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miércoles, 18 de noviembre de 2020

Historia de las pandemias: principios del siglo XXI

Lee Historia de las pandemias: de la antigüedad al siglo XVIII

Lee Historia de las pandemias: el siglo XIX

Lee Historia de las pandemias: el siglo XX

En 2002 hace su aparición el SARS (SARS-CoV) pero no es detectado hasta febrero de 2003. Se extendió rápidamente desde el sudeste asiático a Europa y América afectando a más de 30 países. La OMS desempeñó un papel crucial en el control de la epidemia y coordinó la investigación internacional. Pronto se anunció que las ciudades más afectadas, Hong Kong y Beijing, habían vencido a la enfermedad y en julio del mismo año lo hizo el resto del mundo. La forma de control fue detectar rápidamente los contagios, rastrear las cadenas de transmisión y aislar a las personas infectadas. En los 30 países afectados se contagiaron poco más de 8.000 personas de las que fallecieron 774.

Toda la experiencia acumulada hace comprender al mundo que los virus no entienden de fronteras, y que no importa lo lejos que aparezca la amenaza, en pocas semanas puede recorrer el planeta con un grave impacto sanitario y socioeconómico. Ya habíamos sufrido las consecuencias de la familia de los coronavirus, especialmente dramáticas en el siglo XX, así que en 2005 la OMS insta a todos los países a prepararse ante la posibilidad de la aparición de una nueva pandemia en el futuro. Y ese futuro estaba más cerca de lo que imaginaban…

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La Tierra.
Imagen Pixebay.com

A principios de 2009 se declara el primer caso oficial de gripe A (N1H1) o gripe porcina, también conocida en muchos países como Influenza. Apareció en México y se extendió rápidamente a Norteamérica, dio el salto a Europa y llegó a todos los continentes, pasando a declararse pandemia el 11 de junio de 2009.

Mientras los medios de comunicación se hicieron eco del alto número de contagios, los científicos se dedicaban a buscar tratamientos e investigar una vacuna. El índice de fallecimientos fue bajo, aún así hubo que lamentar más de 200.000 muertes (algunos hablan del medio millón) antes de que el 18 de septiembre de 2010 la OMS anunciara el fin de la pandemia. Para entonces ya había comercializada una vacuna que había superado todas las pruebas, pero llegó prácticamente al final de la pandemia. Actualmente, hay muchos países que en la vacunación anual contra la gripe estacional incluye también en el inyectable la vacuna contra la gripe A.

Solo dos años después, en 2012, surge en Arabia Saudita el MERS (MERS-CoV), otro virus zoonótico más. Esta enfermedad, aunque también tuvo repercusión mediática, lo hizo de manera más limitada puesto que los casos detectados correspondían en un 80% a esta región, aunque llegó a expandirse a 27 países más, saliendo de la zona de Oriente Medio solo en raras ocasiones por viajeros infectados allí. No era una enfermedad altamente contagiosa y los brotes resultaron fáciles de aislar y controlar, al tratarse la mayoría de ellos de familiares y personal sanitario que había atendido casos sin las debidas precauciones. Ese mismo año se dio por finalizada la pandemia con unas 850 víctimas registradas.

Como vemos la denominación de pandemia no responde tanto a la cantidad de contagios y víctimas mortales, sino al número de países que se ven afectados.

La alarma se dispara cuando en 2014 descubrimos una amenaza terrible en África. Realmente no era nuevo, puesto que esta enfermedad llevaba décadas cobrándose vidas muy cerca del río Ébola, pero occidente no le había prestado demasiada atención.  Sin embargo, el brote de Ébola que golpeó Guinea en 2014 y se extendió a Sierra Leona y Liberia era mucho más extenso y mortal que la suma de todos los que se habían dado en África Occidental desde que apareciera en 1976. De nuevo, era un virus muy grave transmitido de animales salvajes a personas y después de persona a persona. La letalidad fue de un 50%, en algunos lugares llegó al 90%. Pero se hicieron esfuerzos para contener el virus, lograr un tratamiento que pudiera aumentar la supervivencia y descubrir una vacuna. La pandemia se dio por finalizada en 2016. Pero desde África se denuncia que los tratamientos no son eficaces, que la vacuna es experimental y que aún siguen los contagios. Ha sido en 2020 cuando las autoridades sanitarias que se ocupan de esta enfermedad dan por contenida la epidemia.

Y llegamos a diciembre de 2019 cuando China notifica al mundo que en Wuhan se ha extendido un tipo de neumonía desconocida. Pronto descubrimos que un nuevo coronavirus, el COVID-19 (SARS-CoV-2) azota al mundo. Ahora los ciudadanos sabemos que se ha empleado el mismo método para intentar contenerlo que con el SARS-CoV (detección rápida de los casos, rastreo de contactos y aislamiento de las contagiados), pero hemos comprobado que, esta vez, no ha tenido éxito.

Con las gripes asiáticas, la de Hong Kong y las posteriores, nadie se planteó restricciones, ni cierres de establecimientos. La gente siguió su vida normal. La economía no debía verse afectada.

Ya hemos hablado aquí de este nuevo coronavirus que fue declarado pandemia el 11 de marzo de 2020. Es mucho más contagioso y mortal que la gripe A y solo se ha conseguido doblegar con confinamientos. Esta vez, los gobiernos del mundo pusieron la vida de las personas por encima de la economía. Durante el siglo XXI la tuberculosis ha continuado siendo la enfermedad contagiosa que más muertos causa en el mundo: un millón al año. El COVID-19 superó esa cantidad en octubre. Actualmente, mediados de noviembre de 2020, se calcula alrededor de 54.600.000 contagios confirmados y más de 1.320.000 fallecidos oficiales.

Ahora sabemos muchas más cosas que en marzo y los tratamientos son más efectivos. El último estudio confirma que se transmite por aerosoles. Tenemos pruebas diagnósticas suficientes, rápidas y fiables. Tenemos mascarillas. Todos conocemos las medidas de prevención y la importancia de los rastreos, de cumplir la distancia social, de huir de aglomeraciones y de ponernos en cuarentena en caso necesario. A pesar de ello, desde septiembre estamos inmersos en la segunda ola, continúan subiendo los contagios y las muertes diariamente. Hemos pasado de las restricciones de movilidad, a cierres perimetrales, cierres de restauración y ocio, toques de queda, cuarentenas y confinamientos en muchos países europeos. Pero continúa habiendo fiestas clandestinas y actos multitudinarios por todo el mundo. Se multa a quienes incumplen las medidas y se viven disturbios en las calles. Se mantiene la discusión entre salvaguardar la salud o la economía, y hay bastantes personas que defienden que hay que convivir con el virus. Seguimos oyendo las burlas de los negacionistas y las teorías de aquellos que creen que todo es una conspiración.

Cartel con protocolo de protección.

Quedó demostrado que al terminar el confinamiento y llegar el verano, el virus no se fue, por más que muchos trataran de fingir que había desaparecido. Y, aún hay gente que cree que el coronovirus se marchará mágicamente con el 2020,  y el 1 de enero de 2021 esta pesadilla habrá terminado. Ojalá. Pero no será así.

Nos queda confiar en los médicos y en los científicos que están desarrollando las candidatas a vacunas. Se está dedicando mucho esfuerzo y dinero en todo el mundo para investigar la enfermedad y hallar la cura. En pocos días hemos sabido de dos vacunas altamente efectivas que podrían estar aprobadas antes de final de año y esta noticia ha esperanzado a todo el planeta. Mientras estas llegan,  debemos seguir las recomendaciones y ayudar dentro de nuestras posibilidades. Y recordar que los seres humanos hemos conseguido sobrevivir a situaciones peores que esta, así que todo saldrá bien.

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