El 15 de abril de 2019 quedará marcado en
los libros de historia del arte y se reproducirá en los documentales sobre los acontecimientos del siglo XXI. Ese lunes
santo internet se llenó de fotografías que a muchos nos parecían imposibles.
Toda la tarde y toda la noche se sucedieron las noticias eclipsando a cualquier
otro suceso: la catedral de Notre Dame de París ardía pasto de las llamas.
![]() |
Vista de Notre Dame de París desde el río Sena. |
Una de las cosas que caracterizan a los
seres humanos es nuestro pensamiento simbólico, y entorno a los símbolos hemos
creado nuestro imaginario y nuestro mundo. Son algo que va más allá de lo
material, que transciende, que perdura y que representa al mundo entero, sin
importar raza o creencias.
"(…) En pocas palabras, es una especie de recreación humana, poderosa y fecunda como reacción divina, de la que parece haber tomado el doble carácter: el de la variedad y la eternidad. (…). Nuestra Señora de Paris es, en particular, una curiosa muestra de esta variedad. Cada frente, cada piedra del venerable monumento es una página, no solo de la historia de un país, sino también de la de ciencia y del arte(…). Las grandes producciones de la arquitectura (…) son el depósito que deja una nación, las acumulaciones que forman los siglos, el residuo de las sucesivas evaporaciones de la sociedad humana. (…) Los grandes edificios son como las grandes montañas, obra de los siglos". Fragmento de "Nuestra Señora de París", Victor Hugo (1831).
Ese día nefasto se incendió uno de estos
emblemas, de estos vetustos gigantes que han resistido el paso de los siglos,
que han visto pasar la Historia, que han contemplado millones de personas de
todas las épocas y que nunca imaginamos que podría desaparecer. Aunque en el
mundo ocurren tragedias todos los días, algunas se graban a fuego en las
pupilas de quienes las contemplan porque nos hacen perder algo que nos
pertenece a todos.
Son precisamente los mismos sentimientos con
los que juegan los artistas, especialmente los cineastas, cuando representan
grandes catástrofes en la pantalla y sabemos que es el fin de nuestra
civilización cuando los terremotos abren la tierra, las olas alcanzan las más
altas montañas o cuando el fuego consume los monumentos emblemáticos Patrimonio
de la Humanidad y estos se derrumban ante nuestra angustiada mirada. Es el
recurso más efectivo para impresionar a los espectadores.
![]() |
Vista aérea de la techumbre de Notre Dame envuelta en llamas tras caer la aguja. |
Pero no era una película lo que se reproducía a tiempo real cuando la aguja de la catedral de Notre Dame se desplomaba llevándose consigo parte del tejado. Esa techumbre que formaba una cruz latina, solo apreciable a vista de pájaro, a la que llamaban el bosque precisamente porque tuvo que talarse un bosque entero en el siglo XII para construirla.
![]() |
Incendio en Notre Dame. Minna Fotografia. |
Los bomberos no podían apagar aquel
incendio, la isla de la cité había sido desalojada y acordonada, los parisinos
rezaban, el resto del mundo contenía la respiración temiéndose que la catedral
más famosa, una de las primeras que vio nacer el gótico, el símbolo de Francia,
el edificio más visitado de Europa se vería reducido a cenizas. A nuestra mente
acudían otros incendios que nos habían privado de demasiado conocimiento,
demasiados monumentos, demasiado arte, demasiados símbolos… De algunos solo poseemos
una descripción, de otros un dibujo y una vieja fotografía en el mejor de los
casos.
![]() |
Interior de Notre Dame antes del incendio. |
El suelo sobre el que se colocó la primera
piedra de la catedral de Notre Dame de París en 1164 ante la presencia del papa
Alejandro III, siempre fue sagrado. Sabemos
que ya en época celta existía un edificio y que los romanos erigieron un templo
allí, que más tarde se convirtió en una iglesia románica, sustituida por la
catedral gótica que se levantó en el siglo XII. Desde el principio fue
considerado un lugar de poder, un universo
en miniatura que representaba lo intangible. La luz, invisible al ojo, se convertía
en color casi palpable a través de las
vidrieras de cristal y plomo, el sonido vibraba en sus antiquísimos órganos y
el olor del incienso casi se solidificaba. Sus piedras talladas con relieves y
esculturas narraban escenas bíblicas que los fieles, aunque en su mayoría
analfabetos, sabían interpretar. Pero muchos aseguran que allí también había
mensajes ocultos, que el templo era un libro de piedra que atraía a iniciados
en diferentes filosofías, miembros de sociedades secretas y alquimistas. Poco podían
imaginarse los seguidores de la Orden del Temple que su Gran Maestre, Jacques
de Molay, sería quemado en la hoguera delante de la catedral de Notre Dame en
1314 mientras profería una maldición al papa Clemente V y a Felipe IV de
Francia, asegurándoles que en menos de un año volverían a verse ante el
tribunal de Dios, palabras que resultaron proféticas.
En 1429, durante la guerra de los Cien Años,
Enrique VI de Inglaterra se coronó rey en el interior del ya simbólico templo.
Pero el paso del tiempo, las modas y el
deterioro también forman parte de la historia de un monumento y, aunque Notre
Dame, sirviera de inspiración a muchas otras catedrales que se levantaron en
Europa, fue descuidada. Las inclemencias meteorológicas hicieron peligrar la
aguja y tuvo que ser desmontada en 1786. Poco después llegaría la Revolución
francesa y con ella la desacralización, dispersión de sus reliquias,
destrucción de algunas de sus imágenes y alteración de su estructura. Y de templo
devocional, pasó en 1793 a simple almacén de alimentos hasta que Napoleón la
devolvió a la Iglesia en 1802, coronándose allí mismo emperador de Francia el 2
de diciembre de 1804. Aunque maltrecha, blanqueada y adornada con grandes
cortinajes que ocultaran su deplorable estado de conservación, los muros de
Notre Dame fueron testigos de cómo Napoleón arrebataba la corona de manos del
papa Pío VII para ceñirla en su cabeza.
![]() |
La consagración del emperador Napoleón (1804). Jacques-Louis David. Museo del Louvre. París. |
Durante el siglo XIX eran muchas las voces que se levantaban contra la arquitectura gótica y el trazado medieval, decantándose por el estilo de la época. Rápidamente los edificios fueron demolidos y reemplazados. Víctor Hugo repartía panfletos abogando por preservar el patrimonio artístico medieval. Pero nadie le prestaba la menor atención. Así que cuando su editor Grosselin le solicitó una nueva novela, nuestro escritor vio la oportunidad de convertir a Notre Dame en la gran protagonista de su obra. La escribió solo en seis meses, situó la historia en la Edad Media, dedicó capítulos enteros a la descripción de la catedral y le puso un prólogo defendiendo el arte gótico. En 1831 salía a la venta Nuestra Señora de París con gran éxito de público y crítica. Había conseguido su objetivo, ahora todo el mundo se interesaba por su antigua catedral y se contrató, en 1844, a uno de sus arquitectos favoritos, Eugène Viollet-le-Duc, para repararla, añadir las gárgolas y construir una nueva aguja en estilo neogótico de 96 metros de altura.
![]() |
Portada de "Notre-Dame de París" (1865), de Victor Hugo, grabada por Yon y Perrichon. |
"Y la catedral no era solo su compañera, era el universo, mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma.” Fragmento de "Nuestra Señora de París" (1831)de Victor Hugo.
Pero los muros de Notre Dame aún tenían
mucha historia por contar. Durante la Comuna de París en 1871 se apilaron los
bancos y los confesionarios en el interior y se les prendió fuego, pero no hubo
graves consecuencias. La catedral resistió, y pudieron reemplazarse las
ventanas levantadas en la revolución francesa por rosetones y fabricar
vidrieras de colores para las medievales que se habían perdido. En 1909, para
la beatificación de Juana de Arco, el templo estaba en buen estado.
![]() |
Vista de uno de los rosetones de Notre Dame desde el interior de la catedral. |
La Segunda Guerra Mundial amenazó a Notre
Dame hasta sus cimientos. Tras ocupar París, Hitler dio la orden de dinamitar
todos los monumentos en caso de perder la guerra. Aún no sabemos si el general
al mando no se atrevió a ejecutar el mandato, no le dio tiempo a hacerlo, o la
resistencia francesa (con un buen número de españoles en sus filas) consiguió
impedirlo, lo cierto es que las campanas de Notre Dame replicaron anunciando la
liberación de la ciudad en 1944.
![]() |
San Jorge y el dragón delante de las vidrieras de Notre Dame. |
Poco imaginaban las autoridades francesas lo que ocurriría cuando consiguieron, con dificultades, recaudar dinero para financiar las nuevas obras de restauración del edificio y, en especial, de la aguja central. Los donantes debieron pensar que hay tantas urgencias en el mundo que requieren de esas inversiones que una restauración más podía esperar, hasta que el fuego, consumiendo un símbolo de la cultura, nos enfrentó a la verdad. Todo el techo de Notre Dame ardía y la aguja neogótica que se pretendía restaurar se desplomaba haciéndonos sentir que no era Francia quien perdía un símbolo, éramos todos, pues la UNESCO la había declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991. Después no hizo falta pedir dinero, los donativos millonarios llegaban solos.
![]() |
Vista de la catedral con la famosa aguja desde el río Sena. |

No es la primera, ni será la última catedral
que se incendie. La catedral de León,
otra joya del gótico, sufrió un incendio de semejantes características tras
caerle un rayo en 1966. Se derrumbó la techumbre de madera y se temió que
quedara reducida a cenizas. Pero los expertos actuaron pronto y con espuma
consiguieron salvar su templo. Intentar apagar el fuego con agua hubiese sido
un error ya que el tipo de piedra que se utilizó en aquellas catedrales la absorbe,
pesa y debilita la estructura, aumentando el riesgo de derrumbe del edificio.
Los leoneses reconstruyeron su catedral rápidamente y dieron ejemplo al futuro.
![]() |
La catedral de León también fue pasto de las llamas y perdió la techumbre medieval, pero conservó prácticamente en su totalidad las vidrieras originales. |
Notre Dame también será reconstruida. Dentro de cien años la mayoría de las personas olvidarán que hubo un incendio en la catedral de París y se sorprenderán cuando un guía se lo cuente. Después de todo, hay tantos edificios que creemos originales y no lo son. Una generación queda conmocionada por el desastre, pero vuelven a trabajar para recuperar aquello que habían perdido.
Todos
respiramos aliviados al comprobar cómo resistían sus paredes de piedra, el
famoso rosetón y las torres originales. Las reliquias que guardaba y el tesoro
fueron rescatados de inmediato. La aguja y las vidrieras pérdidas databan del
siglo XIX, las vigas de madera de la techumbre eran de las pocas originales que
quedaban en el mundo, de árboles del siglo XII y algunos anteriores
reaprovechados, colocados con esmero por las manos de personas que trabajaron
allí hace ocho siglos. Eso es irremplazable, no hay reconstrucción que pueda
devolvernos lo perdido.
Las obras de arte hay que cuidarlas, porque
son el legado de nuestra civilización, de las generaciones anteriores a las
posteriores. Aunque nos pertenezcan a todos, no dejan de ser algo prestado,
nosotros somos eslabones de esa cadena que tiene que llevarlas al futuro,
porque cuando caiga el último edificio emblemático, habrá caído la
civilización. Es la transcendencia, el legado y nuestro símbolo.
Nota: la tarde del 7 de diciembre de 2024 se reabren las puertas de la catedral de Notre Dame ya reconstruida en una ceremonia con el presidente francés y numerosas autoridades internacionales.