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domingo, 31 de agosto de 2014

Reflexiones: antes y después del 2000


Todos aquellos que hemos nacido antes de 1985 sabemos el hito que significaba para varias generaciones la llegada del año 2000. Aunque el cambio de siglo no se produjera hasta el año 2001, para la mayoría de nosotros el 2000 era el número redondo que marcaría la nueva era, el nuevo siglo, el milenio, el avance.  Nos habían dicho muchas veces que ese año no llegaría nunca, y de hecho, no faltaron obras apocalípticas que nos dejaban a las mismas puertas, como por ejemplo Fin del mundo. Año 1999 de Charles Berlitz. Pero estos son libros con fecha de caducidad y ya se sabe que los buenos libros no la tienen.

Antes del año 2000 tuvimos la típica crisis fin de siglo, es algo normal, es como las crisis de los 40 o de los 50 que sufren algunas personas. Parece que todos los siglos las han pasado, y cada uno se ha librado de ella a su manera. En los 90 también la tuvimos (y sigue coleando), pero esta vez teníamos un medio muy poderoso para propagarla: el cine. Las películas sobre desastres naturales, guerras y meteoritos que chocaban con la Tierra se multiplicaron. Pese a todo ello, la esperanza y la imaginación de mucha gente estaba puesta en esa fecha mítica. Cuando se hablaba del mundo en el 2000 aparecía siempre una señorita vestida de plateado, una nave espacial, robots y todo lo que cada cual quisiera añadirle. Esa fantasía “de andar por casa” se unía a la que tuvo Stanley Kubrick en 1968 con su película 2001: una odisea del espacio.


¿Qué tendríamos en el 2000? Coches voladores, teletransporte, hologramas, robots (serviciales o amenazadores), vacaciones en la Luna o en Marte… ¿Qué tuvimos? ¡Miedo al efecto 2000! Parece que los programadores informáticos cometieron un terrible error, o quizá fue solo falta de fe en el futuro y en la llegada del año 2000 (¡qué ironía!), y pusieron en los ordenadores solo dos cifras, ¡solo dos cifras! Así que cuando llegó el 31 de diciembre del año 1999, para ellos era el 99… ¿qué año seguía después? Sería lógico pensar que el 100, pero no, el que debería seguir era el 2000, pero ellos temían que fuera el 1900. Solo dos cifras, del 99 al 00. Y al principio los simples mortales nos preguntábamos qué importancia podía tener aquello… y resulta que mucha, porque el 1 de enero de 2000 sería sábado mientras que el 1 de enero de 1900 fue lunes, por lo que se vaticinaban toda clase de desastres tecnológicos: interrupción en la red eléctrica, caos en los medios de transporte, desconexión de los satélites (pobrecillos, ellos no estaban inventados en 1900)… 



Nadie pensó que todo ello no era nada comparado con el terrible miedo apocalíptico que habían sufrido los desgraciados de finales del año 999 cuando esperaban la llegada del primer día del año 1000. Nuestro cambio también se trataba de miedo y se intentó solucionar con mucho dinero. Años de trabajo, parches y más parches para que los ordenadores supieran que entraban en el año 2000. Al final parecía resuelto, pero nadie podía saberlo a ciencia cierta hasta que llegara el año soñado o temido.


La noche en que los diferentes países (no fue la misma fecha para todos) entraron en el año 1000 la gente se agolpó en las iglesias, rezó, lloró y algunos llegaron, literalmente, a morirse de miedo. En los últimos minutos de 1999, tan solo en España, hubo 30.000 personas de guardia para asegurarse de que no hubiera un apagón tecnológico, intentaban controlar todo lo referente al país, mientras miraban con recelo la información que llegaba de las centrales nucleares japonesas y rusas, las primeras a las que llegaría el 2000.


Recuerdo el larguísimo (y precioso) programa televisivo que mostraba con bellas imágenes la llegada del “nuevo milenio” a los diferentes lugares del planeta. Los primeros en entrar en el día 1 de enero fueron las islas del Pacífico, pero ellos no estaban tan informatizados como para servir de confirmación a la burla que le pretendían hacer al efecto 2000. Llegó el año nuevo a Japón y contuvimos la respiración esperando que de un momento a otro la señal se perdiera y la tele pasara a fundido en negro. “Seguimos aquí” o algo parecido dijo el locutor japonés. Y me imagino que los programadores debieron descorchar muchas botellas de champán (o beberse unas buenas cervezas) para celebrar que su metedura de pata no había tenido consecuencias nefastas para la civilización.





4 comentarios:

Ángeles dijo...

Este asunto del "efecto 2000" refleja que a los seres humanos se nos da muy bien preocuparnos e imaginar catástrofes que luego no se llegan a producir, ya sean universales o personales de cada uno.

natalia_paperblog dijo...

Estimado blogger,

Soy Natalia, Responsable de Comunicación de Paperblog. Tras haberlo descubierto, me pongo en contacto contigo para invitarte a conocer el proyecto Paperblog, http://es.paperblog.com, un nuevo servicio de periodismo ciudadano. Paperblog es una plataforma digital que, a modo de revista de blogs, da a conocer los mejores artículos de los blogs inscritos.

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Espero que te motive el proyecto que iniciamos con tanta ilusión en enero de 2010. Échale un ojo y no dudes en escribirme para conocer más detalles.

Recibe un cordial y afectuoso saludo,
Natalia

MJ dijo...

Sí, Ángeles. A veces parece que los seres humanos tenemos mucha imaginación, pero otras, no tenemos imaginación ninguna.

MJ dijo...

Muchas gracias por tu amable invitación, Natalia. Por supuesto que entraré en vuestra página. Me parece un proyecto muy bonito.

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