Ripley.

Esperanza levanta la mirada y se ríe por primera vez en semanas.
© MJ
pxhere.com
pxhere.com. Dominio Público.

viernes, 27 de marzo de 2020

Gaviotas


Oigo los graznidos de las gaviotas desde mi casa. La urbanización está a más de cinco kilómetros de la costa, pero a ellas, a vista de pájaro, les debe parecer muy cerca.

Nunca me han gustado. No pierdo el tiempo mirándolas mientras flotan en el agua, como patos de mar, y me repugna verlas disputándose las sobras de los contenedores de los chiringuitos del paseo marítimo. Alguna vez he tenido que recoger rápidamente mi toalla y huir de la playa porque se acercaban demasiado buscando los restos de bocadillos de los bañistas. Nunca me gustaron las gaviotas, pero ahora no las soporto. Me martillean la cabeza, no paran de graznar y sobrevolar los edificios.

De Jiyang Chen - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15507046
De Jiyang Chen. Wikipedia.

Me acerco a la ventana y observo la calle vacía. Todo me resulta frío y triste, congelado como el cristal que tocan mis dedos y ahora echo de menos el silencio de los días anteriores.

Regreso al salón con la idea de encender la tele y ver las noticias. Pero, de repente, los graznidos aumentan en intensidad y se hacen ensordecedores. Vuelvo a la ventana y veo a una anciana arrastrando penosamente su carrito de la compra. Las gaviotas parecen enloquecer al descubrirla. De alguna manera saben que lleva comida y localizan una barra de pan bajo su brazo. La mujer intenta apretar el paso, pero sus piernas se lo impiden.

Las gaviotas ya no surcan el cielo, están todas en el suelo y la miran amenazantes. Ahora parecen buitres, siniestros y odiosos. Pero no se conforman con esperar y se acercan peligrosamente a la anciana. Ella intenta huir, pero no quiere soltar su carrito y las gaviotas le cortan el paso. Se me viene a la cabeza Los pájaros de Hitchcock y el miedo atenaza mis piernas. Miro a las ventanas, sé que la mayoría de mis vecinos están enfrascados en tareas varias para distraerse, pero es imposible que ninguno haya escuchado esos graznidos que ahora se asemejan a gritos espantosos. Sí, hay uno protegido por los cristales y tratando de ocultarse tras las cortinas. ¿Nadie va a ayudar a esa pobre señora? ¿Somos todos como los cámaras de los documentales que filman a la leona cazando a la gacela sin intervenir?

Nunca he sido demasiado valiente, pero cuando la primera gaviota intenta arrebatarle el pan a la anciana picando cerca de su cara, abro la puerta y me lanzó escaleras abajo hasta aparecer en la calle. Solo estamos la señora y yo frente a los pájaros a los que no infundimos ningún temor. Intento acercarme, pero me cortan el paso. La rodean a ella, está claro que yo no les intereso, ni me perciben como una amenaza.

-Suelte el pan y el carrito- le grito desde la distancia que las gaviotas han impuesto entre nosotras.

-No, es mi comida- responde- ¡Qué pesquen! Tienen un inmenso mar para pescar.

Como si la hubieran entendido, como si las hubiese desafiado, varias se lanzan sobre la anciana y la atacan mientras ella se afana por huir sin soltar su compra.  Otras desgarran el carrito que se vuelca y deja su contenido esparcido por el suelo. La mayoría de las gaviotas se pelean por los trozos de carne y de fruta, pero tres se ensañan con la mujer, quieren el pan que sigue agarrando.
Me protejo la cara con los brazos y me abro paso mientras siento como si me mordieran. Las aparto a manotazos y corremos hasta un soportal. Aunque estamos sangrando, la mujer se muestra triunfante porque ha conservado el pan y una malla de naranjas.

En ese momento la mayoría de los vecinos salen a los balcones y aplauden con entusiasmo. Pero no celebran nuestra relativa victoria. Nos ignoran.

Miro el reloj: son las ocho de la tarde, hora del aplauso.

La anciana y yo nos observamos, la estoy sosteniendo del brazo, ninguna de las dos llevamos guantes, ni tenemos mascarillas y estamos a menos de un metro de distancia…

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Autor: cottonbro

miércoles, 26 de febrero de 2020

Año bisiesto...


El refranero popular tiene varios dichos dedicados a los años bisiestos, quizá porque nos llaman particularmente la atención por eso de añadirle un día más al mes de febrero. Hay quienes son muy supersticiosos y creen que los años bisiestos traen mala suerte. Si tuviéramos que hacer caso al refranero pensaríamos que algo de verdad hay en ello: “cuando bisiesto el año es, las hojas del olivo se vuelven del revés”; “año bisiesto, ni aquello ni esto”; “año bisiesto, ni viña ni huerto”; “año bisiesto, vende la hoja y quema el cesto”… Pero a estos hay que añadirle el más famoso de todos: “año bisiesto, año siniestro”. Y dice la creencia popular que muchas cosas malas han ocurrido en año bisiesto y se olvidan que también han sucedido cosas buenas, desde simples anécdotas hasta hechos históricos que han cambiado el mundo. ¿Acaso no pasan cosas buenas y malas todos los años? ¿Por qué recordar solo lo malo de los bisiestos? Repasemos algunos acontecimientos positivos que nos hagan dudar del viejo dicho.



1792. Quizá el más importante de los nacidos el día 29 de febrero sea Gioachino Antonio Rossini, el famoso compositor italiano que revolucionó la historia de la música.

1804. En febrero de ese año arrancó la Penydarren, la primera locomotora de vapor. La inventó Richard Trevinthick y con ello sentó las bases para que los trenes fueran los reyes de los medios de transporte durante mucho tiempo.

1904. Se tomó la primera fotografía en color. Aunque se llevaba décadas investigando un método que permitiera su obtención, los resultados eran desiguales y los procedimientos dificultosos y poco prácticos. Fue en 1904 cuando los hermanos Lumière desarrollaron la placa de cristal autocromo y con ello la fotografía en color. Lo presentaron en sociedad y comercializaron en 1907 creyendo que les daría mayores beneficios que el cinematógrafo. Esta técnica estuvo vigente hasta la década de 1930 cuando fue sustituida por la película de color.

1916. Aunque Albert Einstein ya había formulado su “Teoría de la relatividad especial” en 1905, quedaban pendientes varias cuestiones sobre las que seguir trabajando y fue en el año bisiesto 1916 cuando pudo responder a sus propios interrogantes y publicar la famosa “Teoría general de la relatividad” que cambiaría la concepción de la ciencia para siempre.

1928. En este año bisiesto se produjo uno de los descubrimientos más importantes de la medicina, una casualidad o un golpe de suerte que ha salvado millones de vidas: el joven Alexander Fleming olvidó en su laboratorio unos cultivos y al regresar de sus vacaciones se los encontró contaminados por lo que bautizó como Penicillium notatum, un hongo que había impedido que proliferaran bacterias.

1940. Pero la historia del descubrimiento de la penicilina no fue tan rápida y bonita como nos la han pintado pues, tras muchos ensayos fallidos, Fleming dejó de experimentar con el hongo. Por fortuna para la humanidad Howard Florey, Charles Fletcher, Ernst Chain y Norman Heatley retomaron los estudios de Fleming y consiguieron aislar el antibiótico que probaron con éxito en ratones en 1940 y en personas al año siguiente.

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-27782/fotos/detalle/?cmediafile=21085432También en este año bisiesto ocurrió algo mucho menos importante que la penicilina, quizá una simple anécdota, pero exactamente el día 29 de febrero de 1940 “Lo que el viento se llevó” arrasó en el XII Certamen de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas logrando ocho Oscar más dos honoríficos de los trece a los que estaban nominados.

1948. En el verano de ese año la electrónica de las comunicaciones cambió para siempre. Después de mucho tiempo de investigación, los científicos John Bardeen, Walter Brattain y William Shockley dieron a conocer su gran invento: el transistor. Esta pieza es clave en el desarrollo de nuestra tecnología actual.

www.youtube.com1956. Ese año nació Televisión Española. Lo hizo, como ya contamos aquí, de una forma muy modesta en el Paseo de la Habana de Madrid con una emisión previa de la carta de ajuste, que solo pudieron ver unos pocos espectadores, y una voz en off que decía: “TVE emitiendo en periodo de pruebas. Regule los mandos de su receptor con la ayuda de la carta de ajuste. Le recordamos que el día 28 de octubre iniciaremos las emisiones de una forma regular. Gracias.” Entonces era un canal, en blanco y negro, con poca calidad y cuya señal solo llegaba a parte de Madrid. Hoy en día son numerosas cadenas y millones de espectadores en cualquier rincón del país los que se sientan ante su televisor con tecnología HD o 4K dispuestos a consumir una amplísima variedad de series, programas, telediarios, concursos, documentales o películas.

1964. Precisamente el 29 de febrero el presidente Johnson anunció un avance en la aviación con el modelo A-11 que alcanzaba una velocidad y altura nunca vistas hasta la fecha.

1972. Vimos las primeras fotografías de Marte. Nos las envió la sonda Mariner 9. Ese planeta, que en el imaginario colectivo había sido la patria de los marcianos y que tantas preguntas había suscitado, se presentaba ante nuestros ojos nítido y real, desolado y extraño.

1984. Mientras Michael Jackson ganaba ocho Grammys en una ceremonia celebrada el 29 de febrero, la tecnología volvía a cambiar el mundo. Se lanzaba al mercado el  Macintosh inventado por varios ingenieros con Steve Jobs a la cabeza. Este ordenador personal, después llamado Macintosh 128k, estaba preparado para revolucionar la informática a nivel usuario con un modelo capaz de tener procesador de texto, hoja de cálculo, videojuegos y otras muchas aplicaciones. Y en ese mismo año Thomas Pierson y Jill Tarter fundaban el Instituto SETI “search for extraterrestrial intelligence” (búsqueda de inteligencia extraterrestre) con una red de telescopios y ordenadores se embarcaron en la ardua tarea de explorar, investigar y explicar el universo.

https://pixabay.com/es/images/search/tierra+planeta/

1996. Al comenzar el año el CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas) dio a conocer que había sido capaz de crear nueve átomos de antimateria, lo que mejoró nuestro conocimiento de la realidad y nos abrió la posibilidad de nuevas investigaciones y descubrimientos.

2012. Aunque los agoreros vaticinaban el fin del mundo (eso sí que habría sido la confirmación del refrán: “año bisiesto, año siniestro”), los científicos seguían con sus investigaciones sabiendo que por mucho que el calendario maya llegara a su fin, no lo haría la civilización que debía seguir avanzando y así lo hizo con la creación del ADN sintético  (AXN o XNA de Xeno nucleic acids) una nueva forma de ensamblar artificialmente nuevos ácidos nucleicos.

¿Nos deparará 2020 un nuevo adelanto en el conocimiento, la tecnología y la ciencia? Aunque no ha comenzado con buen pie, parece un número bonito, así que esperemos que tenga cosas bonitas que ofrecer.