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viernes, 27 de febrero de 2015

Colonizadores de ayer y hoy.


Cuando Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos no se dirigía a lo desconocido. Evidentemente, no sabía que iba a descubrir un continente (siguió afirmando hasta el final que había llegado a Cipango) pero sí sabía bien que la Tierra era redonda y que circunvalaría el globo. Había hecho sus cálculos (mal hechos, pues sostenía que el diámetro terrestre era menor al real y por tanto le “sobraba” ese continente con el que se tropezó).

Son muchos los que están convencidos de que Colón sabía hacia dónde dirigirse tanto por los estudios que había realizado, como por el testimonio y pruebas del llamado “piloto desconocido”, alguien que había regresado de lo que hoy llamamos América. Colón pudo hablar con él y llegar a reveladoras conclusiones. Estaba tan convencido, que se lanzó a la difícil tarea de encontrar financiación. El rey de Portugal no le hizo demasiado caso y los Reyes Católicos le dieron largas porque lo que realmente les interesaba era la conquista del Reino de Granada. Colón estaba tan seguro, tan empecinado, que no dudó en utilizar todos los medios a su alcance para conseguirlo, no importaba si tenía que mentir y “envejecer” mapas para ser tomado en serio. Quería cumplir un ideal, demostrar una teoría científica. Iba persiguiendo un sueño, un sueño de riquezas mil, de gloria y poder. Prueba de ello fue todo lo que pidió para sí en pago por lo conquistado.

Creamos o no en la historia del marinero misterioso, lo cierto es que Colón no marchaba a lo desconocido. Sabía que el mundo no se acababa tras el horizonte, que el mar no terminaba en una catarata y que no le atacaría un monstruo gigante devora hombres. Sus marineros sí, ellos sí iban hacia un futuro incierto, arriesgando sus vidas por obligación, ambición, aventura o fortuna. Ellos y los que viajaron después fueron los exploradores, los pioneros, los colonizadores.

Pero todos ellos se encontraban en su mundo, en un mar que, si bien podía guardar muchos peligros y misterios, era mar al fin y al cabo, y sabían que si encontraban tierra, sería en un lugar donde habría suelo que pisar, agua que beber, alimento que comer y aire que respirar. No dejaba de ser el mismo planeta y no desaparecía la posibilidad de regresar a casa: Colón y otros lo hicieron.

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pinta,_Ni%C3%B1a_y_Santa_Mar%C3%ADa_en_el_Muelle_de_las_Carabelas.jpg
Reproducción de las naves que llevó Colón en su primer viaje a América. Palos de la Frontera (Huelva).

En la actualidad se habla también de pioneros, de exploradores, de colonizadores. Pero en esta ocasión se trata de un viaje sin retorno hacia un lugar donde no hay agua que beber, alimento que comer, ni aire que respirar. Un salto que el hombre por medios naturales jamás podría hacer. Se trata del proyecto Mars One al que se han apuntado más de 200.000 personas y que persigue el propósito de fundar una colonia en Marte. En 1969 llegó el hombre a la Luna y tras ello en la fantasía popular se afianzó la idea de poder visitar y vivir en otros planetas. La imaginación voló más alto que la realidad y nada de eso pudo ser posible, por muchas series y películas que se hicieran sobre el tema.

Ahora sí, ahora nos aseguran que dentro de 10 años estará todo preparado y en funcionamiento y los 4 primeros colonos en su “casita” marciana.
                                
Son muchos los científicos que creen que, en la actualidad, no es posible llevar a buen término este proyecto. Pero, lo cierto es que, se han presentado 200.000 voluntarios aún sabiendo que solo hay billete de ida, no habrá regreso. Vivirán y morirán allí.

¿Qué ha impulsado a estas personas a ofrecerse como voluntarios? ¿Creen en un proyecto del que, la mayoría, no había oído ni hablar antes de que se publicitara? ¿Cuando en su infancia les preguntaban qué querían ser de mayores respondían que astronautas? ¿Se sienten tan solos y tan insatisfechos con su vida, con su mundo, que quieren probar en otro? ¿Desean hacer algo extraordinario por lo que ser recordados por los siglos de los siglos? ¿Son científicos  y aficionados a la cosmología que creen en ello? ¿Son filósofos? ¿Son héroes? ¿Son visionarios? ¿Son locos? Son valientes dispuestos a repetir la hazaña de los pioneros, son personas que creen que la humanidad no tiene porque morir en la Tierra, son aquellos que tendrán al primer niño realmente extraterrestre (ya nadie podrá afirmar que los marcianos no existen). Son los que darán este primer salto al planeta vecino, para luego poder ir saltando más lejos. Pero hay otro asunto realmente inquietante del que parece que nadie habla: ¿por qué se ha ideado este proyecto? Parece que nuestra especie es colonizadora por naturaleza y queremos viajar por el espacio, establecernos allí, conquistar otros planetas. Pero también parece que tenemos claro que hay que salir de aquí, que la humanidad tiene que sobrevivir al planeta que la vio nacer y evolucionar, que no podemos quedarnos cuando nuestro sol comience a extinguirse o cualquier otra catástrofe lleve a la Tierra a la desaparición. Los científicos estiman que el planeta desaparecerá dentro de millones de años… ¿realmente creemos que habrá humanos aquí? ¿Realmente creemos que nos extinguiremos cuando el planeta lo haga y no antes? ¿Realmente nos importa lo que les suceda a las personas que vivan aquí entonces? Si la respuesta es sí, entonces… hay una pregunta mucho más importante que las anteriores que hacerse: ¿por qué no respetamos y cuidamos nuestro planeta? ¿Por qué no renunciamos a todo lo que hace daño a la naturaleza, antes de pensar en marcharnos de nuestro hogar? ¿Por qué el dinero está por encima del equilibro y sostenibilidad de los ecosistemas y de la supervivencia de esos descendientes nuestros que parecen importarnos tanto? Hay cosas que no tienen precio por más que muchos se empeñen en lo contrario: el agua que bebemos y el aire que respiramos.


La pregunta no es por qué se ofrecen tantos voluntarios, la pregunta es por qué, sabiendo lo que sabemos, estamos dispuestos a terminar de llenar este basurero en el que hemos convertido nuestro planeta y luego tener un lugar donde marcharnos para volver a llenarlo de basura. Esa no es la solución.

Actualización: el proyecto Mars One se declaró en bancarrota en 2019.


http://www.todopaisajes.com/imagenes-la-tierra-vista-desde-el-espacio-jpg-1280x1024

viernes, 30 de enero de 2015

De Mary Poppins a Al encuentro de Mr. Banks II


Atención: contiene spoilers.

He leído muchos blogs y críticas tachando la película de mero entretenimiento y de conseguir que el espectador salga con una sonrisa del cine. Estoy en total desacuerdo. Al encuentro de Mr. Banks narra la historia que hay bajo un alegre musical, el esfuerzo de un talentoso equipo, el encontronazo de dos grandes y cabezotas creadores, el dolor de la autora.

Dicen muchas críticas que la peor parte de Al encuentro de Mr. Banks son los numerosos flashback contando la infancia de Helen (sí, Helen, porque P. L. Travers no era su verdadero nombre y ni siquiera era inglesa). Pero es la esencia de la película, es la explicación a la negativa de la autora a que Disney pusiera su terroncito de azúcar sobre la niñera. Pueden estar mejor o peor ensamblados y pueden ser más o menos fieles a la realidad, pero son la respuesta.

Cartel de Saving Mr. Banks traducida en España como Al encuentro de Mr. Banks.

La Srta. Travers negó siempre que Mary Poppins contara su propia infancia, pero aceptaba que tenía mucho que ver con ella. La película nos muestra que Mr. Banks existió, y que fue el propio padre de Helen. La niña lo idolatraba, era un hombre que no asumía su realidad y utilizaba la imaginación para conseguir que su hija viviera en un mundo de fantasía. El destino se ensañó con este banquero venido a menos, que poco a poco fue cayendo en las garras del alcohol. Estando así las cosas, su madre recurre a la ayuda de la tía Ellie que llega para cuidar de sus sobrinas, con su paraguas con cabeza de pájaro y su bolsa imposible donde caben toda clase de objetos maravillosos. Helen no podrá permanecer durante mucho más tiempo en su mundo fantástico, porque nada puede ya salvar la vida de su padre.

Cuando una persona plasma en el papel los recuerdos más dolorosos de su vida y los expone al mundo, aunque sea en forma de ficción, corre el peligro de que otros pretendan comprarlos. Pero en esta ocasión fue su odiado Disney el comprador.

Como espectadora lamenté ver todo el esfuerzo de esos guionistas, todo el maravilloso trabajo musical a punto de quedar reducido a la nada, ese guión volando por la ventana, esparciendo sus hojas. Ante el tesón, las largas jornadas de trabajo, la ilusión y el derroche de imaginación de aquel equipo me pregunto cuántos otros extraordinarios proyectos habrán quedado archivados, olvidados o destruidos sin que llegaran a convertirse en película. Tanto trabajo perdido. Pero, en contrapartida, comprendo la negativa de Travers a vender su historia.

A los espectadores no nos gana el desanimo porque sabemos que la película se hará y será una de las más hermosas de todos los tiempos. El equipo de Disney decide ponerle un final feliz a Mary Poppins, ese final en el que la familia Banks al completo va a volar la cometa. Un final que a mí siempre me pareció artificioso, pero que, ahora sé, es el final feliz que no tuvo el autentico Mr. Banks.

Disney solo consigue los derechos de la obra cuando descubre que la historia real trata sobre la vida de Travers (verdadero nombre del padre de la autora), cuando comprende que la niñera no vino a salvar a los niños, sino al padre. El título original de film, Saving Mr. Banks, lo dice claramente, es el mayor spoiler, pero los traductores nos lo desvirtúan. No vamos Al encuentro de Mr. Banks como se tradujo en España o a asistir a El sueño de Walt como la nombraron en Latinoamérica. Se trata de salvar a Mr. Banks, se trata de redimirlo, de que tenga su final feliz en la imaginación, en la fantasía, ya que en la vida no pudo tenerlo.

Disney le pidió confianza y Travers firmó. Ni siquiera fue invitada al estreno. Tuvo que arreglárselas para asistir por sí misma. Lloró en su butaca, pero posó con los actores. En los títulos finales vemos las fotos de la época, vemos a la verdadera Srta. Travers sonriendo junto a ellos.

Cartel de la época.

Disney mejoró Mary Poppins y redimió a Mr. Banks. Tenía razón. Fue, es y será siempre una gran película. Encandiló al público en 1964 y lo sigue haciendo hoy en día. Gano 5 Oscars y se convirtió en una obra maestra. Saving Mr. Banks no ha logrado lo mismo, pero nos ha mostrado una historia que muchos desconocíamos y nos ha hecho reflexionar. Aunque Mary Poppins y Saving Mr. Banks tuvieron su final feliz, todos pudimos ver en la maravillosa interpretación de Emma Thompson que Travers no lloraba de alegría en su butaca al ver a Mary Poppins convertida en película, sino de dolor. Disney lo consiguió para el público, pero no cumplió la promesa a la autora, decepcionó a la única persona a la que había prometido no decepcionar y eso hace que algunos no salgamos con una sonrisa del cine.


viernes, 23 de enero de 2015

De Mary Poppins a Al encuentro de Mr. Banks I


Viento del este y niebla gris, anuncian que viene lo que ha de venir. No me imagino qué irá a suceder, más lo que ahora pase, ya pasó otra vez.

Todos recordamos a Dick van Dyke interpretando a Bert, un hombre orquesta que se gana la vida con sus canciones, sus bromas y sus rimas improvisadas. Los que forman un corro a su alrededor ríen divertidos mientras escuchan sus ocurrencias. Pero en un solo instante, en el momento en el que cambia el viento, el bueno de Bert mira al cielo y pronuncia, como en una ensoñación, esta famosa frase que abre la película Mary Poppins.

El cielo, las palmeras y una veleta que gira acompañada por una versión melancólica de Chim Chim Cheree repite las mismas palabras en Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks).

La primera es una de las más hermosas películas de Walt Disney, la segunda, una visión de las largas y difíciles negociaciones para lograr los derechos de Mary Poppins.

¿Cuántas generaciones de niños hemos crecido conociendo a esta maravillosa niñera, a los señores Banks, al bueno de Bert? ¿Cuántos nos asombramos al ver llegar a Mary volando con su paraguas,  cuántos nos reímos con los pingüinos camareros, cuántos deseamos estrechar la mano de un deshollinador para que nos trajera suerte, cuántos canturreamos aún hoy sus canciones? Para millones de niños y adultos Mary Poppins siempre será esa película donde Julie Andrews, tan bella y tan encantadora, transformaba la realidad en un juego, ganaba una carrera en un caballo de madera, nos daba la medicina con un poco de azúcar y nos invitaba a tomar el té en el techo.

Cartel de la película.

Pero no, Mary Poppins no era así y fue una auténtica desilusión descubrirlo. Por suerte, lo averigüé cuando hacía muchos años que había dejado de creer en las niñeras mágicas. Hasta ese momento pensaba que Mary era una invención de Disney, y tras ver Al encuentro de Mr. Banks me he dado cuenta de que no andaba del todo errada.

P. L. Travers vio publicada su obra Mary Poppins en 1934. Al poco tiempo el libro ya se había convertido en un auténtico best seller. Bajo las iniciales se escondía Pamela Lyndon Travers para jugar con la ambigüedad y no presentarse claramente como una mujer, lo que pudiera haber restado credibilidad o éxito a su obra (recordemos la época en la que fue escrito). Me temo que la Mary Poppins de Travers no es tan simpática, tan comprensiva y tan agradable. Pero los niños del mundo se sumergían en la lectura de los sucesivos libros que narraban sus aventuras.

Ocurrió que un buen día Diane, una de las más fervientes admiradoras de Mary Poppins, arrancó a su padre la promesa de que sacaría a la niñera mágica del papel para llevarla a la pantalla. El padre de Diane era Walt Disney. Entonces nadie sospechaba el tiempo que le llevaría lograr cumplir esa promesa. Año tras año, Disney le hacía una oferta a Travers por los derechos de la obra pero, invariablemente, se topaba con una férrea negativa.

Portada del primero de los libros que narra las aventuras de Mary Poppins.

Casi 20 años después, cuando Mary Poppins ya no se vendía y la ruina amenazaba a la autora, la Srta. Travers aceptó viajar a América y escuchar las propuestas de Disney. Esta es la historia que narra Al encuentro de Mr. Banks. Y podría narrarla como un verdadero documental, porque una de las exigencias de la escritora fue que se grabaran todas las conversaciones (que se siguen conservando). Pero no es un documental, ni pretende serlo, ni encontraremos en ella nada que nos señale que Disney no era un hombre maravilloso (¿quién lo dudaría si le da vida Tom Hanks?) y que P. L. Travers (magistralmente interpretada por Emma Thompson) no pasaba de ser una obstinada y antipática escritora. Aunque la Srta. Travers sale peor parada que el rey de la animación, no se señala su lado más oscuro (al igual que se guarda el de Walt) sino que se centra en contarnos el porqué de su negativa.

Travers llega como una inglesa estirada e impertinente. No consiente que se la llame Pam o Pamela solo Srta. Travers; no acepta llamar al Sr. Disney, Walt, como él mismo le pide. No soporta que su Mary Poppins se convierta solo en Mary. No le gusta el país, no le gustan sus habitantes, no le gusta el inglés que hablan.

Desde el primer momento nos queda claro que no tiene intenciones de vender los derechos de su obra y solo se dedica a desmantelar las ideas de los creativos de Disney. No va a permitir que Mary Poppins se convierta en un dibujo animado, ni que cante y baile. No quiere azúcar ni finales felices. No quiere a Dick van Dyke en la película (¿había una elección más acertada?). Tenemos grabados sus numerosos “¡no, no, no!” y sus rechazos a todas las canciones de los hermanos Sherman.  

Si no te importan los spoilers lee  también De Mary Poppins a Al encuentro de Mr. Banks II.

martes, 30 de diciembre de 2014

Isabel: de la Historia a la televisión II



La web que Televisión Española tiene dedicada a la serie es muy completa. Allí, no solo pueden verse todos los capítulos, sino que además tenemos las curiosidades históricas y los especiales #tantomonta (encuentros con los actores). Interesantes son las explicaciones de la asesora histórica de la serie Teresa Cunillera, que nos desvela qué partes son fieles a los acontecimientos y cuáles han sido ficticias. Además de la imprescindible intervención de Óscar Villarroel, profesor de Historia de la UCM, y que no siempre está  de acuerdo con la visión de Cunillera, lo que nos demuestra la difícil tarea de documentación y guionización de la Historia. Es de agradecer que se nos dé diferentes puntos de vista para que los espectadores podamos tener nuestra propia visión de los hechos.
Escultura de Isabel la Católica.
La serie ha tenido tanta importancia que se ha convertido en parte del material didáctico para la enseñanza de la Historia. Los profesores en los institutos utilizan los capítulos de la serie para sus clases. En el momento del rodaje los actores no eran conscientes de que ahora, para varias generaciones de jóvenes, ellos son los rostros de personajes tan importantes como Isabel, Fernando, Colón o Juana.

La producción, la dirección de arte, el vestuario, han estado tan cuidados (a pesar de contar con medios limitados) que se han convertido en ejemplo a seguir por diferentes producciones. A falta de documentación tan fiable como pudiera ser en la actualidad una fotografía, la serie se ha basado para recrear los grandes acontecimientos en los mejores cuadros de nuestros más afamados pintores.

"La rendición de Granada" obra de Francisco Pradilla.

Se han grabado las escenas en los lugares reales (el Alcázar de Segovia, la Alhambra de Granada o el Arco de la Estrella en Cáceres) dándose la paradoja de que los actores, caracterizados como el personaje histórico que interpretaban, han pisado el mismo suelo, han paseado por las mismas calles que la persona real a la que dan vida. La ficción imitando a la Historia en los mismos lugares físicos pero separados por un océano de tiempo.

Arco de la Estrella (Cáceres). A veces, sin pretenderlo, te encuentras en una "ruta isabelina".

Las agencias de viajes no han tardado en crear las “Rutas de Isabel la Católica” y ahora puedes comprar uno de estos paquetes vacacionales y pasearte por las ciudades donde la reina vivió. Las mismas páginas oficiales de turismo de Extremadura o Castilla y León te ofrecen todo el itinerario para que lo realices a tu aire.

No han faltado las exposiciones, como “Isabel y su tiempo” que han recorrido la geografía española mostrándonos la indumentaria y armamento utilizado en el rodaje.

Trajes de la exposición "Isabel y su tiempo".

La serie ha contado también con sus propias obras literarias: tres libros. El primero de ellos fue Isabel  que relata la vida de nuestra protagonista, con el subtitulo: todos conocen a la reina, pero ninguno a Isabel. Su autor, Javier Olivares, es también director argumental y jefe de guión de la serie. Obra que, a pesar de estar impresa con anterioridad, Plaza&Janés tuvo guardada hasta el estreno de la serie de televisión. La segunda parte Isabel, la conquista del poder y la tercera Isabel, el fin de un sueño fueron escritas por  Martín Maurel.

Ha sido tal el movimiento creado en torno a la serie que los, entonces, Príncipes de Asturias y actuales reyes de España, estuvieron presentes en el rodaje del último capítulo.

Precisamente para ese último capítulo se hizo un preestreno con muchos de los actores en los cines Capitol de Madrid el día 26 de noviembre de 2014 en el 510 aniversario de la muerte de Isabel y hasta allí, aún sin entrada, llegaron miles de fans disfrazados al más puro estilo isabelino.


La serie, no solo ha gozado de buena crítica y gran acogida por parte de los espectadores españoles,  sino que se ha convertido en una de las series más vendidas en los festivales internacionales, contándose en 22 países los que adquirieron los derechos de emisión a principios del año 2014. En el momento de escribir estas líneas se ha firmado el acuerdo para continuar con más temporadas, centrándose en la vida y reinado de Carlos V.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Isabel: de la Historia a la televisión I


Como decíamos aquí la Historia debe ser objetiva pero, por desgracia, pocas veces lo es. La visión que cada bando ha dado de los acontecimientos de su tiempo y la visión propia de la mentalidad que cada época ha otorgado a los hechos históricos dificultan enormemente la tarea del historiador.

Hay personas que han sido decisivas en la Historia, que han cambiado el rumbo de los acontecimientos; sin ellas, sin su determinación, el mundo sería otro. A estas personas se les suele reconocer el mérito que tienen y darles la importancia que merecen, pero cada época las juzga desde su punto de vista, de la idea del bien y del mal que impere en ese periodo, de lo “políticamente correcto”, o simplemente de lo que conviene en ese instante. Y  en todo momento los he llamado personas y no personajes, porque eso fueron: personas. Antes de que sus nombres quedaran grabados en los libros de Historia, antes de que se fraguase su fama, antes de que tomaran esta o aquella determinación que cambió el rumbo del mundo, por encima de todo eso eran personas. Tuvieron sus dudas, sus miedos, sus alegrías, sus tristezas, sus contradicciones, sus aciertos y sus errores. Sobre todo tuvieron sus luces y sus sombras, ambas, por más que en diferentes épocas se haya querido mostrar solo una de ellas. ¿Cuál predominó? ¿Cómo podemos saberlo? Hallaremos cientos de libros que hablen del personaje histórico pero pocas veces hablaran de la persona. Esa parte es demasiado difícil de tratar.

En la actualidad, en diversos países, la ficción televisiva ha dado cuerpo y alma a los personajes históricos más importantes y los ha acercado a los espectadores. En España parecía que eso nos daba más pudor, o quizá más temor a que el público no se mostrara interesado en la historia que nos querían contar. Pero ¿por qué habría de importarnos más la historia de los Tudor que la de los Reyes Católicos? ¿Sería un hándicap que la cantidad de hechos históricos que se precipitaron en aquella época fueran tan bien conocidos por la mayoría de los españoles? ¿Quizá el hecho de que los Reyes Católicos fueran “santificados” durante un tiempo, para luego demonizarlos, pudiera herir más de una sensibilidad?

Alcázar de Segovia. Isabel vivió allí en diferentes periodos de su vida.

Lo cierto es que la serie “Isabel” se rodó. Y estaba dispuesta a dar un punto de vista diferente sobre la reina más famosa de nuestra Historia. Querían centrarse en la persona, en la lucha de esa mujer por llevar las riendas de su destino en un mundo de hombres. Querían mostrarnos cómo la chiquilla apegada a su madre llegó a convertirse en la reina que cambió el rumbo de la Historia de nuestro país. Pero no lo tenían fácil, precisamente por sus luces y sus sombras. Además la época histórica era especialmente compleja de relatar por todos los frentes abiertos que mantuvieron y corrían el peligro de que a los espectadores de hoy en día les pudiera parecer aburrida, tediosa o incomprensible.

Lo cierto es que, a pesar de haber sido rodada, la serie “Isabel” se mantuvo guardada en un cajón, en la nevera, a la espera de no se sabía muy bien qué. Tanto tiempo pasó que los propios actores reivindicaron su trabajo y salieron a la palestra a pedir que su serie se emitiera. De hecho, aunque la serie estaba concebida para tener tres temporadas, y solo se había grabado una, se pensó hasta en destruir los decorados.

La serie empezó a emitirse algún tiempo después con el título: “Isabel. Los años jóvenes de una reina”. Su primera escena fue la muerte de Enrique IV y la coronación de Isabel como reina de Castilla, para luego hacer un flashback hasta la adolescencia de la protagonista. Esto hizo que los espectadores pensáramos que la serie iba a contar solo esa época de su vida. Pero nos equivocamos. En seguida, bien por seguir el plan previsto, bien por el éxito obtenido, se comienza a grabar la segunda temporada donde se narra la Guerra de Sucesión Castellana, la conquista de Granada y hace su aparición en escena Cristóbal Colón. Para entonces, el subtítulo de la serie había desaparecido. En la tercera veremos la gran aventura colombina y la fragilidad de los éxitos conseguidos, los matrimonios de sus hijos y la desgraciada suerte de su familia, para terminar en la locura de Juana y la muerte de Isabel.

Salón del trono en el Alcázar de Segovia.

La serie nos ha hecho ver que no conocíamos tanto la historia como pensábamos, que la realidad supera a la ficción y que ninguna ficción nos hubiese hecho creer que tales acontecimientos pudieran ser verosímiles.

Evidentemente no todo puede ser histórico, hay conversaciones de las que no podemos saber y detalles íntimos que no han llegado hasta nosotros. Los guionistas no han ocultado que alguna vez han tenido que recurrir a la fabulación para completar lagunas, para captar el interés del público y que se han tomado alguna que otra licencia.

Sorprende saber que dos de los momentos más románticos de la serie no tienen nada de ficticios. Histórico fue el hecho de que Fernando, para cruzar la frontera de Castilla y reunirse con su ya prometida, tuvo que disfrazarse de mozo de mulas y hacer parte del viaje como un sirviente. Igualmente histórico fue el momento en que Isabel, que aún no conocía el rostro de Fernando, lo buscaba con la mirada en mitad de una fiesta y Cárdenas le susurraba un “ese es, ese  es” que recogen las crónicas.

A pesar de que haya hechos que entonces se juzgaban normales y hoy serían considerados crueles, Isabel, en general, sale bastante bien parada. Tampoco se nos ha querido ocultar el carácter de Fernando que, no en vano, inspiró a Maquiavelo su famosa obra “El Príncipe”.

"Tanto Monta" lema de los Reyes Católicos que se encuentra en muchos edificios de nuestra geografía.
Esta foto pertenece a la Aljafería (Zaragoza).

Lee "Isabel: de la Historia a la televisión II"

sábado, 29 de noviembre de 2014

Una visión de la Historia y los historiadores.


La Historia es una ciencia social, pero estamos acostumbrados a que las ciencias sean exactas y la Historia pocas veces lo es. A veces ni siquiera es social porque se pierde en números (tal año, tantos caídos en tal guerra, tantas fanegas de grano…). Cuanto más nos alejamos en el tiempo menos exacta es la Historia.

Hay muchas formas de ver la Historia y cada época ha tenido la suya. Hay quienes piensan que la Historia es lineal y otros que están convencidos de que es circular; quienes se han ocupado únicamente de los grandes personajes y otros que hablan de la humanidad, de esa “masa social” que jamás será recordada con sus nombres y apellidos. Son muchos los que cuentan los acontecimientos a secas y muchos otros los que hablan de causas y consecuencias.

 Imaginemos una persona que escribe un diario. Podríamos decir que sabemos todo sobre su vida, día a día y también, por extensión, de una parte de la historia de su época. Pero en ese diario tendremos la versión de quien escribe, que no siempre concuerda con la realidad. Si dos personas han visto una misma escena es muy difícil que ambos testimonios sean exactamente iguales. Todo está condicionado por su forma de ver las cosas, sus ideas, su educación, la información u opinión que se tenga del hecho. La psicología de esa persona interviene en los recuerdos, los modifica e incluso llega a falsearlos inconscientemente. Lo ideal es tener la versión de ambas partes, compararlas y sacar las conclusiones. No podemos confiar en un solo testimonio, aunque venga del cronista o biógrafo más escrupuloso.

Uno de los personajes históricos que mejor conocemos es Carlos V porque tenemos reseñado y recogido cada uno de los días de su vida, desde qué comió hasta si fue de caza o recibió a alguien en audiencia. ¿Podemos afirmar que lo sabemos todo?

Asombra saber lo que Luis XVI escribió en su diario personal el martes 14 de julio del año 1789:

Nada reseñable.

¿Nada? ¿La Toma de la Bastilla no le pareció suficientemente importante al monarca? ¿Se refería a la partida de caza del día? Si no tuviéramos otras fuentes, pensaríamos que ese día no ocurrió nada, sin embargo es la fecha que se toma como comienzo de la Revolución Francesa.

A veces la Historia ha sido falseada deliberadamente. Se han dado por verdaderos documentos inexistentes y se han falsificado otros. Dos ejemplos que marcaron definitivamente el curso de los acontecimientos son: la conocida como Donación de Constantino, documento por el que se reconocía al Papa Silvestre I como soberano de Roma y que, ya desde la Edad Media fue tenido por falso, cosa que demostró Lorenzo Valla en 1440; y la bula Papal que necesitaban los futuros Reyes Católicos para contraer matrimonio (ya que eran primos) y que el Papa Paulo II se negó a emitir, pero que apareció en el momento oportuno.

La Historia para que sea una ciencia exacta, exacta en la realidad de los hechos de los que trata, necesita una serie de pistas, de testigos, como en un juicio. Tiene mucho de detectivesco, de rompecabezas. De un objeto, de una pisada, de una pintada, hay que reconstruir la realidad. De un testimonio de la persona que estuvo ahí (normalmente un documento) se tiene que extraer lo verdadero, intentar dilucidar qué hay de partidista (por motivos religiosos, políticos, sociales o personales) en el documento. Pero para ello el historiador también debe desprenderse de lo partidista que haya en él. Debe ser objetivo, no tomar partido por nadie, olvidar sus propias inclinaciones políticas o religiosas, sus simpatías hacia tal o cual personaje, sus antipatías hacia otros y extraer la verdad. Es su labor de científico, es su prueba de laboratorio, es su labor de detective, es su misión verdadera. Si, a sabiendas, se deja arrastrar por alguno de estos factores no es un buen historiador si no un contertulio que te dará su opinión, que será tan válida como la de cualquiera y, sin duda, mejor documentada, pero no será la verdad. Aunque para llegar a la verdad hay que estar convencido de que verdad solo hay una.


Se dice de muchas personas que son o serán juzgadas por la Historia, aunque lo cierto es que, en realidad, los jueces son los lectores.



miércoles, 29 de octubre de 2014

Reflexiones: hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad


La primera vez que Mariana escuchó sonar el teléfono ni siquiera se atrevió a acercarse. El timbre retumbó en todos los rincones de la habitación y en la sesera se le afianzó la idea de que era cosa del diablo. Aquello no podía ser bueno y rezaba para no tener que ser ella la que descolgara el aparato. ¡Menuda ocurrencia haber mandado instalar aquel invento demoniaco en la mansión! Pero ella era solo una criada a la que tocaba obedecer  los mandatos de la señora, por muy maléficos que fueran. Ahora se sonreía al recordarlo. No fueron pocas las veces que, temblando, tuvo que atender el teléfono sin tenerlas todas consigo… ¿sería una voz realmente humana la que sonaría al otro lado? Pero aquello no era obra del diablo, al contrario, era un milagro. Un milagro que, llegado el momento, la llevó a hacerse amiga de la telefonista, quien muchos años después, sería la encargada de ponerle las conferencias a Madrid para poder hablar con su Nicolás. Nicolás había llegado a su pueblo con el cinematógrafo y ella, sin saber muy bien cómo, había terminado por aparecer en la película que se rodaba. El muchacho no se dio por vencido hasta conseguir que sus requiebros terminaran en boda, aunque para ello tuviera que dejar Madrid, la farándula y acabar conduciendo, durante un breve espacio de tiempo, un vehículo de la muy renombrada fábrica Hispano-Suiza como chófer de la insufrible señora de la mansión.

Teléfono de principios del siglo XX.

Ahora le venía a la memoria aquel día en el que, como tantas veces, iba sola por el camino, con su cesta de mimbre. Detrás de ella se acercaba a toda prisa una nube de polvo como traída por un feroz vendaval y el sonido de un terrible vehículo. El claxon la sobresaltó sin remedio.

“¡Rediez!” murmuró creyendo que eran los orates de siempre. Pero no, en esta ocasión era la alegre y encantadora Soledad que, mofándose de los hombres que pretendían protegerla, se había escapado con el coche. Aún los elegantes Hispano-Suiza no se veían por los caminos de España, pero el vehículo que conducía Soledad era el más moderno y veloz de aquellos años.

La jovencita se ofreció a llevarla al pueblo.

-¿Qué? ¡Ni hablar! ¡Yo no me subo a ese cacharro ni loca! Prefiero ir andando, como toda la vida. No me gustan los inventos modernos.

Soledad la miró entre divertida e incrédula. Tuvo que insistirle y hacerle notar que el mundo moderno traía nuevos avances a los que debían sacar provecho. No estuvo presente, pero intuía que aquella expresión de espanto que dibujaba su bello rostro debía ser la misma con la que se vistió el día que instalaron el teléfono en casa. La conocía bien.

Porfiaron durante unos minutos hasta que Mariana consintió en acomodarse en la bestia de hierro. Tenía miedo, pero también curiosidad y un poquito de ilusión. Con una sonrisa se asió donde pudo y pidió a la señorita que no corriera.

-Agárrate, qué vamos a volar- sonrió Soledad arrancando el motor.

En su primer viaje en coche descubrió lo rápido que podía ir y venir del pueblo a la mansión y hacer los recados. Sin embargo, siguió sin gustarle aquel cacharro y, menos aún, cuando su aventura automovilística terminó chocando contra un árbol. Felizmente no hubo grandes males que lamentar.

Un modelo de la famosa fábrica de automóviles Hispano-Suiza. Hacia 1920.


A finales del siglo XIX y principios del XX, escenas como las narradas en la serie El secreto de Puente Viejo eran de lo más comunes. Comenzaba una nueva era, una época en la que las “ciencias avanzaban una barbaridad” y los nuevos inventos iban sucediéndose unos a otros dejando anticuado el mundo que tan solo unos años antes se parecía tanto al de los padres y los abuelos. A la gente mayor le fue más difícil adaptarse, algunos veían algo de brujería en todo aquello, pero otros asistían entusiasmados al avance de la tecnología. Las personas de mente abierta y los jóvenes ávidos de novedades aceptarían encantados el cambio que comenzaba a transformar la vida cotidiana. Para los que vinieron después tampoco fue fácil, ya que, aunque habían escuchado sonar el teléfono desde su más tierna infancia o habían montado en coche, aún les esperaban más inventos revolucionarios y más revoluciones tristes y trágicas. Pero hubo una generación, esa que contábamos, a la que le sorprendió en un momento determinado de su vida y se fue adaptando poco a poco, bien por convencimiento propio, bien por imposición del devenir de los acontecimientos.

Hubo un tiempo en el que no estaba claro qué invento triunfaría y qué desatino sería relegado al olvido. Es sencillo de entender, en ese momento, todos los avances (como ya había ocurrido en tiempos pasados con el tren o el telégrafo) estaban en fase “experimental”, cómo saber lo que era un genial invento que se perfeccionaría o un autentico disparate.

Hubo un tiempo en el que todo convivió. Igual que las personas mayores (y muchas jóvenes) podían resistirse a subir a un automóvil o a utilizar el teléfono; los caballos, carros y carretas seguían siendo los medios de transporte más frecuentes para cortas y medias distancias (en esta época ya no encontramos mayores problemas para subir a un tren) y el correo seguía su auge sin perder resuello frente al teléfono (que solo podía permitirse uno de cada mil habitantes) o, incluso, el telegrama (qué podía ser muy rápido, pero no admitía extensos mensajes).

Esto que se nos presenta tan claro con la perspectiva que nos da el tiempo, se repite, casi invariablemente, en cada generación. Hace unos años nos creíamos los más listos y modernos al enseñar a nuestros padres a programar el vídeo. Hoy en día podemos pelearnos frente a nuestro ordenador o reprimir los deseos de estrellar el móvil contra el suelo por no ser capaces de entenderlos y manejarlos. Sin embargo, un quinceañero tocará un par de teclas y todo estará solucionado. ¿La expresión de nuestro rostro reflejará entonces el mismo espanto que la de Mariana cuando sonó el teléfono o Soledad hizo rugir el motor de su automóvil?



domingo, 28 de septiembre de 2014

Reflexiones: antes y después del 2000. Nuestra percepción del tiempo.



Este año se conmemora el centenario de la Primera Guerra Mundial. Ahora casi nadie la recuerda con su verdadero nombre, la Gran Guerra, porque, por desgracia, tuvimos otra Gran Guerra varias décadas después. 


Cuando los nacidos antes de 1985 cursábamos nuestros estudios, 1914 nos parecía un año tan lejano como una terrible pesadilla que borra el sol de la mañana. Habían pasado muchas décadas y aquello parecía el siglo XIX o el XVIII, que lo mismo nos daba en cuanto a percepción temporal. Estaba muy lejano y hasta muy ajeno a nosotros que teníamos televisor, teléfono, ordenadores personales (que utilizábamos solo para jugar como el Comodore 64), vídeos y cajeros automáticos. Sin embargo, si pensábamos en cien años después de esa fecha, es decir, en 2014, creíamos aún que era un futuro muy lejano, donde los robots harían las tareas de casa mientras nosotros pasábamos unas vacaciones en la Luna. Y eso quien se atrevía a especular sobre esa fecha, porque pocas imaginaciones llegaban más allá del 2000, nuestra barrera psicológica. 

Coche de 1914 frente a otro de 2014.

Pensad en nosotros creyendo en 1985 que el 2014 era tan lejano en el futuro como 1914 en el pasado. Y era tan lejano en la imaginación colectiva que cuando se rodó Regreso al futuro II ambientado en 2015 todos nos lo creímos. Sí, que se den prisa los inventores porque les queda menos de un año para poner en las calles el monopatín volador, el traje autoajustable, los videojuegos sin manos, (y aún no hemos visto ningún anuncio del coche volador…)

Regreso al Futuro II

Si vamos un poquito más adelante en el siglo XX, a esa época llamada los felices años 20 (que se quebró en el 29) nos encontramos con faldas cortas y charlestón… Sí, también muy lejos en el tiempo… ¿Y 2020 está muy lejos? Es nuestro futuro inmediato… y sin embargo, cuando veo alguna película o serie ambientada en 1920 pienso que nosotros aún no hemos llegado al equivalente a esa época, a ese lugar en el tiempo que era el futuro en 1914 y el pasado más lejano en 2014. 

Los años 20.

Nosotros, para las personas de 2085, seremos unas antiguallas, esos que lo mismo da que sean de 2014 que de 1914. ¿Qué sabrán de nosotros? ¿Qué habrá sobrevivido en las páginas de la Historia general si es que les sigue importando la Historia? ¿Qué se enseñará a los estudiantes? ¿Se detendrán a ver parte del legado de imágenes que les habremos regalado o nos juzgaran por una película ambientada en la época de la crisis de principios del siglo XXI? Es más, ¿los descendientes de esos programadores lumbreras que pusieron solo dos cifras en los ordenadores se habrán preocupado en digitalizar al nuevo formato que se tenga a finales del siglo XXI toda la documentación de la era de los mass media o se perderá como un lenguaje indescifrable? ¿Se sonreirán al vernos con una tablet, con nuestro portátil, con nuestro móvil? ¿Pensarán que creían que se habían inventado mucho antes o después? ¿Se llevarán las manos a la cabeza al ver cómo nos paseamos imprudentemente entre las ondas, nos ponemos cremas con parabenos o nos tumbamos a pleno sol alegrándonos por lucir un tono rojo gamba? O peor aún… ¿nos recordaran como aquellos que bailaban el reggaetón?

Moda de 1914 y 2014. Estos estilos están separados por 100 años ¿Cómo serán las ropas en 2114?