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miércoles, 18 de marzo de 2026

Cuando no es el Día de la Mujer.

El pasado 8 de marzo pudimos ver en redes sociales muchas felicitaciones por el Día de la Mujer. Aquí contamos cómo surgió esa fecha. Pero el considerarlo festivo lo despoja inconscientemente de su carácter reivindicativo. Se han conseguido muchos derechos, pero ya se escuchan mensajes como “yo no soy ni machista, ni feminista”, “no sé por qué lucháis, si ya lo habéis conseguido todo” y “tenéis que volver al rol tradicional”.

No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”. Simone de Beauvoir.

En las grandes revoluciones que llevaron a mejoras sociales y laborales, las mujeres lucharon junto a los hombres, pero fueron excluidas de los logros. Incluso la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (1789), texto fundamental de la Revolución francesa, negaba tales derechos a las féminas. Cuando Olympe de Gouges publicó Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana (1791) fue condenada a muerte.

Las mujeres fueron apartadas de cualquier ámbito del saber o de la vida pública. Disfrazadas de varón o firmando como tales, consiguieron acceder a cosas que le estaban vetadas por ser mujeres. Si eran sobresalientes en algo, se las convencía de no merecer reconocimiento, nunca se las consideraba profesionales o, directamente, se les robaba su logro.

Imagen: IA Copilot.

Todos conocemos escritoras que tuvieron que firmar con pseudónimo masculino para ver sus obras publicadas o para ser tomadas en serio.

Otras artistas fueron disuadidas por la propia presión social. Clara Wieck declaró: “Hubo un tiempo en el que yo creía tener talento creativo, pero he renunciado a esa idea; una mujer no debe tener el deseo de componer: si ninguna ha podido hacerlo, ¿por qué iba a poder yo?”. Ahora la conocemos como una gran compositora, pero por su nombre de casada: Clara Shumann. Ha habido que esperar al siglo XX para ver mujeres dirigiendo orquestas, pero ninguna ha sido invitada hasta el momento a dirigir el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena y no se había incluido en su repertorio una pieza de una compositora hasta el año 2025.

Siempre ha habido artistas de gran talento, como Luisa Roldán, María del Rosario Weiss, Margarethe van Eyck, Marietta Tintoretta, Artemisia Gentilieschi, o las hermanas Margarita y Dorotea Joanes pero han tardado siglos en ser reconocidas. Siguen siendo muy pocas las obras de artistas femeninas que pueden verse en los grandes museos. Por ejemplo, el Prado tiene menos del 1% de obras pintadas por mujeres. No se trata de perseguir una paridad basada en números, se trata de justicia.

Desde tiempos inmemoriales las mujeres han aprendido a cocinar para alimentar a la familia, para “ganarse a un hombre por el estómago”, todos pensamos que no hay mejor comida que la de nuestra abuela o nuestra madre. ¿No hay más mujeres en el podio de afamados cocineros del mundo porque se les presupone propio de su sexo y sin mérito cocinar bien?

La ciencia también ha sido siempre machista, por eso existe el Día Internacional de la Mujer, la Niña y la Ciencia. Desde la antigüedad las mujeres se han ocupado de la salud de su familia, de conocer remedios (aunque a veces se les llamara brujas) y han hecho grandes hallazgos, pero el mérito se lo llevaban sus maridos o sus compañeros de laboratorio. A eso se le llama hoy efecto Matilda. Pierre Curie tuvo que rogar a la comunidad científica que dejara de atribuirle a él los logros de Marie. Son bastantes los casos de mujeres a las que sus colegas les robaron sus descubrimientos y… el Nobel, como le ocurrió a Jocelyn Bell Burnell o a Lise Meitner.

Los estudios clínicos se hacían solo con hombres. Hasta 1993 no había ley en Estados Unidos que obligara a incluir mujeres en ellos. Se han estado recetando medicinas al conjunto de la población sin conocer los efectos secundarios que producía en las mujeres. Las dosis estaban pensadas para hombres de 70 kilos. Por cierto, la temperatura del aire acondicionado también está pensada para hombres de 70 kilos, por eso ha habido que legislarla.

Muchas personas creen que los derechos adquiridos están tan asentados que no corren peligro. Pero la igualdad no está asegurada, hay que defender los logros conseguidos y prevenir retrocesos.


Imagen: IA Copilot.

martes, 27 de mayo de 2025

Un mito artificial, una historia real.

Los mitos surgen de la tradición oral que se transmite de generación en generación y que quizá alguien, en algún momento, pone por escrito. Pero ni siquiera esto asegura que el relato no vaya a sufrir alteraciones y, mucho menos, que vaya a perdurar milenios y a popularizarse en otras culturas.

Pero, ¿podríamos crear un mito artificial? Es decir, ¿seríamos capaces de inventar un relato nuevo con una finalidad específica, alzarlo a la categoría de mito universal y esperar a que se mantenga inalterable con el paso de los siglos? Resulta que en 1984 alguien lo intentó con una intencionalidad muy loable: salvar a la humanidad futura. 

Icono de peligro radiactivo.
Imagen: IA Gemini

Esta es una historia real que ya nos había contado Umberto Eco y que Javier Sierra nos relata en el último capítulo de su libro El mensaje de Pandora. Desde internet puede accederse al informe completo de este héroe particular que armado con la filosofía, la lingüística y la semiótica se embarcó en una misión muy especial. Era Thomas A. Sebeok y pertenecía al Centro de Investigación del Lenguaje y Estudios Semióticos de la Universidad de Indiana. 

Nunca fue un secreto que desde que se comenzó a trabajar con la energía nuclear se generaron toneladas de residuos radiactivos que había que mantener lejos de las personas. Pero la sorpresa llegó cuando la Oficina para el Tratamiento de Residuos Nucleares de Ohio le planteó el problema al doctor Sebeok. Había que encontrar el modo de señalizar el peligro mortal que suponían aquellos miles de barriles sellados para que, hasta en el futuro más lejano, pudieran entenderlo. Todos eran conscientes de que la radiactividad de aquella basura duraría 10000 años y querían advertir a los habitantes de aquel tiempo.

Sebeok se puso a trabajar en ello. Era un problema que parecía no tener solución porque él sabía que dentro de 10000 años la sociedad que había generado aquellos residuos, su idioma y sus símbolos ya no existirían. Cualquier advertencia escrita, dibujada o señalizada carecería de sentido para las personas del futuro. En este caso ni la tecnología era una solución, porque quedaría obsoleta y no se reproduciría la imagen o el mensaje.

Mirando atrás en el tiempo, nosotros mismos, sin ser especialistas en semiótica, entendemos las dimensiones del problema. ¿Hay algún aviso de diez mil años de antigüedad que haya llegado hasta las sociedades actuales de forma inalterable e inequívocamente comprensible?

Pensemos en los relatos más populares y antiguos que tenemos. Los que vamos a mencionar tienen una datación discutida y utilizaremos una orientativa que defienden muchos estudiosos.

En el imaginario colectivo está el cuento de Cenicienta. De él nos hablaba ya Taun Cheng-Shing en el siglo IX, indicando que era una historia que se contaba mucho tiempo atrás. Pero en 1893 Marian Emily Roalfe Cox publicó el libro Cenicienta, 345 variantes. Lo conocemos, pero no sabemos cuándo y cuál fue su versión original. 

Necesitamos otro ejemplo más remoto: El Antiguo Testamento. Muy extendido por formar parte de los libros sagrados de varias religiones muy importantes. Las pruebas documentales lo datan alrededor del año 600 a. C. aunque hay quienes afirman que cuentan hechos acaecidos en el siglo IX a. C. 

También tenemos La Ilíada y la Odisea relatos orales que se remontan al siglo XIII a. C. , y que dejó por escrito en el siglo VIII a.C. Homero (aún no sabemos si fue un poeta o varios). 

¿Y los jeroglíficos egipcios? Algunos tienen más de 3000 años pero, aunque hubo quien los tradujo en la antigüedad, ese conocimiento se perdió y se transformaron en textos ininteligibles durante siglos. Hubo que esperar al descubrimiento de la piedra de Rosetta para que Champollion los descifrara en el siglo XIX.

Busquemos entonces el relato más antiguo del que tengamos constancia: la Epopeya de Gilgamesh. Es un texto sumerio y está incompleto. Se conservan tablillas fragmentadas en escritura cuneiforme que, hasta hace poco solo despertaban el interés de los especialistas. Hay que esperar a finales del siglo XIX para encontrar una traducción fiable en inglés. No es tan conocido para el gran público como el Antiguo Testamento (aunque también habla del diluvio) o la Odisea, pero es mucho más antiguo que estos textos. Cuenta la historia de un rey histórico que vivió en Uruk en el 2750 a.C. Pero estábamos buscando algo muy famoso, que todo el mundo supiera interpretar y que pudiera datarse en diez mil años. No, parece que no hay nada así.

Una de las tablillas de la Epopeya de Gilgamesh en el Museo Británico.
Imagen: Wikipedia. Autor: Mike Peel. Permiso: CC-BY-SA-4.0.

Sebeok ideó una solución: había que recurrir al mito y alimentar la superstición. Tendrían que inventar una leyenda tan interesante como para que siguiera relatándose dentro de diez mil años, pero tan aterradora como para que nadie quisiera acercarse al lugar del que hablaban. Era exactamente eso, transmitir a cualquier sociedad que el cementerio nuclear sufría una maldición.

Y esto suponía otro problema: ¿cómo garantizar que fuera atemporal y que el mensaje continuara intacto a lo largo de tantos milenios? Junto al mito habría que crear una especie de casta sacerdotal atómica que mantuviera el relato, la maldición, el tabú, dentro del folclore o de la cultura mundial y la fuera adaptando al paso del tiempo. Tenía que ser un grupo multidisciplinar que incluyera a físicos nucleares, psicólogos, lingüistas y antropólogos. Debían mantenerse lejos de las corrientes políticas y económicas, pero al tanto de los cambios en la sociedad para trasmitir el mito y, llegado el caso, ser capaces de perpetuar el mensaje de peligro aunque ya ni ellos mismos lo comprendieran con exactitud. Pero tampoco ningún grupo “sacerdotal” había durado tanto tiempo.

El Human Interference Task Force (HITF) se encargó de estudiar la propuesta de Sebeok y la rechazó. Los cementerios nucleares siguen siendo un grave problema a día de hoy.

Imagen: IA Gemini.

miércoles, 30 de abril de 2025

Nuestro apagón: contrastes en España.

El 28 de abril de 2025 parecía un jornada normal. Pero ese lunes se iba a convertir en un día histórico para España, el día en que mucha gente descubriría lo dependiente de la electricidad que es esta sociedad tecnológica. 

El 28 de abril de 2025 pasará a la historia de España como el día del apagón.
Imagen: IA Gemini.

A las 12:33 de la mañana se fue la luz. ¿Qué comunidad de vecinos no ha sufrido alguna vez una momentánea interrupción eléctrica que se ha solucionado en un rato? Los españoles no nos preocupamos porque no estamos acostumbrados a los apagones. Aún funcionaban los móviles y por ellos nos dimos cuenta de que aquel corte de luz no era local. Pero la cobertura no duró mucho más tiempo.

Solo los pocos que teníamos radio a pilas pudimos escuchar un especial informativo con una desconcertante noticia: el suministro eléctrico estaba completamente interrumpido en la España peninsular, Portugal, Andorra y el sur de Francia. Mientras el comité de emergencias se reunía, los periodistas especulaban sobre si aquello era un fallo técnico o un ciberataque. Fue el día del transistor, incluso para quienes estaban en la calle que se arremolinaban junto a la radio a todo volumen de un coche aparcado.

La mayoría de la gente no ha oído hablar del Evento Carrington, no sabe de tormentas solares. Así que casi nadie pensó en ello y ni siquiera los aficionados a las series se acordaron de Apagón.

Algunos, sabiendo que la falta de electricidad conlleva el corte del suministro de agua, llenaron cubos, botellas y cacerolas. A los pocos minutos, en la mayoría de los edificios altos, los grifos se convirtieron en un objeto inútil. 

Uno puede enterarse de lo que ocurre en Madrid antes de lo que acontece en su propia localidad y la radio nos contaba como en la capital el primer momento fue de desconcierto. Todos se quedaron mirando el semáforo apagado, o su propio móvil sin señal. Pero después muchos se fueron a las terrazas de los bares a tomarse una cerveza o a los parques porque era mediodía y brillaba un sol espléndido. Contaban en la radio y, más tarde en televisión, lo bonito que fue ver a la gente echarse a la calle a compartir el día. Ignoro si en más ciudades se lo tomaron como un día festivo. 

La radio a pilas fue muy útil para estar informado durante el apagón.
Imagen: IA Gemini.

Pero la sociedad está llena de contrastes y no para todo el mundo fue una mañana alegre. En algunos edificios se escucharon los gritos de personas atrapadas en ascensores que fueron rescatadas por sus vecinos. Las ambulancias, la policía, los bomberos sorteaban el tráfico con sus sirenas… Y el teléfono de emergencias se saturó de llamadas. Los que pasaron un día extremadamente angustioso fueron las personas de las que menos se habla: los electrodependientes. Son aquellos enfermos cuya vida depende de una máquina alimentada por la electricidad.

Los hospitales resistieron el envite con sus grupos electrógenos, pero en muchos tuvieron que suspender las consultas y las operaciones programadas. La actividad tenía que reducirse a lo esencial para que los generadores resistieran el máximo tiempo posible: solo se atendían las urgencias. 

Los metros se detuvieron en seco y los empleados tuvieron que guiar a los pasajeros por los túneles, hasta entonces prohibidos, con la linterna del móvil para conseguir salir a la superficie. 

Personas caminando por los andenes del metro alumbrados
por luces de emergencia y la linterna del móvil.
Imagen: IA Gemini

Algunos corrieron a los supermercados para hacer acopio de comida y, sobre todo, de agua embotellada. La situación era diferente, pero muchos recordaron los primeros días de la pandemia.

En ese momento había en funcionamiento cientos de trenes en España que quedaron inmediatamente detenidos en mitad del campo...

Los pasajeros que se encontraban en los aeropuertos se vieron atrapados allí. Había 6000 vuelos programados para aquel día, 344 fueron cancelados, el resto retrasados.

Muchos conductores se apresuraron a llegar a las gasolineras, la mayoría habían cerrado y las que estaban en funcionamiento se quedaron pronto sin combustible. 

Los trabajadores decidieron volver a pie a sus domicilios. Sin las redes de metro funcionando, con pocos taxis, atascos kilométricos y autobuses atestados, no quedaba más remedio que comenzar a caminar, aunque te separaran 10 kilómetros de distancia.

A lo largo del día las Comunidades Autónomas de Madrid, Andalucía, Extremadura, Murcia, La Rioja, Galicia, Castilla la Mancha y Valencia pidieron elevar la emergencia a nivel 3 lo que implicaba que el gobierno central tenía que tomar el mando.

Tren detenido en mitad del campo.
Imagen: IA Gemini
Euskadi fue la primera Comunidad Autónoma en recuperar la luz en algunos lugares y después fue extendiéndose el suministro por todo el norte del país gracias a la interconexión con Francia.

El sur de España fue el siguiente territorio en recuperar la electricidad en algunas de sus localidades con la energía que enviaban desde Marruecos. El centro del país sería el que más tardaría en recibirla. Se dio la circunstancia que en una misma avenida hubo gente que recuperó el suministro eléctrico a las 15:30 horas y otros a las 3 de la madrugada.

Se fueron sucediendo las declaraciones de autoridades en Portugal y España. A las 14:30 horas la vicepresidenta de la Comisión Europea decía que no parecía que fuera un ciberataque. Miembros del gobierno portugués salieron ante los medios, pero las informaciones fueron confusas. El presidente español compareció a media tarde y por la noche. No descartaba ninguna hipótesis. Pedía evitar desplazamientos, llamar a emergencias solo si era realmente necesario, utilizar el móvil lo menos posible y no creerse los bulos. 

Los hombres y mujeres del tiempo nos dijeron que no había habido ninguna tormenta solar. Los expertos indicaron a media tarde que tardarían en recuperar el 100% del sistema eléctrico entre 6 y 10 horas desde ese momento. Incluso pusieron el mapa de España con la hora en la que anochecía en las ciudades más importantes.

Muchos trabajadores esenciales doblaron turnos. En los hospitales nadie se movió de su puesto porque no estaban seguros de que pudieran llegar los sanitarios del siguiente turno. Miles de agentes de policía y guardia civil se desplegaron por las calles para ayudar por el día y vigilar por la noche. La UME rescataba a la gente de los trenes que habían quedado parados en mitad de la nada. En total fueron 31.000 personas socorridas en la red ferroviaria. Locomotoras de diésel remolcaron trenes y los llevaron a Madrid por considerarlo más seguro y aquello supuso un colapso de las estaciones de Atocha y Chamartín. La de Sants de Barcelona se encontraba en la misma situación. Dieciséis estaciones de tren permanecieron abiertas toda la noche para que los pasajeros pudieran pernoctar allí. No había habitaciones disponibles en los hoteles. Se habilitó el Movistar Arena para acoger a los viajeros atrapados en Madrid. En otras ciudades prepararon polideportivos y repartieron agua, comida y mantas.

Por la noche todas las cadenas de televisión emitieron especiales informativos sobre el apagón donde se barajaban diferentes hipótesis (algunas fundamentadas y otras descabelladas). Muchos coincidieron en que había quedado de manifiesto nuestra vulnerabilidad, se preocuparon de la imagen que estaba dando España y recordaban cómo ellos mismos se habían reído un mes antes del kit de supervivencia de 72 horas que había recomendado la Unión Europea. 

A las 23:00 horas se había recuperado el 50% de la energía eléctrica gracias a las interconexiones con Francia y Marruecos, a las centrales hidroeléctricas y a los ciclos combinados de gas. Pero estaba repartida de forma muy desigual porque había Comunidades que ya disponían del 90% mientras otras solo tenían el 15%.

Todos sabíamos que estábamos en una situación excepcional que jamás habíamos vivido. Y entonces descubrimos que a las 12:33 horas nos habíamos quedado en cero absoluto. En solo 5 segundos habían desaparecido 15GW, lo que suponía el 60% de la demanda. Recuperar los sistemas desde el cero era muy complejo y largo. Ahora sabíamos el cómo pero no el por qué del apagón histórico. 

Vista de Europa. España y Portugal solo tienen puntos de luz dispersos.
Imagen: IA Copilot.

Aquella fue una larga y oscura noche en muchas localidades de España y Portugal. Gracias a los agentes de seguridad y al civismo de lo ciudanía no se presentaron incidentes destacables durante las horas de oscuridad. 

A las 6 de la mañana se había recuperado el 99% del suministro eléctrico español, el portugués se restableció al 100% a las 7. Pero los aeropuertos y las estaciones de tren siguieron siendo un caos durante el 29 de abril. No todos los sistemas informáticos funcionaban y las redes móviles e internet continuaban con fluctuaciones en parte de la península. La crisis de electricidad seguía abierta tras dos reuniones del comité de emergencia el día del apagón y una junta de madrugada con Red Eléctrica Española. Aún quedaba la reunión de Seguridad Nacional con el rey, dos consejos de crisis para el día 29 de abril y varias investigaciones desde el gobierno, Red Eléctrica, la Comisión Europea y la Audiencia Nacional para averiguar qué pasó en aquellos fatídicos 5 segundos. 


miércoles, 29 de julio de 2020

El arte de contar historias: de las cavernas a Netflix

El contar historias es algo innato en la humanidad. Ya se hacía en las cavernas y se sigue haciendo hoy en día. Durante milenios fue el relato oral, después ideamos la escritura y nuestras narraciones, reales o ficticias, se convirtieron en teatro. Con la imprenta el mundo se llenó de libros. Pero siempre fue por nuestra necesidad y nuestro deseo de contar y de que nos cuenten. Hay cosas que no cambian.

El buscar respuestas a nuestras preguntas, el tratar de averiguar el porqué de las cosas y el crear inventos y artilugios también es algo inherente a nuestra especie. Y si combinamos ambas cosas, la narración con los artilugios, nos encontramos que algo tan maravilloso como el cine tenía que llegar para quedarse, aunque sus propios inventores, los hermanos Lumiére, pensaran que solo se trataba de una moda pasajera. Algo parecido ocurrió cuando se anunció que se iban a rodar películas sonoras. Muchos creyeron que sería un fracaso o, simplemente, una novedad de la que el público se cansaría pronto. Pero el éxito de El cantor de Jazz (1927) fue el principio del fin del cine mudo.  La gente quería películas habladas y la radio pisaba fuerte con la emisión de sus programas de noticias, música y entretenimiento. Poco tiempo después, la televisión empezó a causar furor. En 1937 fue un completo éxito en la Exposición Universal de París y la mayoría de los países comenzaron entonces sus retransmisiones, que se reanudaron tras la interrupción sufrida por la Segunda Guerra Mundial.

Sala de cine.
Jorge Simonet.  Wikipedia.

Fueron muchos los que creyeron que la televisión reemplazaría a la radio y que los locutores y cantantes de más éxito radiofónico vivirían un declive similar al de algunas de las glorias del cine mudo. Todos recordamos lo que nos decían The Buggles en su Video killed the radio star (1979). Incluso hemos sido testigos de cómo se creaban grupos musicales que eran solamente fachada, ya que cantaban otras personas.

También se pensó que la televisión sustituiría al cine, pero se equivocaban, ya que la gente seguía prefiriendo ver las películas en la gran pantalla. Entonces nadie lo sabía, pero quien estuvo cerca de eclipsar a las salas de cine fue el videoclub. Su reinado duró varias décadas y durante ese tiempo vimos cómo cerraban salas de cines en todas las ciudades. En 2004 había más de 7.000 videoclubs en España, pero vieron peligrar su negocio cuando el más internacional y famoso, todo un referente que incluso creó un término, Blockbuster, se retiró del mercado español en 2006. En 2019 tan solo sobrevivían 300 videoclubs en todo el país. Se puede decir que internet le ganó la partida al videoclub, o más bien, fue la piratería la que lo consiguió y el surgimiento de un nuevo modelo de ver cine: las plataformas digitales.

En este momento es la propia industria cinematográfica la que se siente en peligro ante Netflix, HBO o Amazon. Estas plataformas digitales, que han logrado crear un catálogo de series nunca antes visto en televisión y que las grandes estrellas dejen el cine para pasarse a la pequeña pantalla, suponen una amenaza para Hollywood, porque ahora también producen películas. Proyectos rechazados en la Meca del Cine han visto la luz gracias a las plataformas digitales y han sido premiados en los grandes certámenes internacionales. Ahora las películas se crean, producen y estrenan en Netflix directamente.  Esto no quiere decir, por  supuesto, que todo lo que hacen tenga un gran valor artístico, pero ha conseguido que disminuya la afluencia de público en los cines. Tanto es así que el Festival de Cannes estableció la norma en 2018 de que no podrían presentarse a concurso aquellas películas que no se estrenaran en cines y permanecieran en cartel el tiempo mínimo estipulado. Y a Cannes le siguieron el resto de festivales rápidamente.

pxfuel.com Dominio público.

Los tiempos cambian, pero muchas cosas sobreviven. Pensamos que la televisión acabaría con la radio y con el cine, pero no ha sido así. Antes solo podíamos oír un número limitado de emisoras y programas. En estos momentos podemos escuchar cualquier programa radiofónico del mundo cuyas ondas no llegarían hasta aquí, pero están en internet. Algunos cantantes han encontrado su oportunidad al colgar uno de sus temas en las redes y los espectadores ya no tenemos que esperar toda una semana a que llegue el día y la hora de la emisión de nuestra serie favorita porque la encontramos bajo demanda para hacer un maratón cuando nos apetezca.

En estos tiempos que vivimos la tecnología está siendo una gran aliada: nos mantiene comunicados con los nuestros (videollamadas) e informados. Tuvimos que dejar de ir al cine y al teatro, pero continuamos necesitando historias. Aquí han estado los libros, la radio, la televisión, internet y las plataformas digitales para ponernos las cosas más fáciles. Pero, aunque este no sea el mejor momento, la gente ha vuelto al teatro y al cine. Seguimos necesitando contar y oír historias. Simplemente, encontramos más formas para hacerlo.


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viernes, 27 de mayo de 2016

Jugando con fuego.


Igual que los rayos X fueron utilizados para fines estéticos contra la alopecia o en las zapaterías para radiografiar el pie y que el cliente viera lo bien que le sentaba el zapato; el radio fue explotado hasta límites insospechados.

En 1898 el matrimonio Curie descubrió el radio. Informaron a la Academia de Ciencias, pero decidieron no patentarlo, porque era un bien común que debían compartir  con sus colegas, incluso con sus competidores.

Los científicos fueron los primeros fascinados por el radio y por su luminiscencia verde azulada. Les parecía que era el principio de la vida. No era extraño que fueran con un pequeño tubito con radio en el bolsillo del chaleco y los Curie dormían con uno en el cabecero de la cama.

Insensatamente la fiebre del radio se desató en el mercado. En la cosmética se le añadió radio a las cremas faciales, a las barras de labios, al champú, a la pasta de dientes. Se supone que dejaban la piel sana, sin arrugas, el pelo fuerte y hermoso, los dientes libres de caries y blancos. Hasta el chicle llevaba radio. Llegó a confeccionarse lana radiactiva porque, según la publicidad, daba energía vital. Así existía la crema AlphaRadium, o la lana O-Radium.

Con un líquido con una cantidad ínfima de radio se limpiaban los cristales para darles un tono verdoso brillante en la oscuridad. Y con pintura tratada con radio se pintaban las esferas y los números luminosos de los relojes para poder ver la hora en la oscuridad.

En medicina parecía que el radio lo curaba todo, desde la impotencia, artritis, neuralgias… hasta los catarros. Así empezaron a salir medicinas radiactivas como el Radithor, creada por un falso doctor.


Nadie fue consciente del peligro que corrían hasta que las muertes empezaron a sucederse. No solo entre el equipo de científicos que investigaba con la radiactividad, sino también entre los operarios que pintaban las esferas de los relojes y chupaban el pincel para ello, o las personas que tomaban el Radithor. No fue hasta los años 30 cuando las autoridades tomaron cartas en el asunto.

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