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jueves, 23 de octubre de 2025

Otro robo en el Louvre.

Siete minutos pueden ser suficientes para mermar el patrimonio, “robar” la Historia, poner en jaque la seguridad del museo más visitado del mundo, llenarlo de policías e investigadores, oír declaraciones de ministros, abrir todos los telediarios y ser lo más comentado en las redes sociales. Siete minutos fueron suficientes para que cuatro ladrones llegaran en camión el domingo 19 de octubre de 2025 al museo del Louvre, dos de ellos subieran al primer piso en un montacargas, entraran por una ventana, amenazaran a los vigilantes, rompieran con radiales las vitrinas de la galería Apolo que guardan las joyas de la corona, robaran nueve piezas que pertenecieron a la dinastía de Napoleón, salieran por donde habían entrado, intentaran prender fuego al camión (sin conseguirlo) y huyeran en moto perdiendo por el camino la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo, la noble española esposa de Napoleón III. Esta última joya se recuperó minutos más tarde.

Museo del Louvre (París).
Imagen: archivo personal.

Podría ser el argumento de una película o un robo espectacular como los que nos narraba Maurice Leblanc, pero fue una realidad a la que ya se le llama el Robo del Siglo. Quizá habría que añadir, el robo del siglo XXI, porque el Louvre ya había protagonizado un sonado Robo del Siglo (XX) en 1911 cuando un italiano se llevó La Gioconda bajo su abrigo como ya contamos aquí.

La Gioconda. Wikipedia.
La Gioconda.
Imagen:
dominio público.
Wikipedia.

A las 9:00 de la mañana los visitantes comenzaron a entrar al Louvre para admirar las obras de arte más emblemáticas: La Gioconda, La consagración de Napoleón, La libertad guiando al pueblo, La Venus de Milo… pero no les dio tiempo. Nadie se percató que a las 9:30 los ladrones ya estaban ascendiendo por el montacargas, pero cuando entraron en la galería comenzaron a sonar las alarmas en la sala de vigilancia. Como establece el protocolo de seguridad varios trabajadores se desplazaron a la sala, mientras llamaban a la policía y comenzaban a desalojar el edificio. Carreras y angustia por los pasillos. Nadie sabía lo que estaba pasando. Pero en la era de las redes sociales, de los likes, del postureo y de la desinformación, todo aquel con un móvil en la mano puede transformarse en un periodista improvisado. Y así ocurrió, no faltaron los vídeos de la evacuación donde se dijo que se trataba de un francotirador. Ninguno supo que estaba en el escenario de un robo que dejaría a los franceses indignados y al mundo sorprendido. 

Tres días ha permanecido el museo del Louvre cerrado y ha vuelto a abrir sus puertas con la galería Apolo clausurada. Hay visitantes que comprenden la magnitud de lo ocurrido, lo que supone esto para el Arte, la Historia y el país. Pero otros solo lamentan la contrariedad en su viaje y lo que esto perjudica al turismo.

Entrada al museo del Louvre por la pirámide de cristal.
Imagen: archivo personal.

Francia lleva cuatro robos en las últimas semanas: varias piezas de oro expuestas en el museo Nacional de Historia Natural (París), un reloj de colección del museo Jacques Chirac (Corrènze), cerámicas chinas del siglo XV custodiadas en el museo Adrien Debouché (Limoges) y las joyas de las reinas francesas del siglo XIX del Louvre.

Wikipedia
La consagración de Napoleón (1808). Jacques-Louis David. Museo del Louvre.
Imagen: Wikipedia.

Lo cierto es que los sistemas de seguridad fallan más de lo deseable y otros templos del arte fuera de Francia tampoco pueden presumir de ser inexpugnables. Dos versiones del El grito de Munch fueron sustraídas en 1994 y 2004 respectivamente (luego recuperadas) de dos pinacotecas distintas. Parece que hay pintores por los que los ladrones sienten especial predilección, por ejemplo Van Gogh, Dalí y Picasso. De este último ha desaparecido la obra Naturaleza muerta con guitarra en su traslado desde Madrid a Granada para una exposición temporal el pasado 2 de octubre. Sin embargo, la obra que ostenta el triste récord de ser la más robada es el retablo La Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck que ha sido sustraída en trece ocasiones.

Cuando ocurren estas cosas todos se sorprenden ante los errores de seguridad y se preguntan si estos robos son encargos de coleccionistas particulares. Muchas de las piezas sustraídas son invendibles, pues todo el mundo las conoce y daría la voz de alarma. 

¿Se recuperarán las joyas robadas del Louvre? ¿Están ya en poder de un coleccionista privado para su exclusivo disfrute? ¿Serán vendidas por piezas? Esto último es lo que temen muchos especialistas en arte porque esas tiaras, pendientes, collares y broches tienen un valor incalculable en conjunto, con cada gema formando parte de la pieza a la que pertenecen. Por muy valiosos que sean los diamantes, perlas y esmeraldas, si los desmontan y los venden por separado nunca recuperaremos unas joyas únicas que forman parte de la Historia.


Eugenia de Montijo (1852). Franz Xaver Winterhalter. Imagen: RMN-Grand Palais / Franck Raux.
Retrato de la emperatriz Eugenia de Montijo (1852). Franz Xaver Winterhalter.
En el cabello luce la tiara robada y sobre el cojín aparece la corona que perdieron los ladrones.
Imagen: RMN-Grand Palais / Franck Raux.

Nota: a fecha 07/11/2025 ya se encuentran detenidos varios sospechosos del robo del Louvre, aunque se desconoce el paradero de los joyas.

Aclaración: se ha descubierto que la obra Naturaleza muerta con guitarra de Picasso no fue un robo. Se trató de un "olvido" de la empresa de transportes que no la subió al camión donde se trasladaban el resto de las obras. Empaquetada, quedó en la portería del edificio del dueño en Madrid hasta que la policía la descubrió en perfecto estado. Desde el 05/11/2025 puede contemplarse en la exposición temporal en Granada.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Museo del Louvre. 230 aniversario.

Los magníficos edificios que albergan una de las colecciones más fabulosas del planeta fueron, en origen, una sencilla fortaleza. Su construcción comenzó por orden del rey Felipe Augusto en el año 1190. Luego se transformó en castillo y más tarde se reconstruyó como palacio renacentista por orden de Francisco I, el mismo que invitó a Leonardo da Vinci a residir en Francia y adquirió La Gioconda tras la muerte del artista.

El Palacio del Louvre siguió sufriendo remodelaciones a lo largo del tiempo. Durante la Revolución Francesa se incautaron muchos bienes, incluida la Colección Real de Arte, y la Asamblea Nacional decidió que todas estas obras debían ser expuestas al público.

Entrada al museo del Louvre desde la Pirámide de cristal
con la fachada del ala Richelieu al fondo.
Imagen: archivo personal.

El 10 de agosto de 1793 se abrió el Muséum Central des Arts de la République que solo ocupaba el Salón carré y parte de la inacabada Gran Galería. La colección se componía de 537 cuadros y unas pocas esculturas que solo visitaron artistas y algunos aficionados al arte. Algunas fuentes indican que se inauguró oficialmente el 8 de noviembre del mismo año.

En las siguientes décadas sus fondos aumentaron enormemente. A las obras provenientes de la Colección Real, la desamortización, las donaciones, las adquisiciones, los intercambios y las campañas arqueológicas, se unieron los objetos de arte confiscados en las guerras napoleónicas. Bonaparte deseaba tener el mayor museo del continente y ordenó traer piezas de arte de los países invadidos. Así se hizo, pero sus tropas ocasionaron también grandes destrozos al patrimonio de las zonas ocupadas. Ya hablamos aquí de lo ocurrido en Italia y España.

Las Bodas de Caná fue una de las obras que las tropas francesas se llevaron de Venecia
 y no se devolvieron. Como compensación se entregó a Italia un lienzo de Le Brun.
Imagen: foto del cuadro en el museo. Archivo personal.

Esfinge en el Louvre.
Imagen: archivo personal
Desde 1803 hasta 1814 el Louvre pasó a llamarse Musée Napoleón. Tras la caída de Bonaparte más de 5000 obras de arte retornaron a los países expoliados, pero otras no fueron devueltas nunca. Carlos X ordenó que se creara el departamento de Antigüedades Egipcias y Champollion se encargó de ello. Con Napoleón III los fondos crecieron muchísimo y fue imprescindible ampliar el museo.

El siglo XX también estuvo lleno de cambios. En 1911 se hicieron patentes los graves fallos de seguridad cuando se produjo el robo de la Gioconda o Mona Lisa, como también se la conoce. Fue un auténtico escándalo que acabó convirtiéndola en la pintura más famosa del mundo, la obra más emblemática del Louvre y la que ansían ver todos los turistas.

La Gioconda es la obra más visitada del museo.
Imagen: archivo personal.

Como hicieran las tropas napoleónicas en su época, el ejército alemán también saqueó y expolió las colecciones de los países que caían bajo su dominio durante la II Guerra Mundial. Antes de que ocuparan París, Jacques Jaujard trasladó las obras hasta conseguir ponerlas a salvo. Cuando las tropas alemanas entraron en el Louvre se lo encontraron vacío y decidieron utilizarlo como almacén para guardar las piezas artísticas que iban incautando. Jaujard realizó un registro de todos aquellos objetos. También fue idea suya lanzar un mensaje de radio a los aliados con las frase «La Joconde a le sourire» (La Gioconda está sonriendo) que llevaba codificadas las coordenadas donde escondían las obras, consiguiendo salvarlas de los bombardeos. Terminada la guerra, la colección del Louvre volvió a París. Y, aunque se intentó devolver a sus dueños las obras confiscadas por los nazis, se consiguió en muy pocos casos.

Pirámide invertida.
Imagen: archivo personal.
A finales del siglo XX se puso en práctica el controvertido proyecto «Gran Louvre». Los ministerios que continuaban en el palacio se trasladaron a otros edificios consiguiendo ampliar, de este modo, el espacio museístico.

La reorganización de las colecciones puso un límite cronológico a las obras expuestas y todas aquellas posteriores a la revolución de 1848 pasaron a exhibirse en el nuevo Museo de Orsay que abrió sus puertas en 1986. Esto hizo que los impresionistas se «mudaran» a la antigua estación de ferrocarril de París-Orleans.

El arquitecto Ieoh Ming Pei construyó la famosa Pirámide de vidrio y metal del Louvre. A pesar de la oposición de muchas personalidades, fue inaugurada en 1989 en la cour Napoleón. Hoy en día no solo es una de las entradas más importantes del museo si no que se ha convertido en todo un símbolo. Lo que mucha gente ignora es que, en realidad, son 5 pirámides: la central y más vistosa, las tres pequeñas que la rodean y la invertida que se encuentra en el subterráneo del Carrusel del Louvre.

Vista de la Pirámide central desde una de las pequeñas.
Imagen: archivo personal.

Y si el continente es magnífico, el contenido es aún más impresionante. Casi 10.000 años de historia se dan cita entre sus paredes. Pinturas, esculturas, relieves, frisos, cerámicas y un sinfín de objetos preciosos. Hay antigüedades mesopotámicas impresionantes, una gran colección egipcia que llena 20 salas, antigüedades griegas, etruscas, romanas, objetos de la América precolombina, de África, Asia sudoriental y Oceanía.

El Louvre es también una importante pinacoteca. Se calcula que se exhiben unos 7.500 cuadros que representan a las diferentes escuelas europeas desde el siglo XIII hasta mediados del XIX. De todas estas obras el 66% pertenecen a pintores franceses. También nos encontramos con obras de maestros como Van Eyck, Brueghel, Rubens, Van Dyck, Remblandt, Vermeer, Fra Angelico, Botticelli, Rafael, Tiziano, Canaletto, Murillo, Goya, Ribera, El Greco, Zurbarán, Turner o Constable.

Entre las pinturas más famosas están la ya mencionada Gioconda de Leonardo da Vinci (1506), La Virgen de las rocas de Leonardo da Vinci (1486), La bella jardinera de Rafael (1508), Las Bodas de Caná de Veronés (1563), La muerte de la Virgen de Caravaggio (1606), La coronación de Napoleón de Jacques Louis David (1808), La balsa de la Medusa de Géricault (1824) y La Libertad guiando al pueblo de Delacroix (1830).

La libertad guiando al pueblo.
Imagen: archivo personal.

Venus de
Milo.
Entre las esculturas, relieves, frisos y estelas más importantes que alberga el museo del Louvre están: el Código de Hammurabi (1750 a. C.) estela de basalto escrita en cuneiforme que recoge las leyes babilónicas; los Toros androcéfalos alados del palacio de Sargón II, rey asirio (713 a. C.); el Friso de los arqueros (510 a. C.) del rey persa Darío I de Susa; el Escriba sentado (2500 a. C.); La Gran Esfinge de Tanis (2600 a. C), La Escultura de Amenofis IV o Akenatón (1350 a. C) entregado por el gobierno egipcio en agradecimiento a Francia por la salvaguardia de los monumentos de Nubia; La Dama de Auxerre (Creta, 640 a. C); Placa de las Ergastinas (parte del friso del Partenón, 445 a. C); Frisos del templo de Artemis (560 a. C.); Venus de Milo (100 a. C); Victoria de Samotracia (190 a. C); Esclavo moribundo y esclavo rebelde de Miguel Ángel (1515) y Psique revivida por el beso de Cupido de Antonio Canova (1793).

Toro alado del palacio de Sargón II.
Imagen: archivo personal.

Pero en el Louvre también pueden verse los restos de la fortaleza medieval que le dio origen y contemplar las salas palaciegas donde estuvieron los monarcas franceses y los ministerios y pasear por los jardines de las Tullerías.

Restos de la fortaleza medieval.
Imagen: archivo personal.

El museo del Louvre fue el primero en cerrar sus puertas por iniciativa de sus trabajadores en el año 2020. Poco después lo hacía oficialmente, al igual que la mayoría de los museos del mundo, tras la declaración de la pandemia de COVID-19 por la OMS. Ese 2020 el museo del Louvre permaneció cerrado 150 días.

En la actualidad, el museo exhibe unas 35.000 obras y sus fondos alcanzan las 616.000 piezas de arte. Este año 2023 celebra su 230 cumpleaños como el museo más visitado del mundo.

Victoria de Samotracia.

Dos guiños para los españoles:

El primero es que quizá lo último que esperamos encontrarnos en el museo del Louvre es «una menina». Al entrar en las salas de arte español nos sorprende ver el retrato de Mariana de Austria y, especialmente, el de la infanta Margarita a la que reconocemos por el célebre cuadro Las Meninas (1656, Velázquez. Museo del Prado). Durante mucho tiempo el Louvre presumió de tener obras de Velázquez, explicando que habían sido un encargo de la reina de Francia, Ana de Austria, a su hermano el rey de España. Pero los expertos en arte afirman que habían salido del taller de Velázquez, pero no estaban pintadas por él.

Pintura española en el museo del Louvre.
Imagen: archivo personal.

El segundo es que nuestra Dama de Elche (comprada por un hispanista francés) «vivió» 44 años en el Louvre hasta que conseguimos que nos la devolvieran junto a otras obras y miles de manuscritos que se habían llevado las tropas napoleónicas.

Nota personal: el museo del Louvre es un lugar maravilloso que concentra mucho arte y mucha historia. Si no lo habéis visitado, y tenéis la oportunidad de hacerlo, no lo dudéis. El Louvre es como para quedarse a vivir allí… siempre y cuando no sean ciertos los rumores de que lo habitan varios fantasmas.

Vista del museo del Louvre con la Pirámide.
Imagen: archivo personal.

Nota: todas las fotos son del exterior y el interior del Louvre realizadas durante las visitas.

 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Otros aniversarios de 2021.


Si hace unas semanas celebrábamos el nacimiento de Goya y contábamos como fue testigo de la Guerra de la Independencia contra los franceses, ahora toca la conmemoración del bicentenario del fallecimiento de Napoleón Bonaparte.

Para muchos Napoleón fue uno de los mayores genios militares de  la historia, un brillante legislador y administrador, el que sentó las bases de la guerra moderna, quien fijó las conquistas de la Revolución Francesa y  llevó a Europa a la Edad Contemporánea. Para otros fue un dictador que traicionó la misma Revolución y cuyas batallas costó la vida a millones de personas.

Combatió en la Revolución Francesa, dio un golpe de Estado el 9 de noviembre de 1799 (18 de Brumario) que acabó con el Directorio para convertirse en Primer Cónsul, creo la Constitución napoleónica del año 1800 y se autoproclamó Emperador en 1804 poniéndose él mismo la corona y coronando a Josefina en Notre Dame.

Coronación de Napoleón. Jacques Louis David.
Foto: Wikipedia. Dominio Público.

Durante más de una década su genio como estratega y estadista convirtió al ejército francés en una máquina de guerra que conquistó buena parte de Europa. Sus tropas, además, arramblaron con todas las piezas de arte que pudieron llevarse para formar parte del museo del Louvre e intentaron destruir otras muchas. Ya hablamos de lo que hizo en Venecia o España. Se apropió de la Gioconda y la colgó en su palacio. Estaba obsesionado con los objetos de poder, se apropió del retablo de El Cordero Místico de Gante y ambicionó la lanza de Longinos. Admirador de Alejandro Magno y Julio César, los emuló pasando una noche en el interior de la Gran Pirámide.

Su plan para conquistar la Península Ibérica no salió como esperaba, pues los españoles y portugueses organizaron una lucha de guerrillas que obligó a Napoleón a dedicarles mayor contingente del que esperaba. Llevó un ejército de medio millón de hombres a Rusia, pero allí les obligaron a adentrase en las heladas estepas y las tropas regresaron diezmadas y abatidas.

Después de lo ocurrido en Rusia, toda Europa se levantó contra Napoleón que tuvo que abdicar tras su derrota en la batalla de las Naciones en 1813. Pero en marzo de 1815 desembarcó en la Costa Azul dispuesto a recuperar la corona. Es muy significativo leer los titulares del periódico El Monitor contando como Napoleón se acercaba a la capital: comenzaba como “El ogro sanguinario de Córcega abandona su prisión” y va suavizando los adjetivos hasta acabar en un titular muy diferente cuando alcanzaba París “Su majestad imperial llega a la capital de sus Estados en medio de sus fieles”. Fue conocido como Imperio de los Cien Días hasta que fue derrotado definitivamente en la batalla de Waterloo y desterrado a la isla de Santa Elena donde falleció en 1821.

VIII centenario del nacimiento de Alfonso X.

Murcia y Toledo son algunas de las ciudades que están conmemorando el nacimiento de Alfonso X, el sabio. Estos homenajes comenzaron en septiembre de 2021, cuando Murcia los inauguró con la fiesta de Moros y Cristianos, y durarán hasta junio de 2022. Habrá exposiciones, conferencias y talleres.

Escultura de Alfonso X, el sabio
en la Biblioteca Nacional (Madrid)
Foto: Luis García. Wikipedia.
Alfonso X fue rey de Castilla y León entre los años 1252 y 1284. Hoy en día se le conoce, ante todo, por el impulso que le dio a las diversas ramas del saber durante su reinado.

Alfonso centró su actividad en la (re)conquista del territorio peninsular que dominaban los musulmanes y en la repoblación de las tierras. En sus Partidas los musulmanes y los judíos no salían muy bien parados, pero, a la hora de la verdad, la mayoría de sus colaboradores en el ámbito cultural eran judíos.

En el siglo XIII se ampliaron las especies cultivadas, se mejoró el comercio, la fabricación textil y se generalizaron los mercados gracias a lo aprendido de los musulmanes.

Alfonso X vio todo el saber que podían aportar los judíos y musulmanes al que ya poseían los cristianos. Le interesaba muchísimo la astronomía: durante su reinado se tradujeron diversas obras y los astrónomos judíos Ishaq ben Sid y Yehudé ben Mosé crearon las Tablas astronómicas alfonsíes. Quiso que se estudiara historia (impulsó una compilación de Historia Universal que solo alcanzó al siglo I después de Cristo y la Primera Crónica General de España que llegaba hasta la época de Alfonso VIII y donde se aprecia la importancia que tiene en nuestra historia la convivencia de las tres religiones). También se sentía atraído por la música, el ajedrez, el arte gótico y el islámico. Apoyó los estudios de ciencia y medicina con la publicación de Historia naturalis de fray Juan Gil de Zamora, donde se siguieron enseñanzas de los médicos de la antigüedad clásica y los árabes. Fundó varias cátedras que ayudaron a encumbrar a la Universidad de Salamanca. Se preocupó por la lengua procurando la traducción y creación de textos en castellano y apoyando a la escuela de Toledo. Pero consideraba que el gallego era la lengua más poética y su gusto se inclinaba hacia la lírica galaicoportuguesa. Las obras más famosas de su época fueron las Cantigas, de las que se le considera autor. Hoy en día está probado que él mismo compuso al menos diez de ellas.

VIII centenario de la construcción de la Torre del Oro de Sevilla.

Es una torre albarrana a orillas del Guadalquivir que se edificó por orden del gobernador almohade Abù I-Ulà como parte de las defensas de la ciudad. Su inició en 1220 y las obras finalizaron en febrero de 1221, cinco meses antes de que se pusiera la primera piedra de la catedral de Burgos. Ambas construcciones son coetáneas y están de cumpleaños.

Torre del Oro.
Foto: Martinvl. Wikipedia.
En las crónicas que hace Alfonso X de la conquista de Sevilla en 1248 ya la nombra como Torre del Oro y nos cuenta como los castellanos, pocos años antes de que él fuera rey, tuvieron que romper el puente de barcas que unía esa orilla del río con la de Triana. Para ello se requirió que los artesanos y marinos cántabros y asturianos realizaran una flota que conseguiría la hazaña. Por este motivo los escudos de algunas localidades del norte de España lucen la imagen de la Torre del Oro y de sus cadenas.

Varias son las leyendas sobre el nombre de la Torre del Oro: algunos afirmaban que se debía a que estaba cubierta de azulejos que reflejaban el sol, otros que allí se guardaba el oro que traían de América, pero ninguna de las dos versiones es verdadera. Parece ser que brillaba por el mortero de cal y paja que la componía.

Fue capilla de San Isidoro y más tarde prisión. Durante la Revolución de 1868 se demolieron las murallas de la ciudad y, como la torre presentaba mal estado, también se pensó en destruirla, pero era ya un símbolo para los sevillanos que consiguieron salvarla y se restauró.

En la actualidad alberga el Museo Naval de Sevilla. Y, una última curiosidad, existe la Torre de la Plata que también formaba parte de las defensas de la ciudad y que Alfonso X llamó en su crónica torre de los Azacanes.

martes, 30 de abril de 2019

Sobre la catedral de Notre Dame de París y su incendio.


El 15 de abril de 2019 quedará marcado en los libros de historia del arte y se reproducirá en los documentales sobre  los acontecimientos del siglo XXI. Ese lunes santo internet se llenó de fotografías que a muchos nos parecían imposibles. Toda la tarde y toda la noche se sucedieron las noticias eclipsando a cualquier otro suceso: la catedral de Notre Dame de París ardía pasto de las llamas. 

Vista de Notre Dame de París desde el río Sena. 

Una de las cosas que caracterizan a los seres humanos es nuestro pensamiento simbólico, y entorno a los símbolos hemos creado nuestro imaginario y nuestro mundo. Son algo que va más allá de lo material, que transciende, que perdura y que representa al mundo entero, sin importar raza o creencias.
"(…) En pocas palabras, es una especie de recreación humana, poderosa y fecunda como reacción divina, de la que parece haber tomado el doble carácter: el de la variedad y la eternidad. (…). Nuestra Señora de Paris es, en particular, una curiosa muestra de esta variedad. Cada frente, cada piedra del venerable monumento es una página, no solo de la historia de un país, sino también de la de ciencia y del arte(…). Las grandes producciones de la arquitectura (…) son el depósito que deja una nación, las acumulaciones que forman los siglos, el residuo de las sucesivas evaporaciones de la sociedad humana. (…) Los grandes edificios son como las grandes montañas, obra de los siglos". Fragmento de "Nuestra Señora de París", Victor Hugo (1831).
Ese día nefasto se incendió uno de estos emblemas, de estos vetustos gigantes que han resistido el paso de los siglos, que han visto pasar la Historia, que han contemplado millones de personas de todas las épocas y que nunca imaginamos que podría desaparecer. Aunque en el mundo ocurren tragedias todos los días, algunas se graban a fuego en las pupilas de quienes las contemplan porque nos hacen perder algo que nos pertenece a todos.
Son precisamente los mismos sentimientos con los que juegan los artistas, especialmente los cineastas, cuando representan grandes catástrofes en la pantalla y sabemos que es el fin de nuestra civilización cuando los terremotos abren la tierra, las olas alcanzan las más altas montañas o cuando el fuego consume los monumentos emblemáticos Patrimonio de la Humanidad y estos se derrumban ante nuestra angustiada mirada. Es el recurso más efectivo para impresionar a los espectadores.

https://www.lasexta.com/noticias/internacional/notredame-envuelta-llamas-imagenes-incendio-catedral-paris_201904155cb4c4e10cf2e136694d6ee1.html
Vista aérea de la techumbre de Notre Dame envuelta en llamas tras caer la aguja.

Pero no era una película lo que se reproducía a tiempo real cuando la aguja de la catedral de Notre Dame se desplomaba llevándose consigo parte del tejado. Esa techumbre que formaba una cruz latina, solo apreciable a vista de pájaro, a la que llamaban el bosque precisamente porque tuvo que talarse un bosque entero en el siglo XII para construirla.
https://www.lasexta.com/noticias/internacional/notredame-envuelta-llamas-imagenes-incendio-catedral-paris_201904155cb4c4e10cf2e136694d6ee1.html
Incendio en Notre Dame. Minna Fotografia.
Los bomberos no podían apagar aquel incendio, la isla de la cité había sido desalojada y acordonada, los parisinos rezaban, el resto del mundo contenía la respiración temiéndose que la catedral más famosa, una de las primeras que vio nacer el gótico, el símbolo de Francia, el edificio más visitado de Europa se vería reducido a cenizas. A nuestra mente acudían otros incendios que nos habían privado de demasiado conocimiento, demasiados monumentos, demasiado arte, demasiados símbolos… De algunos solo poseemos una descripción, de otros un dibujo y una vieja fotografía en el mejor de los casos.
Interior de Notre Dame antes del incendio.
El suelo sobre el que se colocó la primera piedra de la catedral de Notre Dame de París en 1164 ante la presencia del papa Alejandro III, siempre fue sagrado. Sabemos que ya en época celta existía un edificio y que los romanos erigieron un templo allí, que más tarde se convirtió en una iglesia románica, sustituida por la catedral gótica que se levantó en el siglo XII. Desde el principio fue considerado un lugar de poder, un universo en miniatura que representaba lo intangible. La luz, invisible al ojo, se convertía en color casi palpable  a través de las vidrieras de cristal y plomo, el sonido vibraba en sus antiquísimos órganos y el olor del incienso casi se solidificaba. Sus piedras talladas con relieves y esculturas narraban escenas bíblicas que los fieles, aunque en su mayoría analfabetos, sabían interpretar. Pero muchos aseguran que allí también había mensajes ocultos, que el templo era un libro de piedra que atraía a iniciados en diferentes filosofías, miembros de sociedades secretas y alquimistas. Poco podían imaginarse los seguidores de la Orden del Temple que su Gran Maestre, Jacques de Molay, sería quemado en la hoguera delante de la catedral de Notre Dame en 1314 mientras profería una maldición al papa Clemente V y a Felipe IV de Francia, asegurándoles que en menos de un año volverían a verse ante el tribunal de Dios, palabras que resultaron proféticas.
En 1429, durante la guerra de los Cien Años, Enrique VI de Inglaterra se coronó rey en el interior del ya simbólico templo.
Pero el paso del tiempo, las modas y el deterioro también forman parte de la historia de un monumento y, aunque Notre Dame, sirviera de inspiración a muchas otras catedrales que se levantaron en Europa, fue descuidada. Las inclemencias meteorológicas hicieron peligrar la aguja y tuvo que ser desmontada en 1786. Poco después llegaría la Revolución francesa y con ella la desacralización, dispersión de sus reliquias, destrucción de algunas de sus imágenes y alteración de su estructura. Y de templo devocional, pasó en 1793 a simple almacén de alimentos hasta que Napoleón la devolvió a la Iglesia en 1802, coronándose allí mismo emperador de Francia el 2 de diciembre de 1804. Aunque maltrecha, blanqueada y adornada con grandes cortinajes que ocultaran su deplorable estado de conservación, los muros de Notre Dame fueron testigos de cómo Napoleón arrebataba la corona de manos del papa Pío VII para ceñirla en su cabeza. 

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Jacques-Louis_David,_The_Coronation_of_Napoleon_edit.jpg
La consagración del emperador Napoleón (1804). Jacques-Louis David.
Museo del Louvre. París.

Durante el siglo XIX eran muchas las voces que se levantaban contra la arquitectura gótica y el trazado medieval, decantándose por el estilo de la época. Rápidamente los edificios fueron demolidos y reemplazados. Víctor Hugo repartía panfletos abogando por preservar el patrimonio artístico medieval. Pero nadie le prestaba la menor atención. Así que cuando su editor Grosselin le solicitó una nueva novela, nuestro escritor vio la oportunidad de convertir a  Notre Dame en la gran protagonista de su obra. La escribió solo en seis meses, situó la historia en la Edad Media, dedicó capítulos enteros a la descripción de la catedral y le puso un prólogo defendiendo el arte gótico. En 1831 salía a la venta Nuestra Señora de París con gran éxito de público y crítica. Había conseguido su objetivo, ahora todo el mundo se interesaba por su antigua catedral y se contrató, en 1844, a uno de sus arquitectos favoritos, Eugène Viollet-le-Duc, para repararla, añadir las gárgolas y construir una nueva aguja en estilo neogótico de 96 metros de altura.

https://www.revistaarcadia.com/historia/articulo/notre-dame-y-el-paris-medieval/73910
Portada de "Notre-Dame de París" (1865), de Victor Hugo, grabada por Yon y Perrichon.
"Y la catedral no era solo su compañera, era el universo, mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma.” Fragmento de "Nuestra Señora de París" (1831)de Victor Hugo.
Pero los muros de Notre Dame aún tenían mucha historia por contar. Durante la Comuna de París en 1871 se apilaron los bancos y los confesionarios en el interior y se les prendió fuego, pero no hubo graves consecuencias. La catedral resistió, y pudieron reemplazarse las ventanas levantadas en la revolución francesa por rosetones y fabricar vidrieras de colores para las medievales que se habían perdido. En 1909, para la beatificación de Juana de Arco, el templo estaba en buen estado. 
Vista de uno de los rosetones de Notre Dame desde el interior de la catedral.
La Primera Guerra Mundial no afectó a nuestro templo, su víctima fue la famosa catedral de Reims, hermana de Notre Dame, que fue bombardeada, desolando a las personas de la época que vieron en ello un símbolo de la destrucción de la civilización.
La Segunda Guerra Mundial amenazó a Notre Dame hasta sus cimientos. Tras ocupar París, Hitler dio la orden de dinamitar todos los monumentos en caso de perder la guerra. Aún no sabemos si el general al mando no se atrevió a ejecutar el mandato, no le dio tiempo a hacerlo, o la resistencia francesa (con un buen número de españoles en sus filas) consiguió impedirlo, lo cierto es que las campanas de Notre Dame replicaron anunciando la liberación de la ciudad en 1944.
San Jorge y el dragón delante de las vidrieras de Notre Dame.

Poco imaginaban las autoridades francesas lo que ocurriría cuando consiguieron, con dificultades, recaudar dinero para financiar las nuevas obras de restauración del edificio y, en especial, de la aguja central. Los donantes debieron pensar que hay tantas urgencias en el mundo que requieren de esas inversiones que una restauración más podía esperar, hasta que el fuego, consumiendo un símbolo de la cultura, nos enfrentó a la verdad. Todo el techo de Notre Dame ardía y la aguja neogótica que se pretendía restaurar se desplomaba haciéndonos sentir que no era Francia quien perdía un símbolo, éramos todos, pues la UNESCO la había declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991. Después no hizo falta pedir dinero, los donativos millonarios llegaban solos.

Vista de la catedral con la famosa aguja desde el río Sena.
Dice la leyenda que las gárgolas, esos seres monstruosos que en realidad sirven para desalojar el agua de la lluvia, son guardianes del mal, vigilan desde los tejados de Notre Dame que el mal no atraviese sus puertas… y que precisamente las habían retirado días antes para restaurarlas…

No es la primera, ni será la última catedral que se incendie. La catedral de León, otra joya del gótico, sufrió un incendio de semejantes características tras caerle un rayo en 1966. Se derrumbó la techumbre de madera y se temió que quedara reducida a cenizas. Pero los expertos actuaron pronto y con espuma consiguieron salvar su templo. Intentar apagar el fuego con agua hubiese sido un error ya que el tipo de piedra que se utilizó en aquellas catedrales la absorbe, pesa y debilita la estructura, aumentando el riesgo de derrumbe del edificio. Los leoneses reconstruyeron su catedral rápidamente y dieron ejemplo al futuro.
La catedral de León también fue pasto de las llamas y perdió la techumbre medieval,
pero conservó prácticamente en su totalidad las vidrieras originales.

Notre Dame también será reconstruida. Dentro de cien años la mayoría de las personas olvidarán que hubo un incendio en la catedral de París y se sorprenderán cuando un guía se lo cuente. Después de todo, hay tantos edificios que creemos originales y no lo son. Una generación queda conmocionada por el desastre, pero vuelven a trabajar para recuperar aquello que habían perdido.
Todos respiramos aliviados al comprobar cómo resistían sus paredes de piedra, el famoso rosetón y las torres originales. Las reliquias que guardaba y el tesoro fueron rescatados de inmediato. La aguja y las vidrieras pérdidas databan del siglo XIX, las vigas de madera de la techumbre eran de las pocas originales que quedaban en el mundo, de árboles del siglo XII y algunos anteriores reaprovechados, colocados con esmero por las manos de personas que trabajaron allí hace ocho siglos. Eso es irremplazable, no hay reconstrucción que pueda devolvernos lo perdido.
Las obras de arte hay que cuidarlas, porque son el legado de nuestra civilización, de las generaciones anteriores a las posteriores. Aunque nos pertenezcan a todos, no dejan de ser algo prestado, nosotros somos eslabones de esa cadena que tiene que llevarlas al futuro, porque cuando caiga el último edificio emblemático, habrá caído la civilización. Es la transcendencia, el legado y nuestro símbolo.

Nota: la tarde del 7 de diciembre de 2024 se reabren las puertas de la catedral de Notre Dame ya reconstruida en una ceremonia con el presidente francés y numerosas autoridades internacionales.