Cuando hacemos un viaje cultural esperamos contemplar
en persona aquellos edificios, palacios, catedrales, fuentes, plazas, esculturas
o cuadros que hemos visto tantas veces en postales, libros, documentales y guías.
Pero, rara vez, nos planteamos la
posibilidad de no encontrarlos allí. Sin embargo, esto es una realidad de la
que dan fe millones de visitantes a lo largo de los años.
Creo que todos estamos de acuerdo en que los
cuadros, las esculturas, los edificios, deben ser restaurados y limpiados
cuando los expertos lo crean necesario para poder seguir disfrutando de ellos.
Tenemos el deber de legarlo a las generaciones venideras, igual que las
anteriores nos los han entregado a nosotros y perpetuar en la historia esas maravillas
para memoria y admiración de toda la humanidad. Las obras de arte se convierten
en un bien que nos pertenece a todos, independientemente del país en el que se
encuentren. Se podría decir que para ellas no existen fronteras ni temporales,
ni físicas.
El ejemplo que nos puede venir a la cabeza más
fácilmente es el de ir a ver ese cuadro tan famoso y extraordinario que la guía
de viajes te asegura que se encuentra en el museo de la ciudad que visitas y,
al buscarlo, compruebas que está prestado para una exposición temporal, está en
restauración o la sala se encuentra cerrada… ¿Os imagináis llegar al Museo del
Prado y no encontrar Las Meninas? Tranquilos, esto es muy difícil que ocurra ya
que las obras más emblemáticas de los museos son imprestables.
Medidas de seguridad en la actualidad alrededor de la Gioconda. Museo del Louvre. |
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Hueco que la Gioconda dejó en la pared tras su robo. |
Quizá penséis que una decepción semejante sufrieron
los visitantes del museo del Louvre cuando aquel agosto de 1911 descubrieron
que la Gioconda había sido robada. No, este no es el caso, ya que, por
sorprendente que nos parezca hoy en día, la Gioconda no era, ni muchísimo
menos, la pintura más famosa del mundo, ni la gente hacía cola para verla. Fue,
precisamente, su robo lo que la hizo adquirir su popularidad y convertirla en
icono para el común de los mortales. Cuando se hizo público el robo del cuadro
de Leonardo el museo registró el mayor número de visitantes y, entonces sí se
formaron largas colas, pero no para contemplar la Gioconda, sino para ver el
hueco que había dejado en la pared…
Los libros, las guías y los blogs de viajeros están
llenos de referencias a sus visitas a los museos y el hecho de encontrarse con
la desagradable sorpresa de que tal cuadro no está en la exposición. Esto es
relativamente frecuente. Ya nos había pasado a nosotras en la Galería de los
Uffizi en Florencia (septiembre de 2011) y en la National Gallery de Londres
(septiembre de 2018) donde la sala de la Virgen de las Rosas de Raphael estaba
cerrada y, según habíamos leído, en este museo es bastante frecuente
encontrarse salas cerradas.
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Exterior de la National Gallery. Londres. |
Pero el caso más chocante que hemos visto
personalmente fue el del Museo de Arte Antiguo de Bruselas donde casi la mitad
de la colección estaba prestada a diferentes exposiciones (junio de 2018). En
estas ocasiones te llevas la decepción de no poder contemplar la obra y la sensación de dejadez al ver, en lugar de uno de tus cuadros preferidos, una fotocopia pequeñita en blanco y negro y de muy mala calidad.
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Así se veían algunas de las paredes del Museo de Arte Antiguo de Bruselas en junio de 2018, con las obras prestadas o en restauración sustituidas por fotocopias. |
Otro caso sorprendente que nos hemos encontrado en
vivo y en directo de estas ausencias fue en Gante (junio de 2018) donde al ir a
ver el famoso políptico de la Adoración del Cordero Místico, que ostenta el
triste récord de ser la obra más veces robada de la historia, te encuentras con
que está ubicado en su propia capilla dentro de la catedral de San Bavón (la catedral
es gratuita, la sala del Cordero Místico, no) y un panel explicativo de las
diferentes partes del retablo antes de pasar por caja… Pero, en esta ocasión,
también te contaban que estaba siendo restaurado por lo que una de las tablas
no era la verdadera, sino una fotografía de alta calidad. Entrada sí te cobraban, por supuesto. En esta
ocasión, tuvimos la mala suerte de que la reproducción fuera, precisamente, la
de la tabla más importante: la del Cordero Místico.
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Políptico de Gante. La parte más importante y conocida es la del Cordero Místico en la parte inferior central. |
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Reproducción de la tablilla del poema de Gilgamesh. |
Y entonces te preguntas ¿es mejor que te pongan una fotocopia en blanco y negro o que te sustituyan una parte con una copia? Creo que lo más honrado sería hacer una buena recreación pero aclararte que lo que estás viendo es una reproducción. La sensación de tristeza no te la quita nadie (como a mí cuando vi la copia de la Tablilla de la Inundación del poema de Gilgamesh, la obra épica más antigua conocida, en el British Museum, porque la original estaba siendo restaurada), pero, al menos no te sientes tan defraudado.
Si te ha interesado este artículo no te pierdas la segunda parte que habla de los edificios en restauración y la desaparición de una fuente: Cuando no encuentras tu obra de arte favorita donde debería estar (arquitectura).