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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Museo del Louvre. 230 aniversario.

Los magníficos edificios que albergan una de las colecciones más fabulosas del planeta fueron, en origen, una sencilla fortaleza. Su construcción comenzó por orden del rey Felipe Augusto en el año 1190. Luego se transformó en castillo y más tarde se reconstruyó como palacio renacentista por orden de Francisco I, el mismo que invitó a Leonardo da Vinci a residir en Francia y adquirió La Gioconda tras la muerte del artista.

El Palacio del Louvre siguió sufriendo remodelaciones a lo largo del tiempo. Durante la Revolución Francesa se incautaron muchos bienes, incluida la Colección Real de Arte, y la Asamblea Nacional decidió que todas estas obras debían ser expuestas al público.

Entrada al museo del Louvre desde la Pirámide de cristal
con la fachada del ala Richelieu al fondo.
Imagen: archivo personal.

El 10 de agosto de 1793 se abrió el Muséum Central des Arts de la République que solo ocupaba el Salón carré y parte de la inacabada Gran Galería. La colección se componía de 537 cuadros y unas pocas esculturas que solo visitaron artistas y algunos aficionados al arte. Algunas fuentes indican que se inauguró oficialmente el 8 de noviembre del mismo año.

En las siguientes décadas sus fondos aumentaron enormemente. A las obras provenientes de la Colección Real, la desamortización, las donaciones, las adquisiciones, los intercambios y las campañas arqueológicas, se unieron los objetos de arte confiscados en las guerras napoleónicas. Bonaparte deseaba tener el mayor museo del continente y ordenó traer piezas de arte de los países invadidos. Así se hizo, pero sus tropas ocasionaron también grandes destrozos al patrimonio de las zonas ocupadas. Ya hablamos aquí de lo ocurrido en Italia y España.

Las Bodas de Caná fue una de las obras que las tropas francesas se llevaron de Venecia
 y no se devolvieron. Como compensación se entregó a Italia un lienzo de Le Brun.
Imagen: foto del cuadro en el museo. Archivo personal.

Esfinge en el Louvre.
Imagen: archivo personal
Desde 1803 hasta 1814 el Louvre pasó a llamarse Musée Napoleón. Tras la caída de Bonaparte más de 5000 obras de arte retornaron a los países expoliados, pero otras no fueron devueltas nunca. Carlos X ordenó que se creara el departamento de Antigüedades Egipcias y Champollion se encargó de ello. Con Napoleón III los fondos crecieron muchísimo y fue imprescindible ampliar el museo.

El siglo XX también estuvo lleno de cambios. En 1911 se hicieron patentes los graves fallos de seguridad cuando se produjo el robo de la Gioconda o Mona Lisa, como también se la conoce. Fue un auténtico escándalo que acabó convirtiéndola en la pintura más famosa del mundo, la obra más emblemática del Louvre y la que ansían ver todos los turistas.

La Gioconda es la obra más visitada del museo.
Imagen: archivo personal.

Como hicieran las tropas napoleónicas en su época, el ejército alemán también saqueó y expolió las colecciones de los países que caían bajo su dominio durante la II Guerra Mundial. Antes de que ocuparan París, Jacques Jaujard trasladó las obras hasta conseguir ponerlas a salvo. Cuando las tropas alemanas entraron en el Louvre se lo encontraron vacío y decidieron utilizarlo como almacén para guardar las piezas artísticas que iban incautando. Jaujard realizó un registro de todos aquellos objetos. También fue idea suya lanzar un mensaje de radio a los aliados con las frase «La Joconde a le sourire» (La Gioconda está sonriendo) que llevaba codificadas las coordenadas donde escondían las obras, consiguiendo salvarlas de los bombardeos. Terminada la guerra, la colección del Louvre volvió a París. Y, aunque se intentó devolver a sus dueños las obras confiscadas por los nazis, se consiguió en muy pocos casos.

Pirámide invertida.
Imagen: archivo personal.
A finales del siglo XX se puso en práctica el controvertido proyecto «Gran Louvre». Los ministerios que continuaban en el palacio se trasladaron a otros edificios consiguiendo ampliar, de este modo, el espacio museístico.

La reorganización de las colecciones puso un límite cronológico a las obras expuestas y todas aquellas posteriores a la revolución de 1848 pasaron a exhibirse en el nuevo Museo de Orsay que abrió sus puertas en 1986. Esto hizo que los impresionistas se «mudaran» a la antigua estación de ferrocarril de París-Orleans.

El arquitecto Ieoh Ming Pei construyó la famosa Pirámide de vidrio y metal del Louvre. A pesar de la oposición de muchas personalidades, fue inaugurada en 1989 en la cour Napoleón. Hoy en día no solo es una de las entradas más importantes del museo si no que se ha convertido en todo un símbolo. Lo que mucha gente ignora es que, en realidad, son 5 pirámides: la central y más vistosa, las tres pequeñas que la rodean y la invertida que se encuentra en el subterráneo del Carrusel del Louvre.

Vista de la Pirámide central desde una de las pequeñas.
Imagen: archivo personal.

Y si el continente es magnífico, el contenido es aún más impresionante. Casi 10.000 años de historia se dan cita entre sus paredes. Pinturas, esculturas, relieves, frisos, cerámicas y un sinfín de objetos preciosos. Hay antigüedades mesopotámicas impresionantes, una gran colección egipcia que llena 20 salas, antigüedades griegas, etruscas, romanas, objetos de la América precolombina, de África, Asia sudoriental y Oceanía.

El Louvre es también una importante pinacoteca. Se calcula que se exhiben unos 7.500 cuadros que representan a las diferentes escuelas europeas desde el siglo XIII hasta mediados del XIX. De todas estas obras el 66% pertenecen a pintores franceses. También nos encontramos con obras de maestros como Van Eyck, Brueghel, Rubens, Van Dyck, Remblandt, Vermeer, Fra Angelico, Botticelli, Rafael, Tiziano, Canaletto, Murillo, Goya, Ribera, El Greco, Zurbarán, Turner o Constable.

Entre las pinturas más famosas están la ya mencionada Gioconda de Leonardo da Vinci (1506), La Virgen de las rocas de Leonardo da Vinci (1486), La bella jardinera de Rafael (1508), Las Bodas de Caná de Veronés (1563), La muerte de la Virgen de Caravaggio (1606), La coronación de Napoleón de Jacques Louis David (1808), La balsa de la Medusa de Géricault (1824) y La Libertad guiando al pueblo de Delacroix (1830).

La libertad guiando al pueblo.
Imagen: archivo personal.

Venus de
Milo.
Entre las esculturas, relieves, frisos y estelas más importantes que alberga el museo del Louvre están: el Código de Hammurabi (1750 a. C.) estela de basalto escrita en cuneiforme que recoge las leyes babilónicas; los Toros androcéfalos alados del palacio de Sargón II, rey asirio (713 a. C.); el Friso de los arqueros (510 a. C.) del rey persa Darío I de Susa; el Escriba sentado (2500 a. C.); La Gran Esfinge de Tanis (2600 a. C), La Escultura de Amenofis IV o Akenatón (1350 a. C) entregado por el gobierno egipcio en agradecimiento a Francia por la salvaguardia de los monumentos de Nubia; La Dama de Auxerre (Creta, 640 a. C); Placa de las Ergastinas (parte del friso del Partenón, 445 a. C); Frisos del templo de Artemis (560 a. C.); Venus de Milo (100 a. C); Victoria de Samotracia (190 a. C); Esclavo moribundo y esclavo rebelde de Miguel Ángel (1515) y Psique revivida por el beso de Cupido de Antonio Canova (1793).

Toro alado del palacio de Sargón II.
Imagen: archivo personal.

Pero en el Louvre también pueden verse los restos de la fortaleza medieval que le dio origen y contemplar las salas palaciegas donde estuvieron los monarcas franceses y los ministerios y pasear por los jardines de las Tullerías.

Restos de la fortaleza medieval.
Imagen: archivo personal.

El museo del Louvre fue el primero en cerrar sus puertas por iniciativa de sus trabajadores en el año 2020. Poco después lo hacía oficialmente, al igual que la mayoría de los museos del mundo, tras la declaración de la pandemia de COVID-19 por la OMS. Ese 2020 el museo del Louvre permaneció cerrado 150 días.

En la actualidad, el museo exhibe unas 35.000 obras y sus fondos alcanzan las 616.000 piezas de arte. Este año 2023 celebra su 230 cumpleaños como el museo más visitado del mundo.

Victoria de Samotracia.

Dos guiños para los españoles:

El primero es que quizá lo último que esperamos encontrarnos en el museo del Louvre es «una menina». Al entrar en las salas de arte español nos sorprende ver el retrato de Mariana de Austria y, especialmente, el de la infanta Margarita a la que reconocemos por el célebre cuadro Las Meninas (1656, Velázquez. Museo del Prado). Durante mucho tiempo el Louvre presumió de tener obras de Velázquez, explicando que habían sido un encargo de la reina de Francia, Ana de Austria, a su hermano el rey de España. Pero los expertos en arte afirman que habían salido del taller de Velázquez, pero no estaban pintadas por él.

Pintura española en el museo del Louvre.
Imagen: archivo personal.

El segundo es que nuestra Dama de Elche (comprada por un hispanista francés) «vivió» 44 años en el Louvre hasta que conseguimos que nos la devolvieran junto a otras obras y miles de manuscritos que se habían llevado las tropas napoleónicas.

Nota personal: el museo del Louvre es un lugar maravilloso que concentra mucho arte y mucha historia. Si no lo habéis visitado, y tenéis la oportunidad de hacerlo, no lo dudéis. El Louvre es como para quedarse a vivir allí… siempre y cuando no sean ciertos los rumores de que lo habitan varios fantasmas.

Vista del museo del Louvre con la Pirámide.
Imagen: archivo personal.

Nota: todas las fotos son del exterior y el interior del Louvre realizadas durante las visitas.

 

martes, 29 de diciembre de 2020

Aniversarios artísticos

Si hace pocas semanas contábamos aquí algunas de las efemérides literarias más importantes del año 2020, ahora llega el turno de hablar de otros creadores que también están de aniversario.

V centenario de la muerte de Rafael:

Raffaello Sanzio da Urbino es, junto a Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti el pintor más importante del Renacimiento. Rafael nació y murió en viernes santo, unas fiebres se lo llevaron el 6 de abril de 1520, justo el día en que cumplía 37 años. Fue enterrado en el panteón de Agripa en Roma por petición propia. Quinientos años después el mundo preparaba exposiciones conmemorativas que se vieron anuladas o alteradas por la pandemia que sufrimos en el 2020.

Pudieron rendirle homenaje en Alemania con la exposición Rafael en Berlín: las madonas de la Gemädegalerie, inaugurada en diciembre de 2019.

En febrero de 2020 fue la Capilla Sixtina la que protagonizó un hecho histórico al ser trasladados allí los 10 tapices de la vida de los apóstoles diseñados por Rafael en 1515 y que, originariamente, estaban destinados a decorar todo el perímetro de la sala, junto a los frescos de Botticelli y la impresionante bóveda con las pinturas de Miguel Ángel, aunque éste último siempre se negó a compartir espacio con el genio de Urbino. Tras la muerte de León X, al año siguiente, algunos tapices fueron empeñados y otros robados por las tropas de Carlos V y, siglos después, por Napoleón. No fue hasta el siglo XIX cuando pudieron ser recuperados, pero no volvieron a la Capilla Sixtina. En esta ocasión lo hicieron durante solo una semana, en honor a Rafael.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/tapices-rafael-volvieron-a-capilla-sixtina-500-anos-despues_15340
La Capilla Sixtina con los tapices de Rafael.
Foto de Fernanda Chandler. Publicada en nationalgeographic.com

Otra de las grandes exposiciones que llevaba años preparándose fue la del museo Scudirie del Quirinale en Roma proyectada para marzo de 2020 y en la que se reunían más de 120 pinturas y dibujos de Rafael, así como códices y objetos antiguos que sumaban un total de 204 piezas, la mayoría prestadas por las más importantes  colecciones del mundo. Pero tuvo que cerrar sus puertas debido a la alarmante situación sanitaria. Con gran esfuerzo y con todas las medidas de seguridad necesarias, la muestra Rafaello abrió de nuevo y pudo ser disfrutada por los visitantes desde junio a agosto.

Quien también pudo rendirle su particular homenaje fue el Palacio Real de Madrid con la exposición temporal Tapices para Felipe II donde se exhibieron los 9 paños diseñados por Rafael y que muestran las vidas de San Pedro y San Pablo.

Además, la Galería Nacional de Arte de Washington D.C. consiguió abrir su exposición dedicada a Rafael del 13 de octubre al 15 de noviembre y que, en el momento de escribir estas líneas, puede verse en su web oficial.

VI centenario de la construcción de la cúpula del duomo de Florencia.

Florencia es una de las ciudades más hermosas del mundo y la cúpula de Santa María de Fiore es su símbolo. La catedral comenzó a  construirse en 1296 y su cúpula el 7 de agosto de 1420. En la actualidad, 600 años después, su belleza y misterio continúa asombrado a los visitantes.

Vistas de Florencia.

La catedral de Florencia terminaba en un balcón, dejando al aire libre el espacio sobre el altar mayor. Los años transcurrían y nadie parecía ser capaz de erigir una cúpula que debía arrancar a 55 metros de altura y cubrir casi 50 metros de ancho.

En 1418 las autoridades decidieron convocar un concurso para el que parecía un proyecto irrealizable. Rápidamente aquello se convirtió en un desafío de ingenio y orgullo entre los mejores arquitectos. Entonces llegó Filippo Brunelleschi, un orfebre con bastante mal carácter, que guardaba sus planos en el más estricto secreto. Cuentan que se presentó ante todos retándolos a poner en pie un huevo. Nadie lo consiguió. Brunelleschi, simplemente lo cascó un poco y lo puso sobre la mesa. Esta historia, también atribuida a Colón, puso en jaque a los presentes y le granjeó no pocas antipatías. Lo cierto es que Brunelleschi, entre disputas y discusiones que le costaron ser expulsado de las asambleas en varias ocasiones, consiguió demostrar su valía ofreciéndose a edificar dos cúpulas, una dentro de la otra, sin necesidad de complicados andamios. Ganó el concurso y en 1420 comenzó a construir la cúpula que se convertiría en un hito del Renacimiento y después quemó los planos.

Interior de la cúpula del duomo de Florencia.


Vista de la cúpula.
Sin embargo, lograr su proyecto no fue tarea fácil, tenía bajo su dirección a un gran número de artesanos, era riguroso, pero se preocupaba por la seguridad de sus trabajadores y les daba instrucciones muy precisas. Lo que peor llevaba era trabajar con su eterno rival, Lorenzo Ghiberti, con quien se había disputado (y perdido) el proyecto de la puertas de bronce del Baptisterio de Florencia (las puertas del Paraíso). Las intrigas, los secretos, las conspiraciones estaban servidas y con ellas el misterio que convirtió su construcción en leyenda.

Durante muchos años los florentinos la utilizarían en su lenguaje popular para referirse a la fecha de cumplimiento de algo como “antes de que el Cupolone esté terminado”.

Año Van Eyck:

Flandes está de enhorabuena desde que decidió homenajear a los tres maestros más importantes del arte flamenco dedicando un año a cada uno desde 2018 al 2020: Rubens, Bruegel el Viejo y Van Eyck. El 2020 iba a ser el gran Año Van Eyck, pero debido a los acontecimientos que han obligado a cancelar multitud de eventos ha tenido que ser prorrogado hasta 2021.

Catedral de
Saint-Bavon (Gante)
Gante y Brujas preparaban numerosas exposiciones y actos festivos, que se han visto modificados. Pero, por fin, ha regresado el panel central inferior, conocido como el Cordero Místico, a la catedral de San Bavon (Gante) después de años de restauración.

El políptico de la Adoración del Cordero Místico (1432) se considera la última obra de la Edad Media y la primera del Renacimiento. Consta de 12 paneles de madera con 20 escenas. Su creación y todo lo que le rodea le ha dado un halo de misterio que se acrecienta al saberlo la obra más robada de la historia, en trece ocasiones. Ha pasado por muchas manos, ha sido despedazado y falsificado varias veces. Dos de los personajes más famosos que ambicionaban poseer la tabla del Cordero Místico fueron Napoleón que se lo llevó al Museo del Louvre y Hitler que lo creía un mapa lleno de acertijos para encontrar los Arma Christi o instrumentos de la Pasión de Cristo.

Cartel de la restauración de la Adoración del Cordero Místico.

250 aniversario del nacimiento de Beethoven:

Otras ciudades que llevaban años preparando festejos para el 2020 eran Viena  y Bonn que deseaban conmemorar el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven. El compositor nació en Bonn (1770) pero residió en Viena buena parte de su vida.

Bonn había planeado un circuito Beethoven arrancando de su casa natal y paseando por los lugares más emblemáticos.  Lo mismo había ideado Viena, una visita guiada por las casas en las que había residido desde que se instalara en la capital de la música con 22 años. El año Beethoven había arrancado el 16 de diciembre de 2019 y debía continuar todo el 2020 con más de 800 eventos entre conciertos, exposiciones, teatro y congresos. Pero la pandemia obligó a cerrar los auditorios y suspender centenares de actividades. Algunos homenajes han podido celebrarse, pero otros han tenido que trasladarse a las redes y convertirse en eventos digitales.

Centenario del nacimiento de Federico Fellini:

Y no queremos cerrar este capítulo sin mencionar a otro de los homenajeados en este fatídico 2020. Este era también el año Fellini e Italia iba a volcarse con el llamado Fellini100 antes de que la pandemia se cebara con el país.

El genio italiano cambió la forma de hacer cine, dejó varias películas emblemáticas del séptimo arte, ganó cinco Oscar e incorporó su nombre al diccionario de la lengua italiana donde se reconoce la palabra felliniano.

Con La Strada (1954) consiguió su primer Oscar con tan solo 34 años, pero su obra más recordada es La dolce vita (1960) que marcó una era y retrató a Roma como nunca antes nadie lo había hecho. Aquella película nos regaló la icónica imagen de Annita Ekberg bañándose en la Fontana di Trevi ante la mirada de Marcello Mastroianni, una de las escenas más famosas de la historia del cine.

 

Fotograma de La dolce vita.
Wikipedia.

Lee también los Aniversarios literarios

jueves, 23 de mayo de 2019

Leonardo da Vinci. V centenario.


Cuando pensamos en un genio del Renacimiento, pensamos en Leonardo da Vinci. Este año le rendimos homenaje con exposiciones y retrospectivas en numerosas ciudades para conmemorar el quinto centenario de su muerte.

Todos conocemos al Leonardo que pintó la controvertida Última Cena que varios escritores han colocado como centro del misterio en no pocas novelas y al Leonardo que dibujó la enigmática Gioconda sobre la que tanto se ha debatido. En la carta que escribió para ofrecer sus servicios a los Sforza decía que era ingeniero militar, inventor, pensador, arquitecto, escultor… y al final añadía pintor. Pero Leonardo era mucho más que eso, era científico, filósofo, investigador, urbanista, anatomista, botánico, poeta, músico, óptico, geólogo, cocinero, diseñador de jardines, decorados, eventos y trajes. Era un observador nato, un estudioso, un curioso con mucha imaginación que no hacía distinciones entre la ciencia y el arte, que deseaba comprender lo que le rodeaba. Observaba el vuelo de los pájaros para crear una máquina que otorgara la habilidad de volar a los hombres; ideaba barcos a palas sin sospechar que el motivo por el que no funcionaban era haberse adelantado varios siglos a la invención del elemento que aún le faltaba (la máquina de vapor) pero que sus barcos llegarían a surcar ríos como el Misisipi con éxito; diseccionaba cadáveres de personas y animales para comprender la anatomía y lo anotaba y dibujaba todo en sus cuadernos, esos famosos códices que se disputan las más prestigiosas bibliotecas y museos.

Monumento a Leonardo da Vinci en Milán.

Leonardo tenía multitud de ideas fantásticas sobre los más diversos campos, pero a menudo quedaban inacabadas porque sus pensamientos lo llevaban por nuevos caminos en busca de otros conceptos a los que dar forma. Fracasaba numerosas veces, pero no se rendía. El fracaso solo era un camino por el que ya había comprobado que no daría con la solución, así que iniciaba otro distinto sin  desanimarse.

Leonardo nació en la Toscana en 1452.  Hijo ilegítimo del rico notario Piero da Vinci y de Caterina, de quien aún no tenemos claro si era campesina o una esclava oriental propiedad de Piero.

Al descubrir su talento, el famoso pintor Andrea de Verrochio lo llevó como aprendiz a su taller en Florencia sin imaginar que aquel muchacho de 15 años llegaría a superarlo en maestría y a hacerle plantearse dejar la pintura.

En aquellos años entabló amistad con Botticelli y, contra todo pronóstico, abrieron juntos una taberna. Pero la innovadora forma de entender la cocina de Leonardo no fue del agrado de los comensales y el negocio no tardó en quebrar. Solo una cosa relacionada con la cocina pareció salirle bien: la invención de la servilleta. Aquella amistad se rompió por la traición de Botticelli que acabó cayendo en la secta de Savonarola y arrojando sus propios cuadros a una de sus hogueras de las vanidades.

En aquel tiempo Italia estaba dividida en numerosas ciudades Estado y, Florencia, gobernada por los Medici, aspiraba a ser la capital cultural de Europa. El arte era poder y la famosa familia se convirtió en mecenas de numerosos artistas como Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, los tres grandes nombres del Renacimiento pero pertenecientes a tres generaciones diferentes. Rafael era el más joven y el más querido por todos cuantos lo conocían. Suya es la famosa Escuela de Atenas pintada en el Vaticano donde retrata a Leonardo como Platón, a Miguel Ángel como Heráclito y a sí mismo como Apeles. Miguel Ángel era otro genio pero no causaba simpatía con su aspecto sucio y su carácter retraído. Miraba con desagrado el porte elegante, la personalidad afable y generosa de Leonardo, y pronto se convirtieron en rivales.

En "La Escuela de Atenas" Rafael pinta a Leonardo como Platón en el centro del cuadro.
Estancias de Rafael en El Vaticano.

En 1482 Leonardo acudió a Milán para dedicarse a la ingeniería militar y a desarrollar maquinaria de guerra para los Sforza. En sus cuadernos contemplamos cañones, vehículos blindados, puentes portátiles, sistemas para proteger Milán y artefactos para asediar otras ciudades. Allí vivió en dos etapas diferentes, sumando un total de 17 años de su vida.

Leonardo no se olvidó de la pintura y, entre otras obras, aceptó el encargo de la Última Cena para el refectorio de Santa Maria delle Grazie. Pero en lugar de pintarla al fresco, lo que aseguraba que los pigmentos quedaran totalmente adheridos a la pared, experimentó con la técnica al secco. A los pocos años la pintura comenzó a deteriorarse. Desde entonces los conservadores han estado esforzándose por mantenerla en las mejores condiciones posibles, luchando contra el tiempo, contra el rey de Francia que quiso arrancarla de la pared para llevársela y protegiéndola con sacos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

"La Última Cena" de Leonardo da Vinci en el refectorio de Santa Maria delle Grazie (Milán).
Por razones de conservación solo se permite la entrada durante 15 minutos en grupos de 20 personas. 

En la década de 1490 dibujó en uno de sus numerosos cuadernos el famoso Hombre de Vitruvio donde sigue las proporciones clásicas del arquitecto romano y consigue la cuadratura del círculo. Se considera el símbolo del Renacimiento donde el hombre se convierte en el centro de todo y se piensa que es un autorretrato del artista. Actualmente se conserva en la Galería de la Academia de Venecia, pero solo se expone cada 10 años por motivos de conservación, el resto del tiempo puede contemplarse una copia exacta del original.
https://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_da_Vinci#/media/File:Da_Vinci_Vitruve_Luc_Viatour.jpg
"El hombre de Vitruvio" canon de belleza clásico.

Uno de los grandes proyectos encargados a Leonardo en Milán fue la estatua ecuestre de Francisco Sforza a la que se apodó “el gran caballo”. Leonardo preparó los bocetos para una escultura de ocho metros de altura, se compraron 70 toneladas de bronce para elaborarla, pero, aunque el tiempo pasaba, el artista solo llegó a hacer un modelo en barro, así que el bronce se utilizó para fabricar cañones cuando Francia invadió y conquistó Milán.

Establecido en Venecia, continuó con sus labores de ingeniería. Allí ideó diversos sistemas para proteger la ciudad de los ataques de los turcos. En sus cuadernos aparecen antepasados del submarino, escafandras y todo lo necesario para atacar los barcos por debajo. Pero estos proyectos no pudieron llevarse a cabo hasta los siglos XIX y XX.

En su deambular por las cortes italianas, Leonardo decidió presentarse en 1501 ante César Borgia para hablarle de sus proyectos de ingeniería, mecánica, anatomía, arquitectura, pintura, música y de su talento para diseñar jardines y organizar toda clase de festejos. El peligroso duque lo tomó a su servicio y se convirtió en su mecenas.

En Florencia, Leonardo trabajó junto a Maquiavelo en un plan para desviar el río Arno con la excusa de mejorar el riego de los cultivos, pero con la intención secreta de cercar la enemiga ciudad de Pisa y conseguir salida al mar para Florencia. Sin embargo, su proyecto fracasó.

https://eml.wikipedia.org/wiki/File:Leonardo_da_Vinci_-_Superficial_anatomy_of_the_shoulder_and_neck_(recto)_-_Google_Art_Project.jpg
Estudio de anatomía humana.
En los años siguientes llevó a cabo un estudio exhaustivo de la anatomía humana, convirtiéndose en un experto y representando con exactitud los huesos, músculos, tendones, vasos sanguíneos y órganos. También diseccionó animales como vacas, monos, caballos y pájaros. Deseaba hacer un estudio comparativo entre la anatomía humana y la animal. Investigó junto al médico Marcantonio della Torre e ilustró con más de 200 dibujos un tratado de anatomía.

Comenzó a pintar su obra más famosa, la Gioconda, en 1503, después de que Francesco del Giocondo le encargara un retrato de su esposa Lisa Gherardini. Sobre este cuadro han corrido ríos de tinta y ha sido objeto de estudio tanto por su valor artístico como por el misterio que esconde la expresión e identidad de la modelo (¿era Lisa o era la madre de Leonardo?), el paisaje que se dibuja al fondo y el hecho de que Leonardo nunca quisiera desprenderse de él, conservándolo a su lado hasta su muerte.

"La Gioconda"de Leonardo da Vinci.
El cuadro más famoso de la Historia del Arte.

En 1513 se marchó a Roma donde trabajó para el cardenal Giuliano de Medici, hermano del Papa León X, alojándose en el Vaticano. Parece ser que lo acompañaron sus dos alumnos favoritos, Salai y Francesco Melzi. Allí se dedicó a proyectos arquitectónicos, dibujo de mapas y estudio de los monumentos de la antigua Roma. Hasta pocos años antes nadie se había preocupado de la conservación de las obras de la antigüedad y la arquitectura romana había llegado a servir como cantera para nuevas construcciones. Pero es en el Renacimiento cuando se produce un cambio en el pensamiento y se vuelve al ideal de belleza clásico, al estudio de los tratados romanos.

Los tres últimos años de su vida los pasó en Francia, donde el rey Francisco I, que lo admirada y respetaba profundamente, le ofreció vivir en Clos Lucé, un castillo en el Valle del Loira, como un auténtico noble. En aquella época fue perdiendo la salud, pero eso no le impidió continuar con sus pinturas, sus tratados y sus proyectos urbanísticos e hidráulicos. Su castillo llegó a convertirse en una especie de museo, donde, además de sus cuadernos, conservaba consigo sus tres obras más queridas: San Juan Bautista; Santa Ana, la Virgen y el Niño y La Gioconda.

https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Amboise_-_Ch%C3%A2teau_du_Clos_Luc%C3%A9_-_014.jpg
El castillo Clos Lucé (Francia) donde vivió Leonardo los últimos años de su vida.
Fotografía de Thesupermat.

Murió el 2 de mayo de 1519, dejándonos, según algunas fuentes, más de 50.000 documentos. A través de sus diarios, planos, ideas, dibujos, estudios y reflexiones, conocemos todo aquello que proyectó y, en la mayoría de los casos, no llegó a realizar. Estos inventos, para muchos adelantados a su tiempo, no partían solo de sus observaciones, sino también de los estudios de otros pensadores anteriores. Además de todo lo que hemos mencionado, en sus códices se recogen bombas hidráulicas, una draga para construir canales, varios autómatas, flotadores para caminar sobre las aguas, un antepasado del automóvil, un telar mecánico, una máquina para pulir espejos y otras muchas cosas. Pero lo que más nos llama la atención es su perseverancia en el sueño de imitar el vuelo de los pájaros. Fruto de sus observaciones ideó el paracaídas (que no llegó a probar) y el ala delta (que funcionó con éxito). Luego realizó 14 prototipos de máquina voladora y aunque ninguno funcionó, Leonardo se tomó aquel fracaso como incentivo para seguir con sus investigaciones y, basándose en el tornillo de Arquímedes que conseguía subir el agua para el riego de los campos, ideó su tornillo aéreo para poder mover el aire y elevarse. Tampoco dio resultado, pero fue una pieza clave para la invención del helicóptero.

https://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_da_Vinci#/media/File:Leonardo_da_Vinci_helicopter_and_lifting_wing.jpg
El Tornillo Aéreo y una de sus máquinas voladoras.
Inventos y dibujos de Leonardo.

Su escritura es otra fuente de misterio pues se sabe que era ambidiestro, pero no se conoce con exactitud el motivo por el que escribía de forma especular.

Actualmente conocemos a Leonardo más como pintor, aunque solo realizara unas 30 obras en su dilatada vida. Empleó técnicas innovadoras (aunque a veces fracasara en ellas) pero tenía gran maestría en la composición, el sfumato, el uso de los colores, la perspectiva, la anatomía, el paisaje y la capacidad para plasmar las emociones humanas en sus retratos. Contaba Vasari, su primer biógrafo, que Leonardo no se basaba en rostros “tipo”, sino que copiaba del natural. No era extraño verlo cruzarse con alguien por la calle y caminar tras esa persona de aspecto interesante durante todo un día para luego poder dibujarla.

https://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_da_Vinci#/media/File:Da_Vinci_codex_du_vol_des_oiseaux_Luc_Viatour.jpg
Uno de los Códices de Leonardo con el estudio del vuelo
de los pájaros y las explicaciones en escritura especular.

Francesco Melzi fue el heredero de Leonardo e intentó mantener su legado unido. Pero tras su muerte, los documentos se dispersaron, las hojas de los cuadernos de Leonardo fueron arrancadas y vendidas o regaladas por separado, ya que cada una de ellas, con algún dibujo o anotación del genio renacentista, se había convertido en una obra de arte en sí misma. No será hasta finales del siglo XIX cuando los historiadores intenten agrupar y componer los cuadernos de nuevo, esos códices que hoy se atesoran en prestigiosas bibliotecas. Se han podido reunir 13.000 documentos, pero aún hoy muchas páginas permanecen perdidas, quizás para siempre.

Respecto a su pintura más querida y misteriosa, La Gioconda, que pasó a formar parte de la colección del rey francés Francisco I, puede contemplarse actualmente en el Museo del Louvre en París.

"La Gioconda" se exhibe en el Museo del Louvre de París
 bajo fuertes medidas de seguridad.

sábado, 19 de enero de 2019

Diario de viaje: Florencia y Pisa V. Otro David, la leyenda del patrón y visitando a los genios en Santa Croce.


Lee también Diario de viaje: Florencia y Pisa parte I (una marquesa imaginaria con miedo a volar), parte II (el Duomo sin Síndrome de Florencia), parte III (David, la Galeria de los Uffizi y la Capilla Medicea) y parte IV (el David original, una torre robada y el atardecer en el Puente Vecchio).

De nuevo con David.  
     
Al día siguiente, tras el desayuno con nuestra amable camarera, cogimos el autobús para ir a un lugar de visita obligada: la Plaza de Miguel Ángel.

El autobús era pequeño, barato y con periódicos gratuitos en italiano. Nos llevó a la misma plaza de Miguel Ángel donde autocares de turistas iban llegando con su cargamento de curiosos cámara en mano.

Todavía era temprano y una brisa fría acariciaba la solitaria plaza. Teníamos el Arno bajo nuestros pies, con sus numerosos puentes, en su orilla se levantaba el casco histórico de la ciudad con la cúpula del Duomo dominando la vista, esbelta como en todas las fotográficas que habíamos visto. Ese era el lugar desde el que se inmortalizaba la silueta inconfundible de Florencia y se plasmaba en los libros y en las postales.

Vista de Florencia desde la Plaza de Miguel Ángel.


Desde aquella altura podíamos ver restos de la muralla de la ciudad, casi oculta entre el verdor de la vegetación.

Y en el centro de la plaza, sobre una escalinata que llevaba hasta un pedestal que franqueaban cuatro copias de importantes esculturas de Miguel Ángel, se levantaba gigante y solemne, recortado contra el azul del cielo de Florencia, otra reproducción de David.

Réplicas de esculturas de Miguel Ángel.


La leyenda de San Miniato.

San Miniato es el patrón de Florencia al que dieron martirio cortándole la cabeza. Cuentan que tomó su cabeza bajo el brazo y se encaminó de esta forma a las afueras de la ciudad, donde está erigida su iglesia.

Pensamos que el recorrido que hizo el decapitado no podía ser demasiado largo así que desde la Plaza de Miguel Ángel comenzamos a caminar hacia el bosque, ya que la iglesia se llama San Miniato il monte, sabíamos que la encontraríamos por allí cerca. Fueron muchos minutos caminando cuesta arriba, por una carreterita que discurría junto a un bosquecillo. Apenas pasaban coches, tan solo contamos con la compañía de unos pocos corredores que hacían deporte por aquella zona.

Tras cruzar un antiguo y pequeño cementerio nos topamos con la fachada de mármol blanco y oscuro de la famosa iglesia. Solo unos pocos turistas y un grupo de colegiales estaban admirando los restos de pinturas murales del interior. Antonio se apresuró a recorrerlo todo mientras nosotras nos hacíamos fotos en el exterior. Allí arriba, en aquel monte, el paisaje era de un verde alegre y especial que contrastaba  con el ambiente oscuro, silencioso y amplio de la iglesia. En una capilla de cielo estrellado cuarteado en casones dorados nos encontramos con la representación del patrón. Justo en la entrada había un montoncito de estampitas de San Miniato y un cajetín donde depositar la voluntad por entrar en la capilla y por llevarse una de las estampitas. La mayoría de los turistas entraron sin pagar, pero yo dejé unas monedas en el cepillo y tomé una de las representaciones que se me ofrecían.

Fachada de san Miniato.


El otro David.

Para regresar a Florencia tomamos otro autobús. Por los cristales limpios del vehículo pudimos disfrutar de la verdadera ciudad, de la Florencia actual con sus barrios como los de cualquier localidad, de ladrillo visto, sin columnas majestuosas, arcos hermosos, ni ornamentos floridos. A lo lejos se distinguió un arco del triunfo y después una avenida de edificios del siglo XIX más limpia y estructurada que el casco histórico. Cuando descubrimos la conocida silueta de esa otra Florencia, de la artística, de la turística, descendimos del autobús, caminamos junto a las torres de la antigua muralla y nos fotografiamos a las puertas de su biblioteca.

Acudimos directamente al Museo Bargello. No tan conocido como los otros, guarda una estupenda colección de escultura donde, además de encontrarnos de nuevo con Miguel Ángel, nos topamos con el David de Donatello, pieza principal de la colección, de color oscuro y pose delicada. La persona que vigilaba la sala, mandaba mensajitos con su móvil mientras fingía que no nos veía hacer fotos a este otro David. En el patio dos leones coronados nos esperaban franqueando la entrada y no pude evitar fotografiarme con ellos, como si fueran Aslan y yo una de las princesas de “Las Crónicas de Narnia”.

Creencias ancestrales.

Después de salir del museo nos dirigimos a la iglesia de la Santa Croce que se levanta al fondo de una plaza enorme, con la estatua de Dante ante sus puertas.

Como ocurre en casi todas las iglesias de Florencia, no permiten que las mujeres entren con los hombros al descubierto. Para las turistas despistadas que acuden en camiseta de tirantes (ante el sofocante calor del septiembre florentino) se ha buscado una solución que evite volver al hotel a cambiarse de ropa: unas máquinas dispensadoras te proveen (por un módico precio) de una especie de túnica de papel horrorosa que te cubre los hombros, el pecho y toda la silueta.

En esta ocasión no me percaté de ello, pues el día anterior iba en manga corta y no tuve la penosa necesidad de cubrirme, pero un policía en la puerta lateral de la iglesia me recordó con un gesto antipático que tenía que taparme. Saqué del bolso un pañuelo y me lo coloqué sobre los hombros y así ataviada me permitieron la entrada a la maravillosa iglesia.

El altar mayor estaba en restauración, cubierto completamente de andamios, pero un poster gigante te mostraba su aspecto. En los laterales se sucedían las tumbas de los más grandes genios: Dante, Maquiavelo, Miguel Ángel. Me entristeció encontrarme con la escultura destinada a adornar la tumba de aquel genio que había creado las más famosas del mundo, que nos había regalado el David y había llegado a glorificar a los Medicis en aquellos impresionantes enterramientos. Su última morada era sencilla y desprovista de todo fausto, inapropiada para un genio.

Los turistas observaban todo con su audioguía en el oído. Para cada capilla había que pagar una distinta. Me sorprendió observar a un grupo de turistas alrededor de una de las tumbas del suelo. No parecía especial, no parecía de nadie importante, pero una mujer joven con falta larga se colocó sobre ella con los pies descalzos y permaneció allí un buen rato, en contacto directo con el mármol frío de la losa. Pensé que alguna creencia la movería ha descalzarse sobre ella, quizá la idea ancestral de que podría transmitírsele la energía o la genialidad de aquella persona.

Lo que más me gustó de Santa Croce fue su patio lateral. Aquel atrio de césped verde y columnas sencillas que sostenían bóvedas de cañón, donde se respiraba un ambiente fresco, tranquilo y lleno de arte y serenidad.

Interior de Santa Croce.


Me despedí con tristeza de aquel hermoso atrio y encaminamos nuestros pasos al exterior, donde ninguno de los restaurantes de la plaza nos atrajo.

Callejeando nos encontramos con la Tratoria Alfredo que disponía de un menú a precio razonable. Nos sirvieron muy bien, a pesar de la hora, ya que en Italia todo es mucho más temprano, la hora de las comidas, la hora de cierre de los comercios y la hora del anochecer.