Aquí cambiamos de tema ¡de buenas a primeras!

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jueves, 24 de abril de 2014

Reflexiones: una vida no basta.


Cuando alguien dice que una vida no basta suele referirse al amor, a alguna de las clases de amor que existen. Una vida no basta para todo lo que ama una persona, no basta para olvidar el amor que se siente por alguien que no te corresponde, o no basta para hacerte perdonar algún daño que has hecho a una persona que te importa.

Pero ¿cuánto mide una vida? Depende de la época, pero sobre todo de la salud y la suerte  del individuo. Una vida pueden ser 10 o 95 años. Normalmente es la esperanza de vida de nuestra época o nuestro entorno. Pero también depende del carácter de la persona. Hay personas que piensan que nunca les va a pasar a ellos y tendrán una vida aventurera y llena de experiencias, pero actuarán de la forma más temeraria, poniéndose en riesgo tontamente. Otros, sin embargo, creen que pueden sufrir todos los males del mundo y vivirán con la hipocondría a cuestas, con el miedo paralizador que dejará sus vidas estancadas en la monotonía. Por esta clase de cosas suele decirse que los extremos no son buenos y que en la mitad está la virtud.


Para la mayoría de las personas una vida no basta, aunque haya refranes tontos por ahí que dicen que hay más días que longaniza. Tenemos sueños, proyectos y asuntos para los que no sacamos tiempo, y si no los tenemos hoy los tendremos mañana. Lamentablemente, muchos de ellos se quedarán sin realizar. Seguro que nuestros artistas, pensadores o científicos tiene algo en su imaginación que nos perderemos, como otros muchos antes dejaron cuadros inacabados, poemas empezados, ideas extinguidas. ¿Qué cuadros no empezó Velázquez porque estaba demasiado ocupado (y encantado) con sus labores de Aposentador Real? ¿Cómo continuaba el poema “Aquellos días felices y aquel sol de la infancia…” que empezó Machado en su exilio y que jamás pudo terminar?

No hace falta que seamos un Velázquez ni un Machado para que nuestra vida tampoco baste, seguro que no bastará para las personas que nos quieren, que siempre necesitarán nuestro apoyo, nuestra opinión, nuestro cariño.

Los creyentes pueden estar contentos, tendrán la vida eterna esperándoles o se reencarnarán. El resto, los que viven en el agnosticismo o el ateísmo, verán acabarse todo.

Hay personas para las que la vida sí basta. Han hecho lo que tenían que hacer,  y el tiempo restante es un regalo para ver el fruto de sus sueños (ya sea ver crecer a los nietos, ver prosperar su empresa o disfrutar lo conseguido). Pero hay otros que creen que ya han vivido demasiado, o que piensan que el peso de las circunstancias es tan grande que no pueden soportarlo. Hay personas que deciden cuándo acaban sus vidas, sin saber que otros lamentarán que así lo hayan dispuesto. Unos son personas comunes que privaran a los de alrededor de su compañía, y que impedirán que alguien que aparecería en su camino los conozca. Otros son personas de talento que privaran a la humanidad de sus canciones, novelas, descubrimientos o ideas.




miércoles, 26 de marzo de 2014

Las visitas de los guerreros.


Durante largo tiempo habían corrido leyendas entre los habitantes de Xian que hablaban sobre encuentros casuales con soldados de terracota.  Los descubridores, campesinos asustados, habían vuelto a enterrar sus hallazgos o los habían molido a palos para espantar al espíritu maligno que creían que habitaba en ellos. La situación de todo el país, y en concreto de esta ciudad donde antaño había arrancado la Ruta de la Seda, era tan difícil que impedía el estudio de la veracidad de estos rumores.

El escritor y periodista Javier Sierra es el comisario de la exposición Terracotta Army. Guerreros de Xi'an en el teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid, 2014.

Corría el año 1974 y una gran sequía azotaba el interior de China. Un campesino que excavaba un pozo halló una escultura de terracota que tomó como un mal augurio, pero aquel fue el primero de los 8000 soldados que custodiaban el mausoleo de Qin Shihuang di, el primer emperador de China (cuya tumba los arqueólogos sueñan con encontrar intacta, con su reproducción de la cúpula celeste jalonada de piedras preciosas y los ríos de mercurio de los que hablan los textos antiguos). Un auténtico ejército de terracota para los que se detuvo el tiempo, uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología, y que desde 1987 forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Recreación del foso 1 con los guerreros de Xian. Exposición de Madrid, 2014.

Tardaron años en conseguir que algunas figuras (cinco guerreros y dos caballos) fueran exhibidas en Europa. En 1981 se produjo una exposición itinerante. En Barcelona fue un autentico éxito de visitantes. Para la de Madrid fue la desaparecida Galerías Preciados (competencia directa de El Corte Inglés) la encargada del acontecimiento. Los guerreros llegaron con un certificado de autenticidad. Pero España tuvo que enterarse por la prensa de que las piezas eran tan falsas como el certificado que las acompañaba. Negándose a la evidencia, las esculturas fueron analizadas para su datación y quedó demostrado que eran falsas.

En 2004 tuvimos de nuevo visita. Los guerreros volvieron a hacer la gira europea y recalaron en España. Los medios aseguraron que esta vez sí, esta vez eran los auténticos, aunque algún despistado afirmaba haberlos visto ya en 1981.

Escultura en terracota de un sirviente. Foto de la exposión de 2004 Guerreros de Xi'an en la Fundación Canal. Madrid.

En el momento de escribir estas líneas (marzo de 2014) la exposición Terracotta Army. Guerreros de Xi'an ha sido prorrogada en Madrid con gran éxito de público.  La magnífica exposición, que celebra el 40 aniversario del descubrimiento, muestra 150 soldados a tamaño real y con rasgos diferenciados, además de armas, utensilios y joyas, también recrea una sección del foso 1 del mausoleo y proyecta un documental con la misteriosa historia de este ejército anclado en el tiempo. Después se despedirán de Europa y pondrán rumbo a América.

Ahora todos los medios han sido claros y unánimes en decirnos que sí, que en esta ocasión son... réplicas.

Cartel de la exposición Terracotta Army. Guerreros de Xi'an. Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid, 2014.


miércoles, 26 de febrero de 2014

La vida imaginaria


Cuando te pasas el día con la cabeza en las nubes, imaginándote en un mundo distinto o soñando despierta y, por una de esas casualidades extrañas, tropiezas con un libro que se titula La vida imaginaria y que tiene esta portada, piensas que te has encontrado con un amigo, con alguien con el que sentarte en una nube y ponerte a soñar.


Desde el primer momento pensé que el libro de Mara Torres me interesaría, que contaría una fantástica aventura, que narraría la historia de una persona normal que es capaz de alejarse del mundo corriente y de sobrevivir a base de imaginación.

Cuando lees la sinopsis te das cuenta de que es una historia de desamor, pero no una historia de desamor cualquiera. Es la historia de Nata, una mujer un poco obsesiva y muy imaginativa que se dedica a soñar despierta, a viajar con el pensamiento a ciudades hermosas para hacerse la encontradiza con el novio que acaba de abandonarla, a colarse en su casa volando en una cama y mantener conversaciones imposibles. En realidad, es una historia triste que habla de desamor, soledad, miedo y crisis. 

Narrada en primera persona, con lenguaje sencillo, coloquial, con mucho sentido del humor y una pizca de ironía. Nata nos va contando todo lo que pasa por su cabeza, todas las preguntas intrascendentes, alocadas o profundas que se hace a lo largo de esos meses. Habrá días en los que nuestra protagonista se sentirá tan asustada que, a fuerza de desear tener una coraza, se vista de astronauta y otros en los que su mundo se teñirá de rosa literalmente. Habrá ocasiones en la que nos identifiquemos con sus sentimientos y otras en las que nos riamos con sus ocurrencias. Y llegaremos al desenlace de la novela, un final abierto para que, como su propio nombre indica, te imagines su vida o para… ¿una continuación?

Mientras leía el libro, entre sonrisa y sonrisa, no podía evitar comparar la torpeza, la indecisión y el miedo de Nata con el de otro personaje femenino de la literatura contemporánea: Bridget Jones. 

¿Es Nata la versión española de Bridget? Ambas historias están narradas como un diario, ambas son divertidas, ocurrentes y directas…

Mi impresión personal es que Bridget es más superficial que la española, pero ambas reflejan las crisis personales, el miedo a crecer, a enfrentarse a la realidad, a quedarse solas. 

Las dos tienen buenos amigos. Bridget corre aventuras graciosas con ellos, despotrica de los hombres en sus conversaciones, detesta a los “petulantes casados” y sueña con el príncipe azul. Nata tiene conversaciones políticas con sus amigos, comparte con ellos el miedo al desempleo, al cambio forzoso de estilo de vida y se sumerge en la negación y la ira ante el desamor. Está inmersa en su vida imaginaria, en sus propios sentimientos y emociones, pero no puede escapar a la realidad del país.


Bridget ya tiene dos películas… ¿veremos a Nata en la gran pantalla?



miércoles, 29 de enero de 2014

Carta a Vito.



Hola, Vito. ¿Qué tal?

Ya he llegado al pueblo de mi familia. El viaje fue largo e incomodo pero al fin llegue al campo. Mis tíos y abuelo fueron a recogerme a la estación y me llevaron a su casa en un viejo Seat Panda que parecía que iba a desmontarse con cada bache del camino. Mis tías habían preparado un almuerzo especial y una tarta riquísima. Se portan muy bien conmigo, la verdad.

En el pueblo no hay cobertura de Internet, así que no podré mirar mi e-mail ni el whatsapp. Por eso he decidido escribirte esta carta. Espero que siga habiendo carteros porque no creo que se envíen muchas cartas en esta época. Un buzón he visto, así que me imagino que, de vez en cuando, alguien recogerá su contenido. Vito, no seas vaga y escríbeme una carta porque el campo es muy bonito pero un poco aburrido.

El otro día salí de excursión con mis dos primas pequeñas y cuando me di cuenta tenía un montón de cabras saltando a mi alrededor. Ahora entiendo porque se dice "loca como una cabra". Las niñas saltaban felices, el cabrero se cabreó y mi tío le dio algo de dinero para que se calmara. Mis primas me explicaron que las cabras daban leche y con ella se hacía queso. ¡Cómo si yo no lo supiera! Se creen que los de ciudad pensamos que los alimentos surgen de repente en el supermercado. Y hablando de supermercado, cuando regrese tenemos que ir al centro comercial a comprar ropa porque me dan de comer tantas cosas ricas que necesitaré una talla más.

En otra excursión, estaba todo tan silencioso y tranquilo que me quedé dormida bajo un árbol. Esto es bonito pero muy diferente a la ciudad, a veces pienso que ya nada nos une al campo y lo peor es que no me importa porque prefiero nuestra vida.


El portátil es prácticamente inútil sin Internet, ya he visto las tres películas que llevaba descargadas, la temporada completa de la serie de moda y me he cansado de escuchar las mismas canciones en el mp4. Echo de menos ver escaparates, entrar en esas tiendas con la música a toda pastilla, tomarnos un café en un lugar glamuroso y probarnos zapatos de tacón imposible en la tienda fashion de nuestro centro comercial.

Mis familiares se quejan de las cosas que tenemos los jóvenes y de nuestra libertad, que llaman libertinaje. Sin embargo, a veces, me quedo pasmada con alguna de las costumbres rurales.

Anda, Vito, no seas mala y escríbeme pronto contándome las novedades que no me basta con un sms que diga: TQ amiga :-) La sonrisita está muy bien, pero quiero noticias. Consigamos que el cartero nos odie por hacerle trabajar.

Besitos, tu amiga Isa.



martes, 14 de enero de 2014

Carta a Victoria.


Querida Victoria:


Espero que al recibo de la presente goces de excelente salud.

El viaje hasta el pueblecito de mi familia paterna ha sido largo y cansado. Pero debo admitir que el caluroso recibimiento y el amor sincero que me profesan los amigos que deje aquí, bien valen una y mil incomodidades.

Me han advertido que el pueblo no está bien comunicado y que el correo no es todo lo eficiente que debiera, amén de que el señor cartero no suele pasar más que una vez por semana debido a la lejanía del lugar y el reducido grupo de usuarios que reciben o envían correspondencia. Cuán dificultoso será enviarte estas letras, pero confío en que lleguen pronto a tus manos.

Mis tíos y mi abuelo, personas modestas pero muy estimados en la comunidad, habían preparado todo para mi llegada y me esperaban en una calesa desvencijada que había conocido tiempos mejores. Mis tías habían preparado los más exquisitos manjares y los más tentadores dulces para el almuerzo. Lo que ellos llaman una frugal comida nos dejaría llenas en la ciudad, pero todo está delicioso en el campo y temo hacerles un desaire rechazando alguna de sus atenciones. A mi regreso tendré que encargar a la modista que ensanche mis preciados vestidos. Oh, Victoria, temo ofender a mi familia con algún comentario inapropiado, pero también temo no volver a entrar en el vestido de florecillas violeta que adquirí por un precio desorbitado en mi última visita a tu costurera.

Aquí todo es bucólico, el cielo de un azul esplendido engrandece la fulgurante imagen del sol y los verdes del follaje tienen tantas tonalidades distintas que a veces me quedo extasiada contemplando las maravillas del campo. ¡Incluso he visto un cabrero con sus cabras! Las conocía a todas por su nombre y mis primas pequeñas se dedicaron a llamarlas y a saltar a su alrededor formando tal algarabía que mi tío tuvo que darle una propina al cabrero por las molestias.

Ayer, compartiendo un paseo con mis traviesas primas, quede adormecida junto al riachuelo. Al despertar todo se me antojo tan encantador y perfecto que llegue a pensar que habitaba en la mismísima arcadia. Solo ha turbado mi felicidad el hecho de que algunos de nuestros inocentes juegos han parecido a los ojos de mis familiares atrevidas travesuras. Sin embargo, en otras ocasiones, soy yo la que me sonrojo ante comentarios que a ellos les parecen cotidianos. ¡Cuán diferente es la vida en el campo y que alejados estamos ya de la naturaleza en la ciudad!

Pero debo confesarte, querida Victoria, que a pesar de las atenciones recibidas y el bucólico paisaje, echo de menos las diversiones de la ciudad. Aquí no existen esas tiendas que exhiben en sus escaparates los más hermosos objetos, las armoniosas curvas de las exquisitas vajillas y cristalerías, las cajitas de música o las librerías donde entras a comprar el último libro de poemas publicado por tu autor favorito y descubres un maravilloso tesoro de láminas con ilustraciones de lugares exóticos o libros por los que han pasado los siglos sin apenas dejar huella.

Querida Victoria, esta carta llega a su fin. Me despido esperando tu pronta respuesta.


Afectuosamente, tu amiga Isabel.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Reflexiones: madrugar.



"Gente, que se despierta cuando aún es de noche y que cocina cuando cae el sol (...)". "Gente". Presuntos Implicados. 

El despertador es uno de esos inventos que nadie echaría de menos. Despertarse con un pitido estridente no puede ser bueno para la salud. Lo natural sería que las primeras luces del día se colaran por nuestra ventana y fueran iluminando suavemente la habitación. Sin embargo no hay casa en la que falte un despertador. Es algo indispensable cuando tus obligaciones no te permiten esperar el amanecer, cuando te tienes que levantar antes que el sol.



Cada “mañana” enciendo las luces con la sensación de que sigue siendo el mismo día, de que me he levantado en mitad de la noche. Por la ventana veo la oscuridad apenas difuminada por unas pocas farolas, todo está en silencio y el resto de las casas siguen en un plácido sueño. Abro la puerta pensando que no me sorprendería que las calles aún no estuvieran puestas. La luz incandescente de las bombillas crea sombras en la acera. Si tengo suerte no habrá ningún tramo apagado. 

Por el camino veo a los basureros terminando su jornada y me pregunto si para ellos sigue siendo ayer todavía. Los barrenderos están en la calle antes que yo, la prensa calentita acaba de llegar a aquel kiosco de la esquina que está levantando las persianas. En la panadería, aún cerrada, ya huele a pan y a dulces.

Bajo por la avenida y me encuentro con una señora en bata sacando al perro, tres ancianos en un banco charlando tan despiertos y un novio que acompaña a su novia a casa. El muchacho va con las manos en los bolsillos y algo mareado, ella con una minifalda y una chaqueta poco abrigada, encogida y charlando sobre la discoteca de esa noche. Me miran extrañados al verme con cara de madrugón y la bolsa térmica con el almuerzo, para ellos aún es "anoche" y no pasará a ser "mañana" hasta que hayan dormido.

En la parada del autobús me encuentro con más personas como yo, con los ojos brillantes y somnolientos, que nunca me hablarán de la película o la serie de anoche porque era ya demasiado tarde para ver el final y no adormilarse en el sofá. Cada uno se espabila como puede, con música, dejando mensajitos en las redes sociales, leyendo en el e-book, pensando que los repartidores del periódico gratuito necesitan un despertador tempranero o sintiendo el aire frío de la mañana en la cara. 
Entonces un tímido resplandor convierte el negro del cielo en azul oscuro y lentamente comienza a aclararse hasta transformarse en rojizo.


Cuando subo al autobús unos rayos de luz dorada iluminan las nubes y empiezan a ridiculizar la tenue luz de las farolas. Comienza la carrera. El autobús avanza por la carretera y el alba ya no se lo toma con tanta calma. Salimos a la autovía y la  velocidad aumenta, pero es una carrera perdida, la aurora persigue a los vehículos y acaba por adelantarlos. Cuando llego al trabajo ya es de día y el sol sonríe por su victoria mientras se disipan los últimos tonos rosados.

Por suerte, siempre amanece y, aunque la ciudad o la autovía no es el mejor lugar para apreciarlo, el bello espectáculo acaba haciéndome pensar que ha merecido la pena el esfuerzo de madrugar más que el sol.


viernes, 15 de noviembre de 2013

Liebster Award


¡Este blog ha recibido un premio! Sí, sí. Ha sido una grata sorpresa ver en Juguetes del viento mi nominación al Liebster Award. Allí estaba De buenas a primeras entre los finalistas. Muchas gracias por el premio, creo que te lo mereces tú más que yo, así que, aunque ya lo tienes, eres mi nominada.

De repente pensé en ir a comprarme un vestido de noche para presentarme a la gala de tiros largos: lo ideal, como hacen todas las nominadas, es elegir un modelito de un conocido diseñador, pero eso está fuera de mis posibilidades. Me imaginé caminando elegantemente por la alfombra roja, posando para los fotógrafos cuán estrella de cine y apareciendo mi rostro en ese cuadradito donde ponen a todos los nominados mientras algún famoso, desde un engalanado escenario, dice “El Goya es para…” y todos tienen que mantener la sonrisa cuando dicen el nombre de otra persona. Pero antes de que se nos quede cara de tontos mientras observamos como el ganador camina entre lágrimas hacia el atril y saca su discurso “no preparado”, que en este caso sería la respuesta a un cuestionario ideado por nuestra “nominadora”, quiero que alguien saque la cámara de fotos y me inmortalice sonriente junto con Lo que me ahorro en psicoanálisis (que viajó a “niuyor” para comprar su vestido), Metalsaurio (al que pediré una nueva versión de “Las aventuras del príncipe desencantado”), En una galaxia muy lejana ( que ha conseguido que esté un poquito más cerca) y Con propósito de enmienda (a la que daré mi permiso para que me enmiende la plana). Por supuesto con los otros nominados también, pero es que a estos los conozco de vista (lectora). Imbuida del espíritu del Festival de San Sebastián donde estuve este año (en la puerta del teatro, no dentro) se me ocurre este símil cinéfilo. 

En este caso a ninguno se nos ha quedado cara de tontos al oír de labios de Ángeles, el nombre del ganador, porque hemos ganado todos. Así que ahora, como corresponde a la aceptación del Liebster Blog Award contestaré gustosamente al cuestionario de rigor. 

Es la primera entrevista que me hacen los medios, así que no puedo prometer que seré breve, es más, estaré hablando hasta que el realizador me corte el micrófono.

1.  ¿Qué te impulsó a crear un blog?
Me pareció una ventanita al mundo, un mensaje en una botella que podía lanzar al ciberespacio y que, quizá, alguien encontraría. Quería contar cosas, cosas cotidianas, históricas, anecdóticas…

2.   ¿Qué te ha aportado el blog?
Un motivo más para mirar a mi alrededor y pensar: esto lo tengo que contar en mi blog. La ilusión de que alguien pueda leer y comentar lo que yo haya escrito y quedarse con ganas de volver.

3.  ¿Qué libro estás leyendo ahora?
“Los amores de un bibliómano” de Eugene Field gracias a la magnífica traducción de Ángeles de los Santos.

4. Si fueras un personaje de un libro, ¿quién te gustaría que fuera el autor?
Jane Austen porque seguro que sería una historia dulce y romántica. Y si tuviera que ser un libro de un autor contemporáneo, Matilde Asensi.

5.  Si pudieras salir a cenar con un personaje literario, ¿cuál elegirías?
¡Mmmmmm! ¡No sé! Quizá con Elisabeth Bennet.

6.  ¿Y con cuál no irías ni a la esquina?
Con ninguno de los asesinos de las novelas de detectives, ni con el dueño de “Viajes temporales Murray” de la novela El mapa del tiempo. 

7. ¿Qué preferiría ser, un rey en un palacio sin libros o un pobre en un desván con libros?
Esta es fácil. Un rey y una de mis primeras órdenes sería que me hicieran una gran biblioteca.

8. Si pudieras viajar en el tiempo, ¿a qué época te gustaría ir?
Iría al siglo XIX pero con trampas. Iría si me hospedara en un hotel o en casa de una buena familia, en un lugar y año en el que no haya guerra, y llevaría una bolsa llena de antibióticos para darlos a los artistas enfermos, para que la muerte prematura no nos prive de todos los personajes, paisajes y música que pedían vida en sus cabezas.

9. ¿Qué superpoder te gustaría tener?
Pues no sé, nunca me he planteado algo así porque es de superhéroes y yo no creo en ellos, ni me gustan siquiera. Pero si cambiamos el superpoder por un don, pediría el don curativo por imposición de manos.

10. ¿Cuál es tu palabra favorita?
No tengo ninguna palabra favorita, o tengo muchas, según como se mire. Así, que destaque especialmente, ninguna. Pero hay muchas que me gustan por su sonido o por su significado. Por ambas cosas me gusta “cariño”.

11. ¿Qué es más importante, ver cosas nuevas o ver las mismas cosas con nuevos ojos?
Las dos son igualmente importantes e interesantes. Pero si  tuviera que elegir me quedaría con ver cosas nuevas.




jueves, 24 de octubre de 2013

El cambio horario.


El cambio horario es ese lío que se forma las madrugadas de los últimos domingos de marzo y octubre y del que nos acordamos porque nos lo dicen en los telediarios y en la prensa. En muchos hogares se produce una pequeña discusión sobre si hay que adelantar o atrasar los relojes, si dormiremos una hora más o menos, si al día siguiente anochecerá a tal o cual hora, si el domingo llegaremos tarde al trabajo o a alguna cita, o, por el contrario, llegaremos una hora antes. Casi todos pasamos un par de días un tanto desorientados y con alteraciones de sueño, preguntándonos si ese supuesto ahorro energético que nos ponen como excusa es realmente tal ahorro o solo eso, una excusa.

La idea no es nueva ni universal. Ya en la antigüedad (cuando no se medía el tiempo de una forma muy precisa) la longitud de las horas cambiaba para aprovechar más el día.

Pero tenemos que esperar al año 1784 para que Benjamin Franklin, siendo embajador en Francia, escribiera a un periódico parisino haciendo propuestas para el ahorro energético. Franklin se había dado cuenta de que los franceses, al levantarse más temprano, ahorraban en velas. Pero las ideas de Franklin no tuvieron mucho calado, pues proponía que se pusiera un impuesto a las contraventanas y que todas  las iglesias tañeran sus campanas a la vez para que la gente se levantara al mismo tiempo.

En 1907 William Willett siguió la idea de ahorro energético que había sugerido Franklin, pero con propuestas más prácticas y sencillas.




En el transcurso de la Primera Guerra Mundial los gobiernos se decidieron a tomar en serio todas estas ideas. Había que ahorrar combustible y estaban dispuestos a hacer lo necesario.  El 5 de junio de 1916 la Asamblea francesa acordó el adelanto de una hora, convirtiéndose Francia en el primer país que adoptaba este cambio horario.  A ellos se unieron otros países en los años siguientes, incorporándose Estados Unidos en 1918. Sin embargo, estos cambios dejaron de aplicarse antes de la Segunda Guerra Mundial.


Tuvo que llegar la crisis del petróleo para que, en 1974,  se volviera a adoptar el cambio horario como medida de ahorro en la mayoría  de los países industrializados. Europa se puso de acuerdo, excepto Suiza, que no aceptó la medida hasta 1981.

La directiva Europea 2000/84 unificó el día en el que se producía el cambio horario: el último domingo de marzo (se adelanta una hora) y el último de octubre (se atrasa una hora).

Los horarios de invierno y verano se siguen en más de 70 países en todo el mundo, pero sigue sin aplicarse en muchos otros como, por ejemplo, Japón.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Hechos reales: conversaciones en el tren.


Hace poco hice un viaje en mi medio de transporte favorito: el tren. Pues en las estaciones de tren también se escuchan conversaciones interesantes, absurdas o ambas cosas a la vez.

La estación de Zaragoza es sorprendentemente abierta, debe ser agradable en verano, pero en invierno… no quisiera verme allí. Quizá, por eso no se abren los accesos a los andenes hasta cinco minutos antes de la hora oficial en la que el tren hace su salida. Y digo la hora oficial porque la real es otra o, al menos, eso nos ocurrió a los que estábamos allí aquella mañana de septiembre esperando varios trenes a otros tantos destinos. Un centenar de personas llenábamos los andenes, mientras las vías permanecían desiertas de trenes.

Unos se preguntaban si sería el andén correcto, otros se extrañaban por el retraso de los trenes y, los más pesimistas, creían haberlo perdido. Yo me entretenía mirando el reloj e imaginando trenes invisibles al más estilo Harry Potter, cuando una señorona se sentó en un banco apartando groseramente a las otras personas que estaban allí.

-Buenos días- dijo.

-Buenos días- contestaron algunos.

Al momento, un hombre de avanzada edad se sentó en un banco cercano.

-Buenos días- repitió la señorona.

-Buenos días- respondió el anciano.

-Menos mal que usted tiene educación, porque hace un momento he dicho “buenos días” y esa señora- dijo señalando a la mujer que había empujado para hacerse sitio en el asiento - … no me ha contestado.

-No la habrá oído. Será sorda.

La aludida fingió serlo.

-Antes viajar suponía tener conversación segura- continuó el hombre –. Siempre hablabas con tu compañero de viaje. Ahora cada cual va a lo suyo.
La señorona asintió con la cabeza.

-Creo que usted debe ser mayor que yo…- cambió de conversación repentinamente el anciano. La aludida no pareció molestarse por el comentario.

-Sí, eso creo.

Los miré de soslayo y me pareció una impertinencia, pues a todas las luces la señorona era más joven.

-Yo tengo 79.

-Pues yo hago 77 en diciembre, justo el día 28.

-Menuda inocentada gastó usted a su familia.

-Así debió ser, pues soy la penúltima de una familia numerosa- continuó la señora sin inmutarse por las argumentaciones del otro- El médico me ha dicho que nunca me ponga más años, que cuando me pregunten diga los que tengo, aunque falte un día para cumplirlos, porque aún no tengo esa edad, esa edad no es mía.

-No, aún no es suya- asintió el hombre como si hablaran de un objeto comprado o algo así. – Yo viajo muy a menudo y me gusta mucha esta estación. Estar aquí en diciembre es maravilloso. Corre un airecillo… y estamos a la temperatura perfecta, cero grados, ni frío ni calor. Porque yo he estado sentado en este mismo banco a cero grados ¿sabe usted?

-Sí, la temperatura perfecta.

Por suerte o por desgracia, los trenes llegaron y aquella improvisada pareja descubrió que no compartían destino. ¡Ay! A veces el camino separa a buenos conversadores y a sus interesados oyentes… a falta de película… bueno es un fragmento de teatro, aunque sea teatro del absurdo.




En la estación de Málaga un abuelo enseña un libro a su nieta. La chiquilla con ojos despiertos y coletas juguetonas atiende a todo lo que le cuentan.

-Y este edificio lo hizo un arquitecto llamado Moneo.

-¿Cómo?

-Moneo, un arquitecto muy famoso.

-¿Tú sabes quién es Monet?- le preguntó la pequeña a su abuelo.

-¿Monet? Sí, un pintor francés- contestó este con seguridad. Después miró a la pequeña con sorpresa - ¿Y tú? ¿Cómo lo sabes tú?

A lo que la niña respondió con un brillito vivaracho en sus ojos y una amplia sonrisa.



 Una familia en el AVE, camino de Puertollano, iba muy alterada porque en el aeropuerto le habían perdido una de sus maletas.

-Pues yo haría noche en la terminal hasta que me devolvieran mi maleta. Llevaba dentro mi conjunto de Tous- dijo la hija adolescente.

-Pues era mi maleta preferida- dijo la madre- … y ni por esas hago noche en el aeropuerto.

-No hubiese servido de nada porque ya nos han dicho que la maleta no embarcó en el vuelo Londres-Madrid- respondió el padre.

-¡Había muchos vuelos!- se quejó la chica – A la misma hora salía uno para Australia y otro para Nueva York.

-Al final la maleta va a viajar más que tú- se rió su tío que los acompañaba en el viaje- La verdad es que Puertollano es aburrido y la maleta no quería volver a su armario, quería viajar, conocer mundo, divertirse…


-¡Yo en este tren camino de Puertollano y mi maleta de juerga en Nueva York!- se quejó la muchacha disgustada.