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miércoles, 17 de mayo de 2017

El Festival de Eurovisión 2017: impresiones y resultados.


El Festival de la canción de Eurovisión nació en 1956 con la idea de estrechar lazos entre los países europeos. En aquella época el continente seguía intentando reconstruirse tras las guerras y los motivos de unión y reunión eran bienvenidos. A día de hoy, el famoso festival sigue celebrándose, contando cada vez con más países participantes, pero también con más detractores que lo consideran algo desfasado y sin valor musical.

https://www.saberespractico.com/banderas-2/banderas-paises-de-europa/


Tal y como contábamos, el Festival de Eurovisión 2017 se ha celebrado en Kiev (Ucrania) no exento de polémica, como suele ser habitual. En este caso el tira y afloja que han mantenido Ucrania y Rusia por la cuestión de Crimea ha impedido que la cantante rusa pisara suelo ucraniano y este país se ha quedado sin participar este año en el festival.
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Ukraine_Eurovision.png
Todas las galas de Eurovisión suelen hacer un despliegue de tecnología espectacular para que la puesta en escena de los diferentes países, lo que actualmente cobra la máxima importancia, brille de forma deslumbrante. Ucrania no se ha quedado atrás y ha puesto a disposición de los cantantes unas impresionantes pantallas donde se proyectaban desde los fuegos artificiales más largos emitidos durante una actuación, hasta la imagen de la Tierra vista desde el espacio. La organización del evento ha costado 50 millones de euros y, como ocurre casi todos los años, los beneficios no alcanzan ni la mitad del dinero invertido. A los tres presentadores, todos hombres, se les ha criticado su pobre nivel de inglés y su encorsetamiento, aunque ellos se esforzaran por explicarnos en clave de humor el duro entrenamiento al que se habían sometido para conducir una gala que vieron más de 200 millones de personas. El espectáculo fue  seguido por los 42 países que competían este año, más otros muchos que no participan (buena parte de América por el canal internacional de TVE y algunos países asiáticos). Se realizaron dos semifinales previas para decidir qué países pasaban a la gran gala final donde también compiten los llamados Big 5, que no tienen que pasar este filtro (como por ejemplo,  España). Pero que no se crea nadie que solo los países europeos pueden cantar en este festival, Israel, por ejemplo, es un habitual que lleva mucho tiempo participando y, algunos años se ha invitado a un país a presentarse como por ejemplo a Australia en 2015, con motivo de la celebración del 60 aniversario del festival y la fidelidad con la que los australianos han seguido durante 30 años el evento aunque no compitieran en él. Fue tal el éxito que cosechó que ahí sigue, aunque esté en nuestras antípodas.

Este año la gala la abrió Israel, el primero de los 26 países que cantaron en la final del festival. Bielorrusia celebraba el 800 aniversario de la fundación de su país cantado por primera vez en su idioma, el representante de Austria nos miraba embelesado mientras entonaba su bonita canción sentado en la luna, tres novias con el micrófono “escondido” en sus ramos hacían las segundas voces de Moldavia, Hungría enviaba a su primer representante de etnia gitana, Azerbaiyán pintaba con tiza en una pared negra dentro de una habitación del pánico, Croacia mezclaba el pop con la ópera en italiano, Chipre apostaba por Gravity una canción del mismo compositor que ya ganó el festival en 2012 con su famosa Euphoria, Rumanía se arriesgaba con el canto tirolés mezclado con rap, el país anfitrión se atrevió con el inglés por primera vez y presentó un rock, Bélgica llevó a una muchacha de voz grave, presencia fría y actitud imperturbable, Suecia nos hizo un nada improvisado desfile de modelos masculinos con una complicada coreografía sobre cintas de gimnasio, Bulgaria llevó al primer representante del festival nacido en el siglo XXI, un jovencito de preciosa voz con cuidada puesta en escena. Cerraba el festival Francia que retomaba la costumbre de cantar en su idioma oficial.

¿Quiénes eran los favoritos? Bélgica, Suecia, Bulgaria y Portugal. Pero desde el primer momento todos lo tuvieron muy claro: Italia ganaría el festival. La canción Occidentali’s karma interpretada en italiano por Francesco Gabbani y que ganó en febrero el festival de Sanremo, se posicionaba la primera en las casas de apuestas, en las críticas y entre los eurofans. Su música pegadiza y bailable, su letra, la voz de Francesco y una coreografía sencilla, alejada de parafernalias, con la presencia del cantante y un mono desnudo que bailaba sobre el escenario, se ganó a los europeos. No es nada frecuente que una canción vencedora en el festival de Sanremo tenga tanta repercusión en el resto del continente, pero enseguida se coló en las listas de éxitos europeas y tuvo más de 100 millones de visualizaciones en Youtube. La letra, llena de citas cultas, critica la superficialidad de aquellos que se creen muy modernos al adoptar la espiritualidad oriental de forma vacía. Sí, tan contemporáneos como el hombre del neolítico, dice Francesco. El cantante afirma que la lectura de El mono desnudo (1967) de Desmond Morris le impactó y tiene mucho que ver con su canción, hecho que ha vuelto a convertir el libro en best seller en Italia. Por su parte, el etólogo británico, se mostraba encantado y afirmaba que vería desde su casa de Oxford el festival y apostaría por Francesco.

¿Qué pasó con España? Pues como ya contamos, las casas de apuestas nos situaban en última posición. Tras su polémica victoria en Objetivo Eurovisión, Manel Navarro se había ganado la antipatía de buena parte de los eurofans y de los surferos (que calificaron la imagen que mostraba de ellos como grotesca). De poco sirvieron las disculpas del cantante, el buen rollo que quería transmitir con Do it for your lover, su camisa de flores hawaianas y las tablas de surf proyectadas en el suelo del escenario sobre las que el grupo fingía surcar las olas mientras una idílica playa con palmeras y una puesta de sol brillaban a sus espaldas. Los abucheos (que no captó la cámara) de los propios eurofans españoles no hacían presagiar nada bueno. Desafinar, desafinaron varios cantantes en sus respetivas actuaciones, pero Manel lo hizo de una forma dolorosamente apreciable en el momento álgido de la canción. El joven salió al paso con sentido del humor y sin hacer ninguna autocrítica, aunque días después confesaría que en aquel momento lo pasó muy mal y pidió disculpas por la decepción. A este ya famoso y mediático gallo (las redes sociales están repletas de bromas y memes al respecto) se le culpa del mal resultado de España, pero lo cierto es que el jurado profesional votaba el día anterior, tras el ensayo general, donde Manel estuvo impecable, y ningún país nos dio un solo punto. Finalmente, España quedó en última posición con solo 5 puntos otorgados por el televoto de Portugal.

¿Quién ganó Eurovisión? Ganó uno de los favoritos, quizá el que menos esperaba ganar, alguien que había devuelto a su país a la gran final tras siete años de ausencia. Después de 48 años de participaciones y de quedar frecuentemente en los últimos puestos, por primera vez, Portugal, saboreó la victoria. El héroe de esa noche histórica fue Salvador Sobral, un muchacho enfermo del corazón que ni siquiera había podido acudir a todos los ensayos, pero que con su sola voz melodiosa, su sentimiento y su canción romántica en portugués, cautivó al jurado y a los espectadores. No necesitaba nada más que su sensibilidad y su sencillez, sin vistosas puestas en escenas, ni estudiadas coreografías. Los puntos empezaron a llover desde el primer momento, muy pocos países no le votaron, ninguno de los que lo hizo le dio menos de 5 puntos y 17 países (entre ellos España) le otorgaron sus 12 puntos. Comenzó en primera posición y nunca dejó de estarlo. El voto del público fue determinante, sacaba ya más de 100 puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, Bulgaria, pero el televoto aumentó la distancia. Cuando enfocaron a Salvador que estaba sentado con su hermana, la compositora de su canción Luisa Sobral, el joven no terminaba de creerlo. Nadie había conseguido nunca en la historia de Eurovisión los 758 puntos que le dieron la victoria. Cuando se convenció, subió al escenario para recoger el famoso trofeo, un micrófono de cristal, que enseguida se puso sobre la cabeza mientras abrazaba a Luisa. Salvador, que días antes había admitido que no seguía especialmente el festival y que su sueño era cantar por el mundo, dedicó sus primeras palabras como ganador a recordar a todos que: “la música no son fuegos artificiales, la música es sentimiento y tiene que decir algo”.

https://sitioexpresodemedianoche.blogspot.com.es/2015/05/

Como todos los años, el festival se cerró con la canción ganadora, pero esta vez Salvador no cantó solo, sino junto a su hermana en un precioso dúo que hizo las delicias del público.

Amar pelos dois, melancólica y tierna, tiene la magia de la atemporalidad y el sabor a banda sonora de película clásica. La letra habla de vivir para amar y de rezar para que la persona amada vuelva a quererte.

Portugal había pasado todo ese 13 de mayo de celebración pues se cumplían 100 años de la aparición de la Virgen de Fátima y el Papa Francisco había viajado hasta allí para canonizar a los pastorcitos. Por la noche cientos de miles de seguidores del Benfica festejaban su cuarto título consecutivo en la Liga. Las calles de Lisboa ya estaban llenas cuando los altavoces de la Glorieta del Marqués de Pombal retransmitieron la actuación de Salvador. La euforia fue total cuando se le proclamó ganador, los jóvenes salieron a las calles cantando Amar pelos dois y gritando “douze points”, los mayores pensaron que era un milagro y los incrédulos tardaron en asimilarlo: habían sido 48 años de espera.

Este fue el resultado final del Festival de Eurovisión 2017:
1.    Portugal. Amar pelos dos. Salvador Sobral. 758 puntos.
2.    Bulgaria. Beautiful mess. Kristian Kostov. 615 puntos.
3.    Moldavia. Hey mamma! Sunstroke Project. 374 puntos.
4.    Bélgica. City lights. Blanche. 363 puntos.
5.    Suecia. I can´t go on. Robin Bengtsson. 344 puntos.
6.    Italia. Occidentali’s karma. Francesco Gabbani. 334 puntos.

http://as.com/tikitakas/2017/05/12/portada/1494612968_444718.html



viernes, 5 de mayo de 2017

Una Historia de España a través de nuestras series.


Parece que desde hace un tiempo están de moda las series de época. Reconstrucciones históricas hemos tenido varias de mucha calidad y asesoradas por historiadores de prestigio, como la serie Isabel, a la que le siguió Carlos, Rey Emperador. Ambas series fueron emitidas por Televisión Española en horario de máxima audiencia y tuvieron un gran éxito, dando lugar a una película, La corona partida.

Pero hay otro grupo de series, centradas, en su mayoría, en historias de amor, que sin ser propiamente históricas, mencionan e incluyen en su argumento los acontecimientos de la época en la que están ambientadas según la visión de los protagonistas y cómo les afecta en su vida diaria, en su relación o en la localidad donde viven. A través de estas series podríamos seguir los avatares históricos de España enlazando una a otra con una suerte de continuidad que a veces es buscada y a veces fruto de la casualidad. Los protagonistas son siempre personajes ficticios, normalmente una pareja de clases sociales diferentes que ven como las circunstancias (la mayoría de las veces marcadas por los acontecimientos políticos o sociales de su época) hacen peligrar su amor.

Mencionaremos algunas de ellas tratando de organizarlas cronológicamente según la época en la que están ambientadas.

La primera de ellas sería, paradójicamente, la que suele pasar más de puntillas por la Historia. Hablamos de El secreto de Puente Viejo, serie que Antena 3 comenzó a emitir en febrero de 2011 y que continúa en la actualidad, siendo una de las más longevas de la televisión en España. Ambientada en un pueblo ficticio, Puente Viejo, se centra en las historias de amor, desamor, amistad y odio de los habitantes del municipio. En 1902 Pepa, una humilde partera, conoce al amor de su vida, Tristán, un veterano de la guerra de Cuba. A lo largo de los más de 1500 capítulos que lleva en emisión hemos oído a los habitantes de Puente Viejo hablar de los diferentes acontecimientos históricos que se han ido sucediendo desde 1902 hasta 1924, año en el que se sitúa la acción en este momento. Ya sea a través de un artículo en la prensa que lee un parroquiano o de uno de los afectados personalmente (un vecino que es llamado a filas), hemos sabido del reinado de Alfonso XIII o el Desastre de Annual, por ejemplo. Pero lo que más “adorna” Puente Viejo no son los acontecimientos políticos del país, sino la llegada de avances como el teléfono, el cine o la electricidad; inventos como el secador, el reloj de pulsera o el timbre eléctrico y acontecimientos deportivos.

http://plumitaescribana.blogspot.com.es/2015/12/el-secreto-de-puente-viejo-parte-1.html

En el año 2008 TVE estrenó la serie La Señora ambientada en los primeros años 20, que tenía un importante tono histórico, aunque centraba la atención sobre la pareja protagonista, ella una chica de la alta burguesía y él hijo de un minero, pero contando cómo la situación laboral y la lucha de clases ponía obstáculos a su relación. Tras terminar esta ficción con un gran éxito de público y varios premios, TVE decidió continuar con algunos de sus personajes y así se estrenó a principios de 2011 su nueva apuesta: 14 de abril, la República.

Los últimos momentos de la República, la guerra civil española, la Segunda Guerra Mundial y el delicado equilibrio de poder europeo en los años posteriores, son los acontecimientos que enmarcan la vida de Sira Quiroga en la novela de María Dueñas El tiempo entre costuras, adaptada a la pequeña pantalla por la productora Boomerang TV y emitida por Antena 3 en 2013 con gran éxito de audiencia y numerosos premios. Fue una auténtica superproducción televisiva. Aunque la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial pillan muy lejos a la protagonista (que se traslada a Tetuán, capital del Protectorado español de Marruecos) la joven se verá inmersa, sin querer, en la política y conocerá a grandes personajes de la época.

En 1942 arranca la acción de la miniserie Lo que escondían sus ojos, basada en la novela de Nieves Herrero, emitida por Telecinco a finales de 2016. Narra la historia de amor secreto entre un importante ministro español y una marquesa. Una producción de lujo donde no han faltado los vestidos de Balenciaga, los palacios y los hoteles de cinco estrellas para ambientar una historia de la alta sociedad española, que contrasta con la mayoría de las series situadas en este período, mostrándonos la otra cara de la misma realidad.

http://novelandias.blogspot.com.es/2017/03/amar-en-tiempos-revueltos.htmlVolviendo a TVE, en septiembre de 2005, estrenaba Amar en tiempos revueltos una serie que tenía la clara intención de durar solo una temporada (pero duró siete), pues comenzaba con un flashback en el que la pareja protagonista, Andrea y Antonio, acompañados de su hijo, huían de la situación política del país. Tras estas primeras escenas la acción se trasladaba a 1936 y contaba, desde el punto de vista de los protagonistas, los acontecimientos de esa época, retratando también los tiempos de la guerra y la posguerra en sus diferentes temporadas. Desde las cartillas de racionamiento y el estraperlo hasta la mejora económica, el ingreso de España en la ONU o la independencia del Protectorado de Marruecos. Año a año se nos iba contando la historia de amor de una pareja diferente pero con la continuidad de algunos personajes como la familia Gómez, dueños del bar El Asturiano, y, como un protagonista más, un escenario siempre común: la plaza de los Frutos. TVE dejaba de emitir la serie a finales de 2012, poniéndole fin cuando la ficción se encontraba en el año 1957. Atrás quedaban 7 años de emisión diaria, 1716 capítulos, 4 especiales, siete libros con historias de los personajes más queridos y varios millones de espectadores muy fieles que se negaba a que la serie acabara.

https://www.vemostv.com/noticias/3759-g1/solo-falta-un-dia-para-la-reapertura-del-asturiano-en-amar-es-para-siempre
Por esto, Antena 3 comenzó a emitir, en enero de 2013, los primeros capítulos de Amar es para siempre, su continuación, con un nuevo y elocuente título, para alegría de sus seguidores. La familia Gómez volvía a las pantallas tras poco menos de dos meses de ausencia, aunque en la ficción habían trascurrido tres años. En la actualidad, ya se han emitido más de 1100 capítulos y la historia (sin visos de finalizar) ha llegado, contra todo pronóstico, al año 1968 cuando los personajes celebran la victoria de Massiel y su La, la, la en el Festival de Eurovisión, consiguiendo así lo que nadie imaginaba, que una serie que comenzaba en 1936 pudiera alcanzar en el tiempo al arranque de la serie insignia de TVE, Cuéntame cómo pasó, que terminaba su capítulo número uno con la instalación en casa de su primer televisor por el que la familia Alcántara vio la actuación de Massiel en Eurovisión y saltaron de alegría al saber que La, la, la había ganado el Festival de la Canción.

http://www.ecartelera.com/series/cuentame-como-paso/carteles/13199/TVE comenzó a emitir esta veterana producción en el año 2001 con un elenco de maravillosos actores entre los que se encontraban Fernando Fernán Gómez y Tony Leblanc. Muy pronto, los Alcántara se convirtieron en la familia más popular de España y millones de personas seguían sus vicisitudes cada semana. Cuéntame batió records de audiencia y ganó numerosos premios. La historia de la época se veía reflejada en las situaciones que la familia Alcántara tenía que sortear, desde que Antonio no era más que el conserje de un ministerio hasta que después de pasar por una imprenta, un negocio inmobiliario, ser traicionado por su jefe, el siempre odioso don Pablo, Antonio se mete en política y consigue ascender. Merche pasa de peluquera del barrio de San Genaro, a diseñadora de moda y estudiante universitaria, y hasta preside con alegría y nerviosismo la primera mesa electoral. Atrás quedan aquellos tiempos en que tenía que pedirle permiso a su marido para abrir una cartilla en el banco o para trabajar. Los hijos crecen ante los ojos de los televidentes sin dejar de darles problemas a sus padres. Pero juntos viven una de las épocas más importantes y más recientes de la historia del país, asistiendo a la llegada de la Transición y todos los cambios que trajo.
http://www.ecartelera.com/series/cuentame-como-paso/carteles/15745/


Actualmente podemos ver la temporada 18 de Cuéntame todos los jueves en TVE. El hilo temporal se encuentra a finales del año 1986 y, desde hace algún tiempo, centra su atención en los cambios que produjeron los años 80 en la sociedad madrileña, con la emisión, por parte de TVE del programa Ochentéame que recupera joyas de sus archivos .

Esto quiere decir que un espectador, siguiendo únicamente las series más longevas de nuestra televisión, podría tener ante sus ojos casi todo el siglo XX. Comenzaría viendo El secreto de Puente Viejo (que empieza en 1902 y ya va por 1924, pero que a este ritmo podría llegar a 1936), proseguir con Amar en tiempos revueltos (que comienza en el 1936 y termina en 1957), continuar con Amar es para siempre (que comienza en 1960 y a día de hoy va por 1968), enlazar con Cuéntame lo que pasó (que arrancó en 1968 y ya va por 1986) y, así, lograr seguir los acontecimientos de España durante  más de 80 años mediante la visión particular, romántica y sin saltos temporales de nuestras ficciones.


Ahora el debate está en la calle y los seguidores se preguntan: ¿se alcanzará Cuéntame a sí misma? Es decir, ¿la familia Alcántara se sentará algún día delante del televisor a ver el primer capítulo de la serie Cuéntame? ¿Será una paradoja temporal o una vuelta más de tuerca?

martes, 25 de abril de 2017

20 de abril.


Algo tendrá el mes de abril que atesora varias canciones dedicadas a él o, por lo menos, que lo mencionan.

Siempre me han gustado las canciones con fecha y con nombres. De temas con nombres propios ya hemos hablado aquí y hoy vamos a hacerlo de una canción fechada justamente en el mes de abril.

Allá por el año 1991, el grupo español Celtas Cortos, encabezaba las listas de éxitos con la canción 20 de abril, tema que no dejaría ya de sonar en las radios, los pubs y las discotecas del país a lo largo de décadas. Por este motivo, no admitimos que ningún jovencito utilice la típica excusa de concurso de televisión (léase “yo no había nacido todavía”) para decirnos que no conoce la canción. Es un tema mítico de la música en español.

El grupo acaba de lanzar un nuevo disco llamado In Crecendo que vuelve a recuperarla, esta vez, con el toque de ensueño de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Al mismo tiempo ha surgido un proyecto de micromecenazgo muy interesante sobre algo a lo que hace referencia directa la canción de Celtas Cortos.

http://www.videosmusicalesdelos90.com/2017/01/celtas-cortos-20-de-abril-del-90.html
La famosa carta de Celtas Cortos nunca fue tal. Fue una canción en forma epistolar.

El tema comienza con el encabezamiento de una, ya mítica, carta que nunca existió: “20 de abril del 90. Hola, chata, ¿cómo estás?” y continúa recordando los tiempos en los que el grupo de jóvenes amigos se reunía para echar unas risas en la cabaña del Turmo. Muchos de nosotros no acabábamos de entender si aquel incipiente turismo rural se desarrollaba en la cabaña del Turmo, del turbo, del turco o de turno (porque fuera una excursión repetida en muchas ocasiones), pero sí, oímos bien, la carta se refería a la cabaña del Turmo, en realidad llamada Tormo, (situada en el Valle de Estós, que forma parte del Parque Natural de Posets-Maladeta, en Huesca) y que, actualmente, no se encuentra en buenas condiciones. Si bien el Valle de Estós es un lugar ideal para hacer escalada o esquí, la cabaña siempre ha sido utilizada para hacer noche o como alojamiento y refugio de los pastores y vaqueros de la zona. Ahora existe un proyecto de rehabilitación, con el que colabora el Gobierno de Aragón, pero que necesita del micromecenazgo para llegar a buen término. Según he leído, si donas más de 100 euros obtienes una noche de alojamiento para cuatro personas en la cabaña del Turmo. Existen webs que proporcionan más noticias al respecto y recogen los donativos que quieran hacerse. Os remito a buscar algunas de ellas si estáis interesados en este tema.

http://tejiendoenmicocina.blogspot.com.es/2013_04_01_archive.html
La verdadera cabaña del Tormo en el Valle de Estós.

Yo ya me estoy imaginando la escena. La cabaña en la alta montaña, a lo lejos árboles de distintas especies (pinos, abetos, hayas, álamos, abedules, sauces y avellanos) y arriba la nieve. Un pastor pasa cerca con su rebaño, el sonido de los cencerros te hace abrir la puerta de madera y sientes el aire fresco del monte en la cara.

-Buenos días- te saluda el pastor, que aunque no te conozca de nada, está acostumbrado a dar los buenos días a todo aquel con el que se cruza; viejas y amables costumbres de pueblo.

-Buenos días- respondes intentado que tu voz se escuche por encima de los cencerros y los balidos de las ovejas – Debe haber buenos pastos en esta zona ¿verdad?

-Los mejores- contesta sonriendo, en su mirada notas que sabe perfectamente que desconoces todo lo relacionado con los animales y se pregunta si será la primera vez que ves una oveja -¿Qué? ¿Pasando unos días en la cabaña del Tormo?

-Sí. Estoy orgulloso de haber colaborado en su rehabilitación con un donativo.

-¡Muchas gracias! ¡Si viera usted como estaba antes! Sin luz, sin agua y el tejado se nos venía encima. Pero ahora está estupenda. Han hecho un buen trabajo.

-Sí, la conocí por la canción ¿sabe?, la de Celtas Cortos, la de “20 de abril del 90; hola, chata ¿cómo estás?”- te arrancas a cantar.

-¡Ya, ya!- se ríe el pastor.


20 de abril (Celtas Cortos)


20 de abril del 90. 
Hola, chata, ¿cómo estás? 
¿Te sorprende que te escriba? 
Tanto tiempo es normal. 
Pues es que estaba aquí solo, 
me había puesto a recordar, 
me entró la melancolía 
y te tenía que hablar. 

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo, 
las risas que nos hacíamos antes todos juntos? 
Hoy no queda casi nadie de los de antes, 
y los que hay 
han cambiado, han cambiado, sí. 

Pero bueno, ¿tú qué tal? Di. 
Lo mismo hasta tienes crios. 
¿Qué tal te va con el tío ese? 
Espero sea divertido. 
Yo, la verdad, como siempre, 
sigo currando en lo mismo. 
La música no me cansa, 
pero me encuentro vacío. 

 ¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo, 
las risas que nos hacíamos antes todos juntos? 
Hoy no queda casi nadie de los de antes, 
y los que hay 
han cambiado, han cambiado, sí. 

Bueno, pues ya me despido, 
si te mola me contestas. 
Espero que mis palabras 
desordenen tu conciencia. 
Pues nada, chica, lo dicho, 
hasta pronto si nos vemos. 
Yo sigo con mis canciones 
y tú sigues con tus sueños. 

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo, 
las risas que nos hacíamos antes todos juntos? 
Hoy no queda casi nadie de los de antes, 
y los que hay 
han cambiado, han cambiado, sí.

https://es.wikiloc.com/wikiloc/imgServer.do?id=409674
Vista del Valle de Estós (Huesca). Autor:  ACF

domingo, 16 de abril de 2017

La Bella y la Bestia


http://www.elseptimoarte.net/peliculas/la-bella-y-la-bestia--5085.html
Nunca me gustó el cuento de La Bella y la Bestia. Pero cuando, a principio de los 90,  la factoría Disney creó aquella maravillosa película de dibujos animados, todo cambió. No había “princesa” Disney más natural, encantadora y simpática que Bella. Una muchacha original, adelantada a su tiempo, intelectual, valiente y feminista. Su belleza no era más que una anécdota ante tal cúmulo de cualidades. No es de extrañar que hasta el más engreído del pueblo (Gastón) o el más salvaje y atormentado príncipe (Bestia) se enamoraran de ella. Y a su lado, brillaban los objetos encantados del castillo, con su toque de humor y magia, pero sin dejar de ser humanos. Una banda sonora deslumbrante e inolvidable coronaba una de las mejores películas animadas de todos los tiempos, no en vano fue la primera de dibujos animados que estuvo nominada a la categoría de Mejor Película (junto a las de acción real) en la edición de los Oscars de 1991. Al final se llevó dos estatuillas (Mejor Canción y Mejor Banda Sonora).

Más de una década después tuve la oportunidad de ver La Bella y la Bestia, el musical y quedé fascinada por la puesta en escena y por las nuevas canciones añadidas a las ya mundialmente famosas que daban más profundidad a la trama y a los personajes. La historia de los sirvientes del castillo convertidos en objetos, aunque aparentemente pudiera parecer un cabaret con un efectista número musical, se transformaba en el anhelo de unos inocentes que, por efectos colaterales, sufrían un encantamiento y no deseaban otra cosa que, como decía su canción, Ser humano otra vez. Y el personaje de Bestia se volvía más real y más atormentado en la que se convirtió en mi canción favorita de toda la banda sonora: Si no puedo amarla. El musical, aunque fiel a la película de animación de 1991, ya no era un cuento infantil con moraleja, era una historia que también iba destinada a los adultos con un trasfondo que escapaba a la comprensión de un niño.

Cuando Disney comenzó a adaptar sus grandes clásicos animados a acción real no me atrajo nada la idea. Siempre me han gustado las películas Disney (y analizar la evolución que han sufrido sus princesas desde la tonta de Blancanieves  a las independientes Ana y Elsa) pero esto me hizo preguntarme si era realmente necesario rodar Cenicienta o El libro de la selva en acción real o si los reyes de la animación se estaban quedado sin ideas.

ATENCIÓN: contiene spoilers

Fui al cine a ver la película. La primera escena muestra un ambiente cortesano francés del siglo XVIII con un príncipe de cara empolvada, colorete, carmín en los labios y una aparatosa peluca blanca que asiste a un baile repleto de bellas doncellas. Y supongo que aquí termina el realismo. Una magnífica soprano de color y su marido, el maestro Cadenza, amenizan la velada. No sé si habrá sido la discriminación positiva o la igualdad y normalidad que, por fin, se está consiguiendo en todas partes, las que ha llevado a poner dos parejas interraciales en la película. Lamentablemente, la esclavitud no fue abolida en Francia hasta un siglo después de la época que retrata la película y el matrimonio interracial no fue legal en EEUU hasta el, demasiado reciente, año 1967. Solo encontré un par de referencias sobre ello en varios artículos donde se quejan de lo tarde que llega el primer beso interracial a una película Disney. Desde luego que llega tarde, pero no es el primero si tenemos en cuenta a Pocahontas y John Smith, aunque intuyo que Walt Disney nunca hubiese llevado a la gran pantalla la historia de Pocahontas. Sobre lo que sí han corrido ríos de tinta es sobre el primer personaje homosexual del universo Disney y por desgracia, demasiados son los comentarios negativos para estar en el siglo XXI, demasiados cines que no van a emitir la película por ese motivo y demasiados países que la han clasificado para mayores de 16 años.

Pero estábamos en la fiesta del castillo, el príncipe baila con todas las doncellas decidido a elegir a la más hermosa casi como si tuviera derecho de pernada. Nos queda claro que solo se rodea de lo más bello, que es superficial, frío, altivo y despótico. Y por si esto fuera poco, se nos informa de que asfixia a sus súbditos con los más exorbitantes impuestos para permitirse su alto nivel de vida. Entra en escena la anciana y tiene lugar la escena que nos narraba una vidriera en la película de animación: su rechazo ante el aspecto de la recién llegada y su desprecio hacia la rosa que pretende entregarle a cambio de cobijo. Pero la anciana es una poderosa hechicera que lo convierte en bestia y le lanza una maldición asegurándole que si no ha conseguido enamorarse y ser correspondido antes de que caiga el último pétalo de la rosa mágica, seguirá siendo una bestia para siempre. Y piensas que te lo han presentado de tal forma, que casi se lo merece y que hasta Gastón (que aún no ha salido) resulta mejor opción.

El resto de la película sigue toda la línea argumental de su predecesora, las escenas, las canciones y los diálogos son casi idénticos, aunque introduciendo algunos elementos nuevos. Bella aparece en la puerta de su casa recreada con exquisito gusto, cantando la famosa Mi pequeña aldea, (que será pequeña, pero que aquí está superpoblada) con Romeo y Julieta en las manos.

El plano psicológico de los personajes está más desarrollado. Bella sigue teniendo todas las cualidades del personaje original, pero además de una lectora incansable, amante de la obra de Shakespeare, es más feminista, más altruista, más valiente y una inventora nata. Su padre, con la precisión del mejor relojero, hace pequeñas obras de arte y pinta retratos de su añorada esposa, guardando con celo el secreto de su triste pasado. Las rosas adquieren aquí unas connotaciones nuevas, más profundas y hermosas que en la versión original, convirtiéndose en el detonante de varias situaciones de importancia en la trama. Gastón, un capitán del ejército, regresa de su última batalla con la idea de casarse con Bella, y como ya hemos visto al príncipe peor persona que en la película de animación, no queda más remedio que poner a Gastón aún más malvado. Lefou, su ayudante, gana mucho en este film, pasando de ser una mera comparsa de Gastón y poner un toque de humor al asunto, a un hombre que se debate entre la devoción que siente por él y el rechazo que le producen sus fechorías.

Respecto a los habitantes del castillo, pierden con la transformación de dibujos animados a objetos reales, son más simpáticos y más humanos los de la película de 1991 (por cierto, les han quitado la canción del musical Ser humano otra vez, que tan bien explicaba sus sentimientos). Son partícipes de la suerte del príncipe porque son (más bien se sienten ellos) indirectamente responsables de su maldad. Din Don y Lumiere han perdido su cinismo (ni rastro queda de aquel consejo que le dan a Bestia para que conquiste a Bella: “flores, bombones, promesas que no se piensan cumplir”) y les han quitado sus continuos y divertidos enfrentamientos. Lumiere está profundamente enamorado de su atractiva Plumette (transformada en plumero) a la que no puede abrazar por miedo a quemarla. Madame de Garderobe, la señora armario, es la soprano estrella del principio de la película y la que más acusa su condición de objeto, pues pasa más tiempo dormida que despierta. Está muy enamorada de su marido, Cadenza, el clavicordio, un nuevo e interesante personaje, que sufre por no poder permanecer al lado de su esposa, y que toca melodías en soledad. Por supuesto, la sra. Potts y Chip siguen siendo los más encantadores. El castillo se convierte en un personaje más que se autodestruye cada vez que cae un pétalo de la rosa mágica. Bestia, a pesar de la soledad y desesperanza en la que vive,  no termina de aprender la lección, porque el primer comentario que hace cuando sus antiguos criados le aseguran que Bella puede ser su salvación, es despreciarla por ser una simple campesina. Con efectos digitales se ha construido al personaje de Bestia, pero el abuso del CGI le quita verisimilitud. Por un flash back sabemos que el origen de la maldad de Bestia está en la pérdida de su madre a temprana edad y la educación, cultivada pero despótica, que le da su padre con la impasibilidad de los criados.  Es la pasión por los libros el punto de unión entre Bella y Bestia y lo que hace que poco a poco se vayan enamorando.

Hay un nuevo objeto mágico que nos da más explicaciones sobre el secreto que guarda Maurice y el pasado de Bella: un atlas que puede transportarlos al lugar que deseen. Bella pide ir a su antiguo hogar de París. Allí, con Notre Dame vislumbrándose por la ventana (sin la presencia de la anacrónica Torre Eiffel que aparece en la película de animación), descubre que su padre tuvo que abandonar a su madre, enferma de peste, para salvar la vida de su pequeña Bella.

Cuando Bella se marcha del castillo para intentar salvar a su padre, Bestia cree que la ha perdido para siempre y, sin concebir la vida sin ella canta una canción nueva ¡qué no es la insuperable Si no puedo amarla del musical!

Los minutos finales de la película son los únicos que superan la versión animada, convirtiéndose en una auténtica delicia: la atmósfera; la magnífica recreación del castillo; Lefou dándole la espalda a la mala influencia de Gastón; el protagonismo de Agatha (la hechicera) que sube las escaleras con aplomo, sabiendo perfectamente a dónde va y qué va hacer; ese último pétalo marchitándose dentro de la preciosa campana de cristal; Bestia resignado a la muerte pero sintiéndose premiado por poder despedirse de Bella; ese “te amo” a destiempo de la muchacha; el milagro que se produce al deshacerse la maldición; el rostro de Bestia que ha vuelto a ser un hombre, pero esta vez un hombre enamorado dispuesto a dar lo mejor de sí a los demás; el silencio elocuente de la pareja que se convierte en su primer beso; la transformación en personas de todos los objetos animados; la recuperación de la memoria perdida de los aldeanos; el reencuentro de familiares; el beso de la soprano y el músico; el beso de Lumiere y su amada; y el baile. ¡Qué baile! Tan distinto al que abre la película, tan verdadero y feliz, con Maurice superando los malos recuerdos y pintando a su bella hija y con la pareja protagonista bromeando, preludio del “y vivieron felices y comieron perdices” con el que terminan todos los cuentos que se precien.


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jueves, 30 de marzo de 2017

Diario de viaje: Albufeira, Lisboa y Cascais II. Llegada a Lisboa y visita a su catedral.

El enfado del GPS

Al día siguiente pusimos rumbo a Lisboa. Nos habían dicho que los peajes en Portugal eran muy caros, así que intentamos evitarlos. Lo intentamos y lo conseguimos de tal manera que nuestro viaje se alargó más de lo previsto en carreteras secundarias, campos de olivos, detrás de camiones españoles (gallegos para ser más exactos) y puestos de fruta y verdura sembrados aquí y allá, con un solitario campesino esperando que algún coche parara para comprarle la mercancía. El sol nos acompañó todo el viaje y se colaba por la ventanilla incidiendo en mi brazo. Cuando llegamos a Lisboa el antebrazo lo tenía totalmente quemado.

Si el GPS nos hizo perdernos en tierras andaluzas, en Portugal nos fue del todo efectivo y hasta imprescindible. ¡Pobres viajeros los que no llevan un buen GPS! La voz femenina nos guiaba con enorme precisión, recalculando rutas cuando nos saltábamos algún desvío y enfadándose cuando nos equivocábamos. Hasta el momento yo pensaba, ilusa de mí, que la ventaja de un GPS frente a un copiloto estribaba en que el acompañante humano podía enfadarse si nos equivocábamos un par de veces y llegar a la ira si nos perdíamos, pero aquel día descubrí que los GPS también se enfadan. Es curiosa la forma de enfadarse del pequeño ordenador de a bordo, no suspira, no se queja, no bufa, no grita… pero te repite constantemente lo mismo, una y otra vez, como echándote en cara que te has pasado la salida correcta, te lo dice tanto y tan seguido que incluso, en tu humanidad (que no en la de él), te parece que hay cierto tono de ira en su voz. Después aparece un cartelito que pone “recalculando la ruta”… y eso ya es  como si te culpara de tu ineptitud de tal manera que hasta te entran ganas de disculparte.


Los puentes de Lisboa


La entrada a Lisboa está muy bien pensada. Por lo que pudimos comprobar hay tres puentes para entrar, dos larguísimos, bonitos y llamativos, que están al comienzo y al final de la ciudad y un tercero que está en un pueblo que hay que atravesar entero hasta llegar, después de varios kilómetros a paso de tortuga, a la capital. Los dos maravillosos puentes que te abren las puertas de Lisboa son de pago, un pago por el que poco menos que podrían ponerte una alfombra roja. Pero ambos son impresionantes. Por el que entramos, el Puente Vasco da Gama (el más largo de Europa) hacía una curva sobre el río Tajo y te daba la bienvenida a la ciudad. Vale la pena pagar la autopista de peaje que lo antecede.


Sobre el Tajo debo decir que es un río que nunca me había llamado la atención, que siempre, en mi imaginación, estaba por debajo del Guadalquivir y el Ebro en el “ranking” de ríos, pero que en Portugal tienen un inmenso cariño y todo lo bautizan con su nombre: el Tejo. Mi primera impresión fue que aquello no era el Tajo. No, no, no podía serlo. Aquello era como un mar del que a lo lejos puedes alcanzar a ver la otra orilla. A lo lejos, muy lejos, un Cristo con los brazos abiertos te espera. Las olas se balanceaban bajo el puente y llegaban hasta las dos costas. ¡Ahora va a resultar que el Tajo es tan grande como el Amazonas! Pues no, es el estuario y el Océano Atlántico que penetra en tierra.

Vista del río Tajo y uno de los puentes. A la izquierda, en la otra orilla, el Cristo con los brazos abiertos sobre un alto pedestal.


1999 versus 1979

Llegamos al hotel rápidamente con la inestimable ayuda del GPS (esta vez sin necesidad de que se enfadara). El hotel tenía buen aspecto por fuera y un aparcamiento estrecho y empinado por el que no era nada fácil entrar. En la puerta del hotel había una pegatina que ponía: “Guía Michelín 1999”. El recepcionista era un hombre de edad, uniformado, recto y serio que nos atendió hablándonos una mezcla de castellano-portugués que se entendía bastante bien. Nos entregó una funda que contenía un mando a distancia de TV, una tarjeta de plástico duro troquelada con varios agujeros y otra similar (con los agujeros en distintos lugares) que era la del “cofre”. Cuando vi aquello comencé a temerme lo peor. Mis sospechas se vieron confirmadas cuando entré en la habitación: dos camas de ochenta, una mesita de noche en el centro, un armario antiguo y sin espejo, un escritorio con la encimera de mármol, todo  con aspecto inequívoco de los años setenta y una televisión plana último modelo sobre el escritorio. El cuarto de baño era más moderno, pero conservaba su secador de pelo, con aspecto de  película futurista rodada en los años setenta, que había adquirido ese característico color amarillento del plástico que cubre los monitores de ordenadores viejos. Hay que admitir que el secador era buenísimo porque aún funcionaba. Todo demasiado antiguo  como para que le dieran el distintivo Michelín en el 99, creo que no se lo habría merecido ni en el 89… Pero, al menos, todo estaba limpio.


Nuestra primera intención fue almorzar en un restaurante portugués pero a aquellas horas (las tres de la tarde) todo estaba cerrado o vacío. Pasamos por varias plazas preciosas, con un encanto muy especial y un aire romántico que me agradó mucho. En la esquina de una de ellas encontramos el “Hard Rock Café” y allí almorzamos.



Bienvenido Mr. Marshal.

El primer monumento que visitamos en Lisboa fue la catedral. Pudimos llegar a ella por calles empinadas, ya que la ciudad está sobre varias colinas y hay grandes desniveles entre unos barrios y otros.

La primera impresión fue que era bastante pequeña para una ciudad tan grande, pero es de imaginar que cuando se construyó (en plena edad media) Lisboa no contaba con un elevado número de habitantes.



Aunque tiene muros pesados y fuertes, el gótico se muestra a cada instante en cualquiera de sus rincones. Por las vidrieras entraba una suave luz dorada y los rosetones dibujaban sombras en el suelo. 

Después de recorrer sus naves, justo antes de llegar a la girola, nos encontramos con una taquilla. Intentamos asomarnos para ver si había que pagar solo por ver  el deambulatorio o había algo más. No conseguimos que el empleado soltara prenda. Miramos, intentamos hacernos entender, pero no había manera. En aquel momento un americano, se acercó a la taquilla y sacó un billete de diez euros. El empleado negó con la cabeza al tiempo que le hablaba en portugués. El americano nos dirigió una mirada y nos preguntó, en inglés, si teníamos cambio. Le dijimos que no. Entonces con un gesto generoso entregó el billete de diez euros y señaló que estábamos las tres invitadas. Le dimos la gracias pero no nos atrevimos a entrar todavía porque esperábamos para que Migue pagara su correspondiente entrada y viniera con nosotras. El portugués se quedó algo extrañado por nuestra duda y buscó con la mirada el sujeto de nuestra atención. Migue estaba sentado en uno de los bancos y, aunque le hicimos señas, no nos veía. En aquel momento una turista alta, delgada, rubia y guapa se coló entre Migue y nosotras y se convirtió en el blanco de la mirada del taquillero. Éste, con una sonrisa, nos dijo en portugués que si la “moça” venía con nosotras también quedaba invitada a entrar en el recinto.

- No, señor taquillero, a la “moça” no la conocemos de nada, quien viene con nosotras es Migue, el marido de Mariví.

-¿Marido?

Se ve que aquello no le hizo tanta gracia, la sonrisa se le congeló en los labios y se volatizó su generosidad.

Entramos las tres en el maravilloso claustro gótico. Vale la pena pagar cualquier entrada para ver aquellos arcos y las pequeñas capillas. El patio estaba abierto y cuadriculado debido a una excavación arqueológica. Algunas pasarelas de hierro comunicaban las distintas partes del claustro. Una ventana con arcada gótica daba al exterior. La luz entraba a raudales creando una postal única. Podían verse los edificios opuestos, la ropa tendida de las vecinas y el estuario, el gran estuario.


Volví a cruzarme con “Mr. Marshal” y de nuevo le di las gracias por habernos invitado a tan precioso lugar.

El precioso claustro de la catedral de Lisboa.