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viernes, 15 de noviembre de 2019

Celebraciones por el bicentenario del Museo del Prado.


El año pasado ya hablábamos aquí sobre la historia del Museo del Prado, jalonada de anécdotas y acontecimientos curiosos.

El 19 de noviembre de 2019 se cumplen exactamente 200 años de la inauguración del más importante museo español y se da por finalizado un intenso año de actividades conmemorativas. Éstas comenzaron con un acto especial el 19 de noviembre de 2018 y tres días de jornada de puertas abiertas. Pero siguieron otras iniciativas como representaciones teatrales, conciertos, conferencias,  publicaciones, homenajes, programas especiales de televisión y grandes exposiciones. TVE cambió el plató del telediario por una de las salas de Velázquez en el Museo del Prado y así repasamos los acontecimientos con Las Meninas como espectadoras de excepción.

Logo del bicentenario impreso
en el catálogo de exposiciones.

El 24 de noviembre se vivió una noche mágica ante las puertas del museo donde todos los presentes cantaron cumpleaños feliz al Prado, contemplaron una proyección de videomapping  y disfrutaron de los fuegos artificiales que cerraban el espectáculo de aquel intenso día.

Pero antes de llegar a esa espléndida fiesta la institución tuvo que enfrentarse con un importante reto: convertir una restauración urgente en una obra de arte. Se habían producido desprendimientos de fragmentos de cornisa del magnífico edificio de Villanueva y un estudio descubrió numerosas grietas que hacían imposible posponer las obras de reparación, con su correspondiente andamiaje. Para que el monumento no quedara deslucido se fotografiaron detalles de cuadros de Velázquez, Veronés y el Greco, entre otros, y se transformaron en 15 lonas gigantes que cubrieron los 11.000 metros cuadrados del monumento con las pinceladas de los grandes maestros que muestran sus obras en el interior de la pinacoteca.

Puerta del Museo del Prado cubierta por las lonas.

El 2018 estuvo repleto de ideas muy interesantes, como el micromecenazgo que, con una pequeña aportación, convirtió a todos los participantes en benefactores del museo y consiguió que se adquiriera el cuadro Retrato de niña con paloma de Simon Vouet, que se expuso junto al nombre de todos los donantes.

El programa De gira por España prestó durante un mes cuadros originales de grandes pintores a las Comunidades Autónomas, rememorando al Museo Circulante que acercó copias de obras maestras a diferentes rincones de España durante la primera mitad de la década de 1930. También se asemeja a este la idea de El Prado en las calles, proyecto que comenzó en 2015, y que desde entonces ha recorrido varias ciudades latinoamericanas exponiendo al aire libre fotografías a tamaño real de grandes pinturas del Prado. En 2019 estas copias se han trasladado por diferentes localidades españolas. En 2015 el museo sorprendió con la exposición Hoy toca el Prado donde los visitantes invidentes pudieron disfrutar de reproducciones adaptadas de las obras más importantes de la colección. El éxito obtenido la convirtió en una muestra itinerante que recorrió diferentes puntos del país.

Una decena de interesantes exposiciones se han llevado a cabo en el Museo del Prado este año del bicentenario.

Abría la programación El museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria. Y continuaba con  Fra Angélico y los inicios del Renacimiento en Florencia y la ambiciosa Velázquez, Rembrandt y Vermeer, miradas afines que ha permitido que estos tres pintores, junto a otros, pudieran  compartir espacio expositivo mostrando las similitudes que les unen gracias al préstamo de un buen número de obras por parte del Rijksmuseum de Ámsterdam.

Información sobre la exposición en el folleto del bicentenario del Museo del Prado.

Novedosa ha sido Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras que podrá contemplarse en el Prado hasta febrero de 2020 como homenaje a dos de las más importantes pintoras de la historia del arte occidental que se abrieron paso en una época en la que se dejaba en la sombra a las mujeres y se les negaba su capacidad creativa.

Información sobre la exposición en el folleto del bicentenario del Museo del Prado.

Y cerrará este ciclo de exposiciones Solo la voluntad me sobra. Dibujos de Goya con más de 300 obras del genial pintor que se inaugurará el mismo 19 de noviembre de 2019, que también será jornada de puertas abiertas para celebrar el verdadero día del cumpleaños del Prado.

Información sobre la exposición en el folleto del bicentenario del Museo del Prado.

Y si en los inicios del año de celebraciones vimos el telediario de TVE desde el Prado, durante todo el mes de noviembre de 2019 disfrutaremos de una programación especial en la 2. Lo más destacado será el estreno de 200, una serie documental de cuatro capítulos donde se nos mostrará la colección desde dentro, cuando la pinacoteca cierra sus puertas, y donde aprenderemos muchas cosas sobre sus obras y comprenderemos que el museo es de todos.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Museo_del_Prado_(Madrid)_15.jpg
Galería central del Museo del Prado.
Fuente: Flickr   Autor: losmininos.

Nota: pocos meses después, el Museo del Prado tuvo que cerrar sus puertas, como otros muchos en el mundo. En el verano de 2020 volvió abrir con una exposición renovada que recordaba sus orígenes para este Reencuentro.

domingo, 27 de octubre de 2019

El mago de Oz. 80 aniversario.


A nadie habrá pasado desapercibido que en este blog nos gusta recordar efemérides de distinta índole y que solemos hacerlo con números redondos. Esta vez hablaremos de películas que han marcado la historia del cine. Podríamos mencionar muchas que están de cumpleaños “redondo”,  pero vamos a centrarnos en dos obras maestras del séptimo arte que cumplen 80 años y están dirigidas por Victor Fleming: Lo que el viento se llevó y El mago de Oz.

El año 1939 dio películas maravillosas como Cumbres Borrascosas (William Wyler), La Diligencia (John Ford), Ninotchka (Ernst Lubitsch), Solo los ángeles tienen alas (Howard Hawks), Caballero sin espada (Frank Capra) o Esmeralda, la zíngara (William Dieterle). Todas ellas están de aniversario, pero en esta ocasión hablaremos de El mago de Oz.



De MGM - http://www.posterwire.com/wp-content/images/wizard_of_oz.jpg, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3383511
Cartel de El mago de Oz.
De MGM. Dominio público. 

El argumento, basado en la obra de Lyman Frank Baum, cuenta la historia de la pequeña Dorothy de Kansas que se ve transportada a Oz por un tornado y su periplo para regresar a casa. Allí conoce a brujas buenas y malas, se calza unos zapatos de rubí y sigue un camino de baldosas amarillas. Mientras se dirige hacia la Ciudad Esmeralda en busca del mago de Oz, el único que puede devolverla a su hogar, conoce a un león cobarde, a un espantapájaros sin cerebro y a un hombre de hojalata sin corazón que se convierten en sus amigos.

https://en.wikipedia.org/wiki/The_Wonderful_Wizard_of_Oz#/media/File:Cowardly_lion2.jpg
Ilustración de la primera edición de "El maravilloso mago de Oz" (1900)
escrito por  L. Frank Baum e ilustrado por W.W. Denslow.

El mago de Oz tuvo una preproducción larga y complicada en la que participaron varios directores y 14 guionistas. El rodaje, con jornadas maratonianas,  no estuvo exento de problemas. Judy Garland era mayor que su personaje, por lo que tuvo que soportar un corsé que disimulara sus formas de adolescente. El resto de los actores no se libraron de intoxicaciones e infecciones debido a la pintura que tenían que utilizar en sus caracterizaciones, como  le ocurrió al hombre de hojalata (Jack Haley) con la pintura plateada que lucía y a la bruja del oeste (Margaret Hamilton) con el maquillaje verde que tenía que aguantar y las quemaduras que sufrió en una de las escenas con fuego que la obligaron a permanecer varias semanas hospitalizada.

Muy escandaloso fue el comportamiento de los intérpretes que daban vida a los Munchkins, más de un centenar de figurantes que se emborrachaban, se iban de juerga y solían acabar en comisaría. Fueron acusados de acosar a sus compañeras y el calificativo más suave que recibieron fue el de “procaces”. Ellos siempre lo negaron.

https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:The_Wizard_of_Oz_Judy_Garland_1939.jpg
Dorothy en Kansas.
Tras el preestreno de la película hubo que cortar algunas escenas porque a los directivos les parecía que la bruja del oeste daba demasiado miedo. El público asistente pidió que se eliminara también la canción Over the rainbow por considerar que ralentizaba el ritmo de la narración, a lo que los responsables del film se negaron en rotundo, muy acertadamente.

A pesar de las dificultades, el resultado fue sorprendente e innovador. La parte de la película que transcurre en Kansas está rodada en blanco y negro por el director King Vidor, para transformarse en un brillante tecnicolor cuando Dorothy aterriza en el mundo mágico de Oz ya a las órdenes de Victor Flemming. Los efectos especiales, en una época en la que eran artesanales, estaban tan logrados que les valió una nominación a los Oscar en dicha categoría.

https://www.flickr.com/photos/tom-margie/3087835938
Dorothy con sus nuevos amigos siguiendo el camino de baldosas amarillas
 que los lleva a la Ciudad Esmeralda. Esta parte se rodó en tecnicolor.

El estreno oficial de El mago de Oz fue el 25 de agosto de 1939. Aunque cosechó menos éxito del esperado, la recompensa a su calidad artística llegó con las seis nominaciones a los Oscar de 1940. Se llevó dos estatuillas: a la mejor banda sonora original y a la mejor canción original por la inolvidable Over the rainbow de Harold Arlen y E. Y. Harburg.

El mago de Oz ha ido ganando prestigio con el tiempo y, aunque en la actualidad los films estén plagados de efectos digitales sorprendes, no alcanzan la magia de esta fantasía que se encuentra entre las mejores películas de la historia del cine.

Una curiosidad más. Si buscamos en google El mago de Oz veremos a la derecha de la pantalla los zapatos rubí que calzaba Dorothy y nos llevaremos una sorpresa si pinchamos sobre ellos…




sábado, 28 de septiembre de 2019

Diario de viaje: Florencia y Pisa VII. Recorrido nocturno y reflexiones sobre el arte.


Lee también Diario de Viaje: Florencia y Pisa. Parte I (una marquesa imaginaria con miedo a volar), parte II (el Duomo sin Síndrome de Florencia), parte III (David, la Galería de los Ufizzi, la Capilla Medicia), parte IV (el David original, una torre robada y el atardecer en el Puente Vecchio), parte V (otro David, la leyenda del patrón y visitando a los genios en Santa Croce) y parte VI (interior del Duomo, el Palacio Vecchio y ¿cómo he llegado a un pleno del Ayuntamiento?)

Los glamurosos.

Esa noche nos entretuvimos más de lo previsto en las tiendas de souvenirs, buscando alguna figurita del duomo que unir a nuestra colección de postales y calendarios que habíamos comprado en las tiendas de los museos y en los numerosos mercadillos que nos tropezábamos en nuestro recorrido hacia los monumentos.  Los mismos músicos de la tarde anterior ambientaban la Plaza de la República con las mismas canciones que habíamos oído.

El Duomo destaca inconfundible en la silueta de Florencia.
De camino hacia el puente Vecchio nos encontramos “cruzando a la italiana” ante Mercedes, Audi y otros lujosos vehículos por el estilo, contemplando las ropas exclusivas de los ocupantes y criticando los altos tacones de las distinguidas damas que paseaban su aristocracia por el difícil empedrado del centro histórico de Florencia.

Palacio Vecchio con la estatua de Perseo. Centro histórico de Florencia.

Llegamos algo tarde a nuestra cita con el Puente Vecchio al atardecer, ya era casi de noche cuando nos sentamos en la acera y escuchamos al músico español con sus mismas canciones.

La oscuridad tras el puente.

Decidimos pasar al otro lado del puente para contemplar los exteriores del Palacio Pitti. El camino fue largo, solitario y oscuro. La mala iluminación, la suciedad de las calles, los comercios cerrados y la soledad que reinaba a las ocho de la noche eran suficientes para entristecerme y hacerme sentir insegura.

El palacio Pitti es una monumental “mole” de piedra tallada en gruesos y toscos sillares. No dudo que el interior sea precioso, pero el exterior no me gustó nada, o quizá fue mi ánimo predispuesto por la oscuridad reinante en tan vasto espacio, el que me causó mala impresión.

Palacio Pitti.


Casa de Dante.
Después volvimos a cruzar el puente Vecchio, ahora desierto, para adentrarnos entre las calles hasta descubrir la casa de Dante. Un pozo, una placa y una torre, señalaban el lugar donde había vivido tan ilustre personaje.

Para compensar el cansancio acumulado acudimos de nuevo a cenar al “Totó” y después fuimos a la heladería “Crom”, un establecimiento donde una nutrida cola esperaba su turno para degustar el verdadero gelato italiano.

Vista nocturna del campanile.
Tras eso nos sentamos en uno de los bancos que acompañan al duomo, observando el campanile a modo de despedida. Mirando la hermosa plaza comencé a preguntarme si con el paso del tiempo, cuando otra civilización no judeocristiana tuviera la primacía en el mundo, aquello se conservaría. Cuando las iglesias ya no significaran nada, los campaniles fueran simples torres que apuntan al cielo y las madonas unas desconocidas, cuando nadie apreciara  la elegancia y magnificencia del David de Miguel Ángel o la maestría de Botticelli, entonces ¿lo conservarían o  lo dejarían perecer bajo el peso de los siglos? Dije en voz alta que me temía que todo aquello se perdería, pero Eva y Antonio no estuvieron de acuerdo conmigo, ellos estaban convencidos de que todo seguiría allí y continuaría siendo apreciado por cuantos vinieran tras nosotros, aunque no tuvieran nuestra misma tradición cultural.

Copia del David de Miguel Ángel.
Mientras nosotros nos despedíamos de la plaza del duomo unas turistas americanas llegaban, almohada en mano, tirando de sus pesadas maletas. Fue un espectáculo extraño verlas caminar por Florencia con unas almohadas más grandes que los bultos que acarreaban, convencidas, por alguna razón, de que sería un objeto imprescindible en su viaje.

Ciento ocho.
De camino al hotel nos encontramos un grupo de barrenderos dispuestos a adecentar las calles. Fue la primera y única ocasión en que los vimos.

Cuando llegamos al hotel nos encontramos con el desagradable recepcionista de la primera noche. No parecía dispuesto a hacernos ningún caso, pero Antonio se acercó hasta él y le pidió las llaves de nuestras habitaciones.

-Non capisco- dijo con tono antipático.

- La habitación ciento ocho.

-Non capisco.

-Ciento ocho- repetimos más despacio marcando cada sílaba.

-In english or italian.

-Chiento oto…

- No…

- One hundred and eight.

-¡Oh! Centotto…

¡Oh! ¡Qué sorpresa! ¡Qué gran diferencia! Lo miré enfadada y cogí la llave sintiendo que se había burlado de nosotras. Al llegar a la habitación las migas de pan continuaban en el suelo y las “toallas” seguían siendo las mismas.

Santa María Novella.

Cerca del hotel y de la estación de tren estaba la iglesia de Santa María Novella. Desde el primer momento en que supe de su existencia me agradó su nombre, me hacía sonreír pensando que podría ser la patrona de las novelas, pero evidentemente, “novella”, en italiano significa “nueva”.

La plaza estaba relativamente despejada, exceptuando un autocar de turistas madrugadores que se fotografiaban con los obeliscos que adornaban el lugar. Eva se fijo que cada obelisco estaba sostenido sobre cuatro tortugas de hierro que soportaban el peso estoicamente. Sin duda, aquello debía tener un significado, pero lo desconocíamos.

Tuvimos que acceder a la iglesia por una pasarela de madera sobre las baldosas del patio y nos cobraron la entrada completa, a precio considerable, a pesar de que las más importantes obras se encontraban en préstamo en aquellos momentos.

Fue la última iglesia de Florencia que visitamos antes de subirnos en el tren que nos llevaría hasta Pisa.

Fachada de Santa María Novella con una de las tortugas en primer término.


jueves, 29 de agosto de 2019

El evento Carrington o la gran tormenta solar de 1859.



La mañana del jueves 1 de septiembre de 1859, el astrónomo aficionado Richard Carrington, estaba trabajando en el observatorio londinense cuando descubrió unas manchas solares mucho mayores de lo normal, de ellas salió una llamarada gigantesca acompañada de eyección de masa coronal. Desde otro observatorio, el también astrónomo, Richard Hodgson, presenciaba la misma escena. Aquella violenta tormenta solar alcanzaría la Tierra de pleno solo 17 horas después convirtiendo al resto de la humanidad en testigos involuntarios de sus consecuencias. Este mes de septiembre se cumplen 160 años de lo que conocemos como evento Carrington.

https://pixabay.com/es/images/search/tierra+planeta/

Ya hemos hablado aquí de fenómenos naturales que afectaron nuestro modo de vida y que, a veces, también tuvieron alguna repercusión positiva. Y es que, a menudo, el hombre parece olvidar que el planeta y el cosmos tienen sus propios ciclos, que no se han detenido por la presencia humana.

Por ejemplo, el viento solar es un fenómeno que nos afecta continuamente y lanza sobre la Tierra gran cantidad de partículas. El escudo magnético del planeta, el cinturón de Van Allen, se deforma, absorbe el impacto y sus radiaciones, desvía las partículas a las zonas polares, recupera su forma y la radiación se visualiza como una aurora boreal.

Pero en 1859 se produjo la mayor tormenta solar que ha sufrido la humanidad hasta el momento. Con la violencia de la eyección de masa coronal, el Sol lanzó al espacio una radiación masiva y la Tierra estaba justo en su trayectoria. Al chocar contra el escudo magnético lo deformó de tal manera que sus 60.000 km de altura se aplastaron hasta convertirse solo en 7.000 km y se estiró por la parte posterior creando un efecto rebote al volver a su forma original. Aquello produjo una enorme cantidad de descargas eléctricas que recorrieron el mundo y dañó nuestra incipiente tecnología: las pocas redes eléctricas que existían se incendiaron, los telégrafos de Norteamérica (que habían comenzado su actividad en 1843) y Europa soltaron chispazos y se paralizaron, el papel que estaba dispuesto para transcribir los telegramas ardió y los operarios que trabajaban en aquellos momentos sufrieron descargas y quemaduras.

NASA - http://sec.gsfc.nasa.gov/popscise.jpg
Representación de la tormenta solar de 1859
azotando la magnetosfera terrestre.
Nasa. Dominio público.

La gente observaba asombrada un fenómeno que la mayor parte de ellos desconocía: las auroras boreales. Aquel día y el siguiente las auroras boreales pudieron verse hasta cerca del ecuador, en ciudades como Madrid, Roma o La Habana. La prensa de la época se hizo eco de que llegaron a iluminar los cielos con tal intensidad que podía leerse el periódico durante la noche y que, incluso, los mineros de las Montañas Rocosas de Estados Unidos se levantaron y desayunaron para ir a trabajar convencidos de que ya había amanecido. Un par de días después la radiación sobrepasó la Tierra y todo volvió a la normalidad.

De Richard Carrington - Page 540 of the Nov-Dec, 2007 issue of American Scientist (volume 95), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4004005
Manchas solares dibujadas por
Carrington el 1 de septiembre de 1859.

Esta no fue ni la primera ni la última tormenta solar que afectó al planeta, pero sí la más intensa de los últimos 500 años, según las muestras de los registros de hielo analizados en la Antártida y Groenlandia. No es sencillo dilucidar cada cuanto tiempo se repite una tormenta tan violenta como la del evento Carrington, algunos estudiosos indican que una vez por centuria y otros que tres veces en un milenio. Pero lo cierto es que, si bien, tenemos escasas evidencias de las anteriores, la información que poseemos de la ocurrida en 1859 nos ha hecho estar más atentos a las posteriores.

Conservamos testimonios de la ocurrida en diciembre de 1862, en plena guerra civil de Estados Unidos, con combatientes desconcertados por las auroras boreales que brillaban en el cielo de Virginia en plena batalla.

La segunda tormenta solar más fuerte que hemos sufrido hasta el momento fue la del 14 de mayo de 1921 a la que se bautizó como  la gran tormenta solar de Nueva York. Se calcula que fue unas 20 veces inferior al evento Carrington pero afectó a las redes ferroviarias de Estados Unidos hasta paralizar la Estación Central de Nueva York. Se sucedieron incendios eléctricos y la comunicación telegráfica quedó interrumpida. Las auroras boreales en el norte de Europa y la costa este de Estados Unidos fueron tan brillantes que el New York Time relataba como eclipsaron a las luces de Broadway y tuvieron que suspenderse las representaciones.

En 1938 volvemos a tener auroras boreales en latitudes impropias del fenómeno, en concreto se documentan las de Barcelona y  Madrid.

https://pxhere.com/es/photo/1561187
Aurora boreal.

En 1989 vivimos el evento Quebec, otra fuerte tormenta solar que, aunque inferior a la de 1921, provocó incidentes en varias centrales nucleares de Estados Unidos y Suecia  y  paralizó la planta hidroeléctrica de Quebec (Canadá) durante 9 horas dejando a 6 millones de personas sin luz y sin calefacción. Pero en 1994 el mismo país se quedó sin televisión y radio como consecuencia de otro fenómeno similar que afectó a dos satélites de comunicaciones.

Los incidentes se repitieron en 2003 con la denominada tormenta solar de Halloween, y eso que esta no nos alcanzó de lleno al encontrarse el planeta fuera del rumbo de la eyección de masa coronal del Sol.

Cuando el hombre carecía de tecnología poco le afectaban las tormentas solares, pero cuanto más avanzamos en ese campo, más vulnerables somos ante un fenómeno totalmente natural y que ha venido repitiéndose a lo largo de millones de años. La preocupación ha ido creciendo, e incluso la NASA elaboró su propio informe al respecto en 2009 donde reconoce que hay poco margen temporal desde que se origina una tormenta solar hasta que nuestro planeta sufre las consecuencias. No se muestra demasiado optimista, solo aboga por la prevención, con mejoras en los satélites para que no se vean afectados.

Algunos piensan que de repetirse una tormenta solar de la misma violencia que el evento Carrington solo nos dejaría sin electricidad en las zonas cercanas a los polos pero podríamos reparar nuestras redes en un par de días.

Los más pesimistas aseguran que se fundirían los transformadores de la mayor parte del planeta y eso originaría un gran caos puesto que todo nuestro mundo funciona con electricidad. Quedarían  inutilizados todos nuestros aparatos eléctricos, equipos informáticos, móviles e internet. Nuestras redes de comunicación, producción y distribución, nuestro sistema financiero están informatizados. Las bombas hidráulicas se pararían dejando a las ciudades sin agua. En pocos minutos se caerían las redes de satélites y con ellas el gps que es fundamental para las maniobras aéreas y marítimas. Las centrales nucleares se verían afectadas. La bolsa de valores se desplomaría en tan solo una semana si el apagón persistiera, pero se ha calculado que, posiblemente, tuviéramos que permanecer así durante meses, y los sistemas irían recuperándose paulatinamente, pudiendo llegar a tardar varios años en repararse todo y volver a la normalidad.

Los especialistas están seguros de que el evento Carrington se repetirá, pero no saben cuándo, ni las consecuencias reales para nuestra tecnología. Por ello hay muchos expertos vigilando la actividad solar e intentando trazar un plan de acción que aún no tenemos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Sol#/media/Archivo:Sun_white.jpg
Manchas solares sobre la superficie de nuestra estrella.


sábado, 17 de agosto de 2019

La vuelta al mundo de Magallanes-Elcano. V centenario.


Hace 500 años Fernando de Magallanes partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en un viaje épico que marcaría un hito en la historia de la humanidad y cambiaría la concepción del mundo para siempre.

El pasado 10 de agosto celebramos el V centenario de la primera vuelta al mundo. Esta epopeya la comenzó Magallanes con cinco naves en 1519 y la finalizó Elcano con una sola nao en 1522. Navegaron por mares ignotos, se enfrentaron a lo desconocido, se amotinaron, pasaron hambre y desafiaron los numerosos peligros circunnavegando el globo.

Magallanes era un experto navegante que ya había estado en las islas Molucas (Indonesia). Convencido de que podría encontrar otra ruta expuso su idea al rey de Portugal, Manuel I, pero este rechazó su propuesta. Por segunda vez en menos de 40 años, un rey portugués desaprovechaba una oportunidad de oro, como hiciera Juan II cuando Cristóbal Colón le pidió financiación para su viaje rumbo a las Indias. Y por segunda vez, España, aceptó el proyecto que éstos habían rehusado.

Ni Carlos I, ni Magallanes estaban planeando una expedición científica, la verdadera idea no era la circunvalación del globo, sino encontrar una ruta marítima hasta las islas de las Especias, el bien más preciado de su tiempo, sin tocar los dominios portugueses que fijaban el Tratado de Tordesillas (1494). Cuando Manuel I supo que Carlos I financiaría el viaje, intentó impedirlo. No podía permitir que el imperio rival le arrebatara el monopolio del comercio de las especias que tantísimas riquezas le aportaba. Así que envió espías y fabricó mapas falsos donde se dibujaban las costas de Brasil unidas a Asia, sin ningún paso marítimo que permitiera cruzar América. Pero Magallanes sabía que Núñez de Balboa había estado allí y había avistado lo que llamó el Mar del Sur en 1513.

A pesar de los malos informes que había recibido sobre Magallanes, Carlos I decidió entregarle cinco naves, 239 hombres, agua y víveres para un viaje que debía durar dos años y concederle el título de Capitán General de la Armada, gobernador y Adelantado de todas las tierras que descubriera. Pero envió con él a varios capitanes castellanos, entre ellos, Juan de Cartagena al que otorgó plenos poderes para que controlara la situación. Juan Sebastián Elcano era solamente maestre de una de las naos. Por su parte, Magallanes, se hizo acompañar por su esclavo malayo, Enrique, que le haría de intérprete cuando llegaran a la especiería. Así pues, con el encargo de navegar siempre hacia el oeste hasta alcanzar las islas Molucas,  el 10 de agosto de 1519 Magallanes y su tripulación partieron de Sevilla con las cinco naos: San Antonio, Trinidad, Concepción, Victoria y Santiago hasta la desembocadura del Guadalquivir en Sanlúcar de Barrameda desde donde zarparon el 20 de septiembre de 1519.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/68/ReplicaNaoVictoriaMagallanes.jpg
Réplica de la nao Victoria.

La primera parada fue en las islas Canarias donde hicieron aguada y cargaron todo lo necesario. El desconcierto cundió entre los oficiales cuando Magallanes, en lugar de poner rumbo a América, comenzó a bordear las costas africanas. Su estrategia era seguir hacia el sur para lograr vientos favorables y luego cruzar el Atlántico.

Ya en América, Magallanes sufre un revés al no encontrar el paso hacia el Mar del Sur. El lugar donde había imaginado hallarlo era, en realidad, el estuario del Río de la Plata. No había salida al océano por lo que tuvo que seguir hacia el sur, ya por mares ignotos y tierras que jamás habían sido cartografiadas.

Pero lo malo no había hecho más que empezar, ya que, a finales de marzo de 1520, cuando ya se acercaba el invierno, Juan de Cartagena se reveló exigiendo regresar a España al dar por fracasada la expedición. Los capitanes castellanos y parte de la tripulación, hambrienta y atenazada por el frío, se amotinaron. Eran más de 40 hombres frente a Magallanes que atajó la situación de forma autoritaria: ejecutó a dos de los capitanes sublevados y dejó en tierra a Juan de Cartagena junto a un clérigo. Después sometió a juicio al resto de los insubordinados y los condenó a pena capital, pero no cumplió la sentencia porque los necesitaba para continuar la travesía. Juan Sebastián Elcano fue uno de los amotinados a los que perdonó. Poco después naufragó la nao Santiago y su tripulación se repartió entre las restantes naves. Prosiguieron el viaje llegando a la Patagonia. Magallanes sospechaba que debía existir un polo sur terrestre no lejos de allí, pero también, que ya debía estar cerca del paso hacia el Mar del Sur.

En octubre encontraron una red de canales y pasaron semanas inspeccionando aquel laberinto, avanzando y retrocediendo entre el dédalo de islas y cauces, intentado descubrir si eran el paso a mar abierto. Cansado de aquella situación, Esteban Gómez tomó el control de la nao San Antonio, desertó y recogió a Juan de Cartagena en el camino de regreso a España.

A pesar de este revés, Magallanes continuó su aventura hasta encontrar el deseado paso al Mar del Sur donde cruzar América hacia oriente. Era 1 de noviembre de 1520 y lo bautizaron como el canal de Todos los Santos.

Pero la mala suerte continuaría golpeando a la expedición, y,  aunque el Mar del Sur se les mostró tan tranquilo que decidieron cambiarle el nombre por océano Pacífico, tuvieron la desgracia de navegar por aquella inmensa zona ignota sin tocar tierra durante tres meses. El agua potable se les corrompió, ya no quedaba comida, se disputaron las ratas y terminaron por comerse el cuero y el serrín. El escorbuto mató a buena parte de los marineros. Cuando, al fin, tocaron tierra, lo hicieron en la isla de Guam (Islas Marianas) donde los indígenas les robaron lo poco que les quedaba y aquella zona quedaría en su memoria como las Islas de los Ladrones. 

Monumento a los descubrimientos
 en Lisboa con Magallanes
entre los descubridores.
Prosiguieron su viaje hasta descubrir las islas de San Lorenzo (las Filipinas) y, gracias al intérprete Enrique, consiguieron entablar buena relación con algunos pueblos indígenas. En las islas que iban visitando comerciaban con los nativos, los convencían para que se bautizaran, se acogieran bajo la protección de la corona de Castilla y pagaran tributos. Magallanes sabía que ya no estaba muy lejos de las Molucas y de la base portuguesa. Su intención era establecer un puerto seguro para los castellanos en aquella zona. Por esta razón pactó con reyes indígenas y se vio envuelto en una batalla contra los enemigos de éstos. Pero midió mal sus fuerzas. El 27 de abril de 1521 Magallanes desembarcó en Mactán junto a 50 hombres y se encontró con más de 1000 nativos. Los cañones no pudieron ser descargados, las municiones se les acabaron y la armadura no era suficiente para protegerle de las lanzas y flechas envenenadas que acabaron con su vida mientras cubría la retirada de sus compañeros. La mayoría de los oficiales murieron pocos días después al ser engañados por el rey de Cebú y asesinados en un banquete con la complicidad de Enrique, el intérprete.

Quedaban 115 hombres y la nao Concepción se encontraba ya en muy mal estado. Decidieron quemarla y proseguir el viaje con la Victoria y la Trinidad hacia las islas Molucas, donde consiguieron llegar el 6 de noviembre de 1521. Habían alcanzado su meta, pero habían perdido demasiado por cargar sus barcos de pimienta, clavo, canela y nuez moscada. Ahora regresar a España parecía un imposible.
La nao Trinidad presentó una vía de agua que le impedía continuar la expedición. Elcano acordó con Gonzalo Gómez de Espinosa, capitán de la nao que se quedara en Tidore con sus hombres para reparar el barco y luego regresase por la misma ruta cruzando hacia el Atlántico por aquel paso que tanto les había costado encontrar y que hoy conocemos como Estrecho de Magallanes.
La nao Victoria, ya bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, con 47 marinos europeos y 17 indígenas puso rumbo a España en solitario. Solo pararon en Timor para abastecerse y después se adentraron en aguas portuguesas desobedeciendo los tratados internaciones. Tenían la intención de cruzar el océano Índico, dar la vuelta a África y llegar a Sanlúcar de Barrameda sin hacer ninguna escala. Pero la falta de vientos favorables los retuvo en alta mar durante demasiado tiempo. Los víveres se agotaron y el escorbuto mermó a la tripulación. No tenían más remedio que tocar puerto.

Elcano elaboró un arriesgado plan consistente en atracar en Cabo Verde, fingir no saber nada de la expedición de Magallanes, comprar víveres y continuar su camino hacia España. Pero los portugueses los descubrieron al verlos pagar con las especias de las Molucas y los atacaron haciendo 12 prisioneros. El resto de la tripulación consiguió huir en la nao Victoria.
Lo que ninguno de ellos podía sospechar es que, los hombres de la Trinidad, también habían acabado como prisioneros de los portugueses al pedirles ayuda para salvar sus vidas tras una terrible tormenta.
El sábado 6 de septiembre de 1522 la nao Victoria lograba llegar a Sanlúcar con 18 supervivientes casi convertidos en espectros. El 8 de septiembre desembarcaron en Sevilla.
Varias semanas después los 12 hombres que fueron hechos prisioneros por los portugueses al comprar víveres en Cabo Verde consiguieron regresar a Sevilla. Varios años más tarde volvieron cinco tripulantes de la Trinidad, entre ellos el capitán Espinosa, que habían caído en manos de los portugueses tras aquella terrible tormenta oceánica. Todos ellos habían completado la vuelta al mundo.
El objetivo de la misión era llegar hasta las islas de las Especias y volver con toneladas de ellas, pero habían conseguido una gesta mayor: navegando siempre hacia el oeste habían logrado dar la vuelta al mundo y demostrar la esfericidad de la Tierra. Además habían cruzado, sin saberlo,  la línea del cambio de fecha.

National Library of AustraliaTransferido desde en.wikipedia a Commons por Jalo usando CommonsHelper.(Texto original: «Electronic»), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6239768
Primer mapa cientifico del mundo. Realizado por Diego Rivero en 1529
 basado en los descubrimientos de la expedición de Magallanes-Elcano.

Esteban Gómez que desertó con la tripulación de la nao San Antonio poco antes de encontrar el Estrecho de Magallanes, había llegado a Sevilla en mayo de 1521 sin dar la vuelta al mundo. Y, aunque fue juzgado y encarcelado, posteriormente se le restituyó y embarcó en uno de los viajes más importantes del siglo para triangular América.

Para cuando Elcano arribó a Sanlúcar, Magallanes era considerado por todos como un traidor debido a los malos informes que los amotinados llegados un año antes habían dado sobre él. Elcano se convirtió en el héroe de la expedición. Carlos I lo nombró caballero y le otorgó un escudo con el lema primus circumdedisti me.

Antonio de Pigafetta, cronista oficial y superviviente de la expedición, narró los pormenores del viaje, dibujó mapas y destacó la importancia de Magallanes, al que definió como “espejo, luz y guía verdadero” en su libro Relación del primer viaje alrededor del mundo (1524).

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Azulejo conmemorativo de la expedición Magallanes-Elcano.
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

A pesar de las pérdidas humanas y materiales que habían sufrido, aquella gesta también supuso ganancias. Las 25 toneladas de especias que traían sufragaban con creces los gastos. Pero, paradójicamente, la ruta de las especies que habían abierto no empezó a utilizarse hasta un tiempo después, porque, mientras los miembros de la expedición de Magallanes-Elcano se dejaban la vida en su epopeya, Hernán Cortés había alcanzado México y había regresado cargado de oro.

La proeza de estos hombres logró darle el control de los mares a España durante mucho tiempo, aunque los monarcas no se decidieran a construir esa base segura por la que Magallanes había dado la vida hasta 50 años después del regreso de la nao Victoria. Ahora los españoles eran los que mejor conocían las mareas, las corrientes y los vientos de los dos hemisferios, habían descubierto tierras y el inmenso océano Pacífico, habían creado una ruta comercial y habían aprendido que el diámetro del globo terrestre era mucho mayor de lo que se creía. Entonces empezaron a comprender que no solo había razones económicas y políticas para explorar el mundo. La Tierra estaba repleta de lugares nunca cartografiados, de personas con costumbres y tradiciones dignas de estudiar y de fauna y flora desconocida. Les tocaba ahora el turno a los científicos.

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