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sábado, 27 de septiembre de 2025

Diario de viaje: Florencia y Pisa IX. A la sombra de la torre.

El Campo de los Milagros.

Detalle de la fachada
del duomo de Pisa
con la famosa torre detrás.
Imagen: archivo propio.

Como comenté anteriormente, en el Campo de los Milagros encontramos el Duomo de Pisa, su campanario (la torre), el Baptisterio y el Camposanto. 

El altar del Duomo está presidido por un impresionante pantocrátor, que con su mirada solemne y seria bendice a los visitantes. En el centro de la nave está la llamada “lámpara de Galileo” que, aunque no es la verdadera, muestra al curioso un reflejo de la que Galileo observó balancearse durante una misa y que le inspiró la teoría del péndulo. 

El Baptisterio es el más grande de la cristiandad y allí, hasta hace relativamente poco, se bautizaban los nacidos en Pisa. 

Vista del exterior del baptisterio.
Imagen: archivo propio.
Tiene una gran pila bautismal con una estatua en el centro y un segundo piso alto y casi vertiginoso.

Interior del baptisterio desde el segundo piso.
Imagen: archivo propio.

El Camposanto es un atrio con una extensa columnata, cuyo suelo está completamente cubierto de lápidas que datan de la Edad Media y alcanzan el siglo XXI. Está construido sobre una capa de arena traída directamente de Tierra Santa.

Durante la II Guerra Mundial una bomba cayó sobre el techado de plomo e hizo que éste se derritiera destrozando los murales que decoraban las paredes. Por suerte quedaron restos de esas impresionantes pinturas que siguen en proceso de recuperación y restauración.

Vista del Camposanto.
Imagen: archivo propio.

A la torre se puede subir, previa cita, ya que el número de visitantes está muy restringido y las normas de seguridad y las advertencias forman una larga lista que disuade a la mayoría. También nos disuadió a nosotros. Pero el verdadero motivo por el que no quise subir, era por lo angosto de sus escaleras, lo estrecho de sus balconadas y la inclinación.

Interior del Duomo de Pisa con el pantocrátor.
Imagen: archivo propio.

Comimos pizza y bocadillos bajo la sombra protectora de la hermosa torre. Había carteles indicando que se prohibía jugar al fútbol o a cualquier otro deporte en el césped del Campo de los Milagros, y yo me pregunté qué alma insensible podía ponerse a dar patadas a una pelota en tan extraordinario lugar.

Los visitantes podían ser más de un millar. Las japonesas se protegían del sol con sombrillas. En todas partes podía observarse a gente en las más variadas posturas intentado fingir que sostenían la torre para hacerse una de esas tontas fotografías que tanto gustan a los turistas. Al principio los miré con fastidio, pero el transcurrir de las horas me hizo preguntarme si me arrepentiría de no tener la típica foto con la torre de Pisa, y probé a hacerme alguna que salió bastante mal.

Antonio se despidió de nosotras porque su vuelo salía antes que el nuestro. Lo observé marcharse sin mirar atrás y me sorprendió cómo podía alejarse de aquel maravilloso complejo artístico sin echar una última mirada.

Vista del Duomo con el Baptisterio.
Imagen: archivo propio.

Eva y yo aprovechamos para dar otra vuelta más por los monumentos, y luego curioseamos en las docenas de puestecillos que había a lo largo de la carretera, con miles de torres de diferentes tamaños, con llaveros, postales, camisetas y toda clase de objetos de recuerdo.

Salimos por las murallas, justo en el extremo opuesto del complejo para seguir la hilera de tenderetes que llegaban hasta donde se perdía la vista. Hicimos unas pocas compras y volvimos al Campo de los Milagros.

Vista del recinto desde una de sus puertas.
Imagen: archivo propio.

Se acercaba la hora de marcharnos, pero nos resistíamos a abandonar nuestra torre favorita. Después de pensarlo mucho y lanzarle varias miradas de despedida, nos marchamos volviendo la vista atrás.

Vista de la torre de Pisa.
Imagen: archivo propio.

Un vuelo romántico.

Regresamos sobre nuestros pasos y al llegar a la estación de tren descubrimos un gran cartel que anunciaba la exposición de obras de Picasso.

Tomamos el tren y apenas dos paradas después nos encontrábamos en el pequeño aeropuerto de Pisa. La mayoría de nuestros compañeros de viaje eran españoles que regresaban a casa cargados de maletas más grandes de lo reglamentario y recuerdos de Italia.

Minutos antes de despegar, una pareja de novios subió al avión. Ella venía con su traje nupcial blanco y bello, sonría alegremente y se ruborizaba ante la mirada de los pasajeros. Al verlos entrar, todos comenzamos a aplaudir, como en el final feliz de una comedia romántica. Pero, como siempre, me tocaba hacer de extra…

Desde las alturas intentamos ver el Campo de los Milagros, pero ya era de noche y las luces de la ciudad nos despistaron. Aún así, tengo el recuerdo de atisbar ligeramente y por un instante, la figura de la torre de Pisa iluminada en mitad de un campo abierto.

El camino desde la pista de aterrizaje hasta la salida del aeropuerto en España se nos hizo increíblemente largo, eterno. Estábamos solas en mitad de aquellos grandes pasillos. 

Siempre he dicho que mi comida favorita es la italiana, pero cuando llegué a casa devoré una tortilla de patatas tan ávidamente que yo misma me sorprendí.


Lee Diario de viaje: Florencia y Pisa desde el principio aquí.

viernes, 29 de agosto de 2025

Diario de viaje: Florencia y Pisa VIII. Pisa bajo la luz del sol.

En el año 2011 visité por primera vez Italia. Escribí mis impresiones de aquel viaje en un pequeño diario. En 2018 decidí compartirlo en el blog por capítulos que iba insertando entre entradas de otros temas, como ya había hecho antes con un diario de viaje a Portugal

Esos días que pasé en Italia se ven reflejados en el Diario de viaje: Florencia y Pisa que aparecen en el blog entre 2018 y 2019. Pero, lo interrumpí sin contar la parte referente a Pisa. Lo hago ahora. Serán solo dos capítulos que completan aquel diario que mencionaba arriba y que contienen recuerdos y fotografías que espero que os gusten.

La sorprendente Pisa.

Al bajar del tren miramos el mapa comprobando que el Campo de los Milagros, el recinto donde se encuentra la torre inclinada más famosa del mundo, no se hallaba a mucha distancia de la estación y que podíamos llegar dando un paseo y aprovechando para conocer algo de la pequeña ciudad.

Torre de Pisa.
Imagen: archivo propio.

A nuestro paso volvió a cruzarse el río Arno y en una de sus orillas nos tropezamos con la iglesia de la Santa Espina, pequeñita y preciosa, con rosetones sobre sus puertas gemelas.

Cruzamos el puente y nos dirigimos por la Vía Spoletto hacia nuestro destino, mientras observábamos capiteles romanos por aquí, iglesias renacentistas por allá, soportales, arquerías y antiguos comercios por todas partes.

Iglesia de la Santa Espina.
Imagen: archivo propio.

Nos pareció de visita obligada la famosa plaza de los Caballeros, con su magnífico palacio y aquellas escaleras que tantas veces había visto fotografiadas en mis libros de arte. La plaza estaba bastante concurrida y unas obras mantenían una parte oculta tras los andamios, por suerte la zona realmente importante se mostraba en todo su esplendor. Turistas, ciudadanos, coches y bicicletas convivían en tan escaso espacio y de nuevo nos vimos obligados a cruzar “a la italiana”.

Plaza de los Caballeros.
Imagen: archivo propio.

Los aseos de Pisa resultaron ser todos de pago, pero por lo menos estaban medianamente limpios y, aunque eran antiguos, no tropezamos con ningún váter-bidé.

Una visión maravillosa.

Gracias al mapa sabíamos que el Campo de los Milagros no podía estar muy lejos, aunque no lográbamos ver la torre por ninguna parte. Se supone que una torre tan alta debería divisarse en la distancia, con su deslucido color gris, como la representaban las figuritas que vendían a módico precio en Florencia. Muchas pobres y deslucidas reproducciones de la torre de Pisa que habíamos visto en todos los mercados de Florencia y que se me antojaba como cualquier torre del mundo, solo que era famosa por estar inclinada. El verdadero motivo por el que habíamos llegado a Pisa era porque el vuelo salía más barato que yendo directamente a Florencia y ya que estábamos allí, visitar el Campo de los Milagros. La joya del viaje era Florencia y su duomo, su cúpula menos esbelta de lo que habíamos imaginado.

Al doblar una esquina nos la encontramos. De repente. Surgida de la nada, ligeramente inclinada y con el mármol más blanco y más brillante que había visto, tuve ante mí la famosa torre de Pisa. El aire se detuvo en mis pulmones, los ojos se me llenaron de lágrimas y reí de felicidad. En aquel momento pensé que aquello era lo más hermoso que había visto en mi vida, pensé que podía sufrir el síndrome de Florencia ante la torre de Pisa, pensé que valía la pena cualquier viaje, todo el cansancio, por estar ante la verdadera joya de mi viaje. 

Eva y yo nos miramos y reímos. Fue un momento emocionante. Después de tantas cosas hermosas que había visto, después de considerar el David lo más bonito de Florencia, me llevaba una maravillosa sorpresa en el Campo de los Milagros. Quizá precisamente porque no esperaba demasiado, me rendí ante la torre y desterré para siempre la estúpida idea de que su fama se debía a su inclinación.

Vista del Duomo y la torre de Pisa.
Imagen: archivo propio.

El Campo de los Milagros es un complejo donde se encuentra el Duomo de Pisa con su campanario separado de ella, es decir, la famosa torre, el baptisterio y el camposanto. El césped lo cubría todo y los caminitos te llevaban directamente a la entrada de los monumentos. Conforme me iba acercando a la torre fui comprobando que su inclinación dependía de la perspectiva desde la que se observara, incluso se llegaba a un punto en el que parecía completamente recta. Cuando me encontré cerca de la base, descubrí un foso donde se intentaba disimular su verdadera inclinación, un sorprendente ángulo que no había apreciado desde la entrada. La miré desde abajo y me temí que pudiera desplomarse dentro de unos años si el sistema de contención no funcionaba correctamente. 

Desde aquella torre Galileo había lanzado un objeto para demostrar la velocidad que alcanzaba al caer… sí, sí, ese famoso problema de matemáticas que odiábamos tanto.

La inclinación de la torre de Pisa es de 3.97 grados,
pero su percepción depende desde donde se la observe.
Imagen: archivo propio.

Lee Diario de viaje: Florencia y Pisa desde el principio aquí. 

Otros lugares de Italia de los que hemos hablado: el aniversario de la fundación de Venecia y también mis impresiones personales sobre Venecia. Hablamos además aquí del cumpleaños de Roma. En esta otra entrada nos centramos en algunas torres inclinadas famosas.

miércoles, 29 de junio de 2022

Antonio de Nebrija. V centenario.

Todos conocemos a Antonio de Nebrija por ser el autor de la Gramática castellana, y dicen en su tierra, tan orgullosos como él, que fue un andaluz el que creó la primera gramática del idioma que hablan casi 600 millones de personas.

Antonio Martínez de Cala y Xarana nació en 1444 en Lebrija (Sevilla) y tomó su apellido de la denominación antigua de su ciudad, Nebrissa. Llegó a ser gramático, lingüista, docente, traductor, catedrático, escritor, cronista real, pedagogo, cosmólogo, impresor y editor. Escribió más de 80 libros.

Foto: en Flickr de José Javier Martín Espartosa
Escultura de Antonio de Nebrija
en la Biblioteca Nacional de España (Madrid).
Foto: en Flickr de José Javier Martín Espartosa

Fue el primero en muchas cosas: el primer humanista hispánico, el creador de la primera gramática de una lengua europea moderna, el primero en poner por escrito las reglas ortográficas, el introductor de la imprenta en Salamanca, el primero en editar un libro en esta universidad y el primero en reclamar derechos de autor en el mundo occidental.

Sentía pasión por averiguar cómo era todo y por inculcar esa ilusión por el saber en los alumnos. Pensaba que la lengua era la casa de todos, el vehículo con el que aprender. Se dio cuenta de que había que mejorar la enseñanza del latín y sus manuales fueron innovadores. Fue consciente del paso decisivo que suponía crear una gramática castellana que otros idiomas imitarían. Vio que el castellano requería que se editara sus reglas ortográficas. Descubrió la necesidad de poner por escrito lenguas precolombinas para que no se perdieran y participó en la traducción de la Biblia enfrentándose a la Inquisición.

diariodesevilla.es
Moneda conmemorativa.
Foto: diariodesevilla.es
Nebrija estudió bachillerato en Salamanca y más tarde se trasladó a Bolonia donde aprendió latín, griego, hebreo, arte, ciencias, teología, derecho, medicina y astronomía convirtiéndose ya en 1470 en el introductor del humanismo renacentista en la Península Ibérica. Tras su regreso a España en 1475 ocupó varias cátedras en las universidades de Salamanca y Alcalá.

Su primera obra impresa fue Introductiones Latinae editada en 1481 en la calle Libreros de Salamanca, fruto de sus estudios para mejorar la enseñanza del latín. Este libro tuvo innumerables reediciones a lo largo de los siglos, convirtiéndose en la obra con la que más reconocimiento consiguió en vida y que revolucionó la forma de estudiar latín en toda Europa hasta el siglo XX.

En 1492, tan solo 15 días antes de que Colón partiera hacia su histórico viaje, Nebrija entregó a la imprenta de Salamanca su gramática. Así nació la Gramática sobre la lengua castellana, la primera de una lengua romance, que se adelantó en varias décadas a las gramáticas italiana, francesa y portuguesa. La que hoy se considera su obra cumbre, no gozó del éxito que merecía hasta que fue reivindicada en el siglo XVIII.

Foto: Wikipedia. Dominio Público.
Primera página de la Gramática castellana.
Foto: Wikipedia. Dominio Público.

Mucho mejor acogida tuvo, aquel mismo año su Diccionario latín-español que se vería completado en 1495 con su Vocabulario español-latín.

Nebrija participó en la traducción de la Biblia Políglota Complutense pero su idea de que se debía corregir las “manchas y borrones” de copistas anteriores, fue lo que le puso en el punto de mira de la Inquisición que le abrió un proceso en 1506 y del que se libró gracias a la intervención del cardenal Cisneros que lo tenía en alta estima.

Foto: Wikipedia. Dominio Público.
Reglas de la Orthographia
en la lengua castellana.
Foto: Wikipedia.
Dominio Público.

En 1517 publicó las Reglas de Ortografía en la lengua castellana. Y continuó el resto de su vida estudiando, investigando y publicando. La muerte lo sorprendió aún en activo el 2 de julio de 1522.

El V Centenario del Fallecimiento de Antonio de Nebrija fue declarado en 2020 acontecimiento de excepcional interés público y se comenzaron los preparativos para rendirle homenaje durante 2022. Este año se están celebrando ya centenares de actividades en España y otros países: exposiciones, conferencias, publicaciones, concursos, recitales, cine, teatro, cómic, música y se ha emitido una moneda conmemorativa en plata con valor facial de 10 euros.

Foto: casadellibro.com
Nebrija.
Cómic de Agustín Comotto.
Foto: casadellibro.com

miércoles, 14 de julio de 2021

La catedral de Burgos. VIII centenario.

Contemplar el exterior de la catedral de Burgos, adentrarse en ella, pasear por sus naves, descubrir la capilla del Condestable, la Escalera Dorada, las vidrieras de irrepetibles colores, las asombrosas bóvedas estrelladas, los luminosos claustros y los restos románicos del sótano es llenarse de admiración. Eso fue lo que me ocurrió cuando la visité en 2016. La catedral de Burgos me parece la más hermosa del mundo.

Vista de la catedral de Burgos desde el puente de San Pablo.

Peregrino.
Sus características agujas del siglo XV, obra de Juan de Colonia, se distinguen desde diversos lugares de la ciudad. Pero para ver la catedral de cerca lo más recomendable es la plaza del Rey Fernando donde también encontrarás un banco con la escultura de un peregrino que nos recuerda que Burgos siempre fue parte importante del Camino de Santiago. La imagen icónica es la portada de Santa María que se encuentra en la plaza del mismo nombre. Quizá allí alguien te cuente las leyendas que rodean la historia de este precioso monumento.

Vista de la catedral desde la plaza del Rey Fernando.


Burgos ya está celebrando el VIII centenario de su catedral declarada Monumento Nacional en 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, la única en España en serlo por sí sola, sin que se incluya en un conjunto arquitectónico. Además de ser la cumbre del gótico del país y modelo de otras catedrales, es basílica, parte del Camino de Santiago y del Camino del Cid y uno de los edificios emblemáticos de Europa. En ella han trabajado grandes artistas como Juan, Simón y Francisco de Colonia o  Gil y Diego de Siloé y en ella se han inspirado Pérez Galdós, Víctor Hugo, Alejandro Dumas y Bécquer, entre otros escritores.

Interior del claustro.

Burgos tenía ya en el siglo XI un templo románico construido en la loma de una colina, entre el cerro del castillo y el río. Pero la importancia de la ciudad hizo que se decidiera construir una nueva catedral sobre él, en un estilo jamás visto en España pero con el que se estaba edificando en Francia: el gótico.

El día 20 de julio de 1221, con el beneplácito del rey Fernando III, el obispo don Mauricio coloca la primera piedra de la nueva catedral de Burgos.

Catedral de Burgos desde la plaza de Santa María.

Los maestros franceses que iniciaron la obra fueron bastante rápidos. En 1230 tiene lugar la primera consagración de la parte construida y se comienza a demoler la edificación románica. Para 1260 ya se consagra todo el templo bajo la advocación de Santa María la Mayor. Durante los siglos siguientes se amplia el edificio original y sigue construyéndose capillas hasta el siglo XVIII. Aún hoy se han proyectado unas nuevas puertas en estilo contemporáneo de Antonio López que han resultado muy polémicas.

La parte más llamativa del interior del templo es el cimborrio. El original se derrumbó una madrugada de 1539 azotado por fuertes vientos. El que podemos contemplar es fruto de la maestría de Francisco de Colonia y Juan de Vallejo que lo construyeron entre los años 1540 y 1568 y es donde encontramos esas bóvedas caladas tan impresionantes, consideradas las más bellas de todo el Renacimiento español. Felipe II dijo de ellas que “más parece obra de ángeles que de hombres”.

Bóveda estrellada y calada.

Lápida.
A los pies del cimborrio está la lápida de jaspe rojizo con una inscripción en letras doradas fruto de Menéndez Pidal bajo la que descansan parte de los restos de Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador, y de su esposa doña Jimena que fueron trasladados allí con gran ceremonia el 21 de julio de 1921. Se cumplen 100 años de aquel acto solemne.

Cerca del cimborrio se encuentra el coro de madera de nogal tallado en estilo renacentista y que contiene el sepulcro del obispo don Mauricio.

La más importante de las diecinueve capillas con que cuenta la basílica es la de la Purificación o de los Condestables construida por Simón de Colonia a finales del siglo XV en estilo gótico flamígero y considerada una de las obras cumbres de su siglo en toda Europa. Lo que más asombra a cuantos entran en la capilla es su maravillosa bóveda estrellada, calada y acristalada.

Capilla de los Condestables.

Las primeras vidrieras que se vieron en la Península Ibérica fueron las de Burgos, primero en el monasterio de Las Huelgas y después en la catedral que posee uno de los conjuntos vidrieros más importantes del país. La realizan los maestros franceses en el siglo XIII que, además, convierten a Burgos en uno de los más importantes centros de fabricación de vidrieras de la Edad Media. Desgraciadamente, la voladura del castillo de Burgos por las tropas napoleónicas en 1813, hace que la catedral pierda gran parte de las vidrieras, aunque aún se conservan las originales de la fachada del Sarmental con su impresionante rosetón y dos óculos en la puerta de Santa María.

Rosetón original del siglo XIII de la fachada del Sarmental.

Otros de los hitos de la catedral de Burgos es la Escalera Dorada. En la Edad Media el desnivel de ocho metros entre la calle y el suelo de la catedral fue solventado por una escalera románica que era muy transitada por los burgaleses que atajaban por allí para ir desde el barrio alto al mercado menor y por los peregrinos del Camino de Santiago. Esta primitiva escalera quedó muy deteriorada y el obispo encarga la construcción de una nueva a Diego de Siloé. Influenciado por sus estudios en Italia, el artista idea una escalera de 39 escalones que comienza en un tramo recto, se bifurca en dos brazos y tiene dos rellanos que pueden ser utilizados de púlpito. La entrada de la escalera está protegida por dos dragones de piedra y toda ella rematada con una barandilla de metal sobredorado. Así se construye entre los años 1519 y 1523 una escalera imperial única en España, obra maestra del Renacimiento e inspiración directa de Garnierd para su famosa escalera de la Ópera de París en el siglo XIX.

La Escalera Dorada lleva mucho tiempo cerrada 
y solo puede contemplarse como obra de arte.

En la catedral se rinde culto al Santísimo Cristo de Burgos, una imagen muy venerada en diferentes regiones de España y Latinoamérica. Es una talla de madera policromada que muestra a un crucificado con brazos y piernas articulados y pelo natural del siglo XIV, aunque las leyendas le otorgan mayor antigüedad.

El Papamoscas debe
su nombre a un pájaro.
Y para terminar este homenaje a mi catedral favorita, tengo que hablar de una atracción turística que deja a los visitantes con la boca abierta, como su protagonista, el autómata de 1519 fruto, probablemente, de algún taller relojero veneciano. Me refiero al famoso Papamoscas y a su ayudante el Martinillo. Unos minutos antes de que den las horas, ya hay una multitud a los pies del templo, esperando que el Papamoscas abra y cierre la boca con cada campanada. El personaje, de aspecto tan grotesco que algún obispo ha querido retirar, ha llamado siempre la atención hasta el punto de inspirar canciones populares y ser mencionado en obras de importantes escritores.

Claustro.
© MJ Fotografías y texto.

Si quieres saber más cosas lee: "Historias y leyendas de la catedral de Burgos".

martes, 29 de diciembre de 2020

Aniversarios artísticos

Si hace pocas semanas contábamos aquí algunas de las efemérides literarias más importantes del año 2020, ahora llega el turno de hablar de otros creadores que también están de aniversario.

V centenario de la muerte de Rafael:

Raffaello Sanzio da Urbino es, junto a Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti el pintor más importante del Renacimiento. Rafael nació y murió en viernes santo, unas fiebres se lo llevaron el 6 de abril de 1520, justo el día en que cumplía 37 años. Fue enterrado en el panteón de Agripa en Roma por petición propia. Quinientos años después el mundo preparaba exposiciones conmemorativas que se vieron anuladas o alteradas por la pandemia que sufrimos en el 2020.

Pudieron rendirle homenaje en Alemania con la exposición Rafael en Berlín: las madonas de la Gemädegalerie, inaugurada en diciembre de 2019.

En febrero de 2020 fue la Capilla Sixtina la que protagonizó un hecho histórico al ser trasladados allí los 10 tapices de la vida de los apóstoles diseñados por Rafael en 1515 y que, originariamente, estaban destinados a decorar todo el perímetro de la sala, junto a los frescos de Botticelli y la impresionante bóveda con las pinturas de Miguel Ángel, aunque éste último siempre se negó a compartir espacio con el genio de Urbino. Tras la muerte de León X, al año siguiente, algunos tapices fueron empeñados y otros robados por las tropas de Carlos V y, siglos después, por Napoleón. No fue hasta el siglo XIX cuando pudieron ser recuperados, pero no volvieron a la Capilla Sixtina. En esta ocasión lo hicieron durante solo una semana, en honor a Rafael.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/tapices-rafael-volvieron-a-capilla-sixtina-500-anos-despues_15340
La Capilla Sixtina con los tapices de Rafael.
Foto de Fernanda Chandler. Publicada en nationalgeographic.com

Otra de las grandes exposiciones que llevaba años preparándose fue la del museo Scudirie del Quirinale en Roma proyectada para marzo de 2020 y en la que se reunían más de 120 pinturas y dibujos de Rafael, así como códices y objetos antiguos que sumaban un total de 204 piezas, la mayoría prestadas por las más importantes  colecciones del mundo. Pero tuvo que cerrar sus puertas debido a la alarmante situación sanitaria. Con gran esfuerzo y con todas las medidas de seguridad necesarias, la muestra Rafaello abrió de nuevo y pudo ser disfrutada por los visitantes desde junio a agosto.

Quien también pudo rendirle su particular homenaje fue el Palacio Real de Madrid con la exposición temporal Tapices para Felipe II donde se exhibieron los 9 paños diseñados por Rafael y que muestran las vidas de San Pedro y San Pablo.

Además, la Galería Nacional de Arte de Washington D.C. consiguió abrir su exposición dedicada a Rafael del 13 de octubre al 15 de noviembre y que, en el momento de escribir estas líneas, puede verse en su web oficial.

VI centenario de la construcción de la cúpula del duomo de Florencia.

Florencia es una de las ciudades más hermosas del mundo y la cúpula de Santa María de Fiore es su símbolo. La catedral comenzó a  construirse en 1296 y su cúpula el 7 de agosto de 1420. En la actualidad, 600 años después, su belleza y misterio continúa asombrado a los visitantes.

Vistas de Florencia.

La catedral de Florencia terminaba en un balcón, dejando al aire libre el espacio sobre el altar mayor. Los años transcurrían y nadie parecía ser capaz de erigir una cúpula que debía arrancar a 55 metros de altura y cubrir casi 50 metros de ancho.

En 1418 las autoridades decidieron convocar un concurso para el que parecía un proyecto irrealizable. Rápidamente aquello se convirtió en un desafío de ingenio y orgullo entre los mejores arquitectos. Entonces llegó Filippo Brunelleschi, un orfebre con bastante mal carácter, que guardaba sus planos en el más estricto secreto. Cuentan que se presentó ante todos retándolos a poner en pie un huevo. Nadie lo consiguió. Brunelleschi, simplemente lo cascó un poco y lo puso sobre la mesa. Esta historia, también atribuida a Colón, puso en jaque a los presentes y le granjeó no pocas antipatías. Lo cierto es que Brunelleschi, entre disputas y discusiones que le costaron ser expulsado de las asambleas en varias ocasiones, consiguió demostrar su valía ofreciéndose a edificar dos cúpulas, una dentro de la otra, sin necesidad de complicados andamios. Ganó el concurso y en 1420 comenzó a construir la cúpula que se convertiría en un hito del Renacimiento y después quemó los planos.

Interior de la cúpula del duomo de Florencia.


Vista de la cúpula.
Sin embargo, lograr su proyecto no fue tarea fácil, tenía bajo su dirección a un gran número de artesanos, era riguroso, pero se preocupaba por la seguridad de sus trabajadores y les daba instrucciones muy precisas. Lo que peor llevaba era trabajar con su eterno rival, Lorenzo Ghiberti, con quien se había disputado (y perdido) el proyecto de la puertas de bronce del Baptisterio de Florencia (las puertas del Paraíso). Las intrigas, los secretos, las conspiraciones estaban servidas y con ellas el misterio que convirtió su construcción en leyenda.

Durante muchos años los florentinos la utilizarían en su lenguaje popular para referirse a la fecha de cumplimiento de algo como “antes de que el Cupolone esté terminado”.

Año Van Eyck:

Flandes está de enhorabuena desde que decidió homenajear a los tres maestros más importantes del arte flamenco dedicando un año a cada uno desde 2018 al 2020: Rubens, Bruegel el Viejo y Van Eyck. El 2020 iba a ser el gran Año Van Eyck, pero debido a los acontecimientos que han obligado a cancelar multitud de eventos ha tenido que ser prorrogado hasta 2021.

Catedral de
Saint-Bavon (Gante)
Gante y Brujas preparaban numerosas exposiciones y actos festivos, que se han visto modificados. Pero, por fin, ha regresado el panel central inferior, conocido como el Cordero Místico, a la catedral de San Bavon (Gante) después de años de restauración.

El políptico de la Adoración del Cordero Místico (1432) se considera la última obra de la Edad Media y la primera del Renacimiento. Consta de 12 paneles de madera con 20 escenas. Su creación y todo lo que le rodea le ha dado un halo de misterio que se acrecienta al saberlo la obra más robada de la historia, en trece ocasiones. Ha pasado por muchas manos, ha sido despedazado y falsificado varias veces. Dos de los personajes más famosos que ambicionaban poseer la tabla del Cordero Místico fueron Napoleón que se lo llevó al Museo del Louvre y Hitler que lo creía un mapa lleno de acertijos para encontrar los Arma Christi o instrumentos de la Pasión de Cristo.

Cartel de la restauración de la Adoración del Cordero Místico.

250 aniversario del nacimiento de Beethoven:

Otras ciudades que llevaban años preparando festejos para el 2020 eran Viena  y Bonn que deseaban conmemorar el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven. El compositor nació en Bonn (1770) pero residió en Viena buena parte de su vida.

Bonn había planeado un circuito Beethoven arrancando de su casa natal y paseando por los lugares más emblemáticos.  Lo mismo había ideado Viena, una visita guiada por las casas en las que había residido desde que se instalara en la capital de la música con 22 años. El año Beethoven había arrancado el 16 de diciembre de 2019 y debía continuar todo el 2020 con más de 800 eventos entre conciertos, exposiciones, teatro y congresos. Pero la pandemia obligó a cerrar los auditorios y suspender centenares de actividades. Algunos homenajes han podido celebrarse, pero otros han tenido que trasladarse a las redes y convertirse en eventos digitales.

Centenario del nacimiento de Federico Fellini:

Y no queremos cerrar este capítulo sin mencionar a otro de los homenajeados en este fatídico 2020. Este era también el año Fellini e Italia iba a volcarse con el llamado Fellini100 antes de que la pandemia se cebara con el país.

El genio italiano cambió la forma de hacer cine, dejó varias películas emblemáticas del séptimo arte, ganó cinco Oscar e incorporó su nombre al diccionario de la lengua italiana donde se reconoce la palabra felliniano.

Con La Strada (1954) consiguió su primer Oscar con tan solo 34 años, pero su obra más recordada es La dolce vita (1960) que marcó una era y retrató a Roma como nunca antes nadie lo había hecho. Aquella película nos regaló la icónica imagen de Annita Ekberg bañándose en la Fontana di Trevi ante la mirada de Marcello Mastroianni, una de las escenas más famosas de la historia del cine.

 

Fotograma de La dolce vita.
Wikipedia.

Lee también los Aniversarios literarios

sábado, 28 de septiembre de 2019

Diario de viaje: Florencia y Pisa VII. Recorrido nocturno y reflexiones sobre el arte.


Lee también Diario de Viaje: Florencia y Pisa. Parte I (una marquesa imaginaria con miedo a volar), parte II (el Duomo sin Síndrome de Florencia), parte III (David, la Galería de los Ufizzi, la Capilla Medicia), parte IV (el David original, una torre robada y el atardecer en el Puente Vecchio), parte V (otro David, la leyenda del patrón y visitando a los genios en Santa Croce) y parte VI (interior del Duomo, el Palacio Vecchio y ¿cómo he llegado a un pleno del Ayuntamiento?)

Los glamurosos.

Esa noche nos entretuvimos más de lo previsto en las tiendas de souvenirs, buscando alguna figurita del duomo que unir a nuestra colección de postales y calendarios que habíamos comprado en las tiendas de los museos y en los numerosos mercadillos que nos tropezábamos en nuestro recorrido hacia los monumentos.  Los mismos músicos de la tarde anterior ambientaban la Plaza de la República con las mismas canciones que habíamos oído.

El Duomo destaca inconfundible en la silueta de Florencia.
De camino hacia el puente Vecchio nos encontramos “cruzando a la italiana” ante Mercedes, Audi y otros lujosos vehículos por el estilo, contemplando las ropas exclusivas de los ocupantes y criticando los altos tacones de las distinguidas damas que paseaban su aristocracia por el difícil empedrado del centro histórico de Florencia.

Palacio Vecchio con la estatua de Perseo. Centro histórico de Florencia.

Llegamos algo tarde a nuestra cita con el Puente Vecchio al atardecer, ya era casi de noche cuando nos sentamos en la acera y escuchamos al músico español con sus mismas canciones.

La oscuridad tras el puente.

Decidimos pasar al otro lado del puente para contemplar los exteriores del Palacio Pitti. El camino fue largo, solitario y oscuro. La mala iluminación, la suciedad de las calles, los comercios cerrados y la soledad que reinaba a las ocho de la noche eran suficientes para entristecerme y hacerme sentir insegura.

El palacio Pitti es una monumental “mole” de piedra tallada en gruesos y toscos sillares. No dudo que el interior sea precioso, pero el exterior no me gustó nada, o quizá fue mi ánimo predispuesto por la oscuridad reinante en tan vasto espacio, el que me causó mala impresión.

Palacio Pitti.


Casa de Dante.
Después volvimos a cruzar el puente Vecchio, ahora desierto, para adentrarnos entre las calles hasta descubrir la casa de Dante. Un pozo, una placa y una torre, señalaban el lugar donde había vivido tan ilustre personaje.

Para compensar el cansancio acumulado acudimos de nuevo a cenar al “Totó” y después fuimos a la heladería “Crom”, un establecimiento donde una nutrida cola esperaba su turno para degustar el verdadero gelato italiano.

Vista nocturna del campanile.
Tras eso nos sentamos en uno de los bancos que acompañan al duomo, observando el campanile a modo de despedida. Mirando la hermosa plaza comencé a preguntarme si con el paso del tiempo, cuando otra civilización no judeocristiana tuviera la primacía en el mundo, aquello se conservaría. Cuando las iglesias ya no significaran nada, los campaniles fueran simples torres que apuntan al cielo y las madonas unas desconocidas, cuando nadie apreciara  la elegancia y magnificencia del David de Miguel Ángel o la maestría de Botticelli, entonces ¿lo conservarían o  lo dejarían perecer bajo el peso de los siglos? Dije en voz alta que me temía que todo aquello se perdería, pero Eva y Antonio no estuvieron de acuerdo conmigo, ellos estaban convencidos de que todo seguiría allí y continuaría siendo apreciado por cuantos vinieran tras nosotros, aunque no tuvieran nuestra misma tradición cultural.

Copia del David de Miguel Ángel.
Mientras nosotros nos despedíamos de la plaza del duomo unas turistas americanas llegaban, almohada en mano, tirando de sus pesadas maletas. Fue un espectáculo extraño verlas caminar por Florencia con unas almohadas más grandes que los bultos que acarreaban, convencidas, por alguna razón, de que sería un objeto imprescindible en su viaje.

Ciento ocho.
De camino al hotel nos encontramos un grupo de barrenderos dispuestos a adecentar las calles. Fue la primera y única ocasión en que los vimos.

Cuando llegamos al hotel nos encontramos con el desagradable recepcionista de la primera noche. No parecía dispuesto a hacernos ningún caso, pero Antonio se acercó hasta él y le pidió las llaves de nuestras habitaciones.

-Non capisco- dijo con tono antipático.

- La habitación ciento ocho.

-Non capisco.

-Ciento ocho- repetimos más despacio marcando cada sílaba.

-In english or italian.

-Chiento oto…

- No…

- One hundred and eight.

-¡Oh! Centotto…

¡Oh! ¡Qué sorpresa! ¡Qué gran diferencia! Lo miré enfadada y cogí la llave sintiendo que se había burlado de nosotras. Al llegar a la habitación las migas de pan continuaban en el suelo y las “toallas” seguían siendo las mismas.

Santa María Novella.

Cerca del hotel y de la estación de tren estaba la iglesia de Santa María Novella. Desde el primer momento en que supe de su existencia me agradó su nombre, me hacía sonreír pensando que podría ser la patrona de las novelas, pero evidentemente, “novella”, en italiano significa “nueva”.

La plaza estaba relativamente despejada, exceptuando un autocar de turistas madrugadores que se fotografiaban con los obeliscos que adornaban el lugar. Eva se fijo que cada obelisco estaba sostenido sobre cuatro tortugas de hierro que soportaban el peso estoicamente. Sin duda, aquello debía tener un significado, pero lo desconocíamos.

Tuvimos que acceder a la iglesia por una pasarela de madera sobre las baldosas del patio y nos cobraron la entrada completa, a precio considerable, a pesar de que las más importantes obras se encontraban en préstamo en aquellos momentos.

Fue la última iglesia de Florencia que visitamos antes de subirnos en el tren que nos llevaría hasta Pisa.

Fachada de Santa María Novella con una de las tortugas en primer término.