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jueves, 3 de noviembre de 2022

Centenario: Carter y la tumba de Tutankamón.

Howard Carter era el menor de 11 hermanos, solitario, tímido y de mal carácter. Le era difícil hacer amigos y nunca se le conoció una relación sentimental. Pero era un trabajador incansable y ambicioso, un hombre testarudo que no estaba dispuesto a renunciar a sus sueños.

Su padre, un magnifico retratista, propició que una de las ricas familias para las que trabajaba, contratara a Howard como copista en las excavaciones que financiaban en Egipto. En 1891, el muchacho de 17 años, viajó a Egipto como dibujante y terminó convirtiéndose en arqueólogo. Sus colegas lo consideraron un intruso sin formación académica, pero él les demostró que era un gran arqueólogo con metodología moderna.

Máscara funeraria de Tutankamón. Foto: Roland Unger. Wikipedia.
Máscara funeraria de
Tutankamón.
Foto: Roland Unger.
Wikipedia.
Tutankamón, el “faraón-niño”, perteneció a la XVIII dinastía y comenzó su reinado con 10 años pero murió a los 19, sin ningún logro que le diera un lugar en la Historia.

George Herbert, conde de Carnarvon, dejó Inglaterra por prescripción facultativa, su meteorología perjudicaba su maltrecha salud. Eligió Egipto por su clima y porque era un apasionado del país. El primer encuentro entre Carter y Lord Carnarvon se produjo en 1907.

Los arqueólogos ya habían peinado la zona del Valle de los Reyes, pero Carter se empeñó en que allí debía estar la tumba de Tutankamón, aunque las evidencias hacían pensar que había sido completamente saqueada.

En 1914, Lord Carnarvon consiguió los permisos para excavar en el Valle de los Reyes y contrató a Carter. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial los obligó a detener la búsqueda que retomaron en cuento les fue posible. Fueron pasando los años sin los resultados deseados y en 1922 Lord Carnarvon advirtió a Carter que sería la última temporada que financiaría.

Tras 6 años de excavaciones, el día 4 de noviembre de 1922, uno de los trabajadores tropezó con una piedra que resultó ser parte de una escalera. Carter excavó uno a uno los escalones. Luego volvió a enterrarlos y mandó un telegrama a Lord Carnarvon. El 24 de noviembre excavaron los 16 escalones que les llevaron hasta una puerta con cartuchos y sellos tallados con jeroglíficos. No cabía duda: habían descubierto la tumba de Tutankamón. Más tarde se la denominó KV62.

El 26 de noviembre Carter realizó un pequeño agujero en una esquina de la entrada y con una vela miró hacia el interior. Lord Carnarvon le preguntó si podía ver algo y la respuesta de Carter pasó a la historia de la arqueología:

¡Veo cosas maravillosas!

Había que esperar a la llegada del oficial del Departamento de Antigüedades Egipcias para abrir aquella puerta, pero Carter fue incapaz de resistir la tentación. Al parecer, acompañado de Lord Carnarvon, su hija lady Evelyn y su ayudante Callender se colaron dentro. El 27 de noviembre se personó el inspector egipcio y se procedió a acceder. Aunque una parte había sido expoliada a lo largo de los siglos, seguía habiendo un inmenso tesoro frente a ellos que ya iluminaron con luz eléctrica. El 29 de noviembre se procedió a la entrada oficial con numerosos dignatarios.

Lord Carnarvon, lady Evelyn y Howard Carter  en la tumba de Tutankamón. Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.
Lord Carnarvon, lady Evelyn y Howard Carter
 en la tumba de Tutankamón.
Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.

Howard Carter había descubierto la tumba de 3.300 años de antigüedad con el sello intacto, la más completa, la mejor conservada y con el ajuar funerario íntegro. Fue la primera grabada en vídeo.

En realidad, se trata de la más pequeña del Valle de los Reyes, ya que Tutankamón murió tan joven que no dio tiempo a planificar bien su lugar funerario. A pesar de su tamaño, tiene cuatro cámaras: antecámara, cámara del Tesoro, Cámara Funeraria y anexo.  Contenía un tesoro de más de 5.000 objetos, muchos de oro y otros materiales preciosos, que se componía de un trono, altares, camas, carros, modelos de barcas, vasijas, bastones, ropas y sandalias utilizadas por el faraón con marcas de desgaste, armas y comida que daban mucha información sobre la iconografía, la tecnología y la vida cotidiana del Antiguo Egipto. También había una capilla con cuatro vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del faraón. Dentro hallaron otra puerta sellada flanqueada por dos estatuas de Tutankamón, que sin duda, conducía al sarcófago.

Para excavar, fotografiar, filmar, documentar y catalogar todos los objetos Carter tuvo que pedir ayuda y con él trabajaron prestigiosos arqueólogos y egiptólogos. El traslado del primer objeto fuera de la tumba se documentó el 27 de diciembre de ese año.

No fue hasta el 16 de febrero de 1923 cuando Carter rompió el sello y abrió la puerta que llevaba hasta al sarcófago que contenía tres ataúdes, uno dentro de otro. Eran las primeras personas que penetraban en la cámara en los últimos 3.300 años.

La noticia de aquel histórico hallazgo recorrió el mundo, pero Lord Carnarvon había dado la exclusiva a The Times. El conde no llegó a ver culminado el proyecto ya que falleció el 5 de abril de aquel mismo año por la picadura de un insecto o una infección tras un corte durante el afeitado.

Los trabajos hicieron necesario esperar hasta el 18 de octubre de 1926 para abrir el tercer ataúd, de oro macizo, en el que descansaba el cuerpo momificado de Tutankamón, cubierto de joyas, y con una máscara fúnebre de oro macizo. Carter necesitó 10 años para excavarlo y clasificarlo todo. Fue un trabajo meticuloso que dejó documentado hasta el más mínimo detalle. Dio por concluido este trabajo en 1932 y anunció que hallaría la tumba de Alejandro Magno. Pero acabó retirándose de la arqueología y regresando a Inglaterra. Nunca fue lo suficientemente reconocido.

Escribió varios libros, incluyendo La tumba de Tutankamón. Del día que entró, el 26 de noviembre de 1922, dejó escrito:

El día mejor de todos, el más maravilloso que me ha tocado vivir y, ciertamente, como no puedo esperar volver a vivir otro.

Alrededor de este magnífico descubrimiento se fraguó la leyenda de la maldición de Tutankamón. Comenzó con el fallecimiento de Lord Carnarvon y siguió con la muerte de otros miembros del equipo, aunque la mayoría vivió muchos años. Los científicos pensaron que podría tratarse de esporas de hongos en aquel aire viciado de 3.300 años de antigüedad. Carter nunca creyó en la maldición. Falleció en 1939, a los 65 años, una edad avanzada para la época. Se encuentra en una sencilla tumba de un cementerio londinense. En su lápida se grabó la frase de la copa de Tutankamón: “Pueda tu espíritu vivir, durar millones de años, tú que amas Tebas, sentado con la cara al viento del norte, los ojos llenos de  felicidad”. Entre las pocas personas que acudieron a su entierro se encontraba lady Evelyn. 

Antecámara en el interior de la tumba de Tutankamón. Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.
Antecámara en el interior de la tumba de Tutankamón.
Foto: Harry Burton, 1922. Wikipedia.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo único destacable de su reinado fue la vuelta al politeísmo orquestada por los sacerdotes de Amón ¿no?
Es curioso cómo todas estas cosas las aprendí, indeleblemente, leyendo la novela "Sinué el egipcio" que me parece una maravilla. Aunque, eso sí, condicionó mi visión del reinado de Akhenaton, haciéndome tomar partido por este rey. Y al fin y al cabo, es lo que pretendía el libro, ya que lo presentaba como un mártir del monoteísmo; una especie de antecesor de Moisés o Juan el Bautista... No era muy imparcial Mika Waltari, no... jajajaja... pero era un maestro de la divulgación divertida y efectiva.
Lo que me asombra es que transcurrieran tantos años hasta que abrieran el féretro... Cualquiera lo habría abierto nada más encontrarlo jeje
carlos

MJ dijo...

Sí, lo único destacable de su reinado es lo que comentas. Si Carter no hubiese encontrado su tumba con el sello intacto Tutankamón no sería nadie conocido por el gran público.
Muy interesante tu comentario sobre "Sinué, el egipcio", obra que me leí hace mucho y que casi no recuerdo. En la estantería la tengo, sería cuestión de echarle un vistazo.
Como yo no soy buena con las fechas, me chirrió bastante que tardaran tanto en abrir el féretro interior, el que contenía la momia, y lo busqué en otra fuente. Curiosamente, me resultó complicado encontrar fechas exactas más allá del famoso 4 de noviembre de 1922. Y aún no me fío del todo de la fecha de apertura del último féretro. ¡Con lo impaciente que estaban que hasta se colaron sin permiso de las autoridades! Pero de aquel "mirar por el agujerito" salió la famosa frase: "veo cosas maravillosas". Yo también lo habría hecho.
No pensaba incluir nada sobre la muerte de Carter para que no resultara tan largo, pero me pareció triste que se olvidaran de él después de lo que había logrado.
Muchas gracias por tu interesante comentario, Carlos.

Claudia dijo...

Gracias amiga por compartir tan interesante información. Me encanta todos los artículos de historia que publicas. Un abrazo. Feliz fin de semana.

Anónimo dijo...

Pequeña anecdota sobre el sarcófago de Tutankamón se rompió la barba en el museo y la pegaron con loctite, resultado tuvieron que venir los restauradores de Londres a ponerla nuevamente
Jose Luis

Anónimo dijo...

Desde que se descubrió la tumba: La Maldición de Tutankamón
Antonio A.

MJ dijo...

Muchas gracias por tus amables palabras, Claudia. Me alegra que te gusten los artículos de Historia. Un abrazo.

MJ dijo...

Menos mal que llegaron los restauradores de Londres. Gracias por compartir esta anécdota con nosotros, José Luis.

MJ dijo...

Gracias por tu comentario, Antonio A. En el texto también se habla de la maldición de Tutankamón que ha inspirado muchos relatos y películas. Carter no creyó nunca en ello y le preguntaron muchas veces por el tema. Ya se ha mencionado que él llegó a los 65 años, lo que lo convertía en un hombre bastante mayor para esperanza de vida de la época.

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