Se han recogido alrededor de 170 leyendas en todo el
mundo referidas al diluvio.
En la mitología china nos encontramos con la leyenda
de Yu, quien alerta por la llegada de un diluvio, emplea trece años en excavar
canales con los que salvar a la población.
En los libros sagrados de la India, el Bhagavata
Purana y el Mahabharata, también se habla del diluvio universal y como un rey,
Manu, consigue salvarse al construir un barco.
En las distintas culturas americanas tampoco falta
la historia del diluvio, son más cincuenta las leyendas que nos hablan del
mismo mito. Para los incas, el dios Viracocha había creado una humanidad de
gigantes que no le gustó y la destruyó con fuego y un gran diluvio. Según esta
versión, la primera humanidad se situaba cerca de Tiwanacu. Dicen los indígenas
llamados Uros, que después del diluvio, fueron las aguas del lago Titicaca las
que vieron brillar los primeros rayos del sol.
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Ruinas de Tiwanacu |
Los mayas también recogían en su tradición la
historia del diluvio, de hecho, lo narra Fray Bartolomé de las Casas. Enrique
Gómez Carrillo, en su “Historia de la América Central”, cuenta como un cacique
de Nicaragua pregunta a Gil González de Ávila si ellos también tenían noticias
del diluvio que había destruido el mundo antiguo.
Tampoco en el continente africano faltan leyendas y
mitos que hablan de un diluvio universal.
Sobre la fecha aproximada de este hecho, todas las
versiones la sitúan entre ocho mil y doce mil años atrás, es decir, época que
coincide con el fin de la última era glaciar.
Los geólogos también han buscado pistas sobre el
diluvio. Si realmente había habido una inundación catastrófica debía verse
reflejada en los sedimentos de todo el planeta, o por lo menos, de una parte
significativa del mismo. Una parte, que cabría añadir, debía estar habitada,
para que los testigos pudieran narrar lo ocurrido. Y si, en principio,
encontraron pruebas de que el diluvio era un hecho histórico, más tarde,
aparecieron evidencias que lo desmentían.
Y si empezaba hablando de la paleontología, puedo
acabar hablando de una ciencia aún más moderna, la arqueología, que en su rama
de arqueología bíblica ha buscado incansablemente los restos del arca de Noé. Y
no crea nadie que esto es nuevo, porque antiguos historiadores ya nos dejaron
crónicas de búsquedas semejantes. Estos arqueólogos han subido al monte Ararat
y han traído restos fosilizados de maderas que, aseguran, pertenecían al arca.
Sin embargo, estas “evidencias”, no han superado los análisis científicos.
¿Fue un hecho histórico? ¿Ocurrió algo entonces que
transmitió la tradición oral y más tarde la escrita? ¿Fue el deshielo y la
subida de las aguas lo que provocó el mito? ¿Fue, simplemente, que debían
buscarle una explicación a los fósiles de animales extintos, a las conchas y
restos de animales marítimos hallados en altas montañas alejadas del mar? ¿Fue
la súbita inundación (corroborada por varios geólogos) del Tigris y el Eúfrates
que quedaron en la memoria colectiva como un diluvio universal? El misterio
continúa.
Siempre he creído que los mitos no surgen de la
nada, que detrás de cada leyenda hay un
fondo de verdad…
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Reconstrucción del arca de Noé. |