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miércoles, 9 de agosto de 2023

Joaquín Sorolla.

Joaquín Sorolla y Bastida siempre estuvo enamorado de la pintura, de su esposa, de su familia, de la luz, de la naturaleza y del mar.

Joaquín nació en Valencia en 1863. Sus padres murieron de cólera cuando tan solo contaba dos años de edad. Huérfanos, su hermana y él, fueron acogidos por su tía Isabel y su tío José, cerrajero de profesión. Su familia descubrió pronto que el pequeño Joaquín no había nacido para cerrajero, que su pasión era la pintura y lo apoyaron. Con 15 años ya era alumno de la Academia de Bellas Artes de San Carlos en Valencia. Trabó amistad con su compañero de estudios Juan Antonio que lo ayudó a conseguir un empleo en el estudio de su padre, el fotógrafo Antonio García Peris. Aprendió composición, iluminación, encuadres y adquirió un gusto por la fotografía que lo acompañaría siempre.

Aquel año de 1878 marcó su vida: conoció a Clotilde, la hija de su mentor, y se enamoró perdidamente de ella.

Museo Sorolla
Paseando por la orilla del mar. Joaquín Sorolla, 1909.
El óleo representa a Clotilde (con sombrilla) y a la hija mayor de ambos.
Imagen del Museo Sorolla. Wikipedia.

Desde 1885 a 1887 Sorolla vivió en Roma y en París. En 1888 regresó a Valencia para casarse con Clotilde y formar la familia con la que tanto habían soñado. Después de vivir en Italia y de viajar a París, la pareja se mudó a Madrid donde nacieron sus tres hijos.

Sin duda, Clotilde se convirtió en el apoyo inquebrantable de Joaquín e hizo mucho más de lo que se esperaba de ella. Joaquín pudo consagrar su vida a la pintura porque Clotilde se ocupó de todo lo demás: administración, contabilidad, planificación y hasta organización de sus exposiciones.

Caja de pinturas en el Museo Sorolla.
Imagen: archivo propio.

Joaquín siempre tuvo muy buena relación con su familia política. Su suegro y él se admiraban y respetaban. Lo retrató en varias ocasiones y García Peris lo fotografió pintando. Gracias a él tenemos documentadas obras de Sorolla hoy desaparecidas.

Fue un pintor activo, prolífico, con horarios estrictos, que trató numerosos temas y realizó retratos de personalidades de la época. Pero lo que más le gustaba era captar la luz y el color, pintar al aire libre y reflejar la naturaleza, el mar, la realidad. Sus viajes a París le habían reafirmado en su idea de que el naturalismo era su camino.

En aquella época Sorolla no dejó de presentarse a concursos y de participar en exposiciones colectivas. Estuvo presente en galerías de París gracias a su amigo Pedro Gil. En 1895 comenzó a ser conocido internacionalmente pero el éxito le llegó cuando en la Exposición Universal de París de 1900 consiguió el Grand Prix. Desde entonces fue distinguido con numerosas medallas y premios. Su primera exposición individual fue en París en 1906 y de ahí pasó a exponer en Berlín, Colonia y Londres.

«… Cuan desgraciado hubiera sido yo, si no te hubiera querido como te quiero, ¡que ratos tan tristes cuando no pintase!, y la misma pintura no creo me compensase si tú no me hicieras feliz, Dios en todo me atiende, muchos y apasionados besos. Pintar y amarte, eso es todo, ¿Te parece poco? …es esa especie de noviazgo sublime, lleno de esperanzas y de recuerdos que no teníamos cuando yo estaba en Italia. Cuantos años han pasado y parece que fue ayer, y como cuando ahora estamos separados, que largo se hace.» Sorolla a Clotilde, Sevilla, 22 y 23 de febrero 1908

Museo Sorolla.
Joaquín y Clotilde.

Su mayor éxito tuvo lugar en 1909 en un Nueva York que bullía por contemplar y comprar los cuadros de Sorolla.

Jardines de la casa.
Imagen: archivo propio.
Regresó pletórico a su Valencia y poco después comenzó el proyecto de su casa en Madrid, donde él mismo empezó a plantar su jardín en 1911. Era uno de esos pintores apasionados de la jardinería que quería llevar la naturaleza a su hogar. También consideraba muy importante la comida. Le llamaban mucho la atención las cartas de los hoteles donde se hospedaba y se entretenía haciendo bocetos rápidos tras los menús de los restaurantes.

En 1912 llegó el proyecto más ambicioso de su vida: el hispanista Sir Archer M. Huntington le hizo un gran encargo para la Hispanic Society of America.

Sorolla había ganado más dinero por otros trabajos, pero aceptó ilusionado y se entregó en cuerpo y alma a recorrer España, a plasmar con gran emoción y pasión los diferentes rincones del país hasta tener terminados sus 14 murales de Visión de España. A aquel viaje no pudo acompañarlo Clotilde y, como siempre que estaban separados, la ausencia la sobrellevaba con cariñosas cartas donde le contaba todo lo que hacía, lo que comía, las inclemencias del tiempo, el agotamiento. También le relataba como se le llenaba la cara de arrugas de pintar al sol y lo mucho que la echaba de menos.

Catálogo de la exposición de Bancaja:
Sorolla. Visión de España. Colección de la Hispanic Society of America.

Con cada misiva que entregaba al cartero recibía otra de su Clota. Ella le hablaba de sus hijos, de su día a día, de cómo le había organizado las cosas y de como cuidaba su jardín, destacando si el rosal amarillo había florecido. De aquel rosal plantado por Joaquín conservamos varios cuadros que han podido ser fechados, precisamente, por su floración o su tamaño.

En 1914 fue elegido académico de Bellas Artes de San Fernando. Pero él continuó con sus murales para Huntington, con su viaje por el país para pintar del natural que había comenzado en 1912 y que terminó en 1919.

Sin embargo, cuando volvía a estar tranquilo en su casa, las incomodidades pasadas, los esfuerzos prolongados, las emociones desbordadas le cobraron un precio muy alto. Un día de 1920, mientras pintaba un retrato en su jardín, sufrió una hemiplejía que lo paralizó. Tenía 57 años.

Escultura a Sorolla en los jardines del Museo Sorolla (Madrid).
Imagen: archivo propio.
Los murales de Visión de España no fueron enviados a Nueva York hasta 1922 y en 1923 fueron colgados, por fin, en la Sala Sorolla de la Hispanic Society of America, aunque se esperó a 1926 para hacer una gran exposición que los diera a conocer al mundo. Sorolla ya no estaba. Pese a los cuidados de su esposa, Joaquín murió el 10 de agosto de 1923. Este año se cumple el centenario del fallecimiento del pintor de la luz.

Clotilde García del Castillo sobrevivió a su marido 6 años. En 1925 dejó testamento donando sus bienes al Estado que se comprometía a crear un museo del pintor. En 1932 se inauguró el Museo Sorolla de Madrid con sede en la casa donde ellos vivieron.


Jardines de entrada a la casa de Sorolla. Actual Museo Sorolla (Madrid).
Imagen: archivo propio.

viernes, 21 de julio de 2023

Clotilde y el rosal amarillo.

Todavía existen algunos enclaves donde el tiempo y el espacio quedan suspendidos y sus diferentes capas conviven en armonía. Hay algo de magia en lo que se proyecta con amor y también algo misterioso que transciende.

Conozco uno de esos lugares y cualquiera lo puede visitar. Es un oasis en mitad de la gran ciudad que tiene la apariencia de una casa con jardín de principios del siglo XX.

Jardín de la casa.
Pero aquel no es un jardín cualquiera. Su dueño viajó hasta la Alhambra para traer el mirto que rodea uno de los patios y plantó con sus propias manos los palmitos, los magnolios y el laurel con el que se coronaba a los poetas y deportistas en la antigüedad clásica.

Nunca fue reconocido como jardinero. Pero un corto paseo por allí te traslada al Generalife con su estanque rodeado por el seto de boj, a Medina Azahara al admirar los capiteles que coronan dos columnas y a los Reales Alcázares de Sevilla al escuchar el rumor de la fuente andalusí. Un solo lugar puede contener otros muchos, despertar tu curiosidad asomándote a los cristales de cien años de antigüedad que protegen la rotonda del salón y llevarte hasta la Fuente de las Confidencias. Confidencias inesperadas que suceden sin más.

Fuente de las Confidencias. 

Yo había llegado con el propósito de visitar la casa y la primera sorpresa me la llevé al acceder por el espléndido jardín. Pero cuando comencé a recorrer el hogar del cuidadoso artista, me tropecé con el retrato de su mujer. Fui buscándolo a él y me encontré con ella. Por supuesto que conocía a Clotilde, pero siempre la había visto a través de los ojos de su marido.

Libros.
Todo me gustó mucho. Había libros, una lámpara de su amigo Tiffany, muebles cuidados, terciopelos y antigüedades. Podías encontrarte una escultura romana y un momento más tarde una virgen medieval. Y objetos, muchos objetos que les habían pertenecido.

Lo más asombroso era la luz, la luz que desprendían las decenas de pinturas que adornaban las paredes y que eran un trocito de su añorado Mediterráneo metido entre cuatro paredes. No todo el mundo sería capaz de verla en un espacio cerrado, ni de sentir la misma brisa que sacudía las telas blancas y que olía a mar.

Y, de repente, las cartas que habían dejado ante los ojos indiscretos de quien quisiera leerlas. Dudé un momento. Entrar en el hogar de una familia siempre era acceder a su intimidad, pero leer su correspondencia suponía colarse en sus secretos pensamientos. Me acerqué despacio. ¿Tenía derecho a conocer sus confidencias? Me quedé de pie, mirando la caligrafía y, sin pretenderlo siquiera, pasé de observar el papel, la tinta y los trazos a leer las frases.

«Mi queridísimo Joaquín. No dudo ni me sorprende me digas que te hago falta, pues juzgo por mí y a mí me haces pero mucha; hoy hace sólo 8 días que te fuiste y a mí se me han hecho interminables (...) Muchos besos de tu feísima Clotilde.» Carta de Clotilde a Joaquín. Madrid, 8 de febrero 1908.

Clotilde conoció al amor de su vida cuando ambos eran dos adolescentes. Pero el trabajo lo llevó a tener que separarse de ella durante largas temporadas y entonces las cartas eran su nexo de unión. Él esperaba la misiva diaria de su mujer teniendo ya preparada la suya para entregarla al cartero. Le contaba cosas cotidianas y le hablaba de forma muy cariñosa. Ella se juzgaba duramente y se despedía como «tu fea». Durante las ausencias llegaron a escribirse 2000 cartas que guardaron cuidadosamente.

Era una mujer inteligente, con carácter, con tesón, elegante, amable y detallista. La persona que organizaba todo, llevaba las cuentas y se ocupaba de que nada le faltara a su marido aunque estuviera lejos. Para Joaquín ella lo era todo: su esposa, su amante, su amiga, la madre de sus hijos y su musa. Se sentía pesimista lejos de ella. Se amaron durante toda la vida.

«Cuan feliz sería si estuvieras conmigo... Ando cojo, me falta tu sereno juicio y tus apasionados besos, Dios querrá algún día que estas excursiones artísticas las hagamos siempre juntos». Carta de Joaquín a Clotilde, 6 de febrero de 1908.

Clotilde también le hablaba de cosas cotidianas y le contaba cómo estaba el jardín, especialmente el rosal amarillo que Joaquín había plantado y que ella cuidaba con mimo.

Levanté los ojos y miré el retrato de aquella gran mujer. Casi podía sentir su presencia.

—Dicen que la han visto, que sigue en esta casa me susurró otra persona que también estaba observando el cuadro.

Clotilde en la playa. 1904 

«Como tú, recuerdo casi con sentimiento el que nuestra vida no sea la que hace mucho tiempo, como era antes, en que siempre estaba contigo en el estudio, te servía de modelo, y luego hacíamos nuestros paseos, antes de cenar, comiendo castañas o quisquillas, y que realmente pocas horas estábamos separados; pero que se va a hacer, los tiempos cambian, los hijos crecen y las obligaciones son otras y aunque nuestros corazones sigan tan jóvenes o más que entonces, las circunstancias son otras y la vida no puede ser la misma; puede que con el tiempo cuando seamos viejos, podamos hacer algo de aquella vida.» Carta de Clotilde a Joaquín, Madrid, 23 de febrero 1908

Salí al hermoso jardín y paseé de nuevo entre la vegetación. La pérgola de estilo italiano se recortaba entre el verdor. Clotilde y su familia habían pasado tantas tardes sentados allí charlando que yo también tomé una de las sillas de forja y traté de escuchar el eco de otro tiempo acariciando el presente. Era un paso más después de haber leído sus cartas. Esperé mientras buscaba con la mirada, escudriñando todas las plantas. Esperé pero nada pasó y busqué algo que echaba de menos…

Joaquín y Clotilde.

—Vamos a cerrarme indicó el guarda.

—¿Dónde está el rosal amarillo del que Clotilde hablaba en tantas de sus cartas? No lo veo.

—Ninguno de los actuales trabajadores lo conocimosmurmuró—. Dicen que cuando Sorolla murió el rosal enfermó. Y Cuando falleció Clotilde, el rosal se marchitó. Eso fue en 1929.

Lo miré impresionada y asentí. No podía ser de otra manera.

Rosal amarillo. Joaquín Sorolla.

El lugar que se describe es el Museo Sorolla (Madrid) y las fotografías están realizadas en el jardín y en el interior de la casa en una de mis visitas. La historia de amor es la de Joaquín Sorolla y Clotilde García del Castillo. Las cartas están recopiladas en varios epistolarios.

Lee un resumen de la vida y obra de Joaquín Sorolla aquí.

viernes, 23 de junio de 2023

Los museos de Picasso en España.

Como contábamos aquí, este año se conmemora el 50 aniversario del fallecimiento de Picasso y el mundo le rinde homenaje. Los ministros de cultura de Francia y España hicieron una rueda de prensa en el museo Reina Sofía, delante del cuadro Guernica, para anunciar la Celebración Picasso 1973-2023 o el Año Picasso como también se le conoce. Pero no solo podremos acercarnos a su figura en estos dos países, también participarán Estados Unidos, Alemania, Suiza, Mónaco, Bélgica y Rumanía.

La obra de Picasso es muy extensa y se encuentra repartida en instituciones, colecciones privadas, importantes museos y, sobre todo, en los Museos Picasso que hay en el mundo. Serán ellos los encargados de exponer sus obras, llevar a cabo conferencias y hacer un recorrido historiográfico por la vida y obra del artista.

Museo Picasso. Málaga.
Imagen: Wikipedia.

Queríamos hablar aquí sobre los Museos Picasso de España y sobre las instrucciones que el autor dejó para el Guernica. Seguiremos un orden cronológico.

Siempre fue difícil crear un Museo Picasso en España debido a que las ideas políticas del artista chocaban contra las imperantes en el país durante buena parte del siglo XX. El asunto se materializó en todo lo que rodeaba al Guernica pero se extendió al resto de la obra.

Encargado por el gobierno de la Segunda República Española en 1937, Guernica fue un mural para la Exposición Internacional de París que representaba el horror de la Guerra Civil Española. Derrotada la República e instaurado el nuevo régimen político, Picasso pensó en poner a buen recaudo su obra. El mural participó en una exposición itinerante por Europa y, cuando terminó, el artista entregó esta obra al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa) para su exhibición y custodia. Aunque fue prestado para otras exposiciones por América y Europa, el Guernica siempre volvía al MoMA y en 1958 se decidió que ya no se movería de allí. Sin embargo, Picasso tenía otros planes para él. Quería que la obra perteneciera al pueblo español pero solo permitiría que regresara cuando su país fuera una democracia y así lo dejó en su testamento.

Primeros intentos y creación del Museo Picasso de Barcelona.

En 1953 Juan Temboury se puso en contacto con Picasso para pedirle que donara alguno de sus cuadros al museo de Bellas Artes de Málaga. A Pablo le ilusionó tanto la idea que expresó su deseo de enviar dos camiones repletos. Esto hubiera convertido a Málaga en la primera ciudad del mundo en tener un Museo Picasso, pero los planes se vieron frustrados cuando las autoridades, contrarias a las ideas políticas del artista, rechazaron el proyecto.

La frustración de aquella primera idea, hizo que en 1960 Jaime Sabartés, amigo y secretario de Picasso, con consentimiento del artista, decidiera donar su colección personal al Ayuntamiento de Barcelona. El gobierno volvió a oponerse, pero el alcalde de la ciudad decidió desobedecerlos y en 1963 se inauguró con el nombre de Colección Sabartés. En 1970 la familia entregó más obras al museo y con el paso del tiempo se amplió con la adquisición de palacios en la misma calle Montcada hasta que tuvo su forma actual y pudo llamarse Museu Picasso, el más importante de España dedicado en exclusiva a este artista.

Imagen: Uayebt. En Flickr.
Museu Picasso. Barcelona.
Imagen: Uayebt. En Flickr.

El regreso de Guernica.

Ese mismo año 1970, aún en vida de Picasso y sin que el país fuera una democracia, un grupo de juristas españoles solicitaron que se trasladara el Guernica desde el MoMA al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En aquel momento la obra ya no representaba la Guerra Civil Española, sino un alegato contra todas las guerras. La propuesta fue rechazada.

En 1980 ya se cumplía la condición impuesta por Picasso y el gobierno español solicitó que el MoMA entregara el Guernica. Tras llegar a un acuerdo secreto, a las autoridades se le presentó un nuevo problema: ¿cuál sería el destino del icónico mural? Picasso había expresado su deseo de que fuera al Museo del Prado. Quería que se expusiera junto a las obras de los artistas que admiraba, en el museo que tantas veces había visitado en su juventud y del que, paradójicamente, seguía siendo director honorífico aún después de su muerte porque nadie había revocado su nombramiento. Pero se planteó la posibilidad de llevarlo a Barcelona, donde estaba el Museo Picasso más importante de España, a Málaga por ser su tierra natal o a Guernica que lo reclamaba como parte de su historia y su patrimonio.

El 8 de septiembre de 1981, cuando el MoMA clausuró la exposición especial dedicada al Guernica y cerró sus puertas, los preparativos trazados sobre papel comenzaron a materializarse. La pintura se encontraba en mal estado y tenía que ser embalada con muchísimo cuidado. Su sala blanca, dedicada exclusivamente a ella, quedaría vacía durante poco tiempo, ya que se destinaría a las obras de Jackson Pollock, precisamente el artista que Picasso nunca llegó a comprender y al que se refería cuando le decía a Matisse que ellos habían abierto el camino y los demás solo los habían seguido. El MoMA sigue conservando en la actualidad varias obras de Picasso en sus fondos.

Los responsables del MoMA dejaron marchar una de las piezas más importantes de su museo, la obra que el mismo Picasso había pedido que custodiaran hasta que España se convirtiera en una democracia. Los españoles que presenciaron aquel momento llegaron a decir que regresaba el último de los exiliados. El avión aterrizó en Madrid el 10 de septiembre. La prensa esperaba a pie de pista y aplaudieron al ver bajar la caja que contenía el Guernica. Escoltado, el mural y sus bocetos, llegaron al Casón del Buen Retiro, anexo del Museo del Prado donde fue expuesto hasta que el 26 de julio de 1992 se llevó a su destino definitivo: el Museo Reina Sofía de Madrid.


Guernica.
Imagen: Antonio Marín Segovia en Flickr.

Museo Picasso-Colección Eugenio Arias.

Picasso era un hombre generoso con sus amistades. Había conocido a Eugenio Arias en Francia y se había convertido en su barbero y amigo. A lo largo de 25 años, Picasso fue regalándole dibujos, cerámicas, fotografías y libros dedicados. Cuando Eugenio Arias regresó de su exilio trajo su colección privada con él. En 1982 decidió cederla a su localidad natal, Buitrago del Lozoya, donde en 1985 se inauguró el Museo Picasso. 

Museo Casa Natal Picasso. Málaga.

Escultura de Picasso junto
 al Museo Casa Natal
de Málaga.
Imagen: archivo personal.
Pablo Ruiz Picasso nació en el número 15 de la Plaza de la Merced en Málaga. Lugar que fue declarado Monumento Histórico-Artístico de Interés Nacional en 1983. En 1988 se creó la Fundación Pablo Ruiz Picasso que en 1991 quedó inscrito dentro del Sistema Español de Museos como Museo Casa Natal Picasso. En principio se limitó a la primera planta, pero luego se amplió a todo el edificio y se adquirió también el número 13 para utilizarla como Sala de Exposiciones. El edificio fue rehabilitado, reformado e inaugurado en 1998. Actualmente se puede visitar la vivienda donde nació el artista, ver habitaciones y dependencias y contemplar exposiciones de sus dibujos. Estudiosos de su figuran acuden también para consultar bibliografía sobre el artista.

Casa Museo Picasso. A Coruña.

La familia Ruiz Picasso se trasladó a la ciudad por motivos económicos. Pablo era consciente de la tristeza de su padre que se quejaba continuamente de que allí no tenían «ni amigos, ni toros, ni Málaga».

La casa en la que residieron desde 1891 a 1895 se convirtió en museo en 2002. Conserva parte del mobiliario de la época y expone reproducciones de algunas de sus obras y de las de su padre. A Coruña fue la ciudad que vio la primera exposición de un Picasso aún niño y sus numerosas interpretaciones sobre la Torre de Hércules.

Museo Picasso. Málaga.

Hubo que esperar a 1996 para que esa donación que Juan Temboury había propuesto a Picasso se retomara. El lugar elegido para ubicar las obras fue el Palacio de los Condes de Buenavista (construcción del siglo XVI en estilo renacentista). Durante la segunda mitad del siglo XX fue Museo de Bellas Artes y allí se exponían lienzos de Degrain y otros artistas, algunos de ellos amigos de su padre y que Picasso conocía. Pablo quería que sus obras se exhibieran en tan emblemático palacio y, tras las donaciones de Christine Ruiz-Picasso y Bernard Ruiz-Picasso (nuera y nieto respectivamente del artista), se hizo evidente que había que cumplir esos deseos y que el palacio debía dedicarse exclusivamente al genio malagueño. Para ello había que cerrarlo al público, intervenir, restaurar y ampliar el edificio. Pero también había que reubicar los cuadros del Museo de Bellas Artes en otro lugar.

Hubo división de opiniones entre los malagueños. Estaban ilusionados con tener un Museo Picasso, pero querían una ubicación definitiva y digna para los cuadros del Museo de Bellas Artes. Una parte de las obras fueron exhibidas en algunas salas del Palacio de la Aduana (construcción del siglo XVIII en estilo neoclásico) pero, otros fueron almacenados. El pueblo hizo manifestaciones, recogió firmas y se organizó en plataformas como «La Aduana para Málaga».

Mientras todo esto sucedía, en las obras que se llevaban a cabo en el Palacio de los Condes de Buenavista, se fueron descubriendo restos arqueológicos de distintas épocas hasta acceder a la muralla de la Malaka fenicia, actualmente visitable en el sótano del palacio.

Patio del palacio de los condes de Buenavista.
Museo Picasso. Málaga.
Imagen: Wikipedia

Por fin, en octubre de 2003, Málaga pudo inaugurar su Museo Picasso. Había costado medio siglo, pero el proyecto que Picasso y Juan Temboury habían soñado en 1953 se hacía realidad. Ellos ya no estaban para verlo, pero Málaga lo celebró a lo grande.

Respecto a la ubicación de los cuadros que antiguamente había acogido el palacio, los malagueños consiguieron que en 2005 se aprobara el proyecto y restauración del Palacio de la Aduana para uso museístico y fue aún mejor de lo que habían imaginado. Se inauguró en 2016 como Museo de Málaga, el más grande de Andalucía, albergando las obras del antiguo Museo de Bellas Artes y del Museo Arqueológico Provincial.

No obstante, el museo más importante del mundo dedicado al artista malagueño no se encuentra en España, sino en Francia, donde vivió gran parte de su vida. Está en el Hotel Salé y fue abierto al público en 1985. Es el Museo Picasso de París.

sábado, 27 de mayo de 2023

Picasso. Aniversario 1973-2023.

El día 25 de octubre de 1881 vino al mundo en Málaga el primero de los tres hijos del matrimonio formado por José Ruiz y Blasco y María Picasso López. El bebé no respiraba y fue el humo del puro de su tío, oportunamente dirigido a su rostro, el que le hizo toser y llorar.

Aunque lo bautizaron con diez nombres, se le conoció siempre por el primero y todos lo llamaban Pablo Ruiz Picasso. Fue un hombre con luces y sombras, un genio que estaba llamado a revolucionar el arte del siglo XX. Y, como una señal, la primera palabra que pronunció fue «piz» pidiendo que le dieran un lápiz.

Picasso siempre está presente en las conversaciones sobre arte, pero 2023 estará repleto de conferencias y exposiciones sobre su vida y su obra. Es la Celebración Picasso 1973-2023 o el Año Picasso y se conmemora el 50 aniversario de su fallecimiento. Los gobiernos de España y Francia han acordado trabajar conjuntamente en los homenajes, aunque también participarán otros países.

Su obra es mundialmente conocida y tenemos muchos datos sobre su vida: hay multitud de publicaciones, libros, películas y series. Pero también hay aspectos menos conocidos y de ellos nos gustaría hablar aquí.

Su padre, José Ruiz era un pintor especializado en paisajes, bodegones y palomas. Fue profesor de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y conservador del Museo de Bellas Artes de Málaga. Le unía una estrecha amistad con otros artistas de la época como Muñoz Degrain.

El 25 de diciembre de 1884 un terremoto sacudió Málaga alertando a toda la población. Los Ruiz Picasso vivían en las llamadas Casas de Campos, en la plaza de la Merced, hoy sede del Museo Casa Natal Picasso. A José le pareció seguro trasladar a su esposa nuevamente embarazada y a toda su familia a la casa de Degrain más sólida al estar «contra el monte». Su amigo estaba en el extranjero, pero su mujer les abrió las puertas de su hogar y asistió en el parto a María, que aquella misma noche dio a luz a su hija Lolita, a la que apodaron «la terremótica». Diariamente Málaga se sobresaltaba con nuevas réplicas hasta que cesaron el día 6 de enero de 1885. 

Escultura de Picasso en la plaza de la Merced
 con su Museo Casa Natal al fondo (Málaga).
Foto: archivo personal.

En un primer momento, Degrain no confiaba en el talento de Pablito. Lo había visto mezclar pinturas en su taller y le había dicho a José que su hijo no sería pintor. Pero no tardó en reconocer su error y proponerle a su amigo que lo matriculara en la Escuela de Bellas Artes de Málaga. Su propio padre y Degrain fueron los primeros maestros del pequeño Pablo y los que lo animaron a dedicarse a la pintura. Picasso comenzó a dibujar al estilo académico, inspirado por los grandes pintores españoles y por el arte Sacro. Más tarde reconocería cómo le habían influenciado Velázquez y El Greco. Pero siempre le inspiró su mar Mediterráneo, la mitología, el arte íbero, la tauromaquia, las guitarras y las mujeres.

Hubo momentos muy importantes en su primera juventud. Su padre, por cuestiones económicas, se presentó a la plaza de profesor de Bellas Artes en La Coruña y toda la familia, excepto Pablo, vivió con tristeza la mudanza. A sus 10 años empezó a sentirse seguro de su arte y a los 13 consiguió hacer su primera exposición. Continuó sus estudios en Madrid, donde obtuvo permiso para copiar las obras del Museo del Prado, y en Barcelona, ciudad a la que le unió una relación muy estrecha. Pero lo que más le marcó fue su vida en París y el descubrimiento de las obras de su admirado Cézanne.

Wikipedia
Puerta de Velázquez. Museo del Prado (Madrid)
Imagen: wikipedia.

No todo era el ambiente bohemio, los amigos, las exposiciones, los marchantes y las mujeres. Picasso sufrió pérdidas que cargó sobre sus hombros y que influenciaron su carácter y su arte. La primera de ellas sucedió en su adolescencia, cuando aún vivía en La Coruña: su hermana menor enfermó gravemente de difteria. Pablo, entre oraciones, hizo una promesa: si Conchita se curaba, él abandonaría la pintura. La pequeña murió y Picasso tuvo la dolorosa sensación de que su arte había quedado por encima de la vida de su hermana. Ya en Barcelona y París sufrió por el suicidio de dos de sus grandes amigos y su estado de ánimo se reflejó en sus pinturas. 

La firma de Pablo fue cambiando con el paso del tiempo sin que hubiera ninguna ruptura con su padre, como algunos han creído ver. Pasó de Pablo Ruiz Picasso, a Pablo R. Picasso, para luego ser Pablo Picasso y finalmente Picasso. 

Los críticos han dividido en etapas su obra: la etapa azul de figuras alargadas y tristes donde predomina ese color; la etapa rosa donde los tonos pastel dibujaban un mundo circense; la etapa negra y oscura donde exploró el arte africano. Y después de aquello el cubismo. El periodo cubista se divide a su vez en tres etapas. No se detuvo aquí y continuó tocando otros estilos: neoclasicismo, surrealismo y expresionismo.

El cubismo supone un punto de inflexión en el arte. Buscaba descomponer todo en figuras geométricas y mostrar el objeto desde diferentes perspectivas al mismo tiempo. Picasso dijo en una ocasión que pensaba que un bebé veía la cara de su madre por partes, nunca completa, porque es demasiado grande para abarcarla en solo una mirada.

La obra que inauguró el cubismo fue Las señoritas de Aviñón (1907). Picasso trabajaba sobre el óleo incansablemente, modificando las figuras, dibujando rostros influenciados por el arte íbero y por las máscaras africanas. Sentía, como confesó más tarde, que debía despertar a la gente con su arte, hacerlos comprender que vivían en un mundo distinto al que ellos creían, un mundo nada tranquilizador. Siempre quiso provocar las emociones del observador y que nadie se explicara cómo había logrado pintar su cuadros.

Thomas Hawk. Publciada en Flickr.
Las señoritas de Aviñón (1907).
Imagen: Thomas Hawk. Publicada en Flickr.

Fascinado por el arte íbero, no dudo en comprar, por mediación de Apollinaire, dos cabezas íberas robadas del Museo del Louvre y que mantuvo en su estudio. 

A algunos de sus amigos no les gustaba Las señoritas de Aviñón y estaban preocupados por el pintor. Pensaron que estaba llevando las cosas demasiado lejos y temían que si el proyecto fracasaba, Picasso se hundiera. Las críticas fueron dispares, pero Picasso siguió explorando este tipo de arte que inspiró a otros pintores y que hizo que las vanguardias artísticas rompieran con el arte figurativo.

Picasso trabajó con Braque y juntos formularon los principios del cubismo en 1908. Pero en el Salón de los Independientes de aquel año Derain y Braque presentaron obras cubistas sin mencionar a Picasso, cosa que enfureció al pintor malagueño. Aquello no evitó que Braque presentara un paisaje cubista al Salón de Otoño que Matisse, miembro del jurado, rechazó. Fue el propio Matisse el que bautizó al movimiento como cubista al hablar de él. La rivalidad entre Matisse y Picasso era manifiesta, sus burlas constantes, pero se admiraban mutuamente y hablaban con frecuencia.

Superado aquel bache en su amistad, Picasso y Braque trabajaron juntos de forma tan febril que no firmaron sus obras y resulta difícil distinguirlas.

En agosto de 1911 el Robo del siglo aparece en la portada de todos los diarios: la Gioconda había desaparecido del Museo del Louvre. Picasso temió ser relacionado con el robo porque las cabezas íberas robadas en el Louvre seguían en su estudio. Sus peores presagios se cumplieron cuando la policía lo arrestó al mes siguiente. Su amigo Apollinaire lo había delatado. Ambos pasaron unos días en el calabozo y pagaron una multa, pero consiguieron demostrar que no tenían nada que ver con el robo de la Mona Lisa.

Picasso siguió cultivando su arte y diversificando su obra. No podía parar de dibujar, hasta cuando se sentaba a tomar un café dejaba dibujos en las bandejas de los pasteles. También cultivó el grabado, la ilustración de libros, hizo cerámicas, esculturas, escribió poesía y teatro, diseñó vestuario y decorados para obras teatrales y danza.  

En 1936 Manuel Azaña le pidió que fuera director del Museo del Prado y Picasso aceptó el cargo, aunque nunca pudo ejercer a causa de la Guerra Civil Española y el posterior régimen político. Sin embargo, nadie lo destituyó y él comentaba con humor, muchos años después, que seguía siendo el director honorífico del más importante museo español.

En 1937 le pidieron que pintara un gran mural para representar a España en la Exposición Internacional de París, pero dudó antes de aceptar el encargo. En abril los alemanes e italianos bombardearon la localidad vasca de Guernica y Picasso decidió que ese sería el tema de su mural. Fue un proceso difícil y frenético que tenemos documentado por las fotos de Dora Maar y del que conservamos numerosos bocetos preparatorios. El Guernica, mezcla de cubismo y expresionismo, es un alegato contra la guerra y la obra cumbre del artista. Consciente de ello, dejó instrucciones precisas en cartas y en su testamento sobre qué hacer con el mural.

Antonio Marín Segovia. Publicada en Flickr.
Guernica.
Imagen: Antonio Marín Segovia. Publicada en Flickr.

Picasso nunca dejó de trabajar. Es uno de los artistas más prolíficos que han existido nunca. Tenía tantas obras que cuando llenaba una de sus casas, se mudaba a otra. 

Su figura siempre fue controvertida, su relación con las mujeres difícil. Sus esposas y amantes eran sus musas, pero las trataba con crueldad. Estaba comprometido con sus ideales políticos y defendía la paz. Tenía un profundo conocimiento del arte y supo beber de los clásicos para romper con lo establecido. Creía que el arte verdadero era el que siempre estaba vigente.

Junto a sus contemporáneos tuvo que lidiar contra la incomprensión de muchas personas, incluso de algunos intelectuales norteamericanos que llegaron a afirmar que el cubismo y el expresionismo destruían la moral y que algunos cuadros modernos eran una forma de espionaje ya que, debidamente interpretados, revelaban los puntos débiles de las defensas norteamericanas. Por fortuna, no todo el mundo compartía esas opiniones.

En 1950 le propusieron a Picasso hacer una retrospectiva de su obra y aquello le hizo sentir que ya lo estaban dando por muerto. Hombre de carácter, se revolvió contra la idea y le dijo a Matisse que ellos eran los líderes de la revolución, que los artistas de la nueva guardia solo los habían seguido y que él continuaría luchando contra ellos porque seguía vivo.

En los años 60, la opinión general lo veía como incapaz de sintonizar con la contemporaneidad. Entonces, Picasso decidió aislarse del mundo en su residencia francesa y rodearse solo de su familia y amigos. Tenía cuatro hijos de tres mujeres distintas.

En la última etapa de su vida se dejó vencer por el mal humor y las aprensiones. El miedo a la muerte iba haciéndose más intenso. Cuando le comunicaron el fallecimiento de Matisse, fingió que no lo había oído, aunque se lo repitieron varias veces. Picasso tenía muchos pájaros y los cuidaba. Su última esposa, Jacqueline, se encargaba de ocultarle la muerte de alguno de ellos, cambiándolo por otro joven. Picasso llego a decir que sus pájaros eran inmortales.

Picasso murió el 8 de abril de 1973 en Mougins (Francia) cuando contaba 91 años de edad.

Siempre será recordado como el genio que cambió el arte y su obra sigue plenamente vigente. Pero en su vida se enfrentó a personas que llegaron a reprocharle que pintaba como un niño.

En aprender a pintar como los pintores del Renacimiento tardé unos años; pintar como los niños me llevó toda la vida.

 

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