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lunes, 29 de octubre de 2018

La situación inversa y Picasso.



Una reciente visita al Museo Picasso de Málaga y el encuentro con la magnífica exposición temporal El sur de Picasso. Referencias andaluzas (8.10.2018-3.02.2019), me ha llevado a reflexionar de nuevo sobre algo de lo que hablábamos aquí hace pocas semanas: el chasco que nos llevamos cuando desconocemos que una pintura está restaurándose o prestada para una exposición y al visitar el museo donde creemos que la encontraremos nos topamos con una fotocopia de mala calidad en su lugar.

Pero, a veces, nos hallamos en la situación inversa. Menos frecuentemente de lo que nos gustaría, pero alguna vez sucede. Y si me encontré medio Museo de Arte Antiguo de Bruselas prestado y repleto de esas detestables fotocopias en el verano de 2018, el otro día tuve la suerte de que ocurriera lo contrario en el Museo Picasso de Málaga.

https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_Picasso_M%C3%A1laga
Museo Picasso de Málaga.

En la exposición temporal que mencionaba arriba, y que recomiendo a todo el que visite la ciudad, nos presentan al Picasso más mediterráneo, más andaluz, con sus tauromaquias, sus guitarras y su conocimiento del arte, del que bebió y que revolucionó convirtiéndose en un referente mundial para los artistas posteriores.  Y es que Picasso sabía mucho de arte y concebía el arte siempre en presente. Para él si una obra de arte no estaba vigente en el presente, no podía llamarse arte y así siguen, en el presente, las piezas arqueológicas íberas, griegas, romanas y los grandes pintores barrocos.

Pocos saben que Muñoz Degrain, afamado pintor y gran amigo del también artista José Ruíz Blasco (padre de Picasso), le había recomendado que Pablito se dedicara a otra cosa porque nunca sería pintor, aunque poco después rectificaría su opinión para animar a José a matricular a su hijo en la Escuela de Bellas Artes de Málaga.

Entrada del Museo Picasso Málaga.

Picasso comenzó con obras figurativas e inspirándose en el arte sacro. Pero lo que más le fascinaba era lo primitivo, lo íbero, lo greco-romano. No es casualidad que Picasso fuera sospechoso del robo de la Gioconda, porque parece probado, que fue cómplice del hurto de varias estatuillas íberas que se exponían en el Louvre, de donde fueron sustraídas por el secretario de su amigo Apollinaire, vendidas al pintor (que conocía su procedencia) y encontradas en su taller por la policía. Pero del robo de la que se convertiría en la pintura más famosa del mundo era totalmente inocente.

Cerámica griega en el Museo
Arqueológico Nacional (Madrid).
Al visitar la exposición El sur de Picasso nos encontramos su inscripción en el registro de copistas del Museo del Prado, poemarios de su puño y letra, estatuillas íberas, cerámicas griegas, cabezas y bustos greco-romanos, imaginería de Pedro de Mena, pinturas de Velázquez, Murillo, Zurbarán, El Greco y numerosos grabados de Goya. El arte en el que Picasso se inspiraba y que transformaba a golpe de pincel o de cincel. Y, allí, ante nuestros ojos, contemplamos los dibujos y variantes que nuestro prolífico artista hizo de la antigüedad clásica junto a los bustos prestados por diferentes museos arqueológicos españoles y la versión que realizó de la Infanta Margarita María (de las Meninas de Velázquez) procedente del Museu Picasso de Barcelona. Juntos, aquellos artistas a los que admiraba y él, en las mismas salas,  como parte de un todo que es el arte universal.

http://blog.barcelonaguidebureau.com/a-day-with-picasso-in-barcelona-gothic-quarter-my-bgb-walking-tour-experience/
Infanta Margarita María. Picasso.

Nunca faltó gente que se atrevía a decirle a Picasso que pintaba como un niño, pero él siempre supo cómo responderles: “Me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño”.

Admirando todas aquellas obras arqueológicas y todas aquellas esculturas y pinturas de nuestros admirados artistas junto a las suyas, leyendo las cartelas donde se indicaba su procedencia, no pude evitar imaginarme a los visitantes del Musée national Picasso-Paris, del Museu Picasso Barcelona, del Museo Reina Sofía, del Museo de El Greco, de los museos arqueológicos Nacional de Madrid, de Tarragona, de Córdoba, de Sevilla y de otras ciudades, topándose con una fotocopia junto a la cartela de la obra que buscaban y desilusionándose quizá sin saber que están todas reunidas en una magnífica exposición en la tierra natal de Picasso…


https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_Picasso_M%C3%A1laga
Patio del  Palacio de Buenavista donde
está ubicado el Museo Picasso de Málaga.

martes, 16 de octubre de 2018

Cuando no encuentras tu obra de arte favorita donde debería estar (arquitectura).



Todos comprendemos la necesidad de restaurar los cuadros, esculturas y edificios cuando sea necesario pero, como contábamos aquí al referirnos a las pinturas de los museos, cuando somos nosotros los que sufrimos la ausencia de nuestra obra favorita, nos queda ese regustillo amargo de que nos ha tocado la china.

La china le tocó a una amiga mía y a todas las personas que acudieron a visitar la famosa Fontana di Trevi (Roma) en el año 2014, cuando, con las monedas ya preparadas en el bolsillo para pedir sus deseos, se toparon con la desaparición de la fuente. ¿Puede desaparecer toda una fuente de gran tamaño adosada a la pared? Pues sí, por el estado de erosión y desperfectos que presentaba fue retirada completamente de su plaza para ser reparada durante 516 días. Pero durante todo ese tiempo la gente siguió lanzando monedas a la nada porque no se resistía a marcharse del lugar sin pedir sus deseos… aunque seguramente fuera (aún) menos probable que se cumplieran...

La Fontana di Trevi tras su restauración.

Creo que a todos nos ha ocurrido que al ir a visitar la plaza principal de la ciudad nos hemos topado con un evento inesperado (para nosotros) que convierte el lugar más representativo en un conglomerado de toldos, llegadas de maratones, o publicidades que  impiden apreciar la arquitectura y los edificios, estropeando la imagen idílica que nos habíamos forjado en la imaginación a fuerza de ver postales (cosa que nos ocurrió en la plaza Markt de Brujas en junio de 2018). Pero esto resulta lógico, ya que la ciudad está viva, y se utilizan los lugares públicos para los acontecimientos principales… 

Plaza Markt de Brujas como meta de
un evento deportivo.
Árbol de navidad en la cúpula
de la Galería Lafayette en París.
También depende del evento del que se trate, porque siempre es más bonito y agradable encontrarse un mercadillo medieval, una feria gastronómica o un árbol de navidad. Aunque no todos pensemos lo mismo, ya que a mí, personalmente, no me hizo especial ilusión encontrarme la esplendida cúpula de la galería Lafayette parcialmente oculta tras un árbol de navidad a medio decorar en octubre.

Hay cosas inevitables, como los varios perímetros que rodean la Torre Eiffel tras los acontecimientos ocurridos en París en 2015, pero nada quedaba ya de la parte aledaña a la torre del Campo de Marte cuando fuimos a visitarlo (octubre de 2017). El lugar que había sido hasta poco antes un jardín de césped mullido donde los visitantes habían comido a los pies de madeimoselle Eiffel estaba completamente vallado y de su verde hierba no quedaba ni el más ligero atisbo. Eso sí, podemos seguir viéndolo en postales e imágenes de archivo.
La Torre Eiffel con varios perímetros de seguridad y vallas
 que también ocultan parte del Campo de Marte.

Yo creo que a estos hechos se les da la menor publicidad posible para no espantar a los turistas. Quizá aparezca una vez en prensa o en televisión, pero la mayoría de los turistas no nos enteramos hasta que nos encontramos con la desagradable sorpresa… o ya están terminados los trabajos. La gente de la calle suele descubrir que un monumento estaba en rehabilitación cuando ha finalizado y ya aparece en todos los medios la noticia, especialmente en prensa, con las fotos del “antes y el después”. La única restauración que conocí de antemano fue la del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela… y como para no enterarse porque tardaron 10 años en recuperar esas esculturas a las que todos los días se les desprendían restos de pinturas y fragmentos que caían al suelo. Eso sí salía en los telediarios día sí, día no. Quizá porque al ser la “meta” del Camino de Santiago hubiese sido casi un pecado callarse y dejar que los peregrinos, que habían llegado caminando cientos de kilómetros desde lejanos lugares por una de las numeras rutas que llenan Europa de conchas doradas, se encontraran, sin sospecharlo, su ansiado Pórtico de la Gloria cubierto por los andamios.

La sorpresa más desagradable que me he encontrado en este sentido ha sido este año 2018 (la misma que se encontraran millones de turistas en los siguientes, porque se calcula que no estará finalizada la restauración hasta 2021). Teníamos ya comprado el viaje a Londres cuando descubrimos por el blog de un viajero que el Big Ben, el símbolo de todo el país, estaba completamente oculto por un andamio horrible (que además iluminan de blanco cegador por la noche) de manera que lo único que puede verse, y solo por un lateral, es la esfera del reloj.  La decepción fue enorme.

Estado en el que se encuentraba el Big Ben y el palacio de Westminster en septiembre de 2018.

Seguimos de acuerdo en que los monumentos tienen que ser restaurados… pero ¿es necesario hacerlo de esta forma?

Escaleras del puente de Rialto (Venecia)
No es la primera vez que nos encontramos un monumento emblemático en reparación. Ya nos había ocurrido en Venecia (junio de 2016) cuando nos topamos con que un toldo gigante tapaba toda la parte frontal del puente de Rialto. Pero, en esta ocasión, aquel plástico llevaba impresa una fotografía a tamaño real del puente, y la restauración no impedía que pudieras subir sus escaleras, caminar por él y ver la otra cara, que sí habían dejado perfectamente visible para que los millones de turistas que acuden a la ciudad de los canales no se marcharan sin ver el famoso puente de Rialto y cruzarlo.


Aunque el puente de Rialto (Venecia) estaba en restauración en junio de 2016, los trabajos se
realizan en varias fases de manera que una de las caras o laterales siempre queda visible al público.

Se encontraba también en restauración la basílica de San Marcos en la misma ciudad, pero solo un lateral de la parte superior, porque el resto estaba al descubierto, para evitar que los visitantes se quedaran con la decepción de encontrarse un andamio en lugar del templo.

Podríamos todos tomar ejemplo de la forma en que rehabilitan sus monumentos en Venecia y, si no es posible hacerlo de esta forma, podrían informarnos más y mejor de qué lugares se encuentran en restauración y durante cuánto tiempo.

Después de la desagradable sorpresa de Londres, tomo nota de que antes de reservar un viaje debo comprobar que su monumento emblemático no se encuentre convertido en un andamio gigante.

Basílica de San Marcos en Venecia. Aquí también restauran
por fases y solo cubren una pequeña parte de la fachada.

martes, 25 de septiembre de 2018

Cuando no encuentras tu obra de arte favorita donde debería estar.



Cuando hacemos un viaje cultural esperamos contemplar en persona aquellos edificios, palacios, catedrales, fuentes, plazas, esculturas o cuadros que hemos visto tantas veces en postales, libros, documentales y guías. Pero, rara vez,  nos planteamos la posibilidad de no encontrarlos allí. Sin embargo, esto es una realidad de la que dan fe millones de visitantes a lo largo de los años.

Creo que todos estamos de acuerdo en que los cuadros, las esculturas, los edificios, deben ser restaurados y limpiados cuando los expertos lo crean necesario para poder seguir disfrutando de ellos. Tenemos el deber de legarlo a las generaciones venideras, igual que las anteriores nos los han entregado a nosotros y perpetuar en la historia esas maravillas para memoria y admiración de toda la humanidad. Las obras de arte se convierten en un bien que nos pertenece a todos, independientemente del país en el que se encuentren. Se podría decir que para ellas no existen fronteras ni temporales, ni físicas.

El ejemplo que nos puede venir a la cabeza más fácilmente es el de ir a ver ese cuadro tan famoso y extraordinario que la guía de viajes te asegura que se encuentra en el museo de la ciudad que visitas y, al buscarlo, compruebas que está prestado para una exposición temporal, está en restauración o la sala se encuentra cerrada… ¿Os imagináis llegar al Museo del Prado y no encontrar Las Meninas? Tranquilos, esto es muy difícil que ocurra ya que las obras más emblemáticas de los museos son imprestables.

Medidas de seguridad en la actualidad alrededor de la Gioconda.
Museo del Louvre.
https://es.wikipedia.org/wiki/Vincenzo_Peruggia
Hueco que la Gioconda
dejó en la pared tras su robo.
Quizá penséis que una decepción semejante sufrieron los visitantes del museo del Louvre cuando aquel agosto de 1911 descubrieron que la Gioconda había sido robada. No, este no es el caso, ya que, por sorprendente que nos parezca hoy en día, la Gioconda no era, ni muchísimo menos, la pintura más famosa del mundo, ni la gente hacía cola para verla. Fue, precisamente, su robo lo que la hizo adquirir su popularidad y convertirla en icono para el común de los mortales. Cuando se hizo público el robo del cuadro de Leonardo el museo registró el mayor número de visitantes y, entonces sí se formaron largas colas, pero no para contemplar la Gioconda, sino para ver el hueco que había dejado en la pared…

Los libros, las guías y los blogs de viajeros están llenos de referencias a sus visitas a los museos y el hecho de encontrarse con la desagradable sorpresa de que tal cuadro no está en la exposición. Esto es relativamente frecuente. Ya nos había pasado a nosotras en la Galería de los Uffizi en Florencia (septiembre de 2011) y en la National Gallery de Londres (septiembre de 2018) donde la sala de la Virgen de las Rosas de Raphael estaba cerrada y, según habíamos leído, en este museo es bastante frecuente encontrarse salas cerradas. 

Exterior de la National Gallery. Londres.

Pero el caso más chocante que hemos visto personalmente fue el del Museo de Arte Antiguo de Bruselas donde casi la mitad de la colección estaba prestada a diferentes exposiciones (junio de 2018). En estas ocasiones te llevas la decepción de no poder contemplar la obra y la sensación de dejadez al ver, en lugar de uno de tus cuadros preferidos, una fotocopia pequeñita en blanco y negro y de muy mala calidad.

Así se veían algunas de las paredes del Museo de Arte Antiguo de Bruselas
en junio de 2018, con las obras prestadas o en restauración sustituidas por fotocopias.

Otro caso sorprendente que nos hemos encontrado en vivo y en directo de estas ausencias fue en Gante (junio de 2018) donde al ir a ver el famoso políptico de la Adoración del Cordero Místico, que ostenta el triste récord de ser la obra más veces robada de la historia, te encuentras con que está ubicado en su propia capilla dentro de la catedral de San Bavón (la catedral es gratuita, la sala del Cordero Místico, no) y un panel explicativo de las diferentes partes del retablo antes de pasar por caja… Pero, en esta ocasión, también te contaban que estaba siendo restaurado por lo que una de las tablas no era la verdadera, sino una fotografía de alta calidad.  Entrada sí te cobraban, por supuesto. En esta ocasión, tuvimos la mala suerte de que la reproducción fuera, precisamente, la de la tabla más importante: la del Cordero Místico. 


https://es.wikipedia.org/wiki/Pol%C3%ADptico_de_Gante
Políptico de Gante.
La parte más importante y conocida es la del Cordero Místico en la parte inferior central.

Reproducción de la tablilla
del poema de Gilgamesh.


Y entonces te preguntas ¿es mejor que te pongan una fotocopia en blanco y negro o que te sustituyan una parte con una copia? Creo que lo más honrado sería hacer una buena recreación pero aclararte que lo que estás viendo es una reproducción. La sensación de tristeza no te la quita nadie (como a mí cuando vi la copia de la Tablilla de la Inundación del poema de Gilgamesh, la obra épica más antigua conocida, en el British Museum, porque la original estaba siendo restaurada), pero, al menos no te sientes tan defraudado.

Si te ha interesado este artículo no te pierdas la segunda parte que habla de los edificios en restauración y la desaparición de una fuente: Cuando no encuentras tu obra de arte favorita donde debería estar (arquitectura).

viernes, 14 de septiembre de 2018

Diario de viaje: Florencia y Pisa IV. El David original, una torre robada y el atardecer en el puente Vecchio.


Lee también Diario de viaje Florencia y Pisa: Parte I (Una marquesa imaginaria con miedo a volar), parte II (El Duomo sin Síndrome de Florencia) y parte III (David, la Galería de los Uffizi y la Capilla Medicea).


¡No photo!

Acudimos a la Galería de la Academia con nuestro pase que nos permitió saltarnos la considerable cola que se agolpaba en la puerta. No faltó el “no water”, pero aprendida la lección, nuestras botellitas de agua se guardaron a buen recaudo para no repetir la mala experiencia.

La Galería de la Academia nos gustó mucho. Las esculturas y los cuadros eran admirables aunque, exceptuando a Miguel Ángel, ninguno llegara a la categoría de los Uffizi.

Al final del pasillo donde nos miran los personajes cincelados con maestría, bajo una bóveda de casetones, nos encontramos con el David original, grande, majestuoso y bello, impasiblemente sereno ante la mirada de decenas de personas. Una emoción me recorrió el cuerpo y una sonrisa se dibujó en mis labios. Era la obra de un genio y genial se mostraba.

https://es.wikipedia.org/wiki/David_(Miguel_%C3%81ngel)
David. Escultura de Miguel Ángel.

-¡¡¡¡¡No Photo!!!!- me sobresaltó una mujer pequeña y gorda, que venía caminando apresuradamente hacia mí. Pero no, no era yo quien había acaparado su atención, ya que no había sacado ninguna cámara, se trataba de uno de los turistas que se encontraba a mi izquierda. La expresión iracunda y la boca exageradamente fruncida hizo que el extranjero se excusara.

Yo la miré sin terminar de  comprenderlo. ¿Cómo que no podían hacerse fotos? Era una escultura de mármol que no iba a sufrir daños por un “clic” de la cámara, ni por un millón de “clics”.

-¡No photo!- volvió a gritar dirigiéndose a otro turista.

Alguien sacó un móvil.

-¡¡No photo!!- exclamó acudiendo con paso menudo y apresurado hacia el siguiente espectador. Todos la miramos, unos con indignación y otros con mueca divertida. En aquel momento no pensé que ese era su trabajo, solo me sentí terriblemente molesta por la incomprensible exigencia del museo. Sudorosa y enfadada, miraba a todas partes. Ahora lo recuerdo y siento una punzada de lástima.

En las siguientes salas había una exposición temporal de un artista que hacía esculturas a la manera romana. Y en esta ocasión doy fe de que “a la manera” no era una mera suposición, sino un trabajo lleno de maestría. Cientos de bustos, torsos y piezas completas nos observaban desde las estanterías, desde las vitrinas, a pie de sala, tallados en un mármol blanco impoluto. Me parecieron unas obras magníficas.

Después tuvimos que pasar, obligatoriamente, por la tienda, donde vimos infinidad de fotografías de David a un precio prohibitivo.

Pero no podía marcharme sin ver de nuevo a mi estatua favorita. No quería despedirme de David, pero tuve que hacerlo, prometiéndole que no lo olvidaría.

Una torre robada.

Al entrar en el Palacio de los Medici un gran patio de columnas corintias y de esculturas renacentistas te saludan alegremente. Sus salas son bellas y majestuosas, casi te parece ver a cualquier miembro de la familia paseando despreocupadamente por algún pasillo, sentado en uno de los hermosos sillones o traspasando las innumerables puertas. El salón de bailes es ahora una gran sala de conferencias llena de espejos pintados con profusa vegetación y amorcillos que parecen saludarte cuando enmarcan tu reflejo. El techo representa el mismo cielo con sus ángeles revoloteando entre nubes.

Plaza de la República.
Todo era precioso en el palacio. Pero cuando fuimos a los servicios nos llevamos la gran decepción. Digo mal, porque no eran “los servicios”, era el servicio, en singular, solo uno para todo el público. Uno solo, el típico váter-bidé, completamente asqueroso y repugnante.

En la Plaza de la República un arco del triunfo asiste a la incesante actividad que rodea el carrusel de caballos de madera, mientras un inspirado grupo de jazz toca melodías que recorren el aire.


Eva y yo nos sentamos en un banco para tomarnos tranquilamente uno de esos ricos helados italianos. En una de las esquinas de la Plaza descubrimos el Hard Rock Café Florencia.

Al recorrer la plaza descubrimos una maqueta en hierro de la ciudad donde se distinguían la cúpula del duomo y las torres más importantes de Florencia. Sin embargo, algo no cuadraba. A primera vista no podía apreciarse, pero algo fallaba en aquella representación de la ciudad.

-¡Falta el campanile!- dije señalando la cúpula del duomo huérfana de su compañero inseparable -¡Han robado el campanile de Giotto!

Maqueta de Florencia sin el campanile.

Cerca de la plaza había otro mercado, el ajetreo del día se aplacaba mientras los comerciantes desmontaban sus tenderetes apresuradamente. Una cola de turistas se fotografiaba con una estatua de bronce. Nos acercamos a ver qué esra y descubrimos un jabalí con el hocico degastado por la amable caricia de todos los visitantes que esperan que aquel gesto los haga volver a Florencia. Eva y yo nos fotografiamos con él aunque desconocíamos la leyenda y no entendimos el letrero en italiano que estaba a sus pies.

Pasamos de nuevo por la Plaza de la Señoría y observamos al gemelo de David, resistiendo impasible los flashes de los turistas.

Atardecer en el Puente Vecchio.

Antonio nos contó que el día anterior había visto el atardecer en el Puente Vecchio, uno de los lugares más hermosos para contemplar como llega la noche.

Encaminamos los pasos hasta el Puente de la Trinitá y desde aquí hicimos fotografías al Puente Vecchio lleno de turistas. Después nos acercamos hasta allí. Casi todo el puente está lleno de joyerías. Es triste pensar cómo la repetición de ese anochecer mágico a orillas del río se ha convertido en monotonía para los comerciantes, que colocan placas de hierro sobre sus escaparates y los cierran al modo antiguo, ajenos al espectáculo de las nubes rosadas y la brisa fresca que acompaña a los asistentes. Cientos de personas sonrían sobrecogidas al anochecer en el Puente Vecchio. Un músico tocaba con su guitarra, al cantar una canción española, la falta de acento lo delataba. Nos habíamos tropezado con un artista español a orillas del Arno, pero pronto descubrimos que otros paisanos charlaban y reían tranquilamente en aquel atardecer.

Puente Vecchio.

Tropezamos con un pequeño bar en el que servían pizzas al corte y comías sentada en la barra, mirando las fotos del famoso Totó, que daba nombre al establecimiento.

Después volvimos sobre nuestros pasos hasta el Duomo y nos comimos un helado sentados en la escalinata, de espaldas a la fachada de aquel hermoso edificio.

De vuelta al hotel descubrimos que lo único que habían hecho era la cama, porque los “paños de cocina” solo habían sido doblados y colocados de nuevo en los toalleros y las migas de pan del bocadillo de la noche anterior seguían en el suelo.

Me acosté y, a pesar de todas las maravillas que había visto durante el día, al cerrar los ojos seguían deslumbrándome los dorados de las madonas de los Uffizi.

Lee Diario de Viaje: Florencia y Pisa V. Otro David, la leyenda del patrón y vistando a los genios en Santa Croce.

jueves, 30 de agosto de 2018

Diario de viaje: Florencia y Pisa III. David, la Galería de los Uffizi y la Capilla Medicea.


Lee también: Diario de viaje Florencia y Pisa: Parte I (Una marquesa imaginaria con miedo a volar) y parte II (el Duomo sin Síndrome de Florencia).

La Plaza de la Señoría.

La plaza de la Señoría es una de las más bonitas del mundo, allí encontramos las esculturas más famosas y allí estuvo  destinado el verdadero David de Miguel Ángel, aunque hoy en día lo representa una copia muy conseguida. Delante del Palacio Vecchio, exhibe su grandeza con la mirada perdida, mientras todos los turistas se fotografiaban con él. Bajo las columnatas se muestran fuertes y ajenos otros personajes famosos, incluido Perseo con la cabeza de Medusa en su mano. Imposible permanecer insensible a tanto arte, imposible no pasar por allí cada día cámara en mano y fotografiarte las veces que hagan falta.
Réplica de David de Miguel Ángel
en el lugar que ocupaba el original.


Ganado y… ¡¡¡¡no water!!!!

Perseo con la cabeza de Medusa.
Nuestra siguiente parada fue el palacio de los Uffizi y su magnífica colección. En el año de nuestro viaje, 2011, la fachada exterior estaba siendo restaurada, por lo que no pudimos pasear por esa maravillosa calle, como de corredor jalonada de balcones en forma de “U”. Recuerdo que hacía mucho calor, pero éramos unos privilegiados porque teníamos un pase preferente adquirido en la oficina de turismo esa misma mañana, por el módico precio de 100 euros. El empleado de la oficina, un hombre de color, alto y fuerte, como los policías de las películas norteamericanas, nos explicó todo increíblemente rápido en un inglés ininteligible y no se esforzó lo más mínimo por saber si nos habíamos enterado de algo. Nuestras caras debían ser un poema, aunque Antonio sí debió entender algo, eso o es capaz de poner una buena cara de póker… aunque si lo comprendió, no nos dijo nada. El empleado había soltado su discurso con desgana, el mismo que explicaba a todo el mundo independientemente de su nacionalidad y luego nos mostró el mapa y los pases. Yo le tendí el billete de 100 euros, mientras él lo tomaba por un extremo… pero yo no lo soltaba… ¡ay, ay, 100 euros! Me miró un momento, hasta que fui capaz de aflojar la presión de mis dedos y deje volar una pequeña fortuna a cambio de un par de trozos de cartulina…

Nuestros pases nos colocaron en una pequeña cola, mientras el grueso de los turistas esperaba más de una hora pacientemente para entrar en el museo. Aún así, los guardias de la puerta nos pusieron en fila india y nos iban dando instrucciones con tono desagradable, ni siquiera suavizado por el acento italiano, nos daban empujoncitos o nos detenían bruscamente a su antojo, según iban juzgando (a ojo de buen cubero) cuantas personas podían entrar en cada tanda. Bueno, eso de “personas” nos los decíamos los turistas entre nosotros para darnos ánimos y no dejarnos amedrentar por el trato de ganado que estábamos sufriendo. Aguantamos estoicamente para ver las maravillas de los Uffizi.

Una vez que franqueamos el arco (detecta metales) de la puerta, unos empleados, muy antipáticos, nos iban gritando continuamente dos palabras que resultaron de lo más familiares a lo largo de la estancia y que siempre salían al aire acompañadas de un grito y un gesto autoritario. Aquellas dos famosas palabras que no dejan de oírse en los museos florentinos son: ¡¡¡¡¡¡¡No water!!!!!!! . Y así nos iban obligando a tirar nuestras botellas de agua a un contenedor, colocado a tal efecto, en la entrada de la primera sala.

Dorados, dorados… y más dorados.

La colección de los Uffizi es impresionante. Tiene infinidad de cuadros y esculturas y el mismo edificio es una preciosidad. Allí pueden contemplarse muchos de los cuadros más famosos, los que se estudian en las universidades del mundo, los que más se reproducen en los libros, los más prestigiosos, los autores más geniales de la pintura italiana. Por esta razón, no lograba explicarme el  motivo por el que habían puesto cuadros de “relleno” y digo de relleno porque palidecían frente a los de los grandes pintores, porque no eran ni una sombra de aquel  Fray Angélico que te iluminaba desde la pared de al lado, porque junto a las obras maestras, se mostraban más grotescos en sus errores, en sus detalles, y no había que ser ningún experto para apreciar que no era suficiente que tuviera un dorado y un cartel que dijera “A la manera de Giotto” para que pudiera acompañarlo en la misma pared. Evidentemente, no todos los pintores son unos genios y no todos los cuadros tienen la misma calidad artística, pero esas obras que ofendían a los maestros a los que le robaban el nombre, hubiesen resultado menos grotescas en cualquier museo provincial. Pensé que si tenían las grandes obras de cientos de autores no necesitaban “rellenar” el espacio con nada más, sobre todo por lo sobrecargado de sus paredes y de sus salas. Las esculturas romanas pasaban desapercibidas ante tantos cuadros mundialmente conocidos y las vistas desde sus ventanales palidecían en comparación con El nacimiento de Venus.

Al principio, fue intensamente emocionante y embriagador ver todos los cuadros del renacimiento temprano, donde las madonas con sus aureolas de un oro deslumbrante te sonreían tranquilamente desde su tela. Madonas solas, madonas con niño, madonas aquí, madonas allá, cientos de madonas, cientos de santos de aureola brillantemente dorada te miraban desde los cuadros, en un recorrido interminable de obras maestras, obras menos maestras y obras “a la manera de”… Al cerrar los ojos, veía dorados por todas partes…

El síndrome de Florencia.

Existe en psiquiatría un síndrome que recibe el nombre de esta ciudad, en el cual el espectador, subyugado por tanto arte, emocionado ante tanta belleza, llega incluso a perder el sentido. Nosotros descubrimos la verdad sobre el síndrome de Florencia y no podía ser en otro sitio. No llegamos a perder el sentido, pero poco nos faltó en el palacio de los Uffizi. Contemplar El nacimiento de Venus o La Anunciación puede ser tan sublime que tus sentidos, extasiados, pueden fallarte, las rodillas aflojarse y la mirada nublarse… pero ocurre también que si estos cuadros de valor incalculable y belleza extrema se exponen a altas temperaturas, entre las transpiraciones de los visitantes, con un aire acondicionado arcaico y unos turistas desprovistos de agua al grito de guerra “no water”, lo mismo puede desmayarse un espectador, como puede derretirse un cuadro. No se trata tanto de la sublimación del arte, sino de las condiciones en las que se exponían las obras, al menos en el año 2011, cuando nosotros visitamos la galería. Desconozco si en la actualidad han solucionado este lamentable problema. Después de estar al borde del desmayo, llegamos a la azotea del edificio donde el bar daba refrescos a precios desorbitados y todo el mundo comentaba el calor sofocante del museo, mientras admiraba las maravillosas vistas a la torre del Palacio Vecchio cuyo reloj señalaba las horas desde su posición privilegiada.

Vistas del Palacio Vecchio desde la terraza de los Uffizi.

En la colección había algunas piezas ausentes, que se explicaban con una pequeña fotocopia en blanco y negro de mala calidad con una fotografía indescifrable y un letrero que decía que estaba en restauración (cosa nada extraordinaria teniendo en cuenta las condiciones que soportaba) o en préstamo (seguramente muy agradecida de haber salido del clima caluroso del palacio).

Antonio miraba extasiado El Nacimiento de Venus.  La famosa obra exhibía todos sus colores y el trazado primoroso de Botticelli haciéndote comprender por qué los genios siguen siendo admirados y no pierden su magia con el paso de los siglos. Junto a ella había una versión en yeso para que los invidentes pudieran acariciar los pliegues de la fina tela de Venus y su pelo ondulante al viento… 

De Sandro Botticelli - Adjusted levels from File:Sandro Botticelli - La nascita di Venere - Google Art Project.jpg, originally from Google Art Project. Compression Photoshop level 9., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22507491
El Nacimiento de Venus. Botticelli.


Reliquias

Al salir del palacio de los Uffizi fuimos corriendo a comprar agua. El anciano de la tienda cercana hacía su agosto cada día, mientras todos los turistas se agolpaban ante su puerta disputándose las botellas de agua a un euro que el buen hombre podía haber puesto a verdadero precio de oro, porque eran tan necesarias como en el desierto.

-¡Hay agua para todos!- decía sin dejar de sorprenderse ante la desesperación de los turistas.

Después de esconder la botellita muy bien escondida y que no volvieran a gritarme “no watter” en ningún otro lugar, acudimos a la Capilla Medicea. Allí nadie nos gritó, nadie nos empujó y nadie nos mató de sed y calor. Reinaba un silencio respetuoso entre las paredes de mármol y las vitrinas con reliquias y más reliquias, trozos de hueso de cualquier parte del cuerpo de tantos santos y santas que parecía que no habría santoral suficiente para todos. En el piso de arriba se encontraban los imponentes sarcófagos y las estatuas de los Medicis, esculpidas con la maestría de Miguel Ángel.

La Anunciata.

Queríamos ver varias iglesias que se encontraban en los alrededores, pero, aunque dimos vueltas, seguimos el mapa y nuestros pies se esforzaron en seguir caminando, no conseguimos dar con ellas.

Donde no nos fue difícil llegar fue a la Plaza de la Anunciata, un lugar que originariamente fue bello, con un gran mercado en el centro con toda clase de objetos para los turistas. Pero los soportales me horrorizaron. Estaba todo increíblemente sucio, con excrementos de palomas que formaban estalactitas gigantes a tu alrededor. Orgullosas de su obra, las palomas, volaban casi a tu lado, sin temor, haciéndote saber que aquellos portales eran suyos y que te habías adentrado en el territorio vetado a la limpieza.

Después comimos en una de esas terrazas que tienen las pizzerías florentinas, sobre una tarima de madera junto a la carretera. Pedí un plato de canelones y, efectivamente, podemos hablar en plural porque se trataba de dos canelones cobrados a precio de oro, pero al menos el baño estaba limpio y no era demasiado antiguo.
Mercado en la plaza de la Anunciata.


Lee Diario de viaje: Florencia y Pisa IV. El David original, una torre robada y el atardecer en el puente Vecchio