En el año 2011 visité por primera vez Italia. Escribí mis impresiones de aquel viaje en un pequeño diario. En 2018 decidí compartirlo en el blog por capítulos que iba insertando entre entradas de otros temas, como ya había hecho antes con un diario de viaje a Portugal.
Esos días que pasé en Italia se ven reflejados en el Diario de viaje: Florencia y Pisa que aparecen en el blog entre 2018 y 2019. Pero, lo interrumpí sin contar la parte referente a Pisa. Lo hago ahora. Serán solo dos capítulos que completan aquel diario que mencionaba arriba y que contienen recuerdos y fotografías que espero que os gusten.
La sorprendente Pisa.
Al bajar del tren miramos el mapa comprobando que el Campo de los Milagros, el recinto donde se encuentra la torre inclinada más famosa del mundo, no se hallaba a mucha distancia de la estación y que podíamos llegar dando un paseo y aprovechando para conocer algo de la pequeña ciudad.
Torre de Pisa. Imagen: archivo propio. |
A nuestro paso volvió a cruzarse el río Arno y en una de sus orillas nos tropezamos con la iglesia de la Santa Espina, pequeñita y preciosa, con rosetones sobre sus puertas gemelas.
Cruzamos el puente y nos dirigimos por la Vía Spoletto hacia nuestro destino, mientras observábamos capiteles romanos por aquí, iglesias renacentistas por allá, soportales, arquerías y antiguos comercios por todas partes.
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Iglesia de la Santa Espina. Imagen: archivo propio. |
Nos pareció de visita obligada la famosa plaza de los Caballeros, con su magnífico palacio y aquellas escaleras que tantas veces había visto fotografiadas en mis libros de arte. La plaza estaba bastante concurrida y unas obras mantenían una parte oculta tras los andamios, por suerte la zona realmente importante se mostraba en todo su esplendor. Turistas, ciudadanos, coches y bicicletas convivían en tan escaso espacio y de nuevo nos vimos obligados a cruzar “a la italiana”.
Plaza de los Caballeros. Imagen: archivo propio. |
Los aseos de Pisa resultaron ser todos de pago, pero por lo menos estaban medianamente limpios y, aunque eran antiguos, no tropezamos con ningún váter-bidé.
Una visión maravillosa.
Gracias al mapa sabíamos que el Campo de los Milagros no podía estar muy lejos, aunque no lográbamos ver la torre por ninguna parte. Se supone que una torre tan alta debería divisarse en la distancia, con su deslucido color gris, como la representaban las figuritas que vendían a módico precio en Florencia. Muchas pobres y deslucidas reproducciones de la torre de Pisa que habíamos visto en todos los mercados de Florencia y que se me antojaba como cualquier torre del mundo, solo que era famosa por estar inclinada. El verdadero motivo por el que habíamos llegado a Pisa era porque el vuelo salía más barato que yendo directamente a Florencia y ya que estábamos allí, visitar el Campo de los Milagros. La joya del viaje era Florencia y su duomo, su cúpula menos esbelta de lo que habíamos imaginado.
Al doblar una esquina nos la encontramos. De repente. Surgida de la nada, ligeramente inclinada y con el mármol más blanco y más brillante que había visto, tuve ante mí la famosa torre de Pisa. El aire se detuvo en mis pulmones, los ojos se me llenaron de lágrimas y reí de felicidad. En aquel momento pensé que aquello era lo más hermoso que había visto en mi vida, pensé que podía sufrir el síndrome de Florencia ante la torre de Pisa, pensé que valía la pena cualquier viaje, todo el cansancio, por estar ante la verdadera joya de mi viaje.
Eva y yo nos miramos y reímos. Fue un momento emocionante. Después de tantas cosas hermosas que había visto, después de considerar el David lo más bonito de Florencia, me llevaba una maravillosa sorpresa en el Campo de los Milagros. Quizá precisamente porque no esperaba demasiado, me rendí ante la torre y desterré para siempre la estúpida idea de que su fama se debía a su inclinación.
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Vista del Duomo y la torre de Pisa. Imagen: archivo propio. |
El Campo de los Milagros es un complejo donde se encuentra el Duomo de Pisa con su campanario separado de ella, es decir, la famosa torre, el baptisterio y el camposanto. El césped lo cubría todo y los caminitos te llevaban directamente a la entrada de los monumentos. Conforme me iba acercando a la torre fui comprobando que su inclinación dependía de la perspectiva desde la que se observara, incluso se llegaba a un punto en el que parecía completamente recta. Cuando me encontré cerca de la base, descubrí un foso donde se intentaba disimular su verdadera inclinación, un sorprendente ángulo que no había apreciado desde la entrada. La miré desde abajo y me temí que pudiera desplomarse dentro de unos años si el sistema de contención no funcionaba correctamente.
Desde aquella torre Galileo había lanzado un objeto para demostrar la velocidad que alcanzaba al caer… sí, sí, ese famoso problema de matemáticas que odiábamos tanto.
La inclinación de la torre de Pisa es de 3.97 grados, pero su percepción depende desde donde se la observe. Imagen: archivo propio. |
Lee Diario de viaje: Florencia y Pisa desde el principio aquí.
Otros lugares de Italia de los que hemos hablado: el aniversario de la fundación de Venecia y también mis impresiones personales sobre Venecia. Hablamos además aquí del cumpleaños de Roma. En esta otra entrada nos centramos en algunas torres inclinadas famosas.