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lunes, 23 de enero de 2023

Tienes un e-mail.

Anteriormente hablábamos aquí de El bazar de la sorpresas (1940), una obra maestra de Lubitsch que Nora Ephron se atrevió a versionar casi 60 años después. Hoy nos toca hablar de ello. 

Tienes un e-mail.

El remake de 1998, Tienes un e-mail, es también una película deliciosa. En ella se enfatiza el tono de enemistad de los protagonistas hasta el momento del encuentro en la cafetería, teniendo el acierto de conservar idéntica esta escena, una de las mejores en ambas versiones. También están presentes las referencias literarias, muchas más que en la original, aunque aquí cambian a los autores rusos por Orgullo y prejuicio de Jane Austen (el libro que la protagonista lleva en el café) y continuas referencias a El padrino que hacen los personajes masculinos. 

filmaffinity
Cartel de la banda sonora.
Foto: filmaffinity


El bazar de las sorpresas está considerada una de las obras maestras del cine, mientras que no le sucede lo mismo a Tienes un e-mail. James Stewart es uno de los más grandes actores de todos los tiempos y tiene muy buena química con Margaret Sullavan, eso es irrepetible. Pero Tienes un e-mail está protagonizada por la pareja de ficción favorita de los 90, Tom Hanks y Meg Ryan, siempre con su derroche de romanticismo, naturalidad y simpatía.

filmaffinity
Cartel de Tienes un e-mail
Foto: filmaffinity

En la nueva versión, los protagonistas, Kathleen Kelly y Joe Fox, son libreros rivales. Como homenaje y guiño a El bazar de las sorpresas (The shop around the Corner), conserva el título original como nombre de la librería de literatura infantil propiedad de Kathleen. Su negocio se ve amenazado por la inminente apertura de Libros Fox, un coloso que destruye las librerías tradicionales. En un primer momento, Kathleen piensa que se convertirán en el barrio de las librerías, pero cuando comienza a perder a toda su clientela se lanza a la lucha por salvar la tienda que fundó su madre. Nada le hace sospechar que su enemigo, Joe Fox, es el mismo hombre inteligente y divertido con el que se escribe correos electrónicos desde hace tiempo.

Los aciertos del remake radican en el respeto y cariño hacia la versión original, la elección de la pareja protagonista, la actualización de la trama, la defensa de la literatura y del comercio tradicional, la banda sonora, la incorporación de Nueva York como un personaje y que se conserve el tono de los diálogos. La idea de que cualquier persona que pasa por tu lado puede ser el amor de tu vida lo percibe el espectador al ver que Kathleen y Joe se cruzan continuamente, sin reparar el uno en el otro, en los primeros minutos del metraje. Se mantiene la escena del café, se amplía la secuencia en la que Joe visita a Kathleen cuando está enferma y se modifica un poco el final.

La mayor parte de la trama de El bazar de las sorpresas transcurre en la víspera de Nochebuena (por lo que muchas veces se considera cine navideño), mientras que Tienes un e-mail abarca desde el otoño, con escenas en Acción de Gracias y Navidad, hasta la primavera. Extender en el tiempo la acción y aumentar las conversaciones entre los protagonistas, consigue que se produzca de forma natural ese paso de la antipatía mutua a la amistad. Después de que Joe descubre en el café que Kathleen es su ciber novia, cambia su actitud y le demuestra que él no es el tipo detestable que ella cree.

filmaffinity y fotogramas
Joe y Kathleen se encuentran en la cafetería.
Foto: filmaffinity y fotogramas.

Pero esta nueva versión también tiene sus desaciertos. En mi opinión, uno de ellos es que Joe tenga una tía y un hermano tan pequeños que podrían ser sus hijos, pero que da pie a que entre en la librería de Kathleen y se produzca su primer encuentro. Otro desacierto es que ambos tienen pareja, aunque sus relaciones se basan en la costumbre y la comodidad. Pero lo peor es que hayan eliminado al personaje del señor Matushek.

En los últimos minutos de El bazar de las sorpresas es Klara la que comienza una declaración de amor que continúa Alfred; pero en Tienes un e-mail es Joe el que, compungido y emocionado, pide perdón a Kathleen y le habla de sus sentimientos, mientras ella lo escucha nerviosa y dubitativa momentos antes de la cita con su amor de internet, creyendo todavía que tiene que elegir entre dos hombres.

Esta es la escena donde Joe le declara su amor a Kathleen . Créditos Youtube.




Comparativa de la escena de la cafetería de Tienes un e-mail y El bazar de las sorpresas. Créditos Youtube.



viernes, 23 de diciembre de 2022

El bazar de las sorpresas.

Primero fue la obra de teatro Parfumerie de Miklós Laszlo en 1937, luego la película El bazar de las sorpresas (The Shop around the Corner) dirigida por Ernst Lubitsch en 1940, después la película musical En aquel viejo verano (In the good old summertime, Robert Z. Leonard, 1947), algunos años después el musical She loves me (estrenado en Broadway en 1963) y por último (de momento) el remake Tienes un e-mail (Nora Ephron, 1998). Cuando una fórmula funciona en origen, sigue repitiéndose y adaptándose y esta es una comedia romántica de enredo que funciona a las mil maravillas. Siempre que reponen en televisión El bazar de las sorpresas o Tienes un e-mail, toca tarde-noche de sofá porque nunca me canso de verlas. 

El bazar de las sorpresas (1940)
Foto: dominio público. Wikipedia.


El bazar de las sorpresas

En la tienda de Matushek y Compañía en Budapest venden de todo. Alfred Kralik (James Stewart) es el dependiente más antiguo y está muy bien considerado por el dueño, Hugo Matuschek (Frank Morgan). Alfred es serio y tímido, pero esconde un secreto: tiene una relación epistolar con una joven inteligente y buena de la que se ha enamorado sin conocerla en persona.

Un día entra en la tienda una muchacha a pedir empleo. Es Klara Novak (Margaret Sullavan) que media en una discusión sobre una caja de música para cigarrillos que el señor Matushek quiere vender en su negocio y que Alfred considera un producto sin salida. Klara logra que una señora la compre como bombonera. Esta es la primera de las muchas mentiras que se cuentan en la película pero, gracias a ella, Klara consigue el trabajo. Sin embargo, la relación entre los dos dependientes es de mutua antipatía.

Llega la época navideña. Todos deben quedarse a adornar el escaparate, pero Klara intenta escabullirse para acudir a su primera cita con su querido amigo por correspondencia. Los planes de Alfred cambian cuando el señor Matushek, creyendo que es el amante de su esposa, lo despide. El joven no se atreve a acudir al café donde su querida amiga lo espera con un libro de Anna Karenina y una flor. Siente que ya no tiene nada que ofrecerle. Así que le pide a un amigo que le entregue una nota excusándole. Alfred espera en la acera, su amigo se asoma y le dice que la chica del libro es Klara.

Después de la sorpresa inicial, Alfred decide entrar en el café y hacerse el encontradizo. Klara, que no sospecha nada, se muestra disgustada al verlo. En una memorable secuencia, comienzan enfrentando las obras de Anna Karenina de Tolstói y Crimen y castigo de Dostoievski pasando rápidamente al plano personal, echándose en cara lo mucho que ignoran el uno del otro y reprochándose sus discusiones de los últimos meses. 

Shop-Around-the-Corner dominio publico Metro-Goldwyn-Mayer - National Board of Review Magazine for February 1940, Volume XV, Number 2, page 21
Klara, Alfred y el señor Matushek en la tienda.
Foto: Metro-Goldwyn-Mayer. Wikipedia. Dominio público.

Esa noche, el señor Matushek intenta quitarse la vida, pero Pepi, el chico de los recados, llega a tiempo de impedirlo. Al día siguiente, descubre que es otro de los empleados el amante de su esposa y le pide a Alfred que vuelva a la tienda como gerente y que despida al traidor. Así lo hace y se propone que esa Nochebuena el señor Matushek se lleve la alegría de batir el record de ventas.

Ante el disgusto del plantón de la noche anterior, Klara se pone enferma y no acude al trabajo. Alfred va a visitarla y la muchacha le cuenta su historia de amor por correspondencia. En ese momento su tía le entrega una nueva carta de su querido amigo en la que se muestra celoso porque al acudir a la cita la vio hablando con un hombre. El truco de Alfred para ocultar su identidad surte efecto. Por la tarde ya están todos vendiendo a destajo en una tienda repleta de público.

El señor Matushek se debate entre la alegría por las ventas y la tristeza de encontrarse solo en Nochebuena. En una escena entrañable, va sondeando discretamente a sus empleados para ver si alguno de ellos lo invita, hasta descubrir que su nuevo chico de los recados (ya que ascendió a Pepi a dependiente después de que le salvara la vida) también está solo en una fecha tan señalada. Felizmente, los dos deciden compartir la cena de Nochebuena.

A solas en la tienda, Alfred vuelve a mentirle a Klara contándole que su novio fue a pedirle explicaciones y que le pareció un tipo gordo, feo, antipático, sin educación y muy interesado en su salario. Klara se decepciona. Luego confiesa que cuando conoció a Alfred se enamoró de él, pero que se le pasó cuando vio lo mal que se llevaban. Y entonces, empieza a recitar uno de los pasajes de las cartas y Alfred, decidido, continúa la frase logrando que Klara descubra que es él quien le escribía. La película termina con una simpática escena y la confirmación del amor de la pareja.

Ernst Lubitsch siempre manifestó que El bazar de las sorpresas era su mejor película y a la que más cariño le tenía. En ella, en realidad, homenajea a su padre, dueño de una tienda. Es una comedia de enredo que muestra como a través de las mentiras se puede llegar a la verdad. El toque Lubitsch, la aparente sencillez y sus brillantes diálogos la convierten en una obra maestra. Todos los actores están espléndidos. El peso de la trama recae sobre James Stewart, para quien estaba pensando el personaje, y en Margaret Sullavan que compone a una Klara a veces dulce, a veces desdeñosa y distante, pero siempre con carácter. También cabe destacar la interpretación de Frank Morgan como el señor Matushek, cuyas circunstancias pueden hacer tambalearse el mundo de Alfred.

Se la considera una película navideña ya que parte de la acción transcurre en esas fechas. 

Lee la comparativa con Tienes un e-mail.

Aquí abajo el brillante diálogo de la escena del encuentro de los protagonistas en el café:



miércoles, 24 de enero de 2018

¿Ropa apropiada?


Hay cosas sencillas, del día a día, costumbres que se dan por válidas pero que son un sinsentido. Y es de una de esas cosas, aparentemente sin importancia, de la que quiero hablar hoy.

Estos días pasados en los que ha habido tantas celebraciones, fiestas de Navidad y cotillones de fin de año, se ha repetido la misma historia de forma invariable. Las tiendas se llenaron de ropa elegante, de vestidos de fiesta y de tacones de altura vertiginosa. Las prendas de brillos, terciopelo, colores irisados, pedrería y lentejuelas colgaban de los percheros como reclamo, para hacerte entender, nada sutilmente, que esa es la ropa apropiada para una mujer en esas celebraciones. Claro, es de lo más femenino ir con escote palabra de honor o tirantes, vestiditos minúsculos, minifaldas, medias de seda y tacones imposibles en diciembre o enero, en el hemisferio norte, donde suelen alcanzarse temperaturas bajo cero. Es tan femenino, tan aceptado socialmente y tan generalizado que la mujer siempre tenga que someterse al dictamen de la moda, donde muchos de los diseñadores son hombres, que carece totalmente de importancia poner en riesgo su salud o su integridad física. Aquella frase que nos repetían hasta la saciedad en generaciones pasadas sigue hoy en día de plena actualidad: para estar bella hay que sufrir.


No hay otra clase de ropa para eventos en las tiendas. Cualquier otra prenda que pueda suponer algo de abrigo brilla por su ausencia. Es un mensaje claro y directo: esta es la ropa que debe llevar una mujer femenina, elegante y guapa, de lo contrario irá inapropiada, dando la nota y levantando críticas merecidas. No es una elección, es un dictamen.

Donde mires verás el mismo mensaje: en las retransmisiones de las campanadas de fin de año la presentadora lucirá un vestido de tirantes con escote de vértigo aunque esté en la Puerta del Sol con temperaturas bajo cero, en los programas musicales posteriores que celebran la entrada del nuevo año las cantantes aparecerán ataviadas de igual forma; incluso en las decenas de telefilmes navideños que emiten todas las cadenas por esas fechas, la guapa protagonista va con vestiditos semejantes, y cuando sale a pasear se coloca un fino abrigo de paño (que no la haga parecer gorda) sin abrochar y sin bufanda mientras camina por la nieve con el apuesto galán.


Sin embargo, no he visto en ninguna tienda pantalones cortos, camisas de verano o bañadores para que los hombres luzcan jóvenes y atractivos. No, lo masculino es ir con un traje. Sí, con su chaqueta y un buen abrigo.

Alguien puede alegar que las celebraciones suelen ser en locales cerrados y, por tanto, las mujeres no pasan frío con su ropita veraniega en pleno enero. Los amplios salones donde se celebran los eventos suelen ser fríos de por sí, pero además… ¿alguien ha visto que pongan calefacción? No, lo que encienden es el aire acondicionado. Sí, ese chorro de aire frío que siempre va a dar sobre la cabeza de la más escotada del grupo.

Ya hemos hablado anteriormente del aire acondicionado, pero lo que no hemos mencionado son los numerosos estudios que indican que la forma de utilización del aire acondicionado para refrescar un local, una oficina o cualquier lugar público, es machista. Esto puede resultar chocante, pero no lo es tanto si atendemos a las conclusiones de esas tesis que aseguran que, por su propia naturaleza, los hombres suelen tener más calor y más temperatura corporal que las mujeres (y, recordemos, que en las celebraciones que nos ocupan, ellos van con chaqueta frente a los vestidos femeninos). Lo que defienden estas teorías es que la temperatura a la que se pone el aire acondicionado es la más cómoda para un varón de unos 40 años y de peso medio (y esto lo pueden confirmar todas las féminas que trabajan en oficinas). Los continuos enfriamientos, resfriados y bronquitis que vienen soportando las mujeres (y algunos hombres) a cuenta del uso y abuso del aire acondicionado ha llegado al extremo de tener que regular la temperatura mínima y máxima por decreto ley. Por lo tanto no es ninguna tontería.

Y ahora que han llegado las rebajas, al mirar escaparates y buscar entre los percheros, se encuentra más ropa de verano que de invierno y en las webs de moda podemos leer cosas como “ha llegado el tiempo de lucir camisetas de manga corta”. Sí, camisetas de manga corta a 0ºC.


Dejemos de perpetuar la imagen de que la mujer debe ir medio desnuda para ser femenina, elegante y atractiva. Adecuemos nuestra ropa a la temperatura de la época del año y el lugar en el que vivimos, rechacemos la normalización de una moda ilógica, abandonemos esas actitudes que solo nos llevan a repetir anticuados cánones, a hacerles el juego a unos cuantos y a pillar alguna que otra bronquitis… 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Compras navideñas



Parece que cada año llega antes la Navidad. A primeros de noviembre (en algunos lugares ya a finales de octubre), cuando todavía podemos andar en manga corta, aparecen los escaparates adornados con grandes árboles y luces.
Son las tiendas las primeras en recordarnos que llega esa época que en el cine y en la televisión se nos presenta como idílica, llena de paz, amor, felicidad y  desconocidos que te saludan por la calle. La imagen de George Bailey corriendo eufórico hacia Bedford Falls mientras grita “¡¡Feliz Navidad!!” a todo y a todos forma parte de la memoria colectiva.

¡Qué bello es vivir!

Con el paso de los días todo se va contagiando de adornos, las casas, las calles, los parques y los edificios oficiales… Cualquier rincón es bueno para poner una guirnalda de luces, una ramita de pino, un bonito belén. Los escaparates simulan esa nieve brillante y las postales dibujan con purpurina el blanco de las calles. Es invierno y nieva. “Let it snow, let it snow, let it snow”… Una de mis canciones preferidas, aunque no en todas partes nieva, ni es invierno en todo el planeta, pero ese es un pequeño detalle sin la menor importancia. ¿Llegará Santa Claus en su trineo con regalos para ti o tú eres más de Reyes Magos?

Los villancicos suenan a todo volumen en los centros comerciales engalanados para invitar a las compras. Abren todos los días, incluso los domingos.

Es curioso cómo se llenan con carteles de lo más variopintos. ¿Estás en España? ¡No importa! ¡“Merry Christmas” lo entiende todo el mundo! Es el lenguaje internacional, es el lenguaje de la felicidad y la euforia colectiva.  Es tan internacional que podemos hacer variantes y todo el mundo lo sigue entendiendo. En algunas tiendas se puede leer: “Merry Kissmas”… Es más cariñoso. En otras nos encontramos con “the best gift” y una sonrisita se nos dibuja en la cara. En estas fechas no hay saldos, oportunidades, descuentos, ni rebajas; hay “sales” o “Il regalo perfetto, idee partire da euro 9.95” que es más sofisticado, más glamuroso.

-¡Llama a la Vane y pregúntale su talla!- grita una jovencita mientras rebusca en el montón de 9.95.



Un joven levanta varias perchas con prendas de mujer mientras su amigo las fotografía con el móvil y se dispone a enviarlas vía “whatsapp”…

-A ver cual le gusta más- añade mientras teclea a toda prisa.

Las mujeres eligen vestidos de fiesta, los hombres huyen de las corbatas, los niños lloran porque quieren ir a ver aquel juguete o pasearse por la tienda Disney. Un Santa Claus, extrañamente joven y delgado, reparte publicidad, Melchor espera en su dorado sillón mientras su paje conduce a un asustado pequeñín hasta su regazo mientras los padres lo fotografían entusiasmados.

Los dependientes se enfrentan con desilusión a pilas de mercancía desordenada, de ropa arrugada y, con cara de disgusto, observan como antes de terminar de doblar ese montón de camisas, los clientes las están revolviendo; las cajeras pasan los productos rápidamente, presionadas por la mirada severa del jefe mientras las colas crecen ante ellas; las limpiadoras murmuran malhumoradas por el confeti y la basura acumulada; los camareros intenta recuperar el resuello mientras los comensales esperan impacientes sus platos.

Cuando nos alejamos de ese paisaje idílico, de todos los adornos y de los villancicos,  no encontramos el espíritu navideño ideal y maravilloso, no brillan las estrellas de forma diferente y ningún desconocido nos desea feliz Navidad…