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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Museo del Louvre. 230 aniversario.

Los magníficos edificios que albergan una de las colecciones más fabulosas del planeta fueron, en origen, una sencilla fortaleza. Su construcción comenzó por orden del rey Felipe Augusto en el año 1190. Luego se transformó en castillo y más tarde se reconstruyó como palacio renacentista por orden de Francisco I, el mismo que invitó a Leonardo da Vinci a residir en Francia y adquirió La Gioconda tras la muerte del artista.

El Palacio del Louvre siguió sufriendo remodelaciones a lo largo del tiempo. Durante la Revolución Francesa se incautaron muchos bienes, incluida la Colección Real de Arte, y la Asamblea Nacional decidió que todas estas obras debían ser expuestas al público.

Entrada al museo del Louvre desde la Pirámide de cristal
con la fachada del ala Richelieu al fondo.
Imagen: archivo personal.

El 10 de agosto de 1793 se abrió el Muséum Central des Arts de la République que solo ocupaba el Salón carré y parte de la inacabada Gran Galería. La colección se componía de 537 cuadros y unas pocas esculturas que solo visitaron artistas y algunos aficionados al arte. Algunas fuentes indican que se inauguró oficialmente el 8 de noviembre del mismo año.

En las siguientes décadas sus fondos aumentaron enormemente. A las obras provenientes de la Colección Real, la desamortización, las donaciones, las adquisiciones, los intercambios y las campañas arqueológicas, se unieron los objetos de arte confiscados en las guerras napoleónicas. Bonaparte deseaba tener el mayor museo del continente y ordenó traer piezas de arte de los países invadidos. Así se hizo, pero sus tropas ocasionaron también grandes destrozos al patrimonio de las zonas ocupadas. Ya hablamos aquí de lo ocurrido en Italia y España.

Las Bodas de Caná fue una de las obras que las tropas francesas se llevaron de Venecia
 y no se devolvieron. Como compensación se entregó a Italia un lienzo de Le Brun.
Imagen: foto del cuadro en el museo. Archivo personal.

Esfinge en el Louvre.
Imagen: archivo personal
Desde 1803 hasta 1814 el Louvre pasó a llamarse Musée Napoleón. Tras la caída de Bonaparte más de 5000 obras de arte retornaron a los países expoliados, pero otras no fueron devueltas nunca. Carlos X ordenó que se creara el departamento de Antigüedades Egipcias y Champollion se encargó de ello. Con Napoleón III los fondos crecieron muchísimo y fue imprescindible ampliar el museo.

El siglo XX también estuvo lleno de cambios. En 1911 se hicieron patentes los graves fallos de seguridad cuando se produjo el robo de la Gioconda o Mona Lisa, como también se la conoce. Fue un auténtico escándalo que acabó convirtiéndola en la pintura más famosa del mundo, la obra más emblemática del Louvre y la que ansían ver todos los turistas.

La Gioconda es la obra más visitada del museo.
Imagen: archivo personal.

Como hicieran las tropas napoleónicas en su época, el ejército alemán también saqueó y expolió las colecciones de los países que caían bajo su dominio durante la II Guerra Mundial. Antes de que ocuparan París, Jacques Jaujard trasladó las obras hasta conseguir ponerlas a salvo. Cuando las tropas alemanas entraron en el Louvre se lo encontraron vacío y decidieron utilizarlo como almacén para guardar las piezas artísticas que iban incautando. Jaujard realizó un registro de todos aquellos objetos. También fue idea suya lanzar un mensaje de radio a los aliados con las frase «La Joconde a le sourire» (La Gioconda está sonriendo) que llevaba codificadas las coordenadas donde escondían las obras, consiguiendo salvarlas de los bombardeos. Terminada la guerra, la colección del Louvre volvió a París. Y, aunque se intentó devolver a sus dueños las obras confiscadas por los nazis, se consiguió en muy pocos casos.

Pirámide invertida.
Imagen: archivo personal.
A finales del siglo XX se puso en práctica el controvertido proyecto «Gran Louvre». Los ministerios que continuaban en el palacio se trasladaron a otros edificios consiguiendo ampliar, de este modo, el espacio museístico.

La reorganización de las colecciones puso un límite cronológico a las obras expuestas y todas aquellas posteriores a la revolución de 1848 pasaron a exhibirse en el nuevo Museo de Orsay que abrió sus puertas en 1986. Esto hizo que los impresionistas se «mudaran» a la antigua estación de ferrocarril de París-Orleans.

El arquitecto Ieoh Ming Pei construyó la famosa Pirámide de vidrio y metal del Louvre. A pesar de la oposición de muchas personalidades, fue inaugurada en 1989 en la cour Napoleón. Hoy en día no solo es una de las entradas más importantes del museo si no que se ha convertido en todo un símbolo. Lo que mucha gente ignora es que, en realidad, son 5 pirámides: la central y más vistosa, las tres pequeñas que la rodean y la invertida que se encuentra en el subterráneo del Carrusel del Louvre.

Vista de la Pirámide central desde una de las pequeñas.
Imagen: archivo personal.

Y si el continente es magnífico, el contenido es aún más impresionante. Casi 10.000 años de historia se dan cita entre sus paredes. Pinturas, esculturas, relieves, frisos, cerámicas y un sinfín de objetos preciosos. Hay antigüedades mesopotámicas impresionantes, una gran colección egipcia que llena 20 salas, antigüedades griegas, etruscas, romanas, objetos de la América precolombina, de África, Asia sudoriental y Oceanía.

El Louvre es también una importante pinacoteca. Se calcula que se exhiben unos 7.500 cuadros que representan a las diferentes escuelas europeas desde el siglo XIII hasta mediados del XIX. De todas estas obras el 66% pertenecen a pintores franceses. También nos encontramos con obras de maestros como Van Eyck, Brueghel, Rubens, Van Dyck, Remblandt, Vermeer, Fra Angelico, Botticelli, Rafael, Tiziano, Canaletto, Murillo, Goya, Ribera, El Greco, Zurbarán, Turner o Constable.

Entre las pinturas más famosas están la ya mencionada Gioconda de Leonardo da Vinci (1506), La Virgen de las rocas de Leonardo da Vinci (1486), La bella jardinera de Rafael (1508), Las Bodas de Caná de Veronés (1563), La muerte de la Virgen de Caravaggio (1606), La coronación de Napoleón de Jacques Louis David (1808), La balsa de la Medusa de Géricault (1824) y La Libertad guiando al pueblo de Delacroix (1830).

La libertad guiando al pueblo.
Imagen: archivo personal.

Venus de
Milo.
Entre las esculturas, relieves, frisos y estelas más importantes que alberga el museo del Louvre están: el Código de Hammurabi (1750 a. C.) estela de basalto escrita en cuneiforme que recoge las leyes babilónicas; los Toros androcéfalos alados del palacio de Sargón II, rey asirio (713 a. C.); el Friso de los arqueros (510 a. C.) del rey persa Darío I de Susa; el Escriba sentado (2500 a. C.); La Gran Esfinge de Tanis (2600 a. C), La Escultura de Amenofis IV o Akenatón (1350 a. C) entregado por el gobierno egipcio en agradecimiento a Francia por la salvaguardia de los monumentos de Nubia; La Dama de Auxerre (Creta, 640 a. C); Placa de las Ergastinas (parte del friso del Partenón, 445 a. C); Frisos del templo de Artemis (560 a. C.); Venus de Milo (100 a. C); Victoria de Samotracia (190 a. C); Esclavo moribundo y esclavo rebelde de Miguel Ángel (1515) y Psique revivida por el beso de Cupido de Antonio Canova (1793).

Toro alado del palacio de Sargón II.
Imagen: archivo personal.

Pero en el Louvre también pueden verse los restos de la fortaleza medieval que le dio origen y contemplar las salas palaciegas donde estuvieron los monarcas franceses y los ministerios y pasear por los jardines de las Tullerías.

Restos de la fortaleza medieval.
Imagen: archivo personal.

El museo del Louvre fue el primero en cerrar sus puertas por iniciativa de sus trabajadores en el año 2020. Poco después lo hacía oficialmente, al igual que la mayoría de los museos del mundo, tras la declaración de la pandemia de COVID-19 por la OMS. Ese 2020 el museo del Louvre permaneció cerrado 150 días.

En la actualidad, el museo exhibe unas 35.000 obras y sus fondos alcanzan las 616.000 piezas de arte. Este año 2023 celebra su 230 cumpleaños como el museo más visitado del mundo.

Victoria de Samotracia.

Dos guiños para los españoles:

El primero es que quizá lo último que esperamos encontrarnos en el museo del Louvre es «una menina». Al entrar en las salas de arte español nos sorprende ver el retrato de Mariana de Austria y, especialmente, el de la infanta Margarita a la que reconocemos por el célebre cuadro Las Meninas (1656, Velázquez. Museo del Prado). Durante mucho tiempo el Louvre presumió de tener obras de Velázquez, explicando que habían sido un encargo de la reina de Francia, Ana de Austria, a su hermano el rey de España. Pero los expertos en arte afirman que habían salido del taller de Velázquez, pero no estaban pintadas por él.

Pintura española en el museo del Louvre.
Imagen: archivo personal.

El segundo es que nuestra Dama de Elche (comprada por un hispanista francés) «vivió» 44 años en el Louvre hasta que conseguimos que nos la devolvieran junto a otras obras y miles de manuscritos que se habían llevado las tropas napoleónicas.

Nota personal: el museo del Louvre es un lugar maravilloso que concentra mucho arte y mucha historia. Si no lo habéis visitado, y tenéis la oportunidad de hacerlo, no lo dudéis. El Louvre es como para quedarse a vivir allí… siempre y cuando no sean ciertos los rumores de que lo habitan varios fantasmas.

Vista del museo del Louvre con la Pirámide.
Imagen: archivo personal.

Nota: todas las fotos son del exterior y el interior del Louvre realizadas durante las visitas.

 

lunes, 2 de octubre de 2023

Embalses y tesoros sumergidos en España.

En España y otros países hay bastantes edificaciones que han quedado sumergidas por la construcción de embalses y pantanos. Se sabía que estaban allí, y muchos se dejaban ver en verano, pero la sequía que hemos vivido en España en los últimos tres años han dejado a algunos de esos embalses en mínimos históricos y las estructuras han emergido en su totalidad. Algunas fuentes aseguran que han reaparecido 1.700 yacimientos arqueológicos .

De nuevo, en septiembre de 2022, los programas de televisión dedicaban espacio a estos restos arqueológicos por los que se ha podido, incluso, pasear. Y en el año 2023 continúan las noticias al respecto. Se ha llegado a plantear la cuestión de si deberían haberse trasladado piedra a piedra las edificaciones de más valor a otro lugar para poder salvaguardarlas, pero hay muchas voces que abogan por dejarlo todo tal y como está porque les resulta muy romántico, misterioso y fotogénico ese paisaje de ruinas fantasmales en mitad del agua. De este tema ya tratamos con anterioridad aquí y hablamos de la iglesia de San Román en el embalse de Sau (Barcelona), del pueblo de Aceredo (Ourense), de la estación de Zufre (Huelva) y del puente romano del embalse de Cuerda del Pozo (Soria). Añadimos algunas más a nuestra particular lista de tesoros sumergidos.

Wikipedia
Real Sitio de La Isabela.
Fernando Brambila Colecciones Reales.
Foto: Wikipedia.

Una de las construcciones más importantes que solo se podía ver en verano, cuando la parte superior quedaba al descubierto, pero que en 2022 se pudo contemplar en su totalidad, es el dolmen de Guadalperal (El Gordo, Cáceres).

Los lugareños sabían de su existencia, pero fue el arqueólogo Hugo Obermaier en la segunda mitad de los años 20 del siglo XX quien lo estudió y encontró cerámicas, puntas de flechas y utensilios que hoy se encuentran en un museo alemán. A pesar de la enorme importancia de este dolmen de 5.000 años de antigüedad, se decidió crear el embalse de Valdecañas en los años 60. No solo se anegó el dolmen, sino también un asentamiento neolítico y la localidad romana de Augustóbriga o Talavera la Vieja, como se la conocía en la Edad Media. El embalse recoge hoy la mayor biodiversidad de Cáceres.

Wikipedia
Dolmen de Guadalperal (verano de 2019)
Foto: Wikipedia

Dada la importancia de todo el conjunto arquitectónico se consiguió actuar sobre él. Los arqueólogos pudieron rescatar partes de dos templos y trasladarlos a un lugar próximo, entre Valmoral de la Mata y Guadalupe. En 2019, la sequía permitió que de nuevo se estudiara a fondo el dolmen, que ha ganado importancia hasta ser denominado el Stonehenge español. Aunque hoy solo queden sus 140 bloques de piedra deteriorados, se cree que estaba cubierto, como el dolmen de Menga en Antequera (Patrimonio de la Humanidad) y que durante el equinoccio de primavera el sol iluminaba uno de los menhires. Los arqueólogos han tenido que volver a actuar sobre él, ya que el continuo cambio en el nivel de las aguas que bajan en verano y suben en invierno está dañando su material poroso. Se espera que esta intervención detenga su deterioro. Tras una recogida de firmas se logró que, en mayo de 2022, el dolmen de Guadalperal fuera declarado Bien de Interés Cultural.

También se deja ver el puente de La Mesta (siglo XIV) que pertenecía a Villarta de los Montes (Badajoz) y por el que transitaba el ganado de la Cañada Real Aragonesa.

Aquis Querquennis (Ourense) es un poblado romano del siglo I descubierto en 1920. Su antigüedad no fue impedimento para que quedara inundado bajo las aguas del pantano de Las Conchas. Todos los veranos sus muros emergen permitiendo que los arqueólogos trabajen en ellos. Construido en piedra, tiene una mansión viaria, un hospital y seis residencias donde vivían los soldados. Un descubrimiento reciente ha desvelado que los legionarios que vivían en Aquis Querquennis fueron los constructores de la vía numero XVIII y que al año siguiente fueron destinados a otros trabajos de obra pública en Rumanía.

Foto: Adrián Estévez.
Aquis Querquennis.
Foto: Adrián Estévez.

En el embalse de Belesar, el mayor del río Miño, quedó sumergida la localidad de Portomarín (Galicia). Antes de anegarlo todo decidieron trasladar piedra a piedra la iglesia de San Nicolás (siglo XII) al nuevo emplazamiento del pueblo. Pero aún puede contemplarse en el embalse parte del edificio, casas y el cementerio.

La Isabela (Guadalajara) fue una pedanía de nueva planta construida a principios del siglo XIX muy cerca de Sacedón. Aquel lugar era conocido desde la antigüedad por las propiedades curativas de su manantial. Se tiene constancia de que en el siglo XVI ya existía un balneario, pero fue a lo largo del siglo XVIII y XIX cuando los nobles acudieron a tomar las aguas. Uno de ellos fue el rey Fernando VII, que decidió construir un nuevo balneario y un palacio y que bautizó el lugar como La Isabela, en honor a su esposa, Isabel de Braganza. Pronto la actividad incesante del verano, con numerosos visitantes, hizo que se construyera un pueblo en la zona con más de 50 casas, una plaza, una iglesia y un puente de piedra. Durante la Guerra Civil fue reutilizado y se habilitó una construcción como psiquiátrico. Pero no se recuperó el balneario.

Wikipedia
Ruinas del Real Sitio de La Isabela y Baños de Sacedón.
Foto: Malope en Wikipedia.

En el año 1955 los habitantes de esta pedanía tuvieron que abandonar sus hogares y establecerse en localidades cercanas ya que aquella primavera La Isabela quedó sumergida bajo el embalse de Buendía, uno de los más grandes de España y que, junto al de Entrepeñas, forman lo que se denominó el Mar de Castilla. Pero los lugareños no olvidan su pueblo y cada 13 de junio se reúnen en Sacedón para celebrar las fiestas de San Antonio, el patrón de La Isabela. El verano pasado pudo contemplarse todo el lugar emergido.

Un caso diferente fue el de Torreón de Mediano (Huesca). La presa construida en sus inmediaciones no lo sumergió y la gente seguía en su pueblo. Pero el 29 de abril de 1969 una incesante lluvia produjo una inundación que obligó a las autoridades a exhortar a los habitantes a que se marcharan rápidamente. Solo les dio tiempo a coger algunas cosas y salir corriendo. Los peores presagios se cumplieron, la presa cedió y el Torreón de Mediano quedó totalmente anegado. Actualmente, podemos contemplar la torre de la iglesia de la Asunción.

Foto: Fernando Tomás. Fuentes: Wikipedia y Flickr.
Torreón de Mediano (Huesca).
Foto: Fernando Tomás. Fuentes: Wikipedia y Flickr.

El embalse del Ebro dejó sumergidos numerosos pueblos, entre ellos las Rozas de Valdearroyo. La iglesia de Villanueva mantiene su torre erguida bajo el cielo mientras el resto del templo se hunde en las aguas y recibe el poético nombre de la catedral de los peces. Las aves también hacen sus delicias por este embalse que ha sido declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

El Pantano de Iznájar (Andalucía) inundó en los años sesenta más de veinte pedanías entre las provincias de Granada, Córdoba y Málaga. La sequía ha hecho reaparecer casas, puentes, una chimenea y los restos de una antigua fábrica de aceite. Pero lo más llamativo son los vestigios de construcciones romanas y la necrópolis íbera.


Lee Reflexiones: embalses y construcciones.

Lee La presa de Asuán y el rescate de los monumentos.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Bird box: a ciegas en Barcelona y en todas partes.

Hace varias semanas vi que en las marquesinas de mi ciudad se repetía el mismo cartel. Normalmente, los miro por curiosidad, más como una pieza creativa que otra cosa, pero en esta ocasión la publicidad cumplió su propósito. Me llamó la atención porque mostraba a dos actores con los ojos vendados y aspecto de vivir en un mundo postapocalíptico. Una historia donde los protagonistas deciden privarse del sentido de la vista.

Netflix y Filmaffinity.com
Bird Box. Barcelona.
Foto: Netflix y
Filmaffinity.com
La película es Bird box Barcelona. La gran baza de Netflix para la temporada. Nunca había oído hablar de ella, pero la especificación del lugar donde transcurría la acción me hizo pensar que se trataba de una secuela. Hace poco que tengo Netflix y me fui a su catálogo, para descubrir que existe un primer Bird box, que en España hemos traducido como A ciegas, protagonizado por Sandra Bullock y que está basado en una obra literaria de 2014. Decían que había sido un gran éxito, aunque la crítica daba unas opiniones muy dispares sobre ella. No la conocía, no soy aficionada al género de terror, ni al de catástrofes, aunque he visto algunas películas y series al respecto. En este blog hablamos de Apagón y de No mires arriba, por ejemplo. Y, precisamente, por mis reticencias hacia el terror psicológico (como la califican) he tardado en decidirme. Seguro que hay películas mejores, pero yo me quedé pegada al sillón durante todo el metraje de Bird Box (2018). Y no, no es de una invasión extraterrestre como dicen muchas reseñas en internet.

El principio de Bird Box es contundente. La protagonista, Malorie (Sandra Bullock), advierte a dos niños que tendrán que hacer un viaje muy difícil con los ojos vendados y le da una serie de instrucciones que tienen que cumplir para sobrevivir. Entonces se produce un flashback donde vemos cómo comenzó todo cinco años antes. La hermana de Malorie la recoge en su casa para acompañarla al ginecólogo que supervisa su embarazo (no deseado) y mientras ve las noticias advierte que algo alarmante está ocurriendo en Asia y Europa: una oleada de suicidios masivos azota los dos continentes. Vemos a gente corriendo por la calle, accidentes y muertos. Malorie echa un vistazo a la pantalla y simplemente dice: «Ah, pero eso es en Rusia». Sí, las imágenes mostraban algún lugar de Rusia, mientras ellas se encontraban en América, demasiado lejos como para que «eso» las alcanzara, nada preocupante si ocurre lejos de casa… ¿solo a mí me suena esto de algo?

Pero cuando Malorie sale de la consulta alguien se suicida delante de ella. En la calle el caos que vio en televisión se ha convertido en una realidad y su propia hermana es víctima de ello. Malorie consigue refugiarse en la casa más cercana, donde también se esconden otras personas. Los que se encuentran en la calle o miran al exterior ven algo, unas criaturas que con su sola presencia despiertan los miedos más profundos de cada individuo y provocan su suicidio inmediato. La «pandemia» que se desata en el mundo no ataca a la salud física, sino a la mental.

Netflix y Filmaffinity
Bird box (A ciegas). 
Foto: Netflix y Filmaffinity

Hay otro peligro añadido. A las personas con patologías psiquiátricas no les afecta ver eso. Ellos lo juzgan algo hermoso y obligan a los demás a mirarlo provocándoles la muerte. Para sobrevivir también hay que evitar encontrarse con estos individuos.

Hay que permanecer encerrados en casa y cubrir todas las ventanas. Pero la comida se acaba y hay que conseguir más para aguantar otra temporada. No queda otra solución que taparse los ojos y caminar a ciegas. Esto tiene muchas connotaciones simbólicas y psicológicas.

Netflix y Filmaffinity
Uno de los carteles de Bird Box.
Foto: Netflix y Filmaffinity

Bird Box Barcelona (2023) no es una segunda parte porque sigue la misma línea temporal. Estas entidades que alteran nuestra psicología (y que nunca aparecen en pantalla) están en el mundo entero. Malorie no sale en esta película porque está luchando por su supervivencia en América, mientras nosotros somos testigos de cómo se enfrenta la situación en Barcelona. Han pasado nueve meses desde el inicio de esta catástrofe y los protagonistas de Bird Box Barcelona también caminan con los ojos vendados intentando no encontrarse con las criaturas, ni con los videntes que provocarán su muerte al arrancarles el pañuelo protector. Las entidades también les instan a mirarlas utilizando distintos trucos: «Quítate la venda. Déjame ver esos ojos preciosos. Déjame verlos» le dice una de ellas a una niña imitando la voz de su madre.

La crítica ha calificado a Bird Box (2018) con una puntuación de 6 sobre 10. A algunos les parece una buena película y a otros, genérica. El público ha disfrutado de la historia, aunque no falta quien dice que el guion es una tontería.

Opino que Bird Box (2018) es un film muy interesante, inquietante y que mantiene la tensión hasta el último momento. Y, aunque no fuera su intención, ya que el libro es de 2014 y la película de 2018, creo que recuerda en algunos aspectos a acontecimientos recientes: la población está en un confinamiento del que solo se debe salir protegiéndose una parte específica de la cara, mientras otros no ven peligro alguno ¿os resulta familiar? Puede que los seres humanos tengamos un patrón de comportamiento ante la adversidad que no se sale de un par de tipologías o, tal vez, haya creadores que tienen destellos de clarividencia. (Recomiendo la serie española de ciencia ficción La valla donde supieron ver que un virus mortal podía recorrer el mundo y donde aparecían personajes, fuera del ámbito sanitario, con mascarilla en una ficción grabada en 2019).

Lamento decir que Bird Box Barcelona (nuestra contribución patria) no está a la altura de su predecesora, aunque despeja algunas incógnitas sobre la naturaleza de estos entes y ofrece otra perspectiva. El hecho de que nos relaten cómo suceden las cosas en España deja la puerta abierta a que otros narren lo que ocurren en sus respectivos países y se convierta en toda una franquicia.

miércoles, 9 de agosto de 2023

Joaquín Sorolla.

Joaquín Sorolla y Bastida siempre estuvo enamorado de la pintura, de su esposa, de su familia, de la luz, de la naturaleza y del mar.

Joaquín nació en Valencia en 1863. Sus padres murieron de cólera cuando tan solo contaba dos años de edad. Huérfanos, su hermana y él, fueron acogidos por su tía Isabel y su tío José, cerrajero de profesión. Su familia descubrió pronto que el pequeño Joaquín no había nacido para cerrajero, que su pasión era la pintura y lo apoyaron. Con 15 años ya era alumno de la Academia de Bellas Artes de San Carlos en Valencia. Trabó amistad con su compañero de estudios Juan Antonio que lo ayudó a conseguir un empleo en el estudio de su padre, el fotógrafo Antonio García Peris. Aprendió composición, iluminación, encuadres y adquirió un gusto por la fotografía que lo acompañaría siempre.

Aquel año de 1878 marcó su vida: conoció a Clotilde, la hija de su mentor, y se enamoró perdidamente de ella.

Museo Sorolla
Paseando por la orilla del mar. Joaquín Sorolla, 1909.
El óleo representa a Clotilde (con sombrilla) y a la hija mayor de ambos.
Imagen del Museo Sorolla. Wikipedia.

Desde 1885 a 1887 Sorolla vivió en Roma y en París. En 1888 regresó a Valencia para casarse con Clotilde y formar la familia con la que tanto habían soñado. Después de vivir en Italia y de viajar a París, la pareja se mudó a Madrid donde nacieron sus tres hijos.

Sin duda, Clotilde se convirtió en el apoyo inquebrantable de Joaquín e hizo mucho más de lo que se esperaba de ella. Joaquín pudo consagrar su vida a la pintura porque Clotilde se ocupó de todo lo demás: administración, contabilidad, planificación y hasta organización de sus exposiciones.

Caja de pinturas en el Museo Sorolla.
Imagen: archivo propio.

Joaquín siempre tuvo muy buena relación con su familia política. Su suegro y él se admiraban y respetaban. Lo retrató en varias ocasiones y García Peris lo fotografió pintando. Gracias a él tenemos documentadas obras de Sorolla hoy desaparecidas.

Fue un pintor activo, prolífico, con horarios estrictos, que trató numerosos temas y realizó retratos de personalidades de la época. Pero lo que más le gustaba era captar la luz y el color, pintar al aire libre y reflejar la naturaleza, el mar, la realidad. Sus viajes a París le habían reafirmado en su idea de que el naturalismo era su camino.

En aquella época Sorolla no dejó de presentarse a concursos y de participar en exposiciones colectivas. Estuvo presente en galerías de París gracias a su amigo Pedro Gil. En 1895 comenzó a ser conocido internacionalmente pero el éxito le llegó cuando en la Exposición Universal de París de 1900 consiguió el Grand Prix. Desde entonces fue distinguido con numerosas medallas y premios. Su primera exposición individual fue en París en 1906 y de ahí pasó a exponer en Berlín, Colonia y Londres.

«… Cuan desgraciado hubiera sido yo, si no te hubiera querido como te quiero, ¡que ratos tan tristes cuando no pintase!, y la misma pintura no creo me compensase si tú no me hicieras feliz, Dios en todo me atiende, muchos y apasionados besos. Pintar y amarte, eso es todo, ¿Te parece poco? …es esa especie de noviazgo sublime, lleno de esperanzas y de recuerdos que no teníamos cuando yo estaba en Italia. Cuantos años han pasado y parece que fue ayer, y como cuando ahora estamos separados, que largo se hace.» Sorolla a Clotilde, Sevilla, 22 y 23 de febrero 1908

Museo Sorolla.
Joaquín y Clotilde.

Su mayor éxito tuvo lugar en 1909 en un Nueva York que bullía por contemplar y comprar los cuadros de Sorolla.

Jardines de la casa.
Imagen: archivo propio.
Regresó pletórico a su Valencia y poco después comenzó el proyecto de su casa en Madrid, donde él mismo empezó a plantar su jardín en 1911. Era uno de esos pintores apasionados de la jardinería que quería llevar la naturaleza a su hogar. También consideraba muy importante la comida. Le llamaban mucho la atención las cartas de los hoteles donde se hospedaba y se entretenía haciendo bocetos rápidos tras los menús de los restaurantes.

En 1912 llegó el proyecto más ambicioso de su vida: el hispanista Sir Archer M. Huntington le hizo un gran encargo para la Hispanic Society of America.

Sorolla había ganado más dinero por otros trabajos, pero aceptó ilusionado y se entregó en cuerpo y alma a recorrer España, a plasmar con gran emoción y pasión los diferentes rincones del país hasta tener terminados sus 14 murales de Visión de España. A aquel viaje no pudo acompañarlo Clotilde y, como siempre que estaban separados, la ausencia la sobrellevaba con cariñosas cartas donde le contaba todo lo que hacía, lo que comía, las inclemencias del tiempo, el agotamiento. También le relataba como se le llenaba la cara de arrugas de pintar al sol y lo mucho que la echaba de menos.

Catálogo de la exposición de Bancaja:
Sorolla. Visión de España. Colección de la Hispanic Society of America.

Con cada misiva que entregaba al cartero recibía otra de su Clota. Ella le hablaba de sus hijos, de su día a día, de cómo le había organizado las cosas y de como cuidaba su jardín, destacando si el rosal amarillo había florecido. De aquel rosal plantado por Joaquín conservamos varios cuadros que han podido ser fechados, precisamente, por su floración o su tamaño.

En 1914 fue elegido académico de Bellas Artes de San Fernando. Pero él continuó con sus murales para Huntington, con su viaje por el país para pintar del natural que había comenzado en 1912 y que terminó en 1919.

Sin embargo, cuando volvía a estar tranquilo en su casa, las incomodidades pasadas, los esfuerzos prolongados, las emociones desbordadas le cobraron un precio muy alto. Un día de 1920, mientras pintaba un retrato en su jardín, sufrió una hemiplejía que lo paralizó. Tenía 57 años.

Escultura a Sorolla en los jardines del Museo Sorolla (Madrid).
Imagen: archivo propio.
Los murales de Visión de España no fueron enviados a Nueva York hasta 1922 y en 1923 fueron colgados, por fin, en la Sala Sorolla de la Hispanic Society of America, aunque se esperó a 1926 para hacer una gran exposición que los diera a conocer al mundo. Sorolla ya no estaba. Pese a los cuidados de su esposa, Joaquín murió el 10 de agosto de 1923. Este año se cumple el centenario del fallecimiento del pintor de la luz.

Clotilde García del Castillo sobrevivió a su marido 6 años. En 1925 dejó testamento donando sus bienes al Estado que se comprometía a crear un museo del pintor. En 1932 se inauguró el Museo Sorolla de Madrid con sede en la casa donde ellos vivieron.


Jardines de entrada a la casa de Sorolla. Actual Museo Sorolla (Madrid).
Imagen: archivo propio.

viernes, 21 de julio de 2023

Clotilde y el rosal amarillo.

Todavía existen algunos enclaves donde el tiempo y el espacio quedan suspendidos y sus diferentes capas conviven en armonía. Hay algo de magia en lo que se proyecta con amor y también algo misterioso que transciende.

Conozco uno de esos lugares y cualquiera lo puede visitar. Es un oasis en mitad de la gran ciudad que tiene la apariencia de una casa con jardín de principios del siglo XX.

Jardín de la casa.
Pero aquel no es un jardín cualquiera. Su dueño viajó hasta la Alhambra para traer el mirto que rodea uno de los patios y plantó con sus propias manos los palmitos, los magnolios y el laurel con el que se coronaba a los poetas y deportistas en la antigüedad clásica.

Nunca fue reconocido como jardinero. Pero un corto paseo por allí te traslada al Generalife con su estanque rodeado por el seto de boj, a Medina Azahara al admirar los capiteles que coronan dos columnas y a los Reales Alcázares de Sevilla al escuchar el rumor de la fuente andalusí. Un solo lugar puede contener otros muchos, despertar tu curiosidad asomándote a los cristales de cien años de antigüedad que protegen la rotonda del salón y llevarte hasta la Fuente de las Confidencias. Confidencias inesperadas que suceden sin más.

Fuente de las Confidencias. 

Yo había llegado con el propósito de visitar la casa y la primera sorpresa me la llevé al acceder por el espléndido jardín. Pero cuando comencé a recorrer el hogar del cuidadoso artista, me tropecé con el retrato de su mujer. Fui buscándolo a él y me encontré con ella. Por supuesto que conocía a Clotilde, pero siempre la había visto a través de los ojos de su marido.

Libros.
Todo me gustó mucho. Había libros, una lámpara de su amigo Tiffany, muebles cuidados, terciopelos y antigüedades. Podías encontrarte una escultura romana y un momento más tarde una virgen medieval. Y objetos, muchos objetos que les habían pertenecido.

Lo más asombroso era la luz, la luz que desprendían las decenas de pinturas que adornaban las paredes y que eran un trocito de su añorado Mediterráneo metido entre cuatro paredes. No todo el mundo sería capaz de verla en un espacio cerrado, ni de sentir la misma brisa que sacudía las telas blancas y que olía a mar.

Y, de repente, las cartas que habían dejado ante los ojos indiscretos de quien quisiera leerlas. Dudé un momento. Entrar en el hogar de una familia siempre era acceder a su intimidad, pero leer su correspondencia suponía colarse en sus secretos pensamientos. Me acerqué despacio. ¿Tenía derecho a conocer sus confidencias? Me quedé de pie, mirando la caligrafía y, sin pretenderlo siquiera, pasé de observar el papel, la tinta y los trazos a leer las frases.

«Mi queridísimo Joaquín. No dudo ni me sorprende me digas que te hago falta, pues juzgo por mí y a mí me haces pero mucha; hoy hace sólo 8 días que te fuiste y a mí se me han hecho interminables (...) Muchos besos de tu feísima Clotilde.» Carta de Clotilde a Joaquín. Madrid, 8 de febrero 1908.

Clotilde conoció al amor de su vida cuando ambos eran dos adolescentes. Pero el trabajo lo llevó a tener que separarse de ella durante largas temporadas y entonces las cartas eran su nexo de unión. Él esperaba la misiva diaria de su mujer teniendo ya preparada la suya para entregarla al cartero. Le contaba cosas cotidianas y le hablaba de forma muy cariñosa. Ella se juzgaba duramente y se despedía como «tu fea». Durante las ausencias llegaron a escribirse 2000 cartas que guardaron cuidadosamente.

Era una mujer inteligente, con carácter, con tesón, elegante, amable y detallista. La persona que organizaba todo, llevaba las cuentas y se ocupaba de que nada le faltara a su marido aunque estuviera lejos. Para Joaquín ella lo era todo: su esposa, su amante, su amiga, la madre de sus hijos y su musa. Se sentía pesimista lejos de ella. Se amaron durante toda la vida.

«Cuan feliz sería si estuvieras conmigo... Ando cojo, me falta tu sereno juicio y tus apasionados besos, Dios querrá algún día que estas excursiones artísticas las hagamos siempre juntos». Carta de Joaquín a Clotilde, 6 de febrero de 1908.

Clotilde también le hablaba de cosas cotidianas y le contaba cómo estaba el jardín, especialmente el rosal amarillo que Joaquín había plantado y que ella cuidaba con mimo.

Levanté los ojos y miré el retrato de aquella gran mujer. Casi podía sentir su presencia.

—Dicen que la han visto, que sigue en esta casa— me susurró otra persona que también estaba observando el cuadro.

Clotilde en la playa. 1904 

«Como tú, recuerdo casi con sentimiento el que nuestra vida no sea la que hace mucho tiempo, como era antes, en que siempre estaba contigo en el estudio, te servía de modelo, y luego hacíamos nuestros paseos, antes de cenar, comiendo castañas o quisquillas, y que realmente pocas horas estábamos separados; pero que se va a hacer, los tiempos cambian, los hijos crecen y las obligaciones son otras y aunque nuestros corazones sigan tan jóvenes o más que entonces, las circunstancias son otras y la vida no puede ser la misma; puede que con el tiempo cuando seamos viejos, podamos hacer algo de aquella vida.» Carta de Clotilde a Joaquín, Madrid, 23 de febrero 1908

Salí al hermoso jardín y paseé de nuevo entre la vegetación. La pérgola de estilo italiano se recortaba entre el verdor. Clotilde y su familia habían pasado tantas tardes sentados allí charlando que yo también tomé una de las sillas de forja y traté de escuchar el eco de otro tiempo acariciando el presente. Era un paso más después de haber leído sus cartas. Esperé mientras buscaba con la mirada, escudriñando todas las plantas. Esperé pero nada pasó y busqué algo que echaba de menos…

Joaquín y Clotilde.

—Vamos a cerrar—me indicó el guarda.

—¿Dónde está el rosal amarillo del que Clotilde hablaba en tantas de sus cartas? No lo veo.

—Ninguno de los actuales trabajadores lo conocimos—murmuró—. Dicen que cuando Sorolla murió el rosal enfermó. Y Cuando falleció Clotilde, el rosal se marchitó. Eso fue en 1929.

Lo miré impresionada y asentí. No podía ser de otra manera.

Rosal amarillo. Joaquín Sorolla.

El lugar que se describe es el Museo Sorolla (Madrid) y las fotografías están realizadas en el jardín y en el interior de la casa en una de mis visitas. La historia de amor es la de Joaquín Sorolla y Clotilde García del Castillo. Las cartas están recopiladas en varios epistolarios.

Lee un resumen de la vida y obra de Joaquín Sorolla aquí.