A lo largo de la historia la inmensa mayoría de los escritores se han enfrentado a la hoja en blanco encerrándose en casa voluntariamente, pero otros vivieron circunstancias muy especiales que les obligaron a confinarse y de ahí surgieron grandes obras. Algunas de esas historias solo fueron imaginadas en aquellos momentos y escritas posteriormente, pero otras fueron puestas negro sobre blanco en el mismo confinamiento y de estás queríamos hablar aquí…
Hay
autores famosos por sus obras, pero también por el hecho de haberlas creado en
un aislamiento autoimpuesto extremo.
Balzac escribía 15 horas diarias. Empezaba a medianoche, escondía los relojes, cerraba las cortinas para no saber cuándo amanecía y bebía café sin parar.
Flaubert
tardó casi seis años en escribir Madame
Bovary (1856) y para conseguirlo tuvo que encerrarse doce horas diarias. A
veces solo escribía una página y la revisaba constantemente.
George
Bernard Shaw se recluía en una cabaña muy particular que había construido en su
jardín, y decimos muy particular, porque podía girarla para tenerla siempre
orientada hacia la luz del sol.
Emily Dickinson eligió el más estricto confinamiento por propia voluntad, se dedicaba a las labores domésticas, vestía de blanco, cultivaba sus amistades de forma epistolar y escribía apuntes, notas y poemas en hojas de papel que iba guardando por toda la casa y que se descubrieron tras su muerte.
Fue
el agobio por cumplir los plazos acordados con su editor lo que obligó a Dostoievsky
a enclaustrase en 1886. Había firmado un contrato en el que se comprometía a
entregarle una novela el día 1 de noviembre o a cederle todos los derechos de
las publicadas en los siguientes nueve años en caso de incumplimiento. Llegó
octubre y seguía bloqueado, así que puso un anuncio en un periódico pidiendo
mecanógrafa dispuesta a soportar sus maratonianas condiciones y Anna aceptó el
trabajo. Estuvieron aislados en el despacho durante 26 días sin parar de
escribir hasta que terminó El jugador.
El 1 de noviembre Dostoievsky no solo tenía una novela que entregar a su
editor, también tenía una proposición de matrimonio que hacerle a la mujer de
la que se había enamorado. El 15 de febrero del año siguiente Anna se convirtió
en su esposa.
Decíamos
que también tenemos autores confinados
forzosamente por circunstancias de diversa índole.
Autores en cuarentena:
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Imagen pxfuel.com Dominio público. |
Hemingway
ideó su novela Fiesta durante su
estancia en España, pero la escribió durante una cuarentena. Su esposa Hadley
le escribió para comunicarle que su hijo había enfermado de tosferina,
indicándole que se aislaría con el pequeño y su niñera en una casa de la
Riviera. Hemingway se lo contó a su amante Pauline que acudió a cuidar del niño
pues ella había pasado la enfermedad y, finalmente, fue el propio escritor el que
se mudó con ellas. El resultado fue la curación del niño, la consolidación de la
relación de Hemingway con Pauline y el divorcio de su esposa que le costó cederle
las ganancias de Fiesta (1926), una
de sus obras más vendidas.
Autores enfermos o convalecientes:
Proust, enfermo de asma y con una grave depresión por la muerte de su madre, pasó sus
últimos 15 años recluido en su casa escribiendo y bebiendo café. En este
aislamiento creó su obra más famosa En
busca del tiempo perdido (1913 y 1927)
Margaret
Mitchell escribió Lo que el viento se llevó (1936) tras sufrir un accidente que la obligó a guardar reposo
durante una larga temporada.
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Manuscrito original de Frankestein. Imagen de leticiaperinat.com |
Quien
sufrió un invierno durísimo fue Michael Ende en 1978. El escritor ya había
comenzado La historia interminable pero
el bloqueo le impedía continuar su novela. Entonces una gran nevada lo dejó
incomunicado. Sin poder salir de casa, con las tuberías congeladas y una
montaña de mantas sobre los hombros consiguió terminar la que sería su obra más
famosa que se publicó al año siguiente.
Autores encarcelados:
No
tenemos constancia de por qué Marco Polo estuvo un tiempo en la cárcel de
Génova, pero sabemos que compartía celda con el escribano Rustichello de Pisa a
quien dictó sus aventuras en Los Viajes
de Marco Polo (1300).
Maquiavelo
se pasó una buena temporada preso en San Casciano por conspiración contra los
Médici y allí escribió El príncipe (1513), su obra más importante.
Aunque
habrá quién se sorprenda, la Inquisición encarceló a Fray Luis de León por traducir el Cantar de los Cantares a
la lengua vulgar sin licencia. En su prisión escribió De los nombres de Cristo (1583) y la famosa poesía Canción a Nuestra Señora (1583)
Su
oficio de recaudador de impuestos llevó a Miguel de Cervantes a dar con sus
huesos en la cárcel en 1597 acusado de apropiarse del dinero, y, según reza la
leyenda y los primeros versos del prólogo, allí comenzó a escribir El ingenioso hidalgo don Quijote de la
Mancha (1605).
Quien ya debía estar acostumbrado a estar preso era el Marqués de Sade, que se pasó más tiempo en la cárcel y en el manicomio que en libertad. En uno de sus encierros escribió Justine o los infortunios de la virtud (1791).
Mucho más cómoda fue la reclusión de Xavier de Maistre, ya que era un arresto domiciliario por un duelo. Aunque echaba de menos el mundo exterior, supo adaptarse muy bien a la nueva situación y hasta disfrutar de ella. Aprovechó esos cuarenta y dos días para escribir su Viaje alrededor de mi habitación (1794).
Oscar
Wilde nunca se hubiese imaginado cómo acabaría la querella que interpuso por
difamación al marqués de Queensberry. El escritor estaba enamorado del hijo del
marqués y el padre le envió una tarjeta en la que le llamaba sodomita. Wilde lo
denunció, pero el juez lo absolvió y el escritor pasó de ser demandante a ser
demandado por sodomía y grave indecencia. Fue condenado a prisión y a dos años
de trabajos forzados. Privado de libertad escribió De profundis (1897).
Miguel
Hernández fue encarcelado tras la Guerra Civil Española por su apoyo a la
República. El joven poeta se carteaba con su mujer a la que echaba
profundamente de menos y temía no ver crecer a su hijo. Durante su reclusión
escribió Cancionero y romancero de
ausencias (1958). En una de sus
cartas, Josefina le contó que solo tenían pan y cebolla para comer y él le
respondió con las famosas Nanas de la
cebolla. Con trozos de papel higiénico y un poco de hilo, confeccionó un
pequeño cuaderno donde escribió cuentos para su hijo. Estuvo sus últimos ocho
meses de vida en la enfermería de la cárcel, donde murió de tuberculosis.
Ana
Frank fue una niña alemana de ascendencia judía que tuvo que huir, junto con su
familia, de la persecución nazi. Se escondieron en un pequeño apartamento de
Ámsterdam durante 25 meses en los que fue narrando lo que se convertiría en El diario de Ana Frank (1947).
Finalmente fueron descubiertos y llevados a diferentes campos de concentración.
Ana murió de tifus solo dos meses antes de que el campo fuera liberado.