En una de las camas del hospital de la Santa Creu de Barcelona se encontraba un anciano con ropas gastadas y aspecto descuidado al que había atropellado un tranvía. Los curiosos lo tomaron por un vagabundo y tardaron en auxiliarlo. No pudieron averiguar de quién se trataba porque iba indocumentado. Era la noche del 7 de junio de 1926.
El confesor del anciano cerró las puestas de San Felipe Neri extrañado de que no hubiese acudido a rezar, como cada día. No podía sospechar que la tragedia le había sobrevenido mientras acudía a la iglesia.
A la mañana siguiente un capellán se adentró en la galería de arcos apuntados del hospital. Cuando sus ojos se tropezaron con el rostro del herido lo reconoció al instante y dio la voz de alarma. Mientras, los trabajadores de la Sagrada Familia se preguntaban porqué el artista no había acudido a las obras aquel día.
Rápidamente se corrió la voz de que Antoni Gaudí se encontraba gravemente herido. El 10 de junio de 1926, quince días antes del que hubiese sido su 74 cumpleaños, fallecía uno de los más grandes arquitectos de todos los tiempos. Se le despidió con todos los honores y lo enterraron en la cripta de la Sagrada Familia, el proyecto al que había consagrado su vida. Este 2026 se cumplen 100 años.
Gaudí pertenecía a una familia de caldereros. El reumatismo que sufría desde niño le obligaba a pasar frecuentes temporadas de reposo que aprovechaba para observar la naturaleza y aprender de ella. Cuando fue adulto se hizo vegetariano y seguidor de las teorías higienistas.

Detalle de la Casa Batlló coronada con un dragón con la espada de san Jorge.
Imagen: archivo propio.
Pronto destacó por su maestría en el dibujo y su gran creatividad. Era arquitecto y artesano. Conocía los estilos arquitectónicos, los procesos de producción de la Revolución Industrial y marcó un antecedente en el ecologismo. Se le considera el máximo exponente del Modernismo, pero hay quienes afirman que creó un estilo propio, orgánico, marcado por la mezcla de arquitectura y naturaleza. Siempre afirmaba que la línea recta pertenecía al hombre, pero la curva era de Dios y la utilizaba en las ondulantes formas de sus creaciones. Hacía magia. Era capaz de acostar un dragón en el tejado de una casa o que las columnas clásicas crecieran transformándose en ramas de árbol.
El día que se graduó en la Escuela de Arquitectura, el director sentenció: Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá.

Vista del Parque Güell.
Imagen: archivo propio.
Fue un genio que transformó Barcelona. De hecho, la mayoría de sus obras están allí. Ya había colaborado con arquitectos famosos en sus tiempos de estudiante, pero el proyecto de la casa Vicens empezó a darle fama.
Poco podía imaginar el joven Antoni que la vitrina modernista que diseñó para una guantería marcaría el rumbo de su vida. Eusebi Güell la vio en la Exposición Universal de París de 1878 y le propuso ser su arquitecto. Güell se convirtió en el mecenas y el mejor amigo de Gaudí. Para él construyó, entre otros proyectos, el parque Güell (1900 al 1914). Mientras se dedicaba a este proyecto, también tuvo otros encargos: el industrial Josep Batlló le contrató para que remodelara su casa y Pedro Milà le confió la suya, que todo el mundo conoce como La Pedrera.

La Pedrera.
Imagen: archivo propio.
Sin embargo, el proyecto más importante de su vida le había llegado antes. Francisco de Paula Villar había iniciado las obras del templo expiatorio de la Sagrada Familia en 1882, pero abandonó el proyecto por diferencias creativas con el promotor. Entonces llamaron a Gaudí. En 1883 comenzó a trabajar en el templo con el propósito de seguir el proyecto neogótico de Villar y terminarlo en 10 años. No pudo cumplir ninguna de las dos cosas. Su creatividad transformó el diseño. El joven que aceptó el trabajo por razones mundanas (diseño, renombre, dinero) se convirtió en un hombre profundamente religioso que creía en el sacrificio, el ayuno y la pobreza voluntaria.
El rechazo a su proposición de matrimonio por parte de la mujer a la que amaba fue un revés de los muchos que le iba a dar la vida. Durante la década de 1910 Gaudí perdió a sus familiares y a sus mejores amigos, incluido a Güell (1918). Se quedó solo en el mundo y decidió consagrar su vida a la construcción de la Sagrada Familia, consciente ya de que era un proyecto monumental que necesitaría varias generaciones de arquitectos para terminarse. Así que dejó instrucciones, hizo dibujos, maquetas y formó personalmente a varios artistas para que continuaran con su proyecto cuando él ya no estuviera.
Interior de la Sagrada Familia. Las columnas terminan en ramas de árboles. Las vidrieras transforman la luz en tonos amarillos, naranjas, azules, verdes y rosas.
Imagen: archivo propio.
Los fondos para la construcción del templo provienen de donaciones privadas y de la venta de entradas. Esperaban poder terminarla en 2026 (centenario del fallecimiento de Gaudí) pero aún continúa en construcción.
El 7 de noviembre de 2010 Benedicto XVI consagró el templo. El 8 de diciembre de 2021, en plena pandemia, Francisco inauguró la torre de la Virgen María a través de un vídeo. El mismo papa nombró a Gaudí Venerable en 2025.
El 20 de febrero de 2026 se terminó de colocar la cruz tridimensional de la torre central y más alta de todas con 172,5 metros. La Sagrada Familia se convertía entonces en el templo católico más alto del mundo.
Este 10 de junio de 2026 llega el papa León XIV para bendecir e inaugurar la Torre de Jesús y conmemorar el centenario de Gaudí.
La UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad siete de las construcciones de Gaudí : Parque Güell, Palacio Güell, Casa Milà, Casa Vicens, Fachada de la Natividad y cripta de la Sagrada Familia, Casa Batlló y la cripta de la Colonia Güell.
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| Maqueta del templo expiatorio de la Sagrada Familia en su museo. Imagen: propiedad del Museo de la Sagrada Familia. |

