Aquí cambiamos de tema ¡de buenas a primeras!

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domingo, 20 de julio de 2014

Hechos reales: en el chiringuito.


Para oír cosas curiosas solo hay que estar un poco atento (o ser un fisgón que escucha conversaciones ajenas… con un poco de mala educación, pero mucho interés). A veces, la gente habla tan alto, que parece querer pregonar sus cosas, sus chascarrillos, sus ocurrencias. Puede que sea afán de notoriedad, convertirse en “estrella mediática” como esos famosillos que se ven en algunos programas de televisión (especialmente en Tele 5) transformando en noticia algún hecho cotidiano sin más transcendencia. Supongo que todos queremos nuestro minuto de gloria, aunque sea delante de 50 personas y, aunque cada uno vaya a lo suyo. La esperanza de brillar, puede que tan solo con un fugaz destello, se dibuja en nuestro rostro de vez en cuando.

Un almuerzo en un chiringuito puede traerte una anécdota graciosa a poco que te descuides. Si estás terminando de dar cuenta de un pescado a la plancha en una mesita a la sombra, con la playa al fondo y un sol de justicia, y escuchas a voz en grito:

-¡Catorce espetos de sardinas para la mesa cuatro!

Es natural y comprensible que no puedas evitar una miradita de soslayo a los comensales y ponerte a contar si son catorce o se van a poner morados de tanta sardina.

El espetero, allí en la arena, con su tinglado preparado y sus calamares gigantes haciéndose a la brasa, levanta la cabeza con un gesto de asentimiento y sin más preámbulos empieza a pinchar sardinas en una caña, de esa forma tan especial y estudiada que solo conocen los de su gremio. Cinco por cada espeto y una pizarra grande en el paseo marítimo que pone: espetos a 2 euros.



De repente, tu plato se ha quedado vacío y los camareros van y vienen sin hacerte demasiado caso. En ese momento, no te queda más remedio que mirar de nuevo y comprobar con agrado al magnífico profesional que ya tiene catorce espetos en la “barquita” y está preparando alguno más, porque cuando te sientas a la mesa lo primero que te pregunta el camarero, incluso interrumpiéndote si ya has empezado a pedir los boquerones al limón y las gambas, es:

-¿Van a pedir espetos? ¿Cuántos?

Este “cuántos” sigue rápidamente a la pregunta, que claramente no espera respuesta, porque si vas a Málaga, lo de los espetos es algo que se sobrentiende. Es una mera pregunta de cortesía, para no lanzarte el “cuántos” a la cara sin saludo ni nada.

-Cuatro- contestas sabiendo que después de la respuesta esperada ya puedes ordenar calamares, pulpo, berenjenas con miel, ensalada mixta o lo que te dé la gana. Él apunta en su libretita y grita:

-¡Christian, cuatro espetos más!

A ti te parece imposible que un espetero se llame Christian y no Juan, Antonio o Pepe. ¡Ay, cuánto daño han hecho las series extranjeras! Pero Christian, más tradicional que su madre, ha hecho el curso de espetero, que es más que un empleo de verano, que es un arte y tiene una dificultad intrínseca, que solo la descubre el graciosillo que en una barbacoa dice que va a hacer un espeto, porque está en Málaga, porque tiene las sardinas, el fuego y porque él lo vale… Y se le quedan todas las sardinas destripadas, partidas, lanzándose desde el palito y quedando desmigadas en las brasas.

Al poco Christian se presenta con sus bandejas plateadas repletas de sardinas, sabiendo, perfectamente, a que mesa hay que llevar las catorce. Además de su sapiencia, le guía el número de comensales (efectivamente, eran catorce) y los chistes verdes fruto del abundante tinto de verano. Nuestro espetero sortea a los vendedores de gafas de sol, bolsos varios y al hombre del acordeón, y planta, con arte torero, los espetos en la mesa, haciendo sitio entre los restos de pescados varios y trozos de pan  pellizcados.

Suena un pasodoble y después un tango. No hay verano en la Costa del Sol sin el acordeón, puede que en otros lugares toquen los pajaritos, pero aquí se toca un tango y luego se pasa el platillo. Cuando le das unas monedas, el artista te sonríe agradecido y se marcha hacia otro chiringuito. Creo que son los únicos a los que les hace sonreír la calderilla, aunque si le soltamos un billete, acepta peticiones. Pero hay que dejar algo de suelto porque en un ratito aparecerá el de la guitarra, que con voz ronca te cantará una rumbita. De ellos me gusta la forma en que piden la recompensa a su música, le dan la vuelta a la guitarra graciosamente y te ofrecen la madera barnizada como si fuera una mesa donde lanzar las monedas.

La comitiva ya está terminando con las sardinas, cuando aparece la vendedora de lotería.

-¡Traigo la suerte! ¡Traigo la suerte!- mira a las mujeres de la alegre compañía y dice muy contenta: -¡Cómo te pareces a la Beyonce y tú a la Shakira! ¡Igualitas!

“¡Ay! ¿Será cierto?” te preguntas en plan paparazzi mientras tratas de buscar a las dos chicas merecedoras del piropo.

Las mujeres se ríen.

-¡Te voy a hacer millonario!- le dice a Piqué (ah no, pues no se parece a Piqué) -Compra lotería, que te van a tocar los millones de euros y te vas a poder llevar a tu mujer de viaje a Turuntuntú.

“¿Eh?” te preguntas atenta a la respuesta del marido que solo sabe frotarse la calva y reírse. Pero nadie le pregunta a la buena mujer dónde está ese sitio al que se van a ir de vacaciones. No hay interés, nadie tiene la menor curiosidad aquí.

-¡Igualita a la Beyonce! ¡Qué bien os lo vais a pasar en Turuntuntú!-  Y tanto insiste y tales maravillas cuenta de tan fabuloso viaje, que el marido de Beyonce, desabrochándose uno de los botones de la camisa para dejar más espacio a su barriguita, le compra la lotería –Pero ¡comprad un décimo cada uno! ¡Qué llevo la suerte!- insiste un tanto desilusionada. Pero esta vez, los piropos no surten efecto.


Al final la mujer se marcha con paso acelerado hacia el próximo chiringuito y de nuevo encuentra otras dobles de Shakira y Beyonce.


miércoles, 25 de junio de 2014

Más casualidades.


Lo mío con las ciudades es un asunto de peso. Ya he hablado aquí de las casualidades que acontecieron tras mi regreso de Florencia y de los sueños que se cumplen de una forma extraña. Ahora me toca hablar de las casualidades que me señalan el próximo destino. Como siempre, aparece la misma pregunta que todos nos hemos hecho en alguna ocasión: ¿son realmente casualidades?

La cosa empezó hace un par de años. Por todas partes me encontraba referencias a esta ciudad, libros sin aparente relación que la mencionaban, pendientes en forma de su famosa torre, vinilos decorativos… Bueno, podemos pensar que estaba especialmente de moda por algún motivo, como ahora encontramos camisetas, pijamas, pines, gorras, llaveros… de Brasil, por lo del Mundial.

Pero como yo pensaba que era una moda pasajera y no prestaba mayor atención, las casualidades llamaron a dos de mis amigas y recibí sendas camisetas de la ciudad como regalo. Una de ellas de una cadena de tiendas famosas a la que no haré publicidad y otra traída expresamente desde la ciudad en cuestión.



Poco después me regalaron una colonia con el body milk a juego y fue una sorpresa ver lo que llevaba dibujado.




A principios de este año recibí otra indirecta en forma de regalo: un estuche de sombra de ojos. 

La cajita de las sombras de ojos tiene esta tapa.

En febrero vi en una tienda una camiseta romántica y no me resistí a comprarla.



En abril, añorando las trufas que suelo comprar en navidad, fui a un supermercado especializado y me encontré con esta encantadora cajita, sorprendentemente la única caja de trufas de todo el establecimiento.


En junio, al salir de una librería con mi nueva adquisición, me di cuenta de que dentro del libro me habían puesto una tarjetita. Por un lado tenía una avioneta y por el otro…



Y hace un par de semanas, en una tienda de ropa encontré esta preciosa camiseta, me gustó el dibujo de la bicicleta y me la llevé a casa. ¡Ah! Pero al mirarla con más tranquilidad me di cuenta de que habían vuelto a enviarme otra señal, porque en el fondo del dibujo, casi desdibujada en la niebla, me vuelvo a encontrar su silueta férrea y esbelta. Y ahora además, otro mensaje por escrito.

Es agradable perderse por el camino adecuado.

 ¿Seguirá el destino enviándome señales parisinas? ¿Serán casualidades? ¿Me espera algo bueno en París? Esa será otra historia, que quizá se convierta en entrada de este blog a su debido tiempo.


jueves, 29 de mayo de 2014

Hablando de libros


Ya he contado aquí que para mí todos los días son el Día del Libro. Me he educado en una familia lectora, estoy acostumbrada a convivir con miles de libros. He leído por gusto y por obligación: el fastidio o el pesar nunca me han abatido ante un libro de obligada lectura en el instituto (aunque más de uno no haya sido de mi agrado). Confieso que me llevo mala impresión cuando entro en una casa donde no hay libros y que disfruto curioseando en las librerías y rebuscando en las bibliotecas. Admito que me he hecho amiga del libro electrónico y que creo que ambos formatos pueden convivir en paz y armonía. Lo importante es que esas historias, esas palabras, lleguen a nosotros y perduren en el tiempo, para que podamos escuchar, aprender, disfrutar y aprovechar la experiencia de quienes quisieron compartirla con nosotros. Como dijo Descartes: 

La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados.


Descartes.


 “Aquí están, resignados y callados. No instan, no llaman, no piden. En su estantería están y esperan silenciosos. Una somnolencia parece envolverlos y, sin embargo, de cada uno de ellos mira un hombre como un ojo abierto... Están esperando que nos entreguemos a ellos, solamente entonces se ofrecen...”

 Stefan Zweig. La pasión creadora.



“¡Oh, libros, fieles consejeros, amigos sin adulación, despertadores del entendimiento, maestros del alma, gobernadores del cuerpo, guiones para bien vivir y centinelas para bien morir! “

Vicente Espinel. Vida del escudero Marcos de Obregón.



“No leas para contradecir o refutar ni para creer o dar por bueno ni para buscar materia de conversación o de discurso, sino para considerar y ponderar lo que lees.”
Francis Bacon. Ensayos.



“Esta ventaja hacen por excelencia los libros a los amigos, que los amigos no siempre se atreven a decir lo que sienten y saben... y en los libros está el consejo desnudo de todo género de vicio.”
Mateo Alemán. Guzmán de Alfarache.



“Cuando nuestra alma no se alegra con la belleza del cielo, ni con los jardines, ni con la dulzura de la brisa, ni con la vista de las flores, no queda otro remedio sino el libro, pues el más hermoso jardín es un armario lleno de libros.”

Anónimo. Mil y una noches.



“Leer es ir al encuentro de algo que está a punto de ser y aún nadie sabe que será...”
Ítalo Calvino. Si una noche de invierno un viajero.



“El ver mucho y leer mucho aviva los ingenios de los hombres.”

Miguel de Cervantes. Persiles y Segismunda.



"Retirado en la paz de estos desiertos,
con poco pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con los ojos a los muertos."

Francisco de Quevedo y Villegas. Sonetos.



"Cuando oramos, hablamos con Dios. Mas cuando leemos es Dios quien habla con nosotros."
San Agustín. Confesiones.



"Conforme voy entrando en años, busco cada vez más, a través de los escritos con quien apaciento mi espíritu, todo lo que haya de bondad en las almas de quienes los escribieron."
Miguel de Unamuno. Ensayos.



"Discreto amigo es un libro.
Cuál es mayor perfección.
¡Qué a propósito que habla
siempre en lo que quiero yo!
¡Y qué a propósito calla
siempre en lo que yo no quiero!"

Pedro Calderón de la Barca. ¿Cuál es mayor perfección?




jueves, 24 de abril de 2014

Reflexiones: una vida no basta.


Cuando alguien dice que una vida no basta suele referirse al amor, a alguna de las clases de amor que existen. Una vida no basta para todo lo que ama una persona, no basta para olvidar el amor que se siente por alguien que no te corresponde, o no basta para hacerte perdonar algún daño que has hecho a una persona que te importa.

Pero ¿cuánto mide una vida? Depende de la época, pero sobre todo de la salud y la suerte  del individuo. Una vida pueden ser 10 o 95 años. Normalmente es la esperanza de vida de nuestra época o nuestro entorno. Pero también depende del carácter de la persona. Hay personas que piensan que nunca les va a pasar a ellos y tendrán una vida aventurera y llena de experiencias, pero actuarán de la forma más temeraria, poniéndose en riesgo tontamente. Otros, sin embargo, creen que pueden sufrir todos los males del mundo y vivirán con la hipocondría a cuestas, con el miedo paralizador que dejará sus vidas estancadas en la monotonía. Por esta clase de cosas suele decirse que los extremos no son buenos y que en la mitad está la virtud.


Para la mayoría de las personas una vida no basta, aunque haya refranes tontos por ahí que dicen que hay más días que longaniza. Tenemos sueños, proyectos y asuntos para los que no sacamos tiempo, y si no los tenemos hoy los tendremos mañana. Lamentablemente, muchos de ellos se quedarán sin realizar. Seguro que nuestros artistas, pensadores o científicos tiene algo en su imaginación que nos perderemos, como otros muchos antes dejaron cuadros inacabados, poemas empezados, ideas extinguidas. ¿Qué cuadros no empezó Velázquez porque estaba demasiado ocupado (y encantado) con sus labores de Aposentador Real? ¿Cómo continuaba el poema “Aquellos días felices y aquel sol de la infancia…” que empezó Machado en su exilio y que jamás pudo terminar?

No hace falta que seamos un Velázquez ni un Machado para que nuestra vida tampoco baste, seguro que no bastará para las personas que nos quieren, que siempre necesitarán nuestro apoyo, nuestra opinión, nuestro cariño.

Los creyentes pueden estar contentos, tendrán la vida eterna esperándoles o se reencarnarán. El resto, los que viven en el agnosticismo o el ateísmo, verán acabarse todo.

Hay personas para las que la vida sí basta. Han hecho lo que tenían que hacer,  y el tiempo restante es un regalo para ver el fruto de sus sueños (ya sea ver crecer a los nietos, ver prosperar su empresa o disfrutar lo conseguido). Pero hay otros que creen que ya han vivido demasiado, o que piensan que el peso de las circunstancias es tan grande que no pueden soportarlo. Hay personas que deciden cuándo acaban sus vidas, sin saber que otros lamentarán que así lo hayan dispuesto. Unos son personas comunes que privaran a los de alrededor de su compañía, y que impedirán que alguien que aparecería en su camino los conozca. Otros son personas de talento que privaran a la humanidad de sus canciones, novelas, descubrimientos o ideas.




miércoles, 26 de marzo de 2014

Las visitas de los guerreros.


Durante largo tiempo habían corrido leyendas entre los habitantes de Xian que hablaban sobre encuentros casuales con soldados de terracota.  Los descubridores, campesinos asustados, habían vuelto a enterrar sus hallazgos o los habían molido a palos para espantar al espíritu maligno que creían que habitaba en ellos. La situación de todo el país, y en concreto de esta ciudad donde antaño había arrancado la Ruta de la Seda, era tan difícil que impedía el estudio de la veracidad de estos rumores.

El escritor y periodista Javier Sierra es el comisario de la exposición Terracotta Army. Guerreros de Xi'an en el teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid, 2014.

Corría el año 1974 y una gran sequía azotaba el interior de China. Un campesino que excavaba un pozo halló una escultura de terracota que tomó como un mal augurio, pero aquel fue el primero de los 8000 soldados que custodiaban el mausoleo de Qin Shihuang di, el primer emperador de China (cuya tumba los arqueólogos sueñan con encontrar intacta, con su reproducción de la cúpula celeste jalonada de piedras preciosas y los ríos de mercurio de los que hablan los textos antiguos). Un auténtico ejército de terracota para los que se detuvo el tiempo, uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología, y que desde 1987 forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Recreación del foso 1 con los guerreros de Xian. Exposición de Madrid, 2014.

Tardaron años en conseguir que algunas figuras (cinco guerreros y dos caballos) fueran exhibidas en Europa. En 1981 se produjo una exposición itinerante. En Barcelona fue un autentico éxito de visitantes. Para la de Madrid fue la desaparecida Galerías Preciados (competencia directa de El Corte Inglés) la encargada del acontecimiento. Los guerreros llegaron con un certificado de autenticidad. Pero España tuvo que enterarse por la prensa de que las piezas eran tan falsas como el certificado que las acompañaba. Negándose a la evidencia, las esculturas fueron analizadas para su datación y quedó demostrado que eran falsas.

En 2004 tuvimos de nuevo visita. Los guerreros volvieron a hacer la gira europea y recalaron en España. Los medios aseguraron que esta vez sí, esta vez eran los auténticos, aunque algún despistado afirmaba haberlos visto ya en 1981.

Escultura en terracota de un sirviente. Foto de la exposión de 2004 Guerreros de Xi'an en la Fundación Canal. Madrid.

En el momento de escribir estas líneas (marzo de 2014) la exposición Terracotta Army. Guerreros de Xi'an ha sido prorrogada en Madrid con gran éxito de público.  La magnífica exposición, que celebra el 40 aniversario del descubrimiento, muestra 150 soldados a tamaño real y con rasgos diferenciados, además de armas, utensilios y joyas, también recrea una sección del foso 1 del mausoleo y proyecta un documental con la misteriosa historia de este ejército anclado en el tiempo. Después se despedirán de Europa y pondrán rumbo a América.

Ahora todos los medios han sido claros y unánimes en decirnos que sí, que en esta ocasión son... réplicas.

Cartel de la exposición Terracotta Army. Guerreros de Xi'an. Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid, 2014.


miércoles, 26 de febrero de 2014

La vida imaginaria


Cuando te pasas el día con la cabeza en las nubes, imaginándote en un mundo distinto o soñando despierta y, por una de esas casualidades extrañas, tropiezas con un libro que se titula La vida imaginaria y que tiene esta portada, piensas que te has encontrado con un amigo, con alguien con el que sentarte en una nube y ponerte a soñar.


Desde el primer momento pensé que el libro de Mara Torres me interesaría, que contaría una fantástica aventura, que narraría la historia de una persona normal que es capaz de alejarse del mundo corriente y de sobrevivir a base de imaginación.

Cuando lees la sinopsis te das cuenta de que es una historia de desamor, pero no una historia de desamor cualquiera. Es la historia de Nata, una mujer un poco obsesiva y muy imaginativa que se dedica a soñar despierta, a viajar con el pensamiento a ciudades hermosas para hacerse la encontradiza con el novio que acaba de abandonarla, a colarse en su casa volando en una cama y mantener conversaciones imposibles. En realidad, es una historia triste que habla de desamor, soledad, miedo y crisis. 

Narrada en primera persona, con lenguaje sencillo, coloquial, con mucho sentido del humor y una pizca de ironía. Nata nos va contando todo lo que pasa por su cabeza, todas las preguntas intrascendentes, alocadas o profundas que se hace a lo largo de esos meses. Habrá días en los que nuestra protagonista se sentirá tan asustada que, a fuerza de desear tener una coraza, se vista de astronauta y otros en los que su mundo se teñirá de rosa literalmente. Habrá ocasiones en la que nos identifiquemos con sus sentimientos y otras en las que nos riamos con sus ocurrencias. Y llegaremos al desenlace de la novela, un final abierto para que, como su propio nombre indica, te imagines su vida o para… ¿una continuación?

Mientras leía el libro, entre sonrisa y sonrisa, no podía evitar comparar la torpeza, la indecisión y el miedo de Nata con el de otro personaje femenino de la literatura contemporánea: Bridget Jones. 

¿Es Nata la versión española de Bridget? Ambas historias están narradas como un diario, ambas son divertidas, ocurrentes y directas…

Mi impresión personal es que Bridget es más superficial que la española, pero ambas reflejan las crisis personales, el miedo a crecer, a enfrentarse a la realidad, a quedarse solas. 

Las dos tienen buenos amigos. Bridget corre aventuras graciosas con ellos, despotrica de los hombres en sus conversaciones, detesta a los “petulantes casados” y sueña con el príncipe azul. Nata tiene conversaciones políticas con sus amigos, comparte con ellos el miedo al desempleo, al cambio forzoso de estilo de vida y se sumerge en la negación y la ira ante el desamor. Está inmersa en su vida imaginaria, en sus propios sentimientos y emociones, pero no puede escapar a la realidad del país.


Bridget ya tiene dos películas… ¿veremos a Nata en la gran pantalla?



miércoles, 29 de enero de 2014

Carta a Vito.



Hola, Vito. ¿Qué tal?

Ya he llegado al pueblo de mi familia. El viaje fue largo e incomodo pero al fin llegue al campo. Mis tíos y abuelo fueron a recogerme a la estación y me llevaron a su casa en un viejo Seat Panda que parecía que iba a desmontarse con cada bache del camino. Mis tías habían preparado un almuerzo especial y una tarta riquísima. Se portan muy bien conmigo, la verdad.

En el pueblo no hay cobertura de Internet, así que no podré mirar mi e-mail ni el whatsapp. Por eso he decidido escribirte esta carta. Espero que siga habiendo carteros porque no creo que se envíen muchas cartas en esta época. Un buzón he visto, así que me imagino que, de vez en cuando, alguien recogerá su contenido. Vito, no seas vaga y escríbeme una carta porque el campo es muy bonito pero un poco aburrido.

El otro día salí de excursión con mis dos primas pequeñas y cuando me di cuenta tenía un montón de cabras saltando a mi alrededor. Ahora entiendo porque se dice "loca como una cabra". Las niñas saltaban felices, el cabrero se cabreó y mi tío le dio algo de dinero para que se calmara. Mis primas me explicaron que las cabras daban leche y con ella se hacía queso. ¡Cómo si yo no lo supiera! Se creen que los de ciudad pensamos que los alimentos surgen de repente en el supermercado. Y hablando de supermercado, cuando regrese tenemos que ir al centro comercial a comprar ropa porque me dan de comer tantas cosas ricas que necesitaré una talla más.

En otra excursión, estaba todo tan silencioso y tranquilo que me quedé dormida bajo un árbol. Esto es bonito pero muy diferente a la ciudad, a veces pienso que ya nada nos une al campo y lo peor es que no me importa porque prefiero nuestra vida.


El portátil es prácticamente inútil sin Internet, ya he visto las tres películas que llevaba descargadas, la temporada completa de la serie de moda y me he cansado de escuchar las mismas canciones en el mp4. Echo de menos ver escaparates, entrar en esas tiendas con la música a toda pastilla, tomarnos un café en un lugar glamuroso y probarnos zapatos de tacón imposible en la tienda fashion de nuestro centro comercial.

Mis familiares se quejan de las cosas que tenemos los jóvenes y de nuestra libertad, que llaman libertinaje. Sin embargo, a veces, me quedo pasmada con alguna de las costumbres rurales.

Anda, Vito, no seas mala y escríbeme pronto contándome las novedades que no me basta con un sms que diga: TQ amiga :-) La sonrisita está muy bien, pero quiero noticias. Consigamos que el cartero nos odie por hacerle trabajar.

Besitos, tu amiga Isa.



martes, 14 de enero de 2014

Carta a Victoria.


Querida Victoria:


Espero que al recibo de la presente goces de excelente salud.

El viaje hasta el pueblecito de mi familia paterna ha sido largo y cansado. Pero debo admitir que el caluroso recibimiento y el amor sincero que me profesan los amigos que deje aquí, bien valen una y mil incomodidades.

Me han advertido que el pueblo no está bien comunicado y que el correo no es todo lo eficiente que debiera, amén de que el señor cartero no suele pasar más que una vez por semana debido a la lejanía del lugar y el reducido grupo de usuarios que reciben o envían correspondencia. Cuán dificultoso será enviarte estas letras, pero confío en que lleguen pronto a tus manos.

Mis tíos y mi abuelo, personas modestas pero muy estimados en la comunidad, habían preparado todo para mi llegada y me esperaban en una calesa desvencijada que había conocido tiempos mejores. Mis tías habían preparado los más exquisitos manjares y los más tentadores dulces para el almuerzo. Lo que ellos llaman una frugal comida nos dejaría llenas en la ciudad, pero todo está delicioso en el campo y temo hacerles un desaire rechazando alguna de sus atenciones. A mi regreso tendré que encargar a la modista que ensanche mis preciados vestidos. Oh, Victoria, temo ofender a mi familia con algún comentario inapropiado, pero también temo no volver a entrar en el vestido de florecillas violeta que adquirí por un precio desorbitado en mi última visita a tu costurera.

Aquí todo es bucólico, el cielo de un azul esplendido engrandece la fulgurante imagen del sol y los verdes del follaje tienen tantas tonalidades distintas que a veces me quedo extasiada contemplando las maravillas del campo. ¡Incluso he visto un cabrero con sus cabras! Las conocía a todas por su nombre y mis primas pequeñas se dedicaron a llamarlas y a saltar a su alrededor formando tal algarabía que mi tío tuvo que darle una propina al cabrero por las molestias.

Ayer, compartiendo un paseo con mis traviesas primas, quede adormecida junto al riachuelo. Al despertar todo se me antojo tan encantador y perfecto que llegue a pensar que habitaba en la mismísima arcadia. Solo ha turbado mi felicidad el hecho de que algunos de nuestros inocentes juegos han parecido a los ojos de mis familiares atrevidas travesuras. Sin embargo, en otras ocasiones, soy yo la que me sonrojo ante comentarios que a ellos les parecen cotidianos. ¡Cuán diferente es la vida en el campo y que alejados estamos ya de la naturaleza en la ciudad!

Pero debo confesarte, querida Victoria, que a pesar de las atenciones recibidas y el bucólico paisaje, echo de menos las diversiones de la ciudad. Aquí no existen esas tiendas que exhiben en sus escaparates los más hermosos objetos, las armoniosas curvas de las exquisitas vajillas y cristalerías, las cajitas de música o las librerías donde entras a comprar el último libro de poemas publicado por tu autor favorito y descubres un maravilloso tesoro de láminas con ilustraciones de lugares exóticos o libros por los que han pasado los siglos sin apenas dejar huella.

Querida Victoria, esta carta llega a su fin. Me despido esperando tu pronta respuesta.


Afectuosamente, tu amiga Isabel.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Reflexiones: madrugar.



"Gente, que se despierta cuando aún es de noche y que cocina cuando cae el sol (...)". "Gente". Presuntos Implicados. 

El despertador es uno de esos inventos que nadie echaría de menos. Despertarse con un pitido estridente no puede ser bueno para la salud. Lo natural sería que las primeras luces del día se colaran por nuestra ventana y fueran iluminando suavemente la habitación. Sin embargo no hay casa en la que falte un despertador. Es algo indispensable cuando tus obligaciones no te permiten esperar el amanecer, cuando te tienes que levantar antes que el sol.



Cada “mañana” enciendo las luces con la sensación de que sigue siendo el mismo día, de que me he levantado en mitad de la noche. Por la ventana veo la oscuridad apenas difuminada por unas pocas farolas, todo está en silencio y el resto de las casas siguen en un plácido sueño. Abro la puerta pensando que no me sorprendería que las calles aún no estuvieran puestas. La luz incandescente de las bombillas crea sombras en la acera. Si tengo suerte no habrá ningún tramo apagado. 

Por el camino veo a los basureros terminando su jornada y me pregunto si para ellos sigue siendo ayer todavía. Los barrenderos están en la calle antes que yo, la prensa calentita acaba de llegar a aquel kiosco de la esquina que está levantando las persianas. En la panadería, aún cerrada, ya huele a pan y a dulces.

Bajo por la avenida y me encuentro con una señora en bata sacando al perro, tres ancianos en un banco charlando tan despiertos y un novio que acompaña a su novia a casa. El muchacho va con las manos en los bolsillos y algo mareado, ella con una minifalda y una chaqueta poco abrigada, encogida y charlando sobre la discoteca de esa noche. Me miran extrañados al verme con cara de madrugón y la bolsa térmica con el almuerzo, para ellos aún es "anoche" y no pasará a ser "mañana" hasta que hayan dormido.

En la parada del autobús me encuentro con más personas como yo, con los ojos brillantes y somnolientos, que nunca me hablarán de la película o la serie de anoche porque era ya demasiado tarde para ver el final y no adormilarse en el sofá. Cada uno se espabila como puede, con música, dejando mensajitos en las redes sociales, leyendo en el e-book, pensando que los repartidores del periódico gratuito necesitan un despertador tempranero o sintiendo el aire frío de la mañana en la cara. 
Entonces un tímido resplandor convierte el negro del cielo en azul oscuro y lentamente comienza a aclararse hasta transformarse en rojizo.


Cuando subo al autobús unos rayos de luz dorada iluminan las nubes y empiezan a ridiculizar la tenue luz de las farolas. Comienza la carrera. El autobús avanza por la carretera y el alba ya no se lo toma con tanta calma. Salimos a la autovía y la  velocidad aumenta, pero es una carrera perdida, la aurora persigue a los vehículos y acaba por adelantarlos. Cuando llego al trabajo ya es de día y el sol sonríe por su victoria mientras se disipan los últimos tonos rosados.

Por suerte, siempre amanece y, aunque la ciudad o la autovía no es el mejor lugar para apreciarlo, el bello espectáculo acaba haciéndome pensar que ha merecido la pena el esfuerzo de madrugar más que el sol.