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domingo, 19 de abril de 2020

Ciencia y ficción


Conocí a Esperanza en la cola del cine cuando aún no se compraban las entradas por internet. Yo iba con mi pandilla y ella charlaba con su amiga justo delante de mí. Oí sus interesantes argumentos para terminar de convencer a su acompañante de que aquella película de ciencia ficción era lo mejor de la cartelera. Su voz preciosa y sus palabras me abstrajeron de la conversación de mis colegas y consiguieron que no apartara los ojos de su cabello largo y castaño. Cuando se volvió y me sonrió, su mirada iluminó el mundo y yo me sentí abducido. Flotaba en el espacio hasta que uno de mis amigos me dio una colleja que me devolvió a la Tierra. Le supliqué a la taquillera que me sentara junto a ella y luego fingí que había sido casualidad. La quise invitar a palomitas y Coca-Cola, pero no lo permitió. 

Mis colegas alucinaban al verme cortado y torpe, intentado impresionarla con mis conocimientos cinematográficos. Pero algo bueno debí decir porque después Esperanza se quedó un rato conmigo cambiando impresiones sobre la película. Con más inseguridad que convicción, le pedí que me acompañara al estreno de otra de ciencia ficción y aceptó. Ese fue nuestro maravilloso comienzo, sin música de violines, ni fuegos artificiales, pero con el silencio y la oscuridad del espacio plagado de planetas por conquistar, héroes vestidos de astronautas, naves que viajan a la velocidad de la luz y multitud de misterios que resolver.

Jorge Simonet wikipedia
Sala de cine.
Jorge Simonet.  Wikipedia.

A Esperanza le encantaba la ciencia ficción, pero temía a los extraterrestres y se quejaba de que los científicos hubiesen enviado las Voyager con nuestras coordenadas a los confines de la galaxia sin el consentimiento de la humanidad. A mí me divertía verla ponerse tan seria cuando decía que eso era una imprudencia.

-Pero ¿es qué tú crees en los extraterrestres?- me burlé una vez.

-¡Por supuesto!- exclamó sorprendida - ¡Ah! Por eso te lo tomas todo a guasa, porque piensas que no hay nada amenazante y peligroso ahí fuera…

-No te preocupes- dije abrazándola – Si algún alienígena se atreviese a acercarse a nosotros me convertiría en un Jedi por ti.

Jamás hubiera imaginado que tendría que tragarme mis palabras.

Siempre supe que Esperanza era  más lista y más valiente que yo, pero terminé de confirmarlo al ver la expresión de su rostro iluminado por la luz de la televisión mientras el telediario daba la noticia.

No habían llegado en inmensas naves posicionándose sobre las grandes capitales del mundo y destruyendo nuestros más emblemáticos monumentos como inequívoca declaración de guerra. No eran ellos dados a seguir guiones de cine. Tan bien les salió su plan que ni siquiera eran los protagonistas del reportaje, la atención recaía en las actuaciones del único país al que habían asaltado de una forma tan disimulada que el resto del mundo no sabía si realmente era un ataque o simple propaganda de un lugar que quedaba demasiado lejos en el mapa. Esa fue su primera victoria, parecer inofensivos y pillarnos desprevenidos. Para cuando quisimos darnos cuenta ya estaban entre nosotros silenciosos e invisibles.

Por supuesto no se conformaron con un solo país, fueron extendiéndose por los continentes mientras las naciones hacían oídos sordos a las advertencias de los que ya los teníamos encima. Y aunque les gustaba dejarse llevar por la brisa, posarse sobre nuestros monumentos, pisar nuestras calles, y correr por nuestras carreteras; su preferencia estaba en los objetos triviales y cotidianos: una mesa, un bolígrafo, la superficie brillante de un móvil, una cartera y su contenido, unas llaves, el pasamanos de la escalera mecánica, la barra donde todos nos sujetamos en el transporte público… Allí campaban a sus anchas pero con la cautela de dejarlo todo perfecto, como si no lo hubieran tocado. Las fiestas les divertían mucho, entraban camuflados y se regocijaban en saltar entre las multitudes, también se colaban en nuestros estadios deportivos, nuestras salas de conciertos, nuestros cines… cuantos más terrestres reunidos mejor podían llevar a cabo su plan, porque en realidad no venían a atacar la Tierra, en realidad venían a por nosotros.

El planeta siguió girando pero nuestro mundo se detuvo. Los hospitales se llenaron y la cifra de caídos aumentaba cada día.  Nuestras costumbres se abolieron y nuestras calles se quedaron vacías. Ningún director hubiera tenido que recurrir a efectos digitales para mostrar una gran urbe desierta como escenario apocalíptico, lástima que ya no se rodaban películas…

El ejército y las fuerzas de seguridad vigilaban constantemente. Los telediarios tenían un único tema y en el resto de la programación, entre reposiciones de series y concursos, se nos lanzaba reiteradamente el mismo mensaje: quédate en casa. 

A día de hoy sigo obedientemente esa consigna. Tampoco tengo donde ir porque perdí mi fabuloso y prometedor empleo cuando los alienígenas agazapados en todos los rincones nos obligaron a “cerrar el mundo”. Sin embargo, el que, hasta unas semanas antes, era el poco ambicioso, mal pagado y precario empleo de Esperanza, se ha convertido en actividad esencial. El “quédate en casa” no va con ella, no es médico, no es soldado, pero pertenece al grupo de personas que hoy sostienen uno de los pocos reductos de normalidad que nos quedan.

La veo marchar cada día hacia el trabajo, sin armas con las que enfrentarse al enemigo. Muy a su pesar, sin intenciones de ser una heroína, disimulando su miedo, baja las escaleras y yo, desde la seguridad de mi hogar, la sigo mentalmente porque no puedo acompañarla. Pasa por la calle desierta y por un pequeño supermercado que abre media hora más tarde, llega a la parada de un metro fantasma y desciende las escaleras sin atreverse a tocar nada. Estoy seguro de que mira hacia todas partes, cautelosa, atenta, para no cometer ningún error que pudiera resultar fatal. Sospecha de todo y de todos pero tiene que seguir adelante hasta llegar a su centro de trabajo donde nadie le agradece su labor, ni le dedica palabras de aliento. Demasiadas personas alrededor. Se lava las manos, le duelen ya de tanto lavarlas, desinfecta su lugar y aguanta como puede hasta la hora de la salida. Creo que hay momentos del día en que los dos recordamos la película La invasión de los ultracuerpos y nos preguntamos si alguno de los compañeros habrá caído ya en las garras de los extraterrestres. 

Hago la comida, he aprendido varias recetas en solo un mes. Luego hablo por videoconferencia con mi familia que me pregunta cómo estamos. Yo estoy bien, y ruego porque Esperanza no me llame desde urgencias porque haya caído en este combate silencioso e invisible y que ninguno de esos diminutos seres de otro mundo haya conseguido rozarla.

Cuando se acerca la hora ya he limpiado todo y he preparado sus cosas: una bolsa de plástico para guardar los zapatos sucios y dejarlos fuera, las zapatillas cerca de la puerta, la ropa limpia y la toalla en el cuarto de baño. Miro el reloj impacientemente y suplico que llegue sana y salva. Cinco minutos más me desesperan.

Hoy regresa con dos bolsas del supermercado llenas de alimentos. La casa huele a lejía y ella me sonríe. Se desnuda para poner la ropa directamente en la lavadora. Mientras se ducha, yo limpio los paquetes que ha traído y los guardo. Vuelvo a fregar la entrada y desinfecto los pomos de las puertas.

Nos sentamos cada uno en una esquina del sofá y nos miramos. ¿Cuánto tiempo hace que no nos abrazamos? ¿Cómo puede mantenerse intacto el amor y quedar prohibido los besos enamorados por capricho de esos pequeños seres? ¿Tendremos valor de desafiarlos? ¿Nos arriesgaremos de una forma tan temeraria?

Intento tomarla de la mano, pero ella la aparta rápidamente.

-¿Qué haces?- pregunta asustada – Todos los días me pregunto si será hoy cuando regresaré a casa con una herida invisible que no se manifestará hasta dentro de unos días… Tengo que mantenerte a salvo.

Las lágrimas en sus ojos no consiguen apagar la luz que ilumina mi mundo. De repente no tengo miedo de tocarla, ni me pregunto si ha regresado intacta. La abrazo y ella se aferra a mí, ocultando la cara en mi pecho.

-Mi amor…- murmuro acariciando su cabello húmedo – Yo nunca seré un Jedi, pero tú siempre serás mi teniente Ripley.

Esperanza levanta la mirada y se ríe por primera vez en semanas.
© MJ
pxhere.com
pxhere.com. Dominio Público.

viernes, 27 de marzo de 2020

Gaviotas


Oigo los graznidos de las gaviotas desde mi casa. La urbanización está a más de cinco kilómetros de la costa, pero a ellas, a vista de pájaro, les debe parecer muy cerca.

Nunca me han gustado. No pierdo el tiempo mirándolas mientras flotan en el agua, como patos de mar, y me repugna verlas disputándose las sobras de los contenedores de los chiringuitos del paseo marítimo. Alguna vez he tenido que recoger rápidamente mi toalla y huir de la playa porque se acercaban demasiado buscando los restos de bocadillos de los bañistas. Nunca me gustaron las gaviotas, pero ahora no las soporto. Me martillean la cabeza, no paran de graznar y sobrevolar los edificios.

De Jiyang Chen - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15507046
De Jiyang Chen. Wikipedia.

Me acerco a la ventana y observo la calle vacía. Todo me resulta frío y triste, congelado como el cristal que tocan mis dedos y ahora echo de menos el silencio de los días anteriores.

Regreso al salón con la idea de encender la tele y ver las noticias. Pero, de repente, los graznidos aumentan en intensidad y se hacen ensordecedores. Vuelvo a la ventana y veo a una anciana arrastrando penosamente su carrito de la compra. Las gaviotas parecen enloquecer al descubrirla. De alguna manera saben que lleva comida y localizan una barra de pan bajo su brazo. La mujer intenta apretar el paso, pero sus piernas se lo impiden.

Las gaviotas ya no surcan el cielo, están todas en el suelo y la miran amenazantes. Ahora parecen buitres, siniestros y odiosos. Pero no se conforman con esperar y se acercan peligrosamente a la anciana. Ella intenta huir, pero no quiere soltar su carrito y las gaviotas le cortan el paso. Se me viene a la cabeza Los pájaros de Hitchcock y el miedo atenaza mis piernas. Miro a las ventanas, sé que la mayoría de mis vecinos están enfrascados en tareas varias para distraerse, pero es imposible que ninguno haya escuchado esos graznidos que ahora se asemejan a gritos espantosos. Sí, hay uno protegido por los cristales y tratando de ocultarse tras las cortinas. ¿Nadie va a ayudar a esa pobre señora? ¿Somos todos como los cámaras de los documentales que filman a la leona cazando a la gacela sin intervenir?

Nunca he sido demasiado valiente, pero cuando la primera gaviota intenta arrebatarle el pan a la anciana picando cerca de su cara, abro la puerta y me lanzó escaleras abajo hasta aparecer en la calle. Solo estamos la señora y yo frente a los pájaros a los que no infundimos ningún temor. Intento acercarme, pero me cortan el paso. La rodean a ella, está claro que yo no les intereso, ni me perciben como una amenaza.

-Suelte el pan y el carrito- le grito desde la distancia que las gaviotas han impuesto entre nosotras.

-No, es mi comida- responde- ¡Qué pesquen! Tienen un inmenso mar para pescar.

Como si la hubieran entendido, como si las hubiese desafiado, varias se lanzan sobre la anciana y la atacan mientras ella se afana por huir sin soltar su compra.  Otras desgarran el carrito que se vuelca y deja su contenido esparcido por el suelo. La mayoría de las gaviotas se pelean por los trozos de carne y de fruta, pero tres se ensañan con la mujer, quieren el pan que sigue agarrando.
Me protejo la cara con los brazos y me abro paso mientras siento como si me mordieran. Las aparto a manotazos y corremos hasta un soportal. Aunque estamos sangrando, la mujer se muestra triunfante porque ha conservado el pan y una malla de naranjas.

En ese momento la mayoría de los vecinos salen a los balcones y aplauden con entusiasmo. Pero no celebran nuestra relativa victoria. Nos ignoran.

Miro el reloj: son las ocho de la tarde, hora del aplauso.

La anciana y yo nos observamos, la estoy sosteniendo del brazo, ninguna de las dos llevamos guantes, ni tenemos mascarillas y estamos a menos de un metro de distancia…

© MJ
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Autor: cottonbro

miércoles, 26 de febrero de 2020

Año bisiesto...


El refranero popular tiene varios dichos dedicados a los años bisiestos, quizá porque nos llaman particularmente la atención por eso de añadirle un día más al mes de febrero. Hay quienes son muy supersticiosos y creen que los años bisiestos traen mala suerte. Si tuviéramos que hacer caso al refranero pensaríamos que algo de verdad hay en ello: “cuando bisiesto el año es, las hojas del olivo se vuelven del revés”; “año bisiesto, ni aquello ni esto”; “año bisiesto, ni viña ni huerto”; “año bisiesto, vende la hoja y quema el cesto”… Pero a estos hay que añadirle el más famoso de todos: “año bisiesto, año siniestro”. Y dice la creencia popular que muchas cosas malas han ocurrido en año bisiesto y se olvidan que también han sucedido cosas buenas, desde simples anécdotas hasta hechos históricos que han cambiado el mundo. ¿Acaso no pasan cosas buenas y malas todos los años? ¿Por qué recordar solo lo malo de los bisiestos? Repasemos algunos acontecimientos positivos que nos hagan dudar del viejo dicho.



1792. Quizá el más importante de los nacidos el día 29 de febrero sea Gioachino Antonio Rossini, el famoso compositor italiano que revolucionó la historia de la música.

1804. En febrero de ese año arrancó la Penydarren, la primera locomotora de vapor. La inventó Richard Trevinthick y con ello sentó las bases para que los trenes fueran los reyes de los medios de transporte durante mucho tiempo.

1904. Se tomó la primera fotografía en color. Aunque se llevaba décadas investigando un método que permitiera su obtención, los resultados eran desiguales y los procedimientos dificultosos y poco prácticos. Fue en 1904 cuando los hermanos Lumière desarrollaron la placa de cristal autocromo y con ello la fotografía en color. Lo presentaron en sociedad y comercializaron en 1907 creyendo que les daría mayores beneficios que el cinematógrafo. Esta técnica estuvo vigente hasta la década de 1930 cuando fue sustituida por la película de color.

1916. Aunque Albert Einstein ya había formulado su “Teoría de la relatividad especial” en 1905, quedaban pendientes varias cuestiones sobre las que seguir trabajando y fue en el año bisiesto 1916 cuando pudo responder a sus propios interrogantes y publicar la famosa “Teoría general de la relatividad” que cambiaría la concepción de la ciencia para siempre.

1928. En este año bisiesto se produjo uno de los descubrimientos más importantes de la medicina, una casualidad o un golpe de suerte que ha salvado millones de vidas: el joven Alexander Fleming olvidó en su laboratorio unos cultivos y al regresar de sus vacaciones se los encontró contaminados por lo que bautizó como Penicillium notatum, un hongo que había impedido que proliferaran bacterias.

1940. Pero la historia del descubrimiento de la penicilina no fue tan rápida y bonita como nos la han pintado pues, tras muchos ensayos fallidos, Fleming dejó de experimentar con el hongo. Por fortuna para la humanidad Howard Florey, Charles Fletcher, Ernst Chain y Norman Heatley retomaron los estudios de Fleming y consiguieron aislar el antibiótico que probaron con éxito en ratones en 1940 y en personas al año siguiente.

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-27782/fotos/detalle/?cmediafile=21085432También en este año bisiesto ocurrió algo mucho menos importante que la penicilina, quizá una simple anécdota, pero exactamente el día 29 de febrero de 1940 “Lo que el viento se llevó” arrasó en el XII Certamen de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas logrando ocho Oscar más dos honoríficos de los trece a los que estaban nominados.

1948. En el verano de ese año la electrónica de las comunicaciones cambió para siempre. Después de mucho tiempo de investigación, los científicos John Bardeen, Walter Brattain y William Shockley dieron a conocer su gran invento: el transistor. Esta pieza es clave en el desarrollo de nuestra tecnología actual.

www.youtube.com1956. Ese año nació Televisión Española. Lo hizo, como ya contamos aquí, de una forma muy modesta en el Paseo de la Habana de Madrid con una emisión previa de la carta de ajuste, que solo pudieron ver unos pocos espectadores, y una voz en off que decía: “TVE emitiendo en periodo de pruebas. Regule los mandos de su receptor con la ayuda de la carta de ajuste. Le recordamos que el día 28 de octubre iniciaremos las emisiones de una forma regular. Gracias.” Entonces era un canal, en blanco y negro, con poca calidad y cuya señal solo llegaba a parte de Madrid. Hoy en día son numerosas cadenas y millones de espectadores en cualquier rincón del país los que se sientan ante su televisor con tecnología HD o 4K dispuestos a consumir una amplísima variedad de series, programas, telediarios, concursos, documentales o películas.

1964. Precisamente el 29 de febrero el presidente Johnson anunció un avance en la aviación con el modelo A-11 que alcanzaba una velocidad y altura nunca vistas hasta la fecha.

1972. Vimos las primeras fotografías de Marte. Nos las envió la sonda Mariner 9. Ese planeta, que en el imaginario colectivo había sido la patria de los marcianos y que tantas preguntas había suscitado, se presentaba ante nuestros ojos nítido y real, desolado y extraño.

1984. Mientras Michael Jackson ganaba ocho Grammys en una ceremonia celebrada el 29 de febrero, la tecnología volvía a cambiar el mundo. Se lanzaba al mercado el  Macintosh inventado por varios ingenieros con Steve Jobs a la cabeza. Este ordenador personal, después llamado Macintosh 128k, estaba preparado para revolucionar la informática a nivel usuario con un modelo capaz de tener procesador de texto, hoja de cálculo, videojuegos y otras muchas aplicaciones. Y en ese mismo año Thomas Pierson y Jill Tarter fundaban el Instituto SETI “search for extraterrestrial intelligence” (búsqueda de inteligencia extraterrestre) con una red de telescopios y ordenadores se embarcaron en la ardua tarea de explorar, investigar y explicar el universo.

https://pixabay.com/es/images/search/tierra+planeta/

1996. Al comenzar el año el CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas) dio a conocer que había sido capaz de crear nueve átomos de antimateria, lo que mejoró nuestro conocimiento de la realidad y nos abrió la posibilidad de nuevas investigaciones y descubrimientos.

2012. Aunque los agoreros vaticinaban el fin del mundo (eso sí que habría sido la confirmación del refrán: “año bisiesto, año siniestro”), los científicos seguían con sus investigaciones sabiendo que por mucho que el calendario maya llegara a su fin, no lo haría la civilización que debía seguir avanzando y así lo hizo con la creación del ADN sintético  (AXN o XNA de Xeno nucleic acids) una nueva forma de ensamblar artificialmente nuevos ácidos nucleicos.

¿Nos deparará 2020 un nuevo adelanto en el conocimiento, la tecnología y la ciencia? Aunque no ha comenzado con buen pie, parece un número bonito, así que esperemos que tenga cosas bonitas que ofrecer.



viernes, 10 de enero de 2020

Juntos

¿Recuerdas la tarde que llegaste a tu nueva casa, ese pisito en las afueras sobrio y destartalado, encontrando una niña pequeña sentada en el descansillo de la escalera mirándote fijamente? Aquella casa se convirtió en tu hogar y aquella niña en tu mejor amiga.

Parece que han pasado mil años desde aquella lejana tarde y mil cosas podrían habernos separado en el largo caminar de la vida, pero después de tanto tiempo seguimos juntos, siendo los mejores amigos que se haya visto nunca. Nos gustaba jugar a inventar historias y soñábamos con un futuro maravilloso mientras yo abrazaba mi muñeca de trapo y tú me sonreías con el amor reflejado en tus ojos. Ahora no soy más que una cajera de supermercado y tú has conseguido un puesto fijo en una pequeña oficina, somos gente corriente en un mundo corriente, pero poseemos algo que los demás no tienen: los lazos de una amistad que dura toda la vida. Fuimos creciendo entre juegos y libretas garabateadas con dibujos y palabras cada vez mejor dibujadas y mejor escritas, más profundas y cultas, pero mientras yo me convertía en una adolescente tímida y melancólica, el fuego del amor encendió tus pupilas con un brillo sincero e indescriptible. Yo nunca supe comprenderlo. Podía hablar contigo sin utilizar las palabras, podía copiar tus gestos y sonreír al oír mis expresiones en tus labios, pero siempre fui incapaz de comprender lo intenso e indestructible que puede llegar a ser el amor forjado a lo largo de los años, desde la niñez hasta la edad adulta, día tras día, en una cuenta interminable de horas gastadas juntos, para bien y para mal.

Tú me explicabas matemáticas con infinita paciencia, yo logré entender la trigonometría, pero siempre te seguí preguntando como aquellos dichosos límites podían tender a infinito… pensaba yo, en mi ignorancia, que nada podía ser infinito, porque era incapaz de descubrir el infinito amor que brillaba en tus ojos… Creo que esa fue una de las razones por las que me enfadé tanto cuando me robaste mi primer beso… nuestro primer beso… aunque luego tuve que reconocer que en aquel mágico instante construiste uno de nuestros mejores recuerdos… Me dijiste que me amabas muchas veces y yo siempre te pregunté como estabas tan seguro de que era amor  lo que sentías y no la amistad de tantos y tan largos años juntos, pero aquella era una pregunta que no podía responderse con palabras, y yo solo sabia enlazar palabras y escribir interminables redacciones para las clases de lengua, la única asignatura a la que logre arrancarle un sobresaliente…

Después conseguí mi primer empleo, el segundo, el tercero… ahorré y me compre un coche para pasearme estúpidamente por las carreteras creyéndome que había comprado la libertad, para descubrir enseguida que me había convertido en una más de aquellos a los que llamábamos “la gente”. Pero tú me quisiste así, simple y superficial, porque tú sabías ahondar en mí más que yo misma. También llegaron los hombres disfrazados de amor y tras ellos las desilusiones… Lloré pocas veces, pero ninguna por despecho o celos, lloré porque sabía que no sentía amor, porque no había conocido hombre alguno que hubiese conseguido despertar en mi alma el amor… y entonces te lo pregunté ¿recuerdas? Sí, claro que recuerdas aquella mañana de verano en la que te pregunté, tristemente, si creías que en el mundo habría personas incapaces de amar y me respondiste, seguro y tranquilo, que existían muchas personas incapaces de amar, pero que yo no era una de ellas… Parecías uno de aquellos filósofos antiguos que nos imaginábamos entre risas cuando intentábamos arrancarle a la vida respuestas transcendentales… Pero ni siquiera esa mañana de verano fui capaz de comprender que el amor era la llama que ardía en lo mas profundo de tu inquietante mirada.

Han pasado los años, primero lentamente y después con la rapidez del rayo. Un día descubrí sin más que ya empezaba a dejar de ser joven, pero no tuve miedo porque tú seguías a mi lado, siempre a mi lado, aún más cerca de mí que yo misma… Y de repente un día te marchaste, sí, te fuiste a hacer uno de aquellos viajes imposibles que imaginábamos cuando éramos niños y nos sentábamos en el rellano de la escalera, viendo subir y bajar aquel pequeño y prohibido ascensor… Pero te fuiste sin mí. No tuviste que preguntarme si quería ir, porque de sobra sabías que no tomaría un avión para cruzar un interminable océano tan solo por el placer de descubrir paisajes lejanos e insólitos, que solo pueden verse en esos documentales que tanto te gustan…

https://es.wikipedia.org/wiki/Carta#/media/Archivo:Einbrief.jpg


Jamás nos habíamos separado, nuestros padres entablaron amistad al conocerse y desde aquel día pasamos juntos todas las vacaciones de verano en ese pueblecito de playas desiertas, y todos los domingos en el campo entre los altos árboles y aquel césped interminable… Fuimos juntos a todas las excursiones del instituto y al viaje de fin de curso.

Por primera vez, desde aquel lejano día  en que subiste las escaleras de nuestro piso con tu paso menudo y tu carita de niño bueno sonrosada, te has separado de mí. Entraste en mi vida de repente, como una lluvia de verano, inesperada y refrescante, para alejarte ahora, de una forma tan simple y extraña. Desde que tomaste aquel avión no hice otra cosa que pensar que te había perdido, tuve que verte partir para comprender que hubiese sido capaz de realizar ese viaje tan solo por no separarme de ti. Jamás sentí celos, ni siquiera cuando me presentaste como tu novia a aquella anguila morena vestida de tarta, indudablemente porque estaba segura de que ella no podría robarme tu amor. Pero cuando te marchaste sentí miedo, miedo y muchos celos… miedo a perderte, miedo a que alguien te separase de mi, miedo a que alguno de aquellos maravillosos paisajes te subyugara y no quisieses regresar a casa.

Ayer recibí tu carta, llevaba un sello extraño, de vivos colores y bonito dibujo. Durante varias horas la tuve sobre la mesilla, esa a la que siempre nos sentábamos para hacer nuestros deberes. La miraba temerosa, sin atreverme a abrirla, sin reunir las fuerzas necesarias para leerla. Pensaba entonces que hubiese sido mejor preguntarle a tu madre si había tenido noticias tuyas, si estabas bien… y tuve la tentación de hacerlo, para estar segura de que no habrías escrito algo que yo odiaría leer… pero al final me atreví a abrir la carta y escuchar las palabras que habías encerrado en ella, escritas con tu preciosa y caligráfica letra… Vas a regresar, mañana llega tu avión, no hay nadie más en tu vida y tus frases siguen siendo cariñosas y tiernas. Vas a regresar y tengo que encontrar la forma de hacerte comprender que te amo, de conseguir que no pienses que te he echado tanto de menos que he confundido la amistad con el amor. No hay lugar posible para tal confusión porque ahora sí sé que estabas en lo cierto cuando aquella mañana de verano me dijiste que yo era capaz de amar… te amaba a ti, y has tenido que alejarte para que yo descubriera cuán fuerte puede ser ese amor que lo arrastra todo, que sobrevive al tiempo y a la distancia, que supera cualquier trampa del destino. Hubiese sido tan fácil separarnos en el largo caminar de la vida, pero permanecimos siempre juntos y fue el amor el que enlazó nuestras almas con un fino e indestructible cordón de plata. Ahora lo sé, ahora sé muchas cosas. Ahora sé que aquella lejana tarde me senté en el descansillo de la escalera a esperarte, a esperar que entraras en mi vida… Ahora sé que recibí del destino el mas extraordinario de los regalos: pasar toda mi vida contigo. Por eso mañana volveré a repetir aquella escena, me volveré a sentar en el rellano de la escalera a esperarte, como hice aquel día de nuestra infancia. Cuando regreses a casa preguntándote por qué no he ido a recibirte al aeropuerto, me encontrarás allí sentada, con la mirada llena de amor y esta carta en mis manos… por si aún después de este recibimiento hacen falta palabras…
© MJ
https://www.pexels.com/es-es/foto/blanco-boli-boligrafo-cuaderno-1119789/

viernes, 6 de diciembre de 2019

Lo que el viento se llevó. 80 aniversario.



Lo que el viento se llevó (1939) cumple 80 años y sigue siendo una de las grandes obras maestras del cine. La historia de amor entre Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) y Rhett Butler (Clark Gable) en la época de la Guerra de Secesión es por todos conocida. Algunas de sus frases y escenas son las más recordadas de la historia del cine.

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-27782/fotos/detalle/?cmediafile=21085432
Cartel de Lo que el viento se llevó.
Sensacine.

Margaret Mitchell escribió la novela durante su convalecencia de una lesión y el productor David O. Selznick compró inmediatamente los derechos para convertirla en película, aunque muchos le vaticinaran un rotundo fracaso.
https://en.wikipedia.org/wiki/Gone_with_the_Wind_(novel)#/media/File:Gone_with_the_Wind_cover.jpg
Portada de la primera edición
de Lo que el viento se llevó.
Margaret Mitchell.
Wikipedia.

Desde el primer momento fue un quebradero de cabeza y un gran gasto económico. Aunque el papel de Rhett Butler ya estaba adjudicado a Clark Gable, fue difícil conseguir que el actor pudiera incorporarse al proyecto.

Pero este contratiempo no fue nada comparado con el impresionante casting (más de 1.400 aspirantes) que se llevó a cabo para encontrar a la Scarlett O’Hara perfecta. De hecho, la película comenzó a rodarse sin saber qué actriz encarnaría al mítico personaje.  Se barajaban los nombres de Katherine Hepburn, Joan Crawford, Paulette Goddard o Carole Lombard.

Vivien Leigh aún era poco conocida y se la descartó por ser “demasiado británica” para interpretar a Scarlett. Pero la joven insistió a Myron Selznick, hermano del productor y agente de Laurence Olivier, pareja de la actriz, para que la representara también a ella.

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-27782/fotos/detalle/?cmediafile=18824560
Escena del incendio de Atlanta.
Copyright D.R. De la web de Sensacine.
David Selznick presenciaba la impresionante filmación del incendio de Atlanta con una doble encarnando a la heroína de la historia, cuando Myron apareció con la pareja de actores y le dijo a su hermano:


-Ya conoces a Laurence Olivier. Ella es Scarlett O’Hara.

-Encantado de conocerla, señorita O’Hara- cuentan que respondió David tras mirarla durante unos segundos.

Al día siguiente, Vivien hizo varias lecturas de escenas y pruebas de cámara y Selznick escribió a su esposa para decirle que había encontrado a Scarlett O’Hara.

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-27782/fotos/detalle/?cmediafile=19576486
Scarlett O'Hara y Rhett Butler viven una complicada historia de amor en Lo que el viento se llevó.
Sensacine.

Tres directores filmaron partes de la película, siendo George Cukor el primero en trabajar en ella, pero quedando acreditado como director solo Victor Fleming durante décadas. Cuando Victor Fleming fue contratado para dirigir Lo que el viento se llevó (1939) acababa de terminar El mago de Oz (1939). El director estaba tan cansado que tardó en incorporarse al rodaje de la superproducción de Selznick.

Varios guionistas trabajaron duro para conseguir reducir la novela de más de 1.000 páginas a un guión de cine con una duración aceptable, puesto que rodar con el primero, escrito por Sidney Howard, hubiese supuesto un metraje de más de seis horas.

taringa.net vista en https://blog.lopezlinares.com/2013/11/13/lo-que-el-viento-se-llevo/
Rodaje de Lo que el viento se llevó.
taringa.net y https://blog.lopezlinares.com

Se trataron temas polémicos, entre ellos la visión que se daba de los esclavos. Y hubo problemas entre el productor, el director y los actores. De hecho, Vivien Leigh y Olivia de Havilland no estaban de acuerdo con la elección de Fleming y siguieron preparando sus personajes en secreto con Cukor, lo que les hizo entablar una gran amistad. Con quien también tenía muy buena relación Olivia de Havilland era con Clark Gable, hasta el punto que fue ella la única que logró convencer al actor de que aceptara llorar en una de las escenas como le exigía Fleming y a lo que el galán se negaba pensando que estropearía su imagen. Pero quienes nunca consiguieron llevarse bien fueron Leslie Howard y Vivien Leigh, a pesar de las escenas románticas que tenían que rodar juntos.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Leslie_Howard_%26_Olivia_de_Havilland_in_Gone_With_The_Wind.jpg
Leslie Howard y Olivia de Havilland
interpretan a Ashley Wilkes y su esposa Melanie,
 la otra pareja protagonista de Lo que el viento se llevó.
Wikipedia.

El estreno fue el 15 de diciembre de 1939 en Atlanta y la ciudad entera se engalanó para la ocasión, con baile de disfraces incluido. Más de 300.000 personas se congregaron para ver a los actores. Pero no todos los miembros del equipo estuvieron presentes. Algunos faltaron por diferentes motivos, pero fueron las leyes segregacionistas del estado de Georgia las que prohibieron la presencia de los actores afroamericanos. Clark Gable, al enterarse de aquello, amenazó con no presentarse en el evento. Fue, precisamente, Hattie McDaniel, quien interpretaba a Mammy, la que lo convenció de que asistiera.

https://es.wikipedia.org/wiki/Lo_que_el_viento_se_llev%C3%B3_(pel%C3%ADcula)#/media/Archivo:Gone_With_the_Wind_Atlanta_premiere_1939.jpg
El 15 de diciembre de 1939  se estrenó la película
en el Loew's Grand Theatre, Atlanta.
Dominio Público.

Por fortuna no se les impidió la entrada al Coconut Gorve del Ambasador Hotel de Los Ángeles, donde se celebró la 12ª ceremonia de los Óscar en febrero de 1940. Lo que el viento se llevó arrasó con sus trece nominaciones y sus ocho premios (a los que se sumaron dos honoríficos), entre ellos los de mejor película, mejor director (Victor Fleming), mejor actriz principal (Vivien Leigh) y mejor actriz de reparto (Hattie MacDaniel, primera actriz afro-estadounidense nominada y premiada). Clark Gable y Olivia de Havilland quedaron desolados al comprobar que no se habían llevado la estatuilla. Gable presentía que había sido su última oportunidad para lograrlo (aunque había ganado un Oscar en 1935) y Olivia de Havilland se escondió para llorar su desilusión porque aún no había conseguido ninguno (pero los lograría en 1947 y 1949).

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Las dos oscarizadas actrices en la famosa escena
en la que Mammy aprieta el corsé a una coqueta Scarlett.
Sensacine. Copyright New Line Cinema Productions.

Lo que el viento se llevó
ha seguido reestrenándose en numerosas ocasiones y continúa siendo hoy en día, si tenemos en cuenta la inflación, la película más taquillera de la historia y la de mayor recaudación.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Celebraciones por el bicentenario del Museo del Prado.


El año pasado ya hablábamos aquí sobre la historia del Museo del Prado, jalonada de anécdotas y acontecimientos curiosos.

El 19 de noviembre de 2019 se cumplen exactamente 200 años de la inauguración del más importante museo español y se da por finalizado un intenso año de actividades conmemorativas. Éstas comenzaron con un acto especial el 19 de noviembre de 2018 y tres días de jornada de puertas abiertas. Pero siguieron otras iniciativas como representaciones teatrales, conciertos, conferencias,  publicaciones, homenajes, programas especiales de televisión y grandes exposiciones. TVE cambió el plató del telediario por una de las salas de Velázquez en el Museo del Prado y así repasamos los acontecimientos con Las Meninas como espectadoras de excepción.

Logo del bicentenario impreso
en el catálogo de exposiciones.

El 24 de noviembre se vivió una noche mágica ante las puertas del museo donde todos los presentes cantaron cumpleaños feliz al Prado, contemplaron una proyección de videomapping  y disfrutaron de los fuegos artificiales que cerraban el espectáculo de aquel intenso día.

Pero antes de llegar a esa espléndida fiesta la institución tuvo que enfrentarse con un importante reto: convertir una restauración urgente en una obra de arte. Se habían producido desprendimientos de fragmentos de cornisa del magnífico edificio de Villanueva y un estudio descubrió numerosas grietas que hacían imposible posponer las obras de reparación, con su correspondiente andamiaje. Para que el monumento no quedara deslucido se fotografiaron detalles de cuadros de Velázquez, Veronés y el Greco, entre otros, y se transformaron en 15 lonas gigantes que cubrieron los 11.000 metros cuadrados del monumento con las pinceladas de los grandes maestros que muestran sus obras en el interior de la pinacoteca.

Puerta del Museo del Prado cubierta por las lonas.

El 2018 estuvo repleto de ideas muy interesantes, como el micromecenazgo que, con una pequeña aportación, convirtió a todos los participantes en benefactores del museo y consiguió que se adquiriera el cuadro Retrato de niña con paloma de Simon Vouet, que se expuso junto al nombre de todos los donantes.

El programa De gira por España prestó durante un mes cuadros originales de grandes pintores a las Comunidades Autónomas, rememorando al Museo Circulante que acercó copias de obras maestras a diferentes rincones de España durante la primera mitad de la década de 1930. También se asemeja a este la idea de El Prado en las calles, proyecto que comenzó en 2015, y que desde entonces ha recorrido varias ciudades latinoamericanas exponiendo al aire libre fotografías a tamaño real de grandes pinturas del Prado. En 2019 estas copias se han trasladado por diferentes localidades españolas. En 2015 el museo sorprendió con la exposición Hoy toca el Prado donde los visitantes invidentes pudieron disfrutar de reproducciones adaptadas de las obras más importantes de la colección. El éxito obtenido la convirtió en una muestra itinerante que recorrió diferentes puntos del país.

Una decena de interesantes exposiciones se han llevado a cabo en el Museo del Prado este año del bicentenario.

Abría la programación El museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria. Y continuaba con  Fra Angélico y los inicios del Renacimiento en Florencia y la ambiciosa Velázquez, Rembrandt y Vermeer, miradas afines que ha permitido que estos tres pintores, junto a otros, pudieran  compartir espacio expositivo mostrando las similitudes que les unen gracias al préstamo de un buen número de obras por parte del Rijksmuseum de Ámsterdam.

Información sobre la exposición en el folleto del bicentenario del Museo del Prado.

Novedosa ha sido Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras que podrá contemplarse en el Prado hasta febrero de 2020 como homenaje a dos de las más importantes pintoras de la historia del arte occidental que se abrieron paso en una época en la que se dejaba en la sombra a las mujeres y se les negaba su capacidad creativa.

Información sobre la exposición en el folleto del bicentenario del Museo del Prado.

Y cerrará este ciclo de exposiciones Solo la voluntad me sobra. Dibujos de Goya con más de 300 obras del genial pintor que se inaugurará el mismo 19 de noviembre de 2019, que también será jornada de puertas abiertas para celebrar el verdadero día del cumpleaños del Prado.

Información sobre la exposición en el folleto del bicentenario del Museo del Prado.

Y si en los inicios del año de celebraciones vimos el telediario de TVE desde el Prado, durante todo el mes de noviembre de 2019 disfrutaremos de una programación especial en la 2. Lo más destacado será el estreno de 200, una serie documental de cuatro capítulos donde se nos mostrará la colección desde dentro, cuando la pinacoteca cierra sus puertas, y donde aprenderemos muchas cosas sobre sus obras y comprenderemos que el museo es de todos.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Museo_del_Prado_(Madrid)_15.jpg
Galería central del Museo del Prado.
Fuente: Flickr   Autor: losmininos.

Nota: pocos meses después, el Museo del Prado tuvo que cerrar sus puertas, como otros muchos en el mundo. En el verano de 2020 volvió abrir con una exposición renovada que recordaba sus orígenes para este Reencuentro.