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domingo, 28 de septiembre de 2014

Reflexiones: antes y después del 2000. Nuestra percepción del tiempo.



Este año se conmemora el centenario de la Primera Guerra Mundial. Ahora casi nadie la recuerda con su verdadero nombre, la Gran Guerra, porque, por desgracia, tuvimos otra Gran Guerra varias décadas después. 


Cuando los nacidos antes de 1985 cursábamos nuestros estudios, 1914 nos parecía un año tan lejano como una terrible pesadilla que borra el sol de la mañana. Habían pasado muchas décadas y aquello parecía el siglo XIX o el XVIII, que lo mismo nos daba en cuanto a percepción temporal. Estaba muy lejano y hasta muy ajeno a nosotros que teníamos televisor, teléfono, ordenadores personales (que utilizábamos solo para jugar como el Comodore 64), vídeos y cajeros automáticos. Sin embargo, si pensábamos en cien años después de esa fecha, es decir, en 2014, creíamos aún que era un futuro muy lejano, donde los robots harían las tareas de casa mientras nosotros pasábamos unas vacaciones en la Luna. Y eso quien se atrevía a especular sobre esa fecha, porque pocas imaginaciones llegaban más allá del 2000, nuestra barrera psicológica. 

Coche de 1914 frente a otro de 2014.

Pensad en nosotros creyendo en 1985 que el 2014 era tan lejano en el futuro como 1914 en el pasado. Y era tan lejano en la imaginación colectiva que cuando se rodó Regreso al futuro II ambientado en 2015 todos nos lo creímos. Sí, que se den prisa los inventores porque les queda menos de un año para poner en las calles el monopatín volador, el traje autoajustable, los videojuegos sin manos, (y aún no hemos visto ningún anuncio del coche volador…)

Regreso al Futuro II

Si vamos un poquito más adelante en el siglo XX, a esa época llamada los felices años 20 (que se quebró en el 29) nos encontramos con faldas cortas y charlestón… Sí, también muy lejos en el tiempo… ¿Y 2020 está muy lejos? Es nuestro futuro inmediato… y sin embargo, cuando veo alguna película o serie ambientada en 1920 pienso que nosotros aún no hemos llegado al equivalente a esa época, a ese lugar en el tiempo que era el futuro en 1914 y el pasado más lejano en 2014. 

Los años 20.

Nosotros, para las personas de 2085, seremos unas antiguallas, esos que lo mismo da que sean de 2014 que de 1914. ¿Qué sabrán de nosotros? ¿Qué habrá sobrevivido en las páginas de la Historia general si es que les sigue importando la Historia? ¿Qué se enseñará a los estudiantes? ¿Se detendrán a ver parte del legado de imágenes que les habremos regalado o nos juzgaran por una película ambientada en la época de la crisis de principios del siglo XXI? Es más, ¿los descendientes de esos programadores lumbreras que pusieron solo dos cifras en los ordenadores se habrán preocupado en digitalizar al nuevo formato que se tenga a finales del siglo XXI toda la documentación de la era de los mass media o se perderá como un lenguaje indescifrable? ¿Se sonreirán al vernos con una tablet, con nuestro portátil, con nuestro móvil? ¿Pensarán que creían que se habían inventado mucho antes o después? ¿Se llevarán las manos a la cabeza al ver cómo nos paseamos imprudentemente entre las ondas, nos ponemos cremas con parabenos o nos tumbamos a pleno sol alegrándonos por lucir un tono rojo gamba? O peor aún… ¿nos recordaran como aquellos que bailaban el reggaetón?

Moda de 1914 y 2014. Estos estilos están separados por 100 años ¿Cómo serán las ropas en 2114?

domingo, 31 de agosto de 2014

Reflexiones: antes y después del 2000


Todos aquellos que hemos nacido antes de 1985 sabemos el hito que significaba para varias generaciones la llegada del año 2000. Aunque el cambio de siglo no se produjera hasta el año 2001, para la mayoría de nosotros el 2000 era el número redondo que marcaría la nueva era, el nuevo siglo, el milenio, el avance.  Nos habían dicho muchas veces que ese año no llegaría nunca, y de hecho, no faltaron obras apocalípticas que nos dejaban a las mismas puertas, como por ejemplo Fin del mundo. Año 1999 de Charles Berlitz. Pero estos son libros con fecha de caducidad y ya se sabe que los buenos libros no la tienen.

Antes del año 2000 tuvimos la típica crisis fin de siglo, es algo normal, es como las crisis de los 40 o de los 50 que sufren algunas personas. Parece que todos los siglos las han pasado, y cada uno se ha librado de ella a su manera. En los 90 también la tuvimos (y sigue coleando), pero esta vez teníamos un medio muy poderoso para propagarla: el cine. Las películas sobre desastres naturales, guerras y meteoritos que chocaban con la Tierra se multiplicaron. Pese a todo ello, la esperanza y la imaginación de mucha gente estaba puesta en esa fecha mítica. Cuando se hablaba del mundo en el 2000 aparecía siempre una señorita vestida de plateado, una nave espacial, robots y todo lo que cada cual quisiera añadirle. Esa fantasía “de andar por casa” se unía a la que tuvo Stanley Kubrick en 1968 con su película 2001: una odisea del espacio.


¿Qué tendríamos en el 2000? Coches voladores, teletransporte, hologramas, robots (serviciales o amenazadores), vacaciones en la Luna o en Marte… ¿Qué tuvimos? ¡Miedo al efecto 2000! Parece que los programadores informáticos cometieron un terrible error, o quizá fue solo falta de fe en el futuro y en la llegada del año 2000 (¡qué ironía!), y pusieron en los ordenadores solo dos cifras, ¡solo dos cifras! Así que cuando llegó el 31 de diciembre del año 1999, para ellos era el 99… ¿qué año seguía después? Sería lógico pensar que el 100, pero no, el que debería seguir era el 2000, pero ellos temían que fuera el 1900. Solo dos cifras, del 99 al 00. Y al principio los simples mortales nos preguntábamos qué importancia podía tener aquello… y resulta que mucha, porque el 1 de enero de 2000 sería sábado mientras que el 1 de enero de 1900 fue lunes, por lo que se vaticinaban toda clase de desastres tecnológicos: interrupción en la red eléctrica, caos en los medios de transporte, desconexión de los satélites (pobrecillos, ellos no estaban inventados en 1900)… 



Nadie pensó que todo ello no era nada comparado con el terrible miedo apocalíptico que habían sufrido los desgraciados de finales del año 999 cuando esperaban la llegada del primer día del año 1000. Nuestro cambio también se trataba de miedo y se intentó solucionar con mucho dinero. Años de trabajo, parches y más parches para que los ordenadores supieran que entraban en el año 2000. Al final parecía resuelto, pero nadie podía saberlo a ciencia cierta hasta que llegara el año soñado o temido.


La noche en que los diferentes países (no fue la misma fecha para todos) entraron en el año 1000 la gente se agolpó en las iglesias, rezó, lloró y algunos llegaron, literalmente, a morirse de miedo. En los últimos minutos de 1999, tan solo en España, hubo 30.000 personas de guardia para asegurarse de que no hubiera un apagón tecnológico, intentaban controlar todo lo referente al país, mientras miraban con recelo la información que llegaba de las centrales nucleares japonesas y rusas, las primeras a las que llegaría el 2000.


Recuerdo el larguísimo (y precioso) programa televisivo que mostraba con bellas imágenes la llegada del “nuevo milenio” a los diferentes lugares del planeta. Los primeros en entrar en el día 1 de enero fueron las islas del Pacífico, pero ellos no estaban tan informatizados como para servir de confirmación a la burla que le pretendían hacer al efecto 2000. Llegó el año nuevo a Japón y contuvimos la respiración esperando que de un momento a otro la señal se perdiera y la tele pasara a fundido en negro. “Seguimos aquí” o algo parecido dijo el locutor japonés. Y me imagino que los programadores debieron descorchar muchas botellas de champán (o beberse unas buenas cervezas) para celebrar que su metedura de pata no había tenido consecuencias nefastas para la civilización.




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