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jueves, 21 de junio de 2012

Reflexiones I




Hace unos días, reflexionando sobre la vida y sobre las personas, se me ocurrió una metáfora que me gustaría compartir.

Imaginé que todos somos hojas de papel en blanco. Podríamos ser cómo queramos, pero la realidad es que algunos somos hojas de colores pastel pasando suavemente, con tranquilidad, sin efectos llamativos, bonitos pero desapercibidos. Otros son de colores fluorescentes, acaparando la atención, esforzándose por deslumbrar, alegres y despreocupados. Hay quienes desean ser hojas de un cuaderno de viajes, siempre en camino, de un lugar a otro, sintiendo la brisa y la libertad; quienes prefieren un blog de dibujo, o incluso un pentagrama. Luego tenemos aquellos que necesitan que sus hojas estén cuadriculadas para no salirse de sus encorsetados esquemas; o al menos rayadas para que les sirvan de guía, se perderían en un papel completamente en blanco.



Y entonces surge una pregunta, la gran pregunta que todas las filosofías, los pensadores, las religiones y hasta los científicos se han hecho a lo largo de la historia. ¿Quién escribe el texto de las hojas, el azar, el destino, Dios o nosotros mismos?

Potencialmente nuestra hoja en blanco podría ser cualquier cosa: un poema de amor o de locura, una novela de aventuras o misterio, un cálculo matemático simple o una compleja ecuación, una fórmula química o el resultado de la investigación de un genio, un dibujo a lápiz, acuarela o carboncillo… o incluso, la lista de la compra.

¿Quién decide cuándo el papel está completo o inservible? ¿Qué se hace entonces, se arruga y se tira o se recicla?

El tiempo lo consigue ajar y puede que los más coquetos intenten planchar el papel para que no pase el tiempo por él… En lugar de plancharlo deberían haberlo cuidado, haberlo colocado en un lugar seguro, resguardado. Pero aquellos que se mantuvieron protegidos también han visto pasar el tiempo, porque nada hay tan relativo como el tiempo y siempre acaba pasando.

También hay quienes esperan para empezar a escribir en su hoja, quienes sienten que su vida está por comenzar. Sin embargo, puede que ya esté escrita con tinta invisible y, un día,  al acercar la luz y el calor, aparezca su contenido dibujado en dorado.  Puede que de tanto esperar, la hoja ya esté completamente escrita de silencio, de paciencia y de tristeza, malgastada, llena y sin un lugar donde poner una sola oración más.




5 comentarios:

FRANCIS dijo...

Hola MJ, me ha encantado la reflexión que has hecho y estoy totalmente de acuerdo contigo, las personas somos hojas de papel, he identificado a más de uno con lo que has dicho, aunque yo no podría ser una hoja de colores porque soy daltónico,jajaja. Sigue escribiendo así, llegarás muy lejos. Besos guapa.

RAFALITO dijo...

Hola MJ, me ha gustado tu alegoría, sobre el inevitable paso del tiempo y las personas. Es cierto, que nunca sabes si estamos predestinados siendo marionetas de los dioses o si forjamos nuestro propio camino día a día. Saludos.

MJ dijo...

Muchas gracias, chicos. ¡Qué sorpresa encontraros por aquí! Me alegra mucho y espero que me volváis a leer de vez en cuando. Muchos saludos :-)

Ángeles dijo...

Muy bonito, MJ, muy poético y metafórico.
Yo me identifico con una hoja, quizás no cuadriculada, pero sí rayada, porque necesito tener claro por dónde me muevo.
¿Y tú?

MJ dijo...

No sé si se ha notado en el texto, Ángeles, pero yo me identifico con una hoja de color pastel, que pasa desapercibida. Me gustaría ser una hoja rayada para saber donde tengo que ir, pero como siempre estoy medio perdida pues se nota que no tengo rayas, ni cuadritos que me sirvan de guía.

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