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martes, 30 de abril de 2019

Sobre la catedral de Notre Dame de París y su incendio.


El 15 de abril de 2019 quedará marcado en los libros de historia del arte y se reproducirá en los documentales sobre  los acontecimientos del siglo XXI. Ese lunes santo internet se llenó de fotografías que a muchos nos parecían imposibles. Toda la tarde y toda la noche se sucedieron las noticias eclipsando a cualquier otro suceso: la catedral de Notre Dame de París ardía pasto de las llamas. 

Vista de Notre Dame de París desde el río Sena. 

Una de las cosas que caracterizan a los seres humanos es nuestro pensamiento simbólico, y entorno a los símbolos hemos creado nuestro imaginario y nuestro mundo. Son algo que va más allá de lo material, que transciende, que perdura y que representa al mundo entero, sin importar raza o creencias.
"(…) En pocas palabras, es una especie de recreación humana, poderosa y fecunda como reacción divina, de la que parece haber tomado el doble carácter: el de la variedad y la eternidad. (…). Nuestra Señora de Paris es, en particular, una curiosa muestra de esta variedad. Cada frente, cada piedra del venerable monumento es una página, no solo de la historia de un país, sino también de la de ciencia y del arte(…). Las grandes producciones de la arquitectura (…) son el depósito que deja una nación, las acumulaciones que forman los siglos, el residuo de las sucesivas evaporaciones de la sociedad humana. (…) Los grandes edificios son como las grandes montañas, obra de los siglos". Fragmento de "Nuestra Señora de París", Victor Hugo (1831).
Ese día nefasto se incendió uno de estos emblemas, de estos vetustos gigantes que han resistido el paso de los siglos, que han visto pasar la Historia, que han contemplado millones de personas de todas las épocas y que nunca imaginamos que podría desaparecer. Aunque en el mundo ocurren tragedias todos los días, algunas se graban a fuego en las pupilas de quienes las contemplan porque nos hacen perder algo que nos pertenece a todos.
Son precisamente los mismos sentimientos con los que juegan los artistas, especialmente los cineastas, cuando representan grandes catástrofes en la pantalla y sabemos que es el fin de nuestra civilización cuando los terremotos abren la tierra, las olas alcanzan las más altas montañas o cuando el fuego consume los monumentos emblemáticos Patrimonio de la Humanidad y estos se derrumban ante nuestra angustiada mirada. Es el recurso más efectivo para impresionar a los espectadores.

https://www.lasexta.com/noticias/internacional/notredame-envuelta-llamas-imagenes-incendio-catedral-paris_201904155cb4c4e10cf2e136694d6ee1.html
Vista aérea de la techumbre de Notre Dame envuelta en llamas tras caer la aguja.

Pero no era una película lo que se reproducía a tiempo real cuando la aguja de la catedral de Notre Dame se desplomaba llevándose consigo parte del tejado. Esa techumbre que formaba una cruz latina, solo apreciable a vista de pájaro, a la que llamaban el bosque precisamente porque tuvo que talarse un bosque entero en el siglo XII para construirla.
https://www.lasexta.com/noticias/internacional/notredame-envuelta-llamas-imagenes-incendio-catedral-paris_201904155cb4c4e10cf2e136694d6ee1.html
Incendio en Notre Dame. Minna Fotografia.
Los bomberos no podían apagar aquel incendio, la isla de la cité había sido desalojada y acordonada, los parisinos rezaban, el resto del mundo contenía la respiración temiéndose que la catedral más famosa, una de las primeras que vio nacer el gótico, el símbolo de Francia, el edificio más visitado de Europa se vería reducido a cenizas. A nuestra mente acudían otros incendios que nos habían privado de demasiado conocimiento, demasiados monumentos, demasiado arte, demasiados símbolos… De algunos solo poseemos una descripción, de otros un dibujo y una vieja fotografía en el mejor de los casos.
Interior de Notre Dame antes del incendio.
El suelo sobre el que se colocó la primera piedra de la catedral de Notre Dame de París en 1164 ante la presencia del papa Alejandro III, siempre fue sagrado. Sabemos que ya en época celta existía un edificio y que los romanos erigieron un templo allí, que más tarde se convirtió en una iglesia románica, sustituida por la catedral gótica que se levantó en el siglo XII. Desde el principio fue considerado un lugar de poder, un universo en miniatura que representaba lo intangible. La luz, invisible al ojo, se convertía en color casi palpable  a través de las vidrieras de cristal y plomo, el sonido vibraba en sus antiquísimos órganos y el olor del incienso casi se solidificaba. Sus piedras talladas con relieves y esculturas narraban escenas bíblicas que los fieles, aunque en su mayoría analfabetos, sabían interpretar. Pero muchos aseguran que allí también había mensajes ocultos, que el templo era un libro de piedra que atraía a iniciados en diferentes filosofías, miembros de sociedades secretas y alquimistas. Poco podían imaginarse los seguidores de la Orden del Temple que su Gran Maestre, Jacques de Molay, sería quemado en la hoguera delante de la catedral de Notre Dame en 1314 mientras profería una maldición al papa Clemente V y a Felipe IV de Francia, asegurándoles que en menos de un año volverían a verse ante el tribunal de Dios, palabras que resultaron proféticas.
En 1429, durante la guerra de los Cien Años, Enrique VI de Inglaterra se coronó rey en el interior del ya simbólico templo.
Pero el paso del tiempo, las modas y el deterioro también forman parte de la historia de un monumento y, aunque Notre Dame, sirviera de inspiración a muchas otras catedrales que se levantaron en Europa, fue descuidada. Las inclemencias meteorológicas hicieron peligrar la aguja y tuvo que ser desmontada en 1786. Poco después llegaría la Revolución francesa y con ella la desacralización, dispersión de sus reliquias, destrucción de algunas de sus imágenes y alteración de su estructura. Y de templo devocional, pasó en 1793 a simple almacén de alimentos hasta que Napoleón la devolvió a la Iglesia en 1802, coronándose allí mismo emperador de Francia el 2 de diciembre de 1804. Aunque maltrecha, blanqueada y adornada con grandes cortinajes que ocultaran su deplorable estado de conservación, los muros de Notre Dame fueron testigos de cómo Napoleón arrebataba la corona de manos del papa Pío VII para ceñirla en su cabeza. 

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Jacques-Louis_David,_The_Coronation_of_Napoleon_edit.jpg
La consagración del emperador Napoleón (1804). Jacques-Louis David.
Museo del Louvre. París.

Durante el siglo XIX eran muchas las voces que se levantaban contra la arquitectura gótica y el trazado medieval, decantándose por el estilo de la época. Rápidamente los edificios fueron demolidos y reemplazados. Víctor Hugo repartía panfletos abogando por preservar el patrimonio artístico medieval. Pero nadie le prestaba la menor atención. Así que cuando su editor Grosselin le solicitó una nueva novela, nuestro escritor vio la oportunidad de convertir a  Notre Dame en la gran protagonista de su obra. La escribió solo en seis meses, situó la historia en la Edad Media, dedicó capítulos enteros a la descripción de la catedral y le puso un prólogo defendiendo el arte gótico. En 1831 salía a la venta Nuestra Señora de París con gran éxito de público y crítica. Había conseguido su objetivo, ahora todo el mundo se interesaba por su antigua catedral y se contrató, en 1844, a uno de sus arquitectos favoritos, Eugène Viollet-le-Duc, para repararla, añadir las gárgolas y construir una nueva aguja en estilo neogótico de 96 metros de altura.

https://www.revistaarcadia.com/historia/articulo/notre-dame-y-el-paris-medieval/73910
Portada de "Notre-Dame de París" (1865), de Victor Hugo, grabada por Yon y Perrichon.
"Y la catedral no era solo su compañera, era el universo, mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma.” Fragmento de "Nuestra Señora de París" (1831)de Victor Hugo.
Pero los muros de Notre Dame aún tenían mucha historia por contar. Durante la Comuna de París en 1871 se apilaron los bancos y los confesionarios en el interior y se les prendió fuego, pero no hubo graves consecuencias. La catedral resistió, y pudieron reemplazarse las ventanas levantadas en la revolución francesa por rosetones y fabricar vidrieras de colores para las medievales que se habían perdido. En 1909, para la beatificación de Juana de Arco, el templo estaba en buen estado. 
Vista de uno de los rosetones de Notre Dame desde el interior de la catedral.
La Primera Guerra Mundial no afectó a nuestro templo, su víctima fue la famosa catedral de Reims, hermana de Notre Dame, que fue bombardeada, desolando a las personas de la época que vieron en ello un símbolo de la destrucción de la civilización.
La Segunda Guerra Mundial amenazó a Notre Dame hasta sus cimientos. Tras ocupar París, Hitler dio la orden de dinamitar todos los monumentos en caso de perder la guerra. Aún no sabemos si el general al mando no se atrevió a ejecutar el mandato, no le dio tiempo a hacerlo, o la resistencia francesa (con un buen número de españoles en sus filas) consiguió impedirlo, lo cierto es que las campanas de Notre Dame replicaron anunciando la liberación de la ciudad en 1944.
San Jorge y el dragón delante de las vidrieras de Notre Dame.

Poco imaginaban las autoridades francesas lo que ocurriría cuando consiguieron, con dificultades, recaudar dinero para financiar las nuevas obras de restauración del edificio y, en especial, de la aguja central. Los donantes debieron pensar que hay tantas urgencias en el mundo que requieren de esas inversiones que una restauración más podía esperar, hasta que el fuego, consumiendo un símbolo de la cultura, nos enfrentó a la verdad. Todo el techo de Notre Dame ardía y la aguja neogótica que se pretendía restaurar se desplomaba haciéndonos sentir que no era Francia quien perdía un símbolo, éramos todos, pues la UNESCO la había declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991. Después no hizo falta pedir dinero, los donativos millonarios llegaban solos.

Vista de la catedral con la famosa aguja desde el río Sena.
Dice la leyenda que las gárgolas, esos seres monstruosos que en realidad sirven para desalojar el agua de la lluvia, son guardianes del mal, vigilan desde los tejados de Notre Dame que el mal no atraviese sus puertas… y que precisamente las habían retirado días antes para restaurarlas…

No es la primera, ni será la última catedral que se incendie. La catedral de León, otra joya del gótico, sufrió un incendio de semejantes características tras caerle un rayo en 1966. Se derrumbó la techumbre de madera y se temió que quedara reducida a cenizas. Pero los expertos actuaron pronto y con espuma consiguieron salvar su templo. Intentar apagar el fuego con agua hubiese sido un error ya que el tipo de piedra que se utilizó en aquellas catedrales la absorbe, pesa y debilita la estructura, aumentando el riesgo de derrumbe del edificio. Los leoneses reconstruyeron su catedral rápidamente y dieron ejemplo al futuro.
La catedral de León también fue pasto de las llamas y perdió la techumbre medieval,
pero conservó prácticamente en su totalidad las vidrieras originales.

Notre Dame también será reconstruida. Dentro de cien años la mayoría de las personas olvidarán que hubo un incendio en la catedral de París y se sorprenderán cuando un guía se lo cuente. Después de todo, hay tantos edificios que creemos originales y no lo son. Una generación queda conmocionada por el desastre, pero vuelven a trabajar para recuperar aquello que habían perdido.
Todos respiramos aliviados al comprobar cómo resistían sus paredes de piedra, el famoso rosetón y las torres originales. Las reliquias que guardaba y el tesoro fueron rescatados de inmediato. La aguja y las vidrieras pérdidas databan del siglo XIX, las vigas de madera de la techumbre eran de las pocas originales que quedaban en el mundo, de árboles del siglo XII y algunos anteriores reaprovechados, colocados con esmero por las manos de personas que trabajaron allí hace ocho siglos. Eso es irremplazable, no hay reconstrucción que pueda devolvernos lo perdido.
Las obras de arte hay que cuidarlas, porque son el legado de nuestra civilización, de las generaciones anteriores a las posteriores. Aunque nos pertenezcan a todos, no dejan de ser algo prestado, nosotros somos eslabones de esa cadena que tiene que llevarlas al futuro, porque cuando caiga el último edificio emblemático, habrá caído la civilización. Es la transcendencia, el legado y nuestro símbolo.

Nota: la tarde del 7 de diciembre de 2024 se reabren las puertas de la catedral de Notre Dame ya reconstruida en una ceremonia con el presidente francés y numerosas autoridades internacionales.

viernes, 29 de marzo de 2019

La mujer y el matrimonio en el medievo.



Ya hemos hablado aquí del amor y del matrimonio, y de que la mayoría de ellos eran pactados y por conveniencia. En todos los estamentos sociales muchas parejas se veían obligadas a casarse y se asumía como algo normal con la esperanza de que el amor llegase con el tiempo. Y aunque se dan más casos de matrimonios indiferentes o desgraciados, también se cuentan algunos felices en los que las parejas se quisieron mucho.

https://hdnh.es/las-dificultades-de-amarse-en-la-edad-media/


La que se llevaba la peor parte, la mayoría de las veces, era la mujer. Permanecer soltera no era una opción aceptable pues la señalaba y la convertía en la burla de la sociedad (aún hoy en día la palabra “solterona” se sigue empleando de forma despectiva, mientras los hombres maduros son “solteros de oro”). Las mujeres, tanto para casarse como para entrar en la vida religiosa, tenían que aportar una dote.  Pero el hecho de que la familia de la novia fuera tan pobre que no podía darle dote impedía que la muchacha contrajera matrimonio.

El papel reservado para las casadas era el de traer el máximo número de hijos al mundo, preferiblemente varones (ya que existía una alta tasa de mortalidad infantil). Si no lo hacía, se veía sometida a una serie de ritos (que podían ser mágicos, supersticiosos o religiosos) y pócimas afrodisiacas y si esto no daba resultado podía ser repudiada. Los hombres también eran presionados con la obligación de tener descendencia y podían verse obligados a tomar toda clase de brebajes para engendrar un hijo. Parece que Fernando el Católico murió a causa de los efectos secundarios de fuertes sustancias que se consideraban afrodisiacas y que ingería por la necesidad de tener un hijo con su segunda esposa Germana de Foix, 35 años menor que él, con quien contrajo matrimonio al año siguiente de quedar viudo de Isabel la Católica.

Un número elevado de mujeres morían en el parto, por complicaciones o infecciones posteriores (como las denominadas fiebres puerperales) o por sobreparto (demasiados embarazos seguidos sin dar tiempo al cuerpo a recuperarse). Entonces, en la mayoría de los casos, el hombre se volvía a casar. Sin embargo, el número de viudas que volvían a contraer matrimonio era menor. No resulta extraño si pensamos que la mujer nunca era libre, pasaba de la tutela del padre a la del marido, siempre era equiparable a una menor de edad. Pero las viudas gozaban de más libertad que el resto, con lo que si tenían dinero suficiente o un oficio para mantenerse por sí mismas sin pasar más penurias que las comunes de la época, no sorprende que un buen número de ellas optara por no volver a casarse.

Para saber qué les pasaba en algunos países y durante largos periodos históricos a las viudas que solo tenían hijas no hace falta más que leerse alguna de las novelas de Jane Austen. Las mujeres no tenían derecho a heredar nada de sus maridos, ni siquiera la casa en la que habitaban. Todo el patrimonio pasaba a manos del familiar varón más cercano (aunque fuera un primo tercero que nunca habían conocido) y la mujer e hijas quedaban a merced de la caridad de este familiar, por lo que a nadie le debe extrañar que la viuda intentara casar a una de sus hijas con dicho familiar.

Algunos historiadores niegan que existiera en la Edad Media el derecho de pernada (el señor feudal podía pasar la primera noche con la esposa de su siervo). Una prueba de que existía es precisamente  la derogación de los llamados malos usos señoriales por parte de Fernando el Católico y, entre los muchos abusos y maltratos que englobaba esa expresión, se encontraba este.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:IsabellaofCastile05.jpg
Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.

Respecto a las violaciones eran relativamente frecuentes. Las victimas solían callar por vergüenza, y si denunciaban se las ponía en entredicho. Sin embargo, cuando se creía el testimonio de la mujer, había diferentes penas para el violador, aunque frecuentemente se le imponía una multa, la cuantía dependía del estatus social de la víctima, pero si aceptaba casarse con ella ya no tenía ningún castigo y la mujer se veía obligada a contraer matrimonio con su violador. Esta práctica en la actualidad continúa siendo legal en algunos países.


sábado, 2 de marzo de 2019

Cuando se condenaba el matrimonio por amor.


La idea que hoy tenemos del matrimonio por amor es algo moderno, aunque, como comentábamos en otra ocasión, siempre hayan existido parejas que se casaban por amor. Pero lo normal es que no fuera así porque todos los matrimonios eran por conveniencia, eran una transacción económica, un pacto entre familias, un contrato que había que firmar (y sigue firmándose actualmente). Todos los matrimonios, incluso los de los pobres, eran de conveniencia, y casarse por amor podía acarrear la pena de muerte.

https://www.google.com/search?q=parejas+edad+media&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwj7scflp-TgAhXnzIUKHVfpCNsQ_AUIDigB&cshid=1551559124800684&biw=1367&bih=529#imgrc=x7YkbXgYJF2-nM:

A nadie se le escapa que durante toda la historia las familias nobles han pactado matrimonios entre sus hijos para afianzar una alianza, unir territorios, agrandar fortunas, conseguir títulos nobiliarios, alcanzar el poder, zanjar disputas o firmar una paz. Había muchos motivos para casar a las parejas y ninguno era el amor. Prometidos incluso desde su más tierna infancia, a veces con un familiar, a veces con un desconocido, algunos de los retratos que hay colgados en los museos europeos no son otra cosa que la “foto” de la época para que el príncipe o la princesa conociera a la persona con la que se iba a desposar.  Si ya desde la antigüedad un general que conquistaba un territorio se casaba con la hija del rey para conseguir la legitimidad en el trono, la alianza con la familia de la novia, la perpetuación del linaje y la fidelidad (o conformismo) del pueblo y daba buen resultado ¿por qué iba a dejar de hacerse a lo largo de los siglos? Recordemos a los Reyes Católicos: los matrimonios de todos sus hijos fueron alianzas estratégicas muy bien estudiadas (sí, también el de Juana, aunque acabara perdidamente enamorada de su marido Felipe, el Hermoso). Parece que una de las pocas reinas que defendió el derecho de sus hijos a casarse por amor fue Isabel de Baviera, Sissi, pero ya estamos hablando del siglo XIX.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:IsabellaofCastile05.jpg
Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.

El asunto era muy parecido en todos los estamentos sociales. Aunque fueran pobres, los padres también acordaban los matrimonios de sus hijos: para unir dos pequeñas parcelas de tierra, para afianzar la amistad entre familias, para tener más manos para trabajar, para no dejar desamparada a una de las partes o, simplemente, para tener una boca menos que alimentar. Cada familia tenía sus propias razones.

Lo normal era casarse a edades tempranas, sobre todo para la mujer, la diferencia de edad no importaba en caso de que fuera el hombre el mayor. La justificación para casar a las mujeres jóvenes no solo era la reproductiva (principal y casi único papel reservado a todas las casadas), sino también la creencia de que si se esperaba más tiempo la muchacha acabaría enamorándose de alguien y pondría repararos en casarse con el pretendiente elegido por la familia. Se daba por hecho que obedecería y contraería matrimonio con quien se le ordenase, pero se temía que nunca llegara a quererlo. El amor no era el motivo por el que se casaba una pareja pero, como siempre se ha dicho que el roce hace el cariño, se esperaba que la pareja llegara a quererse con el paso del tiempo.

Pero, ¿qué ocurría si dos jóvenes se enamoraban y deseaban casarse? El muchacho se lo comunicaba a su familia y luego iba a hablar con el padre de la novia. Si las dos familias estaban conformes y veían que ese matrimonio era conveniente, se les permitía contraer matrimonio. Todos felices. Pero si una de las familias (o las dos) no aprobaba esa unión, la pareja tenía prohibido casarse y se les separaba.

Lo terrible venía cuando los enamorados decidían desobedecer a sus mayores. En la Edad Media las parejas lo tenía fácil para casarse, ni siquiera necesitaban una iglesia (de hecho, no se contraía matrimonio dentro de la iglesia, sino en la puerta y se entraba en ella ya como marido y mujer) y tampoco necesitaban sacerdote. Para considerarse casados bastaba expresar sus votos matrimoniales delante de algún testigo y posteriormente, en la intimidad, consumar el matrimonio. En el caso de que obraran de esta forma contraviniendo los deseos de sus respectivas familias solo les quedaba dos opciones: el destierro o la muerte. La pareja tenía que huir de la ciudad y no volver jamás porque pesaba ya sobre ellos la pena de muerte que se ejecutaría si regresaban.

https://hdnh.es/las-dificultades-de-amarse-en-la-edad-media/

Lee también: la mujer y el matrimonio en el medievo.

martes, 12 de febrero de 2019

Reflexiones sobre el amor y San Valentín.



Expresiones como “eso ha sido así de toda la vida” o “desde que el mundo es mundo” nos hacen imaginar que las cosas han permanecido inmutables. La mayoría de las personas dan demasiadas cosas por sentadas, por ejemplo en el amor. Con la llegada de las nuevas tecnologías son más los que buscan intimar con otros o encontrar el amor en las web de citas y en las redes sociales. Antes se conocían en las verbenas, guateques, discotecas, por correspondencia, por amigos comunes, en citas a ciegas o confiando en las agencias matrimoniales.

https://pixnio.com/es/vacaciones/san-valentin-dia/origami-barco-papel-corazon-dibujado

Es posible que hoy haya más gente que solo desee relaciones esporádicas, o que no quiera comprometerse. Pero casi todos buscamos el amor romántico (en el sentido en que se entiende actualmente el romanticismo teñido de comedia norteamericana), porque nos han enseñado desde nuestra más tierna infancia que el estado ideal es la pareja, que somos una mitad buscando su media naranja, un ser incompleto que no encontrará la felicidad si no es junto a otro. Lo hemos dado por cierto y ahora comenzamos a cuestionarnos que esto sea así.

Pero hay otro asunto sobre el que la mayoría de la gente está de acuerdo: el matrimonio debe ser por amor. Por supuesto que cada vez hay menos gente que se casa y que sigue habiendo matrimonios por otros motivos, pero cuando alguien se casa por conveniencia intenta disfrazarlo de amor, para no encontrarse con la crítica o el desdén de otras personas.

Es cierto que siempre ha habido parejas que se han casado por amor, pero que este sea el motivo único o principal en la decisión de contraer matrimonio es un invento moderno. Durante muchos siglos lo que estaba realmente mal visto era casarse por amor. Incluso, hubo épocas, en las que a las autoridades les convenía que las parejas no se casaran. Y quien no lo crea solo tiene que recordar la historia de San Valentín, ese santo que se celebra cada 14 de febrero y que todos pensamos que es un invento comercial.

https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_San_Valent%C3%ADn
San Valentín bautizando a santa Lucilla de Jacopo Bassano (1575).
Museo Cívico.  Bassano del Grappa (Italia).  
San Valentín fue un sacerdote del siglo III que se atrevió a desafiar al emperador Claudio II. Este emperador, que era muy práctico y solo pensaba en ganar guerras, se dio cuenta de que los solteros sin hijos eran mejores soldados ya que no tenían ataduras y prohibió a los jóvenes casarse. Pero aquí apareció nuestro santo dispuesto a casar en secreto a cuanta pareja se lo pidiera hasta que lo mandaron ejecutar el 14 de febrero del año 270. 

El 14 de febrero de 494 el papa Gelasio I celebró el primer día oficial de San Valentín, festividad nada moderna como podemos ver, que continuó en el calendario litúrgico hasta que en 1969 el Concilio Vaticano II tomó ​la decisión de eliminarlo.

La primera carta, propiamente de San Valentín que conservamos, la escribió el duque francés Carlos de Orleans a su esposa Bonne de Armagnac mientras estaba encerrado en la Torre de Londres en 1416. Esto sí era romántico (¡dónde va a parar!) y no las tarjetitas con cupidos, corazones y frases hechas que comenzaron a comercializarse de forma masiva a mediados del siglo XIX y que hoy se han reinventado en emoticonos, memes y tarjetas virtuales que lanzar al ciberespacio…
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_I_de_Orleans
Carlos de Orleans en la Torre de Londres.
Manuscrito iluminado de sus poemas.

Dicen que fue Galerías Preciados quien introdujo en España ese afán consumista que llena los escaparates de corazones y globos, que hace que se disparen las ventas de flores, bombones, perfumes y regalos varios cada 14 de febrero… Y quizá en Galerías Preciados era donde trabajaba Conchita, personaje interpretado por Concha Velasco en la película El día de los enamorados, cuando conoce al mismísimo San Valentín con aspecto de lord británico con sombrero y paraguas (encarnado por George Rigaud) que viene a ayudar a varias parejas. Este film de 1959 (que cumple ahora 60 años) dirigido por Fernando Palacios y con una pegadiza canción de Augusto Algueró, se repone en televisión todos los años consiguiendo buena cuota de pantalla, aunque su guión inocente y su Madrid a veces irreconocible, arranque hoy una mueca despectiva a más de uno. El éxito que logró aquel año en taquilla llevo a rodar Vuelve San Valentín en 1962.

https://www.filmaffinity.com/es/film128264.htmlSomos muchos los que recordaremos siempre a la tuna cantando Hoy es el día de los enamorados y a San Valentín subiéndose al ascensor de la Torre de Madrid que lo llevaba de regreso al cielo. Pero yo, particularmente, sonreiré al recordar a aquella universitaria que se inventó un novio al que nuestro santo trajo en carne y hueso, con nombre y apellidos y carnet de identidad (que antes no se decía DNI) y quedaron en “la estatua del pintor ese tan famoso del museo del Prado”… y mientras uno esperaba en Goya otro lo hacía en Velázquez y casi no se vuelven a encontrar…

En fin, ese día muchos organizarán cenas románticas, regalarán flores y verán Notting Hill, El diario de Noa o Titanic… Cada loco con su tema…

¡Ah! Pero si yo iba a hablar de cuando estaba tan mal visto casarse por amor…Bueno, esa es otra historia que contaré otro día…

sábado, 19 de enero de 2019

Diario de viaje: Florencia y Pisa V. Otro David, la leyenda del patrón y visitando a los genios en Santa Croce.


Lee también Diario de viaje: Florencia y Pisa parte I (una marquesa imaginaria con miedo a volar), parte II (el Duomo sin Síndrome de Florencia), parte III (David, la Galeria de los Uffizi y la Capilla Medicea) y parte IV (el David original, una torre robada y el atardecer en el Puente Vecchio).

De nuevo con David.  
     
Al día siguiente, tras el desayuno con nuestra amable camarera, cogimos el autobús para ir a un lugar de visita obligada: la Plaza de Miguel Ángel.

El autobús era pequeño, barato y con periódicos gratuitos en italiano. Nos llevó a la misma plaza de Miguel Ángel donde autocares de turistas iban llegando con su cargamento de curiosos cámara en mano.

Todavía era temprano y una brisa fría acariciaba la solitaria plaza. Teníamos el Arno bajo nuestros pies, con sus numerosos puentes, en su orilla se levantaba el casco histórico de la ciudad con la cúpula del Duomo dominando la vista, esbelta como en todas las fotográficas que habíamos visto. Ese era el lugar desde el que se inmortalizaba la silueta inconfundible de Florencia y se plasmaba en los libros y en las postales.

Vista de Florencia desde la Plaza de Miguel Ángel.


Desde aquella altura podíamos ver restos de la muralla de la ciudad, casi oculta entre el verdor de la vegetación.

Y en el centro de la plaza, sobre una escalinata que llevaba hasta un pedestal que franqueaban cuatro copias de importantes esculturas de Miguel Ángel, se levantaba gigante y solemne, recortado contra el azul del cielo de Florencia, otra reproducción de David.

Réplicas de esculturas de Miguel Ángel.


La leyenda de San Miniato.

San Miniato es el patrón de Florencia al que dieron martirio cortándole la cabeza. Cuentan que tomó su cabeza bajo el brazo y se encaminó de esta forma a las afueras de la ciudad, donde está erigida su iglesia.

Pensamos que el recorrido que hizo el decapitado no podía ser demasiado largo así que desde la Plaza de Miguel Ángel comenzamos a caminar hacia el bosque, ya que la iglesia se llama San Miniato il monte, sabíamos que la encontraríamos por allí cerca. Fueron muchos minutos caminando cuesta arriba, por una carreterita que discurría junto a un bosquecillo. Apenas pasaban coches, tan solo contamos con la compañía de unos pocos corredores que hacían deporte por aquella zona.

Tras cruzar un antiguo y pequeño cementerio nos topamos con la fachada de mármol blanco y oscuro de la famosa iglesia. Solo unos pocos turistas y un grupo de colegiales estaban admirando los restos de pinturas murales del interior. Antonio se apresuró a recorrerlo todo mientras nosotras nos hacíamos fotos en el exterior. Allí arriba, en aquel monte, el paisaje era de un verde alegre y especial que contrastaba  con el ambiente oscuro, silencioso y amplio de la iglesia. En una capilla de cielo estrellado cuarteado en casones dorados nos encontramos con la representación del patrón. Justo en la entrada había un montoncito de estampitas de San Miniato y un cajetín donde depositar la voluntad por entrar en la capilla y por llevarse una de las estampitas. La mayoría de los turistas entraron sin pagar, pero yo dejé unas monedas en el cepillo y tomé una de las representaciones que se me ofrecían.

Fachada de san Miniato.


El otro David.

Para regresar a Florencia tomamos otro autobús. Por los cristales limpios del vehículo pudimos disfrutar de la verdadera ciudad, de la Florencia actual con sus barrios como los de cualquier localidad, de ladrillo visto, sin columnas majestuosas, arcos hermosos, ni ornamentos floridos. A lo lejos se distinguió un arco del triunfo y después una avenida de edificios del siglo XIX más limpia y estructurada que el casco histórico. Cuando descubrimos la conocida silueta de esa otra Florencia, de la artística, de la turística, descendimos del autobús, caminamos junto a las torres de la antigua muralla y nos fotografiamos a las puertas de su biblioteca.

Acudimos directamente al Museo Bargello. No tan conocido como los otros, guarda una estupenda colección de escultura donde, además de encontrarnos de nuevo con Miguel Ángel, nos topamos con el David de Donatello, pieza principal de la colección, de color oscuro y pose delicada. La persona que vigilaba la sala, mandaba mensajitos con su móvil mientras fingía que no nos veía hacer fotos a este otro David. En el patio dos leones coronados nos esperaban franqueando la entrada y no pude evitar fotografiarme con ellos, como si fueran Aslan y yo una de las princesas de “Las Crónicas de Narnia”.

Creencias ancestrales.

Después de salir del museo nos dirigimos a la iglesia de la Santa Croce que se levanta al fondo de una plaza enorme, con la estatua de Dante ante sus puertas.

Como ocurre en casi todas las iglesias de Florencia, no permiten que las mujeres entren con los hombros al descubierto. Para las turistas despistadas que acuden en camiseta de tirantes (ante el sofocante calor del septiembre florentino) se ha buscado una solución que evite volver al hotel a cambiarse de ropa: unas máquinas dispensadoras te proveen (por un módico precio) de una especie de túnica de papel horrorosa que te cubre los hombros, el pecho y toda la silueta.

En esta ocasión no me percaté de ello, pues el día anterior iba en manga corta y no tuve la penosa necesidad de cubrirme, pero un policía en la puerta lateral de la iglesia me recordó con un gesto antipático que tenía que taparme. Saqué del bolso un pañuelo y me lo coloqué sobre los hombros y así ataviada me permitieron la entrada a la maravillosa iglesia.

El altar mayor estaba en restauración, cubierto completamente de andamios, pero un poster gigante te mostraba su aspecto. En los laterales se sucedían las tumbas de los más grandes genios: Dante, Maquiavelo, Miguel Ángel. Me entristeció encontrarme con la escultura destinada a adornar la tumba de aquel genio que había creado las más famosas del mundo, que nos había regalado el David y había llegado a glorificar a los Medicis en aquellos impresionantes enterramientos. Su última morada era sencilla y desprovista de todo fausto, inapropiada para un genio.

Los turistas observaban todo con su audioguía en el oído. Para cada capilla había que pagar una distinta. Me sorprendió observar a un grupo de turistas alrededor de una de las tumbas del suelo. No parecía especial, no parecía de nadie importante, pero una mujer joven con falta larga se colocó sobre ella con los pies descalzos y permaneció allí un buen rato, en contacto directo con el mármol frío de la losa. Pensé que alguna creencia la movería ha descalzarse sobre ella, quizá la idea ancestral de que podría transmitírsele la energía o la genialidad de aquella persona.

Lo que más me gustó de Santa Croce fue su patio lateral. Aquel atrio de césped verde y columnas sencillas que sostenían bóvedas de cañón, donde se respiraba un ambiente fresco, tranquilo y lleno de arte y serenidad.

Interior de Santa Croce.


Me despedí con tristeza de aquel hermoso atrio y encaminamos nuestros pasos al exterior, donde ninguno de los restaurantes de la plaza nos atrajo.

Callejeando nos encontramos con la Tratoria Alfredo que disponía de un menú a precio razonable. Nos sirvieron muy bien, a pesar de la hora, ya que en Italia todo es mucho más temprano, la hora de las comidas, la hora de cierre de los comercios y la hora del anochecer.

jueves, 20 de diciembre de 2018

La Universidad de Salamanca. VIII centenario.



Hace pocos días más de 20.000 estudiantes celebraban en la magnífica Plaza Mayor de Salamanca el Fin de Año Universitario y con las doce campanadas de la medianoche del 14 de diciembre se tomaron doce gominolas. Pero a ninguno de ellos se les olvidaba que, aunque sigan creando nuevas tradiciones (esta tiene apenas dos décadas), este año se ha celebrado algo mucho más grande: la Universidad de Salamanca ha cumplido ocho siglos de vida.

Plaza Mayor de Salamanca.

El 2018 ha estado plagado de actos para conmemorar el VIII centenario, aunque el VII se celebró en 1954. ¿Cómo es esto posible? En 1218 Alfonso IX de León estableció las scholas Salamanticae sobre las escuelas catedralicias anteriores, y en 1254 Alfonso X la dotó de normativas.

En sus 800 años han sucedido multitud de acontecimientos que la han convertido en pionera en muchos terrenos y en un referente mundial donde se han formado algunos de los más grandes personajes de la Historia de España. Es la única del país que ha mantenido su actividad a través de estos ocho siglos y una de las primeras  fundadas en Europa (junto a Bolonia, Oxford y Cambridge), concretamente la primera en recibir el título de Universidad (otorgado por Alfonso X el Sabio en 1252 y ratificado por el papa Alejandro IV en 1255) y la primera en tener una biblioteca pública.
Las materias que se impartían eran Derecho Canónico, Civil, Medicina, Lógica-Filosofía, Gramática y Música, estudios a los que más tarde se unió la Teología y en el siglo XV las Humanidades.
Catedrales de Salamanca. 
Las clases se dictaban en latín (el idioma internacional) en el claustro de la Catedral Vieja, en casas del cabildo o en la iglesia de San Benito. Era una universidad pública que, aunque tenía más clérigos que laicos, estaba abierta a todos los buenos estudiantes sin importar su estrato social.  Sin embargo, aunque los estudios estaban vetados a las mujeres, en Salamanca estudió la primera alumna universitaria del mundo, Beatriz Galindo,  conocida como la Latina, que en 1465 estudió allí gramática, después fue una prestigiosa traductora y se convirtió en consejera de Isabel la Católica. En la Universidad de Salamanca impartió clases la primera profesora universitaria del mundo, Lucía (o Luisa) de Medrano que sustituyó a Antonio de Nebrija en el curso de 1508-1509.
La Universidad de Salamanca fue adquiriendo un gran prestigio a lo largo del tiempo, pasando de 500 alumnos a 3.500 cada año. Se fueron construyendo edificios como el Colegio Viejo, las Escuelas Mayores, las Escuelas Menores y el Hospital del Estudio.

En las Escuelas Mayores  se impartían los estudios para Licenciado y Doctor. En ella se ubicó la primera biblioteca universitaria de Europa, que contaba con 200 volúmenes. La bóveda fue adornada en 1485 con pinturas de tema astrológico al que se le dio el nombre de Cielo de Salamanca. Unas obras la ocultaron en 1767 y hubo que esperar a 1952 para que se redescubriera un fragmento que hoy se conserva en las Escuelas Menores. La fachada plateresca de las Escuelas Mayores se ha convertido en la imagen más conocida de la Universidad de Salamanca y todos los visitantes acuden en busca de la famosa rana esculpida en piedra entre su abigarrada ornamentación que, según cuenta una leyenda, dará éxito en los exámenes al estudiante que la encuentre. El edificio aloja, actualmente, la Biblioteca General Histórica con más de 62.000 volúmenes impresos entre los siglos XVI y XVIII, casi 3.000 manuscritos  y 483 incunables.
La fachada plateresca de las Escuelas Mayores es la imagen más conocida de
la Universidad de Salamanca y donde se encuentra esculpida la famosa rana.

En las Escuelas Menores se impartían las materias para el título de Bachiller y el Hospital del Estudio era una hospedería para estudiantes pobres que no tuvo médico hasta 1529.

En la Universidad de  Salamanca se fundó la primera Cátedra de Astrología en 1467 en honor a Abraham Zacut que había desarrollado el Almanach Perpetuum, un tratado imprescindible para la navegación.

Antonio de Nebrija, catedrático por esta universidad, fue el creador de la primera gramática del español, introductor de la imprenta en Salamanca, primer escritor en reclamar derechos de autor en el mundo occidental y autor de Releccion Repettio secundae (1486), primer libro editado por la Universidad de Salamanca convirtiéndola así en la segunda editorial más antigua del mundo, después de Oxford.  

Escultura a fray Luis de León
en los Patios de Escuelas.
En la Universidad de Salamanca estudió y luego impartió clases Fray Luis de León en torno al cual nació la primera escuela poética Salmantina y que se vio apartado de la docencia al ser denunciado a la Inquisición por otros profesores. Al regresar a sus clases en su querida Salamanca, tras cinco largos años de prisión, inició su lección con el famoso “decíamos ayer”.

La lista de personas ilustres que estudiaron en Salamanca es larga y destacan: Fernando de Rojas, Hernán Cortés, San Juan de la Cruz, Bartolomé de las Casas, Tomás de Torquemada, Luis de Góngora, el Conde-Duque de Olivares, Calderón de la Barca, Juan Justo García (introductor del cálculo diferencial e integral en España), Azorín, María de Maeztu (primera mujer universitaria en la España moderna), varios jefes de estado de países iberoamericanos, Adolfo Suarez…

En 1486 Colón acudió a la Universidad de Salamanca a exponer sus ideas que fueron estudiadas por una junta de doctores llegando a la conclusión de que el marino se equivocaba en la distancia calculada entre España y las indias.


Patio de las Escuelas Menores.
En esta universidad nació en 1500 la Escuela de Salamanca movimiento  teológico, jurídico y económico que sentó las bases del derecho de gentes moderno (Francisco de Vitoria lo logró en 1539 impartiendo clases sobre los derechos de los indios), las bases del derecho internacional, de la economía moderna y de las matemáticas modernas (dos de sus matemáticos hicieron los cálculos para la reforma del calendario gregoriano promulgado en 1582 y que sigue vigente hoy en día).  

Durante tres siglos la Universidad de Salamanca fue la más influyente y célebre de España, de ella salían los funcionarios y altos cargos de la administración española y los virreinatos de América. Pero, durante el siglo XVII, los hijos de la nobleza, sabiendo que estudiar allí les abría las puertas a los más importantes puestos, tomaron el control de los Colegios Mayores e impidieron el acceso a los estudiantes pobres.

En el siglo XVIII la Universidad de Salamanca fue el punto neurálgico de la Ilustración española, perteneciendo a ella alumnos y profesores que formaron parte de las Cortes de Cádiz y quienes elaboraron la Constitución de 1812. Pero la Inquisición llevaba mucho tiempo con la atención puesta sobre los estudios que allí se impartían y no solo encarceló a Fray Luis de León en el siglo XVI, sino que persiguió a varios profesores y catedráticos como a Miguel Martel por sus clases de Derecho Natural (que finalmente fue expulsado de la universidad, junto a  otros profesores liberales tras restaurarse el absolutismo) y a Ramón de Salas y Cortés al que prohibieron su asignatura de Economía Política. Diego Muñoz Torrero, rector de la universidad, diputado por las Cortes de Cádiz, defensor de la libertad de prensa y de imprenta, fue figura clave en la abolición de la Inquisición.

En los últimos años del siglo XVIII se gestó también allí la segunda escuela poética salmantina con José Cadalso y fray Diego González, más conocido como Delio, a la cabeza.
Cuando un estudiante obtenía el doctorado sus compañeros pintaban un vítor
 de color rojizo con su nombre. Esta tradición continúa en la actualidad.

Como ya hablamos aquí, la invasión francesa fue un desastre para el patrimonio de España. En la Batalla de Salamanca las tropas inglesas y francesas, que se enfrentaban en la ciudad, destruyeron numerosos edificios de gran valor artístico, perdiendo la universidad varios de sus colegios y viendo sus bibliotecas expoliadas. El desastre hubiese podido ser aún mayor, pero una buena parte de los manuscritos y documentos ya habían sido trasladados al Palacio Real. Los libros robados de las bibliotecas de Salamanca fueron recuperados por el duque de Wellington tras la batalla de Vitoria (1813) entre los muchos objetos de valor (como las 200 pinturas de la colección real) que intentó llevarse José Bonaparte en su huída de España. Pero Fernando VII le regaló a Wellington los cuadros y una buena parte de los libros. La otra parte se quedó en la Biblioteca del Palacio Real y no fue recuperada por la Universidad de Salamanca hasta la celebración de su VII centenario en 1954.
En 1845 la Universidad Central de Madrid se apropió del derecho a expedir títulos de doctor, prohibiendo que Salamanca lo hiciera y cerrando las facultades de Medicina y Ciencias (aunque continuaron como estudios libres financiados por la Diputación y el Ayuntamiento de la ciudad). En 1852 Salamanca perdió la condición de universidad pontificia y quedaron suprimidas las facultades de Teología y Derecho Canónico. Hubo que esperar hasta 1904 para que Medicina y Ciencias volvieran a ser reconocidas como facultades estatales gracias a los esfuerzos de su rector Miguel de Unamuno. Años después, el famoso escritor tuvo que abandonar Salamanca camino del exilio, pero era tan querido en la ciudad que cuando regresó una multitud fue a esperarlo a la estación de tren y lo acompañó a la Plaza Mayor. Llegó a convertirse en diputado a Cortes, pero se desencantó de la política. Al jubilarse recibió el título de rector vitalicio. En 1936 protagonizó el conocido enfrentamiento con Millán-Astray. Fue entonces cuando pronunció su famoso “venceréis, pero no convenceréis” por el que fue abucheado y solo logró salir de las Escuelas Mayores donde se inauguraba el nuevo curso académico bajo la protección de Carmen Polo. Apenas sobrevivió tres meses a este episodio sin volver a salir de su domicilio. Este mismo año se expulsaron de la universidad a todos aquellos profesores que seguían apoyando la República. La Casa Rectoral, donde habían vivido quienes obtenían este puesto desde el siglo XVIII y que había ocupado Unamuno entre 1900 y 1914  se convirtió, en 1955, en casa-museo de Miguel de Unamuno.
Vista de la Plaza Mayor de Salamanca.

Celebrar el VII centenario de la Universidad de Salamanca en 1954 fue un acierto, porque más de 70 universidades de todo el mundo se unieron a la reivindicación del prestigio que nunca debió perder, se le  devolvió la potestad de otorgar el título de doctor y la reconocieron como alma mater de las universidades hispanoamericanas.
Pero aún le quedaban varios hitos por cumplir y así, en 1955 tuvo lugar en las Escuelas Mayores las “Conversaciones de Salamanca” las primeras que se hicieron sobre cine español. En 1986 recibió, junto a la Universidad de Coímbra, el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. En 2005 fue sede de la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. En 2010 el Gobierno de España le concedió el programa “Campus de Excelencia Internacional Studii Salamantini: 800 años innovando”.
En la actualidad la Universidad de Salamanca supera los 30.000 alumnos, se ha convertido en uno de los centros de formación para extranjeros más prestigiosos del mundo con el emblema “la Universidad del Español” y dispone de un Parque Científico con diferentes áreas de investigación en ciencia y tecnología.
El lema de la Universidad de Salamanca sigue siendo: los principios de todas las ciencias se enseñan en Salamanca (Omnium scientiarum princeps Salmantica docet).
Salamanca está en el refranero español: lo que natura no da, Salamanca no presta. Y también está presente en varias obras de Miguel de Cervantes como El licenciado Vidriera (Novelas Ejemplares, 1613), el entremés La cueva de Salamanca y en el personaje de Sansón Carrasco, bachiller por la Universidad de Salamanca, de Don Quijote de la Mancha (segunda parte, 1615).
Lope de Vega ambientó en la Universidad de Salamanca su comedia El bobo del colegio y escribió a petición de la propia universidad La limpieza no manchada que estrenó en los Patios de Escuelas.
La rana se ha convertido en
el símbolo de Salamanca.